yo y los demás (124): sólo digo compañeros

“Yo no me rindo. Yo no colaboro. Mi nombre es Norma Esther Arrostito. Mi nombre de guerra es Gaby. Mi grado es capitán del ejército montonero. Ésta es la única información que les pienso brindar”.

(Norma Esther Arrosito, 1940-1978, asesinada en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) en Argentina tras algo más de un año de su secuestro y sistemáticas torturas)

“ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”

(Vicki Walsh, 1950-1976, poco antes de suicidarse de un tiro en la sien ante el cerco de los militares)

Más información en:

https://www.anred.org/2008/01/21/norma-arrostito-la-guerrillera/

https://web.archive.org/web/20151208113201/http:/www.rodolfowalsh.org/spip.php?article34

MUCHACHA

La muchacha de mirada clara,
cabello corto,
la que salió en los diarios;
no sé su nombre, no sé su nombre.
Pero la nombro: primavera.

Estudiante que faltaba a clase,
yo la recuerdo,
la que dijo la radio,
dijo su sombra, dijo su sombra.
Pero la veo: compañera.

Caminante que borra sus pasos,
yo no la olvido,
la que no dijo nada,
dijo mi patria, dijo mi patria.
Pero yo digo: guerrillera.

La que sabe todas las esquinas,
parques y plazas;
la que la gente quiere,
aunque no digan,
aunque no digan.
Pero yo grito: mujer entera.

La muchacha de mirada clara,
cabello corto,
la que salió en los diarios;
no sé su nombre, no sé su nombre.
Pero la nombro: primavera.
Pero la veo: compañera.
Pero yo digo: mujer entera.
Pero yo grito: guerrillera.

Autor: Daniel Viglietti

Fotografía: Pedro Valtierra, “Idalia, guerrillera sandinista Nicaragua” (1980)

yo y los demás (123): supervivientes

Conversación con un superviviente

¿Qué hiciste por aquel entonces
que no hubieras debido hacer?
“Nada“

¿Y qué no hiciste
que hubieras debido hacer?
“Esto y aquello
tal cosa y tal otra:
algunas cosas”.

¿Por qué no lo hiciste?
“Porque tenía miedo”
¿Por qué tenías miedo?
“Porque no quería morir”

¿Murieron otros,
porque tú no querías morir?
“Creo que sí”

¿Tienes algo más que decir
sobre lo que no hiciste?
“Sí: preguntarte
qué hubieras hecho tú en mi lugar”

No lo sé
y no puedo juzgarte.
Sólo sé una cosa:
mañana ninguno de nosotros
seguirá con vida
si hoy volvemos
a no hacer nada.

Autor: Erich Fried

Ilustración: Samuel Bak, “From the Low to the High” (2015)

yo y los demás (122): juan sin tierra

JUAN SIN TIERRA

Ser de aquí, ser de allí,
ser de ninguna parte,
ser Juan sin Tierra y no serlo,
ser el Judío Errante,
tal vez mejor el judío a secas,
allí, recóndito,
en el pasado hecho presente,
ser gafo, ser leproso sin lepra,
por decreto ley, por libertad escogida,
ser de donde uno quiera
confundido en su paisaje propio del alma
y ser sólo de ahí.
Fundar hasta el propio nombre
la propia vida
la propia casa
(dejemos las estirpes a un lado
y dejemos también los bandos
y las tribus y sus brujos
y sus lenguas de madera).
Vivamos, si podemos, sin servidumbres,
sin equipaje, sin nada. En el camino.

Autor: Miguel Sánchez-Ostiz

Ilustración: Samuel Bak, “As Far as Possible” (2017)

yo y los demás (120): libres o muertos pero jamás esclavos

“no hay patria sin pueblo”

(Jorge Raúl Mende, “Rafa”, médico montonero torturado en la ESMA en 1976)

“Tantas veces me borraron
Tantas desaparecí
A mi propio entierro fui sola y llorando
Hice un nudo del pañuelo pero me olvidé después
Que no era la única vez”

(María Elena Walsh, “Como la cigarra”)

Fotografía: Sara Facio, “Los muchachos peronistas” (serie Funerales del presidente Perón, 1974)

En 1974, Sara Facio realiza fotografías sobre los funerales del presidente Juan Domingo Perón para los medios gráficos. Pero al mismo tiempo, elabora una pequeña serie de imágenes con una mirada personal sobre el acontecimiento. A esta serie pertenece Los muchachos peronistas. En ella se sintetizan dos de las grandes líneas de trabajo de la artista: el registro testimonial y el retrato.

La serie alude a los funerales a través de los personajes y situaciones aledaños. En lugar de centrarse en la magnética figura del presidente o en las multitudes que acudieron al entierro en el Congreso de la Nación, realza a individuos y grupos aislados, enfatizando los impactos personales, las expresiones perdidas, la desazón y el desconsuelo. De esta forma, el hecho histórico cobra una dimensión humana que se desprende de su temporalidad específica y se proyecta con potencia emotiva sobre el espectador.
De hecho, si no fuera por el título, no habría ninguna información visual en Los muchachos peronistas capaz de permitir al espectador inferir la identidad de los retratados o el contexto en el que fue obtenida la imagen. Su rasgo más prominente se encuentra en la frontalidad de los protagonistas y en la fuerza inquisidora de su mirada, dirigida resueltamente hacia la cámara y a través de ella al observador. El personaje central concentra la tensión compositiva, apoyado por los tres rostros recortados que lo circundan y secundan en su encuentro con el dispositivo fotográfico. Su proximidad enfatiza la noción de grupo a la que alude el título, haciéndose eco de una frase de inmediato reconocimiento político y social.

La iluminación suave y sin contrastes capta con precisión los detalles de unos cuerpos y unos rostros difíciles de olvidar.

La montonera

Con esas manos de quererte tanto
pintaba en las paredes “Luche y Vuelve”
manchando de esperanzas y de cantos
las veredas de aquel 69…

Con esas manos de enjugar sudores,
con esas manos de parir ternura,
con esas manos,
que volvieron la fe en la nueva primavera,
bordaba la esperanza montonera.

Con esas manos que pintaban
la historia de celeste y blanco,
con esas manos de quererte tanto…

Cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
cargando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Y cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
luchando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Autor: J.M. Serrat

Más información en: https://www.taringa.net/+offtopic/marie-anne-erize-de-modelo-a-montonera_vh1pa

yo y los demás (119): al final de la contienda

Hemos perdido la guerra sin razón.

ahora llega, turbio y fosco,
el tiempo gris de las derrotas,
el ágape cruel de las venganzas,
el cobro infame de las deudas,
el saqueo y la rapiña sin fin

ahora las noches
-interminables, frías-
se contarán por años

Autor: Elías Moro

Fotografía: Retirada de tropas republicanas en España

yo y los demás (117): nacidos el mismo día

Un relato que lleva por título “MADRUGADA EN URGENCIAS”:

Aquella noche el servicio de urgencias del centro hospitalario se colapsó. A las habituales reyertas, a los previsibles accidentes de tráfico, se sumaban los heridos en el desalojo de una casa okupada y la violenta carga policial con la que las autoridades intentaban doblegar a la población descontenta.

El herido -el único ocupante de un vehículo literalmente aplastado por un camión- entró en una ambulancia con los sanitarios casi de luto y fue asignado a un box donde un médico solicitó reanimación inmediata. Lázaro, uno de los auxiliares del hospital, permaneció junto al cuerpo del joven sin hacer nada concreto y sin el raciocinio suficiente que le desvelará lo inoportuno de su presencia en una sala minúscula donde carecía de tarea específica.

El médico no tardó en abandonar la estancia. Lázaro miró la ficha del paciente. Tenía el joven su misma edad. Extraordinaria coincidencia: habían nacido el mismo día del mismo mes en el mismo año.

Transcurrieron algunos minutos y Lázaro empezó a experimentar – inducido, seguramente, por la coincidencia en la onomástica- una irrefrenable compasión hacia el herido, y como llevaban ya un buen rato los dos solos en el box de urgencias esperando el regreso del médico o la aparición de las enfermeras, Lázaro comenzó a platicar. No sabía de qué hablarle al joven y ni siquiera tenía la seguridad de que estuviera siquiera oyendo cuanto decía. Pero para tranquilizarlo le aseguró que los medios técnicos del hospital eran de primer nivel y que no debía en absoluto preocuparse, que estaba en buenas manos y que dentro de la mala suerte podía considerarse “afortunado”. Es verdad, le confesó, que la herida tenía mal aspecto pero había visto heridas peores que evolucionaban satisfactoriamente y que, probablemente -probable no, seguro- se recuperaría de manera rápida y completa.

Como fuera que el paciente no decía nada, y ni se movía ni ofrecía indicio alguno de entender cuanto decía el auxiliar, Lázaro le explicó a continuación que había en el hospital enfermeras muy guapas, que alguna estaba soltera y que las oportunidades de ligar eran muy elevadas, especialmente a partir de la segunda semana del ingreso. Tampoco el augurio de una vida sexual activa en hospital pareció animar al paciente.

Mientras seguía conversando -monologando- de temas livianos con intención de entretenerlo, Lázaro procedía a limpiar las heridas en la frente del joven.

Pasaron varios minutos, que se sumaban a los anteriores. Entró un médico -distinto del primero- que miró a ambos con un desinterés casi obsceno, como la abulia de quien olfatea lo sobrante. Depositó en el borde de la camilla, a los pies del herido, un certificado de defunción. Se marchó sin decir nada, sin mediar palabra alguna con el auxiliar.

Lázaro miró al joven que nació el mismo día del mismo mes del mismo año y pensó con amargura, pero lleno de determinación, que no dejaría que el cuerpo sin vida de su recién estrenado amigo recorriera solo los pasillos del hospital hasta esperar en la morgue durante horas -quien sabe si no serían días- que alguien acudiera a identificarlo.

Autor: Javier Solé, junio 2015

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

yo y los demás (116): la familia

PERDÓN

perdón mamá
por no querer ser como quieres que sea
perdón papá
por no querer ser como quieres que sea
perdón amor
por no querer ser como quieres que sea
perdón yo
por no ser como quiero ser
perdón hermana
por la cicatriz que tienes en la pierna

Autor: Alba Flores Robla

Ilustración: Vincenzo Iroll, “Fanciullino pensieroso”