las cuatro estaciones (67): en la vigilia del verano

Planchando las camisas del invierno

Cuando la primavera dio su tercer aviso,
ya en junio.
Cuando los días se volvieron
definitivamente azulesroberto-fernandez-balbuena-la-planchadora-1930
y la luz dulce se expandió
interminable
como las margaritas del jardín,
salpicando en el césped las manchas
amarillas y blancas de su vestido limpio.
Cuando la primavera vino para quedarse
y la sierra se desnudó a lo lejos,
ella
estaba en el salón, abierta la ventana,
respirando cierta tristeza,
como quien gana y pierde al mismo tiempo,
viendo brillar la tarde, al paso de los años,
antes de que el verano nos aplaste,
suavemente estirando las arrugas
del corazón,
planchando las camisas del invierno.

Autor: Ángeles Mora

Ilustración: Roberto Fernández Balbuena, “la planchadora” (1930)

las cuatro estaciones (66): primavera. Pintar un árbol.

No hace falta mucho
para pintar un cuadro,
basta una pared encalada
de fondo
y un árbol que florezca en primavera.

Autor: Elvira Laruelo

Ilustración: Monet, “In the Woods at Giverny-Blanche Hoschedé at Her Easel with Suzanne Hoschedé Reading” (1887)

las cuatro estaciones (65): primavera sin Laia

luna-laiaECLIPSE DE LUNA

¿Cuándo será primavera
en los labios de los niños muertos?

Frío sobre frío
silencio en el sepulcro
desierto en el océano
sombras inertes durante el eclipse.

Autor: Javier Solé

ECLIPSE EN PRIMAVERA

“un altre cop ha passat
de llarg la primavera”

(Gemma Gorga)

Un sol de primavera
que me invita
a disfrutar de esta jornada festiva

resulta serandre-dluhos-03
tan triste
como
las tardes con deberes en otoño
las madrugadas con escarcha en pleno invierno
o los veranos sin mar.

Sólo quien está vivo
puede ser feliz.

Este sol
serpenteando por las calles
promete tanto júbilo,
está tan lleno de posibilidades,
de encuentros y alegrías
que ella no podrá nunca paladear.

Y el eclipse se precipita sobre la terraza del bar.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Andre Dluhos

las cuatro estaciones (64): primavera. Dos poemas de Ana Belén Martín Vázquez

margarita-sikorskaia-crows

De su poemario “De paso por los días” (2016)

ROMANCE

El amor es lo obvio:
despertarse del frío,
lamer atardeceres…

Mientras los animales
paren y se aparean.

Ilustración: Margarita Sikorskaia, “Crows”
jocelyn-hobbie-01
En la caótica convivencia
de todas las prendas,
sandalias y gabardinas
se encuentran el mismo día
y en la misma calle.

Barómetro del desconcierto.

Ilustración de jocelyn hobbie

las cuatro estaciones (63): invierno. Dos poemas de Javier Solé

NIÑA, GATO Y VENTANA

deineka-nina-en-la-ventana-invierno-1933

Es invierno.

Una niña asomada a la ventana
mira el frío
sin sentir el rocío de la mañana.

Contempla un mundo inmóvil
junto a un gato arisco
que araña las piernas
de la niña
cuando por las noches
oscurece y no hay luces encendidas.

La casa está vacía.

La niña no respira.

El gato es negro.

Hay vivos que no saben que están muertos.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Deineka, “Niña en la ventana. Invierno” (1933)

El pintor soviético Aleksandr Deineka se aleja de su habitual estilo enérgico y contundente para crear este cuadro de doble título: Niña en la ventana. Invierno.

Todo en este lienzo está construido sobre un fuerte contraste entre el exterior helado y el cálido interior: las rápidas pinceladas con las que se aboceta el paisaje frente al mayor detalle con que se plasma la habitación; los colores fríos del mundo de fuera frente a la gama de ocres desplegada en torno a la protagonista humana y su mascota.

munch-aunt-karen-in-the-rocking-chair-1883MECEDORA

He comprado un balancín
para todas las tardes
de este invierno inagotable.

El miedo a olvidar
el rostro de los ausentes.

Acostumbrarse a sobrevivir
dosificando la pena.

Sentirse abrumado
por todo y por nada
por recordarte o relegarte.

Pendular entre dos orillas
astillas de la misma tragedia.

Ilustración: Munch, “Aunt Karen in the Rocking Chair” (1883)

las cuatro estaciones (62): invierno. Primeros fríos

blay2Un anciano y una niña están sentados en un banco con expresión de sufrimiento. La niña se apoya sobre el hombro del hombre, que intenta consolarla.

La escultura muestra dos personas, un hombre mayor y una niña, seguramente abuelo y nieta, sentados en un banco de piedra. La niña parece buscar la protección del hombre. En la versión de mármol los personajes aparecen desnudos, hecho que dramatiza más la escena, y contrastan aún más la dureza del cuerpo del hombre con las líneas más suaves de la niña. En cambio, en la versión de bronce, las figuras están vestidas y transmiten más sensación de orgullo y el contraste es más claro en los dos rostros, exageradamente detallado el del anciano y dulcemente difuminado el de la niña.

El hombre tiene barba y mirada de resignación. La espalda curvada, las rodillas juntas y las manos unidas transmiten el frío del tiempo. El gesto de la niña es tierno y lleno de amor, mirando el hombre. Él, en cambio mira el infinito, dónde se encuentra el espectador. Un detalle que muestra lo indefensa que se encuentra la niña y contribuye a expresar ternura el hecho de que los pies no le lleguen al suelo. Las piernas también están muy juntas para protegerse mejor del frío, pero además están en dirección al hombre, como si buscaran su calor.

“Los primeros fríos” supera la simple consideración de escultura anecdótica para reflejar una metáfora de la vulnerabilidad del ser humano en las dos etapas cruciales de su existencia: la infancia y la vejez. La finalidad que perseguía el artista catalán era invitar al espectador a reflexionar sobre las dificultades y la crudeza de la vida. El anciano tiene músculos robustos que hacen pensar en la fortaleza y el trabajo de los años de juventud. Ahora su mirada es triste y resignada. asumiendo la debilidad o la derrota. La niña, en cambio, delicada y tierna, muestra una actitud de indefensión y temor. La desnudez de ambos personajes contribuye a dar mayor credibilidad a este mensaje lleno de simbolismo.

Conjunto escultórico “Los primeros fríos”, de Miquel Blay (1892)

las cuatro estaciones (61): invierno. Poema de Adrián Bernal

CANTINA

jean-brusselmans-snowy-landscapeEl próximo invierno será frío.
Lo noto en los huesos,
en los ladridos de los perros,
en cómo encorvan la espalda las ancianas
al caminar hacia ninguna parte.
El próximo invierno será frío.
Morirán todas las cigarras.
Morirán todas las hormigas.
Tal vez se salven las cucarachas
o los banqueros.
El próximo invierno será frío,
más frío que cualquier otro invierno,
la televisión hablará del verano
y los periódicos de una ola de calor.
Entretanto
los zombis invadirán la ciudad
y se confundirán con los políticos
(quién no votó a un zombi en alguna ocasión:
devoran la misma cantidad de carne humana
pero mienten mucho menos).
Repito,
el próximo invierno será frío,
llegará sin avisar,
con sonrisa de matarife,
como diciendo
solo hago mi trabajo,
si no asesino yo
asesinará otro,
son cosas de la oferta y la demanda.
Tendrá que probar mis dientes
si quiere gobernar esta calle.
Hemos comenzado a organizar el incendio
con la determinación de los caracoles
—no habrá clemencia para diciembre—.
Se aceptan bocas y manos.

Autor: Adrián Bernal

Ilustración: Jean Brusselmans, “Snowy Landscape”

las cuatro estaciones (60): invierno. Poema de José Hierro

FÉ DE VIDA

Sé que el invierno está aquí,
detrás de esa puerta. Sé
que si ahora saliese fueraHans Andersen Brendekilde - Tøsne (1895)
lo hallaría todo muerto,
luchando por renacer.
Sé que si busco una rama
no la encontraré.
Sé que si busco una mano
que me salve del olvido
no la encontraré.
Sé que si busco al que fui
no lo encontraré.
Pero estoy aquí. Me muevo,
vivo. Me llamo José
Hierro. Alegría (Alegría
que está caída a mis pies.)
Nada en orden. Todo roto,
a punto de ya no ser.
Pero toco la alegría,
porque aunque todo esté muerto
yo aún estoy vivo y lo sé.

Autor: José Hierro

Ilustración: Hans Andersen Brendekilde, “Tøsne” (1895)

las cuatro estaciones (59): invierno. Poema de Inma Pelegrín

PICTOGRAMA

Hace frío en la calle y el inviernojocelyn hobbie - 05
imprime en el cristal una pizarra
en la que dibujar un corazón,
absurdos monigotes
o jugar al ahorcado.

Es sólo la manera de dejar
que transcurra la tarde,
que se deslice el tiempo en el reloj,
también en la ventana,
que las figuras pierdan su sentido
fundidas en el vaho.

Autor: Inma Pelegrin

Ilustración de jocelyn hobbie

las cuatro estaciones (58): otoño. Dos poemas de Javier Solé

14606406_533289553534806_7646560862460784199_nNAUFRAGIO OTOÑAL

Despojada de la vida
anhela
el viento o el sol

huir o renacer
lo aprendió de los vencejos
cuando era sólo lecho
donde preparan el vuelo.

Fotografía: Rambla Marina, Bellvitge, octubre 2016

LOS SAUCES ESTABAN TRISTES, LOS OLMOS TAMBIÉN

michael-maginSalió la mujer desnuda.

La sombra de la colina
reflejada en la alcoba,
los platos desordenados
los recuerdos alineados.

Hay árboles doblegados
que tienen las manos tristes
sus lágrimas una manta
incuban un cuerpo yermo.

Un ovillo infecundo
espera la primavera.

Fotografía de Michael Magin