las cuatro estaciones (83): invierno. La melodía blanca

LA MÚSICA DE LA NEU

Aquest hivern la música de la neu calla.
com el cor quan comprèn las raons del temps
traçant línies de fum sobre els troncs cremats.
El silenci és un ganivet de fulla ampla i de mort lenta.
ja no surto al carrer a collir la neu, a sentir
la fredor mentre els meus dits rígids, a trepitjar
la blancor d’un llençol d’aigua quieta.
La música del meu cor també calla. L’hivern
allarga les ombres del passat dins d’aquests cambra
plena de fantasmes que no m’obliden,
que aixequen amb els meus versos barricades.
En aquest capítol de solitud contemplo
les hores mortes del dia. Cau la neu
amb la tristor de l’arc relliscant sobre les cordes
d’un violí vell, desafinat. Com el cor
quan comprèn les notes mudes
de la neu, del silenci.

Autor: José Luis García Herrera

Ilustración: George Bellows, “Una Mañana Nieve Hudson River” (1910)

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las cuatro estaciones (82): invierno. La nieve

LA NIEVE

A las cinco de la madrugada,
viendo nevar
sobre la autopista.
La imagen es tan bella que casi duele.
Me imagino así
el final de los tiempos:
la absoluta orfandad
bajo una luz apocalíptica,
y la nieve -incesante, cayendo-,
como un réquiem,
ese
que ya nadie escuchará.

Autor: Karmelo C. Iribarren

Ilustración de Miles Cleveland Goodwin

las cuatro estaciones (81): invierno. Poema de Rosa Lentini

La rosa de hielo

La rosa esculpe
sus violentos colores en el frío,
y no es sino quimera de la rosa
en la nieve, rosa de invierno,
agua helada, blanco en lo blanco,
ofreciéndose.
La rosa crepita en la llama,
y en la desolación de la nieve
no hay deshielo demasiado lento.

Autor: Rosa Lentini

las cuatro estaciones (80): invierno. Poemas de Ángeles Mora y Javier Solé

frank-benson-birds-in-winter-1946INVIERNO

En la oquedad del árbol
dos pájaros okupas
se acurrucan
y resguardan del frío.
El bulevar blanquea
entre ramas desnudas
y el cielo anuncia nieve.
La mañana se detuvo un momento.
Se me helaron las manos,
pero no la sonrisa,
el hueco del amor.

Autor: Ángeles Mora

Ilustración: Frank Benson, “birds in winter! (1946)


EL ALMENDRO

En las ramas del almendro
víspera de San Antonio
cuatro carboneros escondidos.
El clamor de la escopeta
estruendo en el silencio.

Tres pájaros en vuelo.

Autor: Javier Solé

las cuatro estaciones (79): las páginas del invierno

39 AÑOS

Igual que en esas tardes de invierno
en las que coges un libro,
casi al azar, para pasar el rato.

Y te quedas leyendo,
engastado en las páginas,
olvidado y ausente.

Y al poco tiempo
-o eso es lo que parece-
levantas la cabeza y ves
que ya se ha hecho de noche en tu ventana

y es demasiado tarde
para casi todo.

Autor: Julia Conejo

Ilustración de Ryan S. Brown

las cuatro estaciones (78): el centro del invierno

caminaré sin límite
hasta el centro del invierno
para preguntar
a los apóstoles de Oteiza
por la rebelión que crece
silenciosa en el bosque:
los árboles serán el periscopio
de los muertos
para volver a contemplar
la rabia azul de los relámpagos…

Autor: Roberto Ruiz Antúnez

Ilustración de Theodor Kittelsen

las cuatro estaciones (77): invierno en Teruel

Un relato que lleva por título “PREMONICIÓN”:

En la sierra de Teruel los inviernos son fríos y oscuros.; el aire seco y la tierra roja y arcillosa. Los días cortos y las noches largas. Los dos hermanos,  Manuel y Miguel, vivían en la misma calle, la única del pueblo; las casas, separadas por doscientos metros de barro helado. El gobierno ha prometido mil veces asfaltar la calle y en todas las ocasiones otros pueblos u otras promesas han sepultado la dicha de los pocos vecinos de la aldea de ver por fin urbanizado como Dios manda el pueblo, al estilo de la capital. Hay quien incluso cree que instalarán un semáforo.

Los dos hermanos viven solos desde que los hijos crecieron y marcharon a ver el mundo verdadero. Enviudaron casi el mismo año. Están cada uno en su casa, independientes. Cada cual sabe las manías que colecciona y, un suponer, si uno  se quiere tirar un pedo tranquilo pues de esta manera va y lo expulsa sin problemas ni estrangulamientos. O comer a deshoras, o llorar sin que nadie le moleste, rediez.

Esta noche, sin embargo, es distinta. Viene como más fría, más oscura, como más corta. Da hasta miedo imaginarla. Por eso, Manuel ha salido de casa expresamente para advertir a su hermano pequeño que el viento baja de la montaña malamente, que conviene cerrar las ventanas y revisar el establo y procurar que los animales estén tranquilos.

También le ha confesado a su hermano que le quiere mucho, que se acuerda de los padres de ambos, que por las noches piensa en su mujer -la suya, no la cuñada- y que no sabe si este año vendrá la primavera.

Miguel le ha recordado a Manuel que por la mañana tiene que ayudarle con unas tejas del cobertizo. Pero según parece Manuel hace días que anda falto de ánimos y de fuerza y se ha marchado a su casa acurrucado en su pelliza sin nada convenido.

A la mañana siguiente Miguel le ha encontrado en la cama con la rigidez de la Muerte dominando el cuerpo.

Cuando sus sobrinos venidos a toda prisa de la capital para el funeral le preguntan si padre había sufrido y si en la mirada del muerto había miedo o tranquilidad sólo consigue Miguel enmudecer y, después de un buen rato, murmurar que la ventana del dormitorio de la casa de su hermano estaba abierta.

Autor: Javier Solé, octubre 2015

Ilustración: Andrew Wyeth, “Untitled” (1983)

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

las cuatro estaciones (75): la lluvia de otoño

Sueño con gerundios en tus formas verbales,
mientras los silencios agrietan conversaciones
sobre el mundo que nunca arreglamos
y los astros siguen alienando la rutina
hacia un calendario mojado, tenue, desgastado
por tantas promesas con el puño en alto,
con la rabia de quien se corta las manos
con el metal oxidado de las prisas del agua;
que no es más que la lluvia de un otoño
que soñó con fechas clavadas en pronombres
y sólo quedaron heridas en los charcos.

Autor: Carmen Barranco

Fuente original:

https://carmen-barranco.blogspot.com.es/2016/11/function-disabletextereturn.html


Al ver la lluvia
sentí en el rostro
lo perdido,
en las gotas entreví
la clara nostalgia
de la infancia
el goce de soñar
con el diluvio,

todo aquello que la razón
me alejó
de la esencia.

Autor: Blanca Villanueva

Fotografía de Rui Palha

las cuatro estaciones (74): el otoño. Poema de Manuel Rico

Escena de ciudad 5

Mujer con abrigo gris y mirada de lluvia,
imagen angustiada por soledad te nombro.

Milenarios otoños en el aire entrecruzan
la escuálida textura de los árboles.

Y eres tú quien camina, quien aparta las hojas
que en el parque se extienden mojadas y amarillas.

Eres tú quien espera los lentos autobuses
de la tarde de octubre.

Yo te nombro porque no tienes nada
salvo un dolor de ausencia en tus ojos de lluvia,
imagen insegura donde la soledad habita.

Autor: Manuel Rico

Ilustración: Dee Nickerson, “people with secrets”