las cuatro estaciones (152): verano

VERANO

Plétora de nostalgia
esta tarde de verano.

De aquella infancia
utópica y próspera.
De una adolescencia
áspera y proscrita.
De esta senectud
simplemente tiempo
únicamente muerte.

Y me dices tú
“Que yo soy vosotros”.

Y sí, somos sólo agua.
Nuestros ríos forjando el mar.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

las cuatro estaciones (150): verano

VENCEJOS

Cuando volvéis a la ciudad, vencejos,
acaso regresáis como si nada
hubiera sucedido desde entonces,
como si este verano fuera el mismo
que dejasteis ayer flotando inmersos
en el giro sin fin de vuestro grito.

Pertinaces y aleves os he visto
volando en redondel sobre el asfalto,
dejando en el presente la sospecha
de un retorno falaz al tiempo antiguo.
¿Por qué nos engañáis con la esperanza
de habitar otra vez aquel instante
que el aire se ha llevado para siempre?

Unidos al misterio de la rueda
esta tarde, otra vez, habéis cruzado
las altas azoteas incendiadas.
Otra vez, obstinados, agoreros,
otra vez ululando en desbandada
otra vez, esta tarde, habéis trazado
un círculo sonoro que constela
el nítido crepúsculo de junio.

Y al cabo del estío que os regresa,
de nuevo os marcharéis mientras nosotros
tratamos de afrontar esa certeza
de ser como vosotros breve vuelo,
leve sombra fugaz sobre la tierra.

Autor: Lola Mascarell

Fotografía de Felipe Zapico

las cuatro estaciones (147): primavera

LA MAESTRA DE LAS FLORES

En medio del prado
hay una Escuela
adonde van las flores
y las abejas.
Amapolas y lirios,
margaritas pequeñas,
campanillas azules
que, con el aire, suenan;
rosas enanas, rosas.
Tulipanes de seda.

En el centro del prado
hay una Escuela
y a ella van las rosas
en Primavera.
En el recreo
cantan las flores
a las ovejas.
En el recreo
saltan las flores
sobre la hierba.
Y si llueve,
se ponen contentas
y crecen camino
de las estrellas.

En el centro del prado
hay una Escuela,
y una mariquita
es la maestra.

Autor: Gloria Fuertes

Ilustración de Galya Popova

las cuatro estaciones (145): en el parque metropolitano

TEMPERA RENACENTISTA

“Hoy es siempre todavía”

(Antonio Machado)

Dicen que lloverá.
Han dicho que lloverá.

Prodigiosa agonía
del invierno en el parque.

Contemplo el aleteo
del petirrojo en la alberca.
Los vecinos -desconocidos-
recorriendo los senderos.

Hay empeño en este sol,
epifanía de la luz.
En cada copo de nieve
embalsamar un misterio.
De los nidos de los mirlos
germina un alborozo.

Dicen que lloverá.
Han dicho que lloverá.

Cuatro palomas disputan
media hogaza pétrea.
Hay un viudo con un perro
en un diálogo mudo.
La muerte con vida muere,
vigorosas viejas ramas,
cumbres de carnaval.
La guitarra del gitano
y el banco deshabitado
en un rincón del encuadre.

Dicen que lloverá.
Han dicho que lloverá.
Y antes del otoño del mediodía,

Llueve.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Parque de Bellvitge, marzo 2019

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

las cuatro estaciones (144): primavera

Las seis de la mañana en primavera

Hay que ponerse en puntas de pie
para ganar un poco de claridad.
Allí llega, de lado de donde solo
habría que esperar las buenas cosas.
Ser el primero en ver acercar la primavera
y no tener colores para festejarlo.
Un brote sería suficiente
para justificar el renacimiento.
Un solo caracol
con su baba fosforescente
que de lejos se confunda con el rocío.
Una grieta por la cual
las brisas formen voces
con las madejas de suspiros
que provocan los amaneceres.
Pero hoy tu estar de reloj vigilante
tiene algo nuevo.
Tus paredes sirven,
en ellas se puede escribir
muera lo que queremos que muera
viva lo que tiene que vivir.

(Luis Luchi, fragmento del poema “El obelisco gran reloj de sol”)

Ilustración: Monet, “campos en primavera” (1887)