la vida y la muerte (31): Dos poemas de León Felipe

Qué día tan largo…

Friedrich - Day

¡Qué día tan largo…
y qué camino tan áspero…
qué largo es todo, qué largo,
qué largo es todo y qué áspero!
En el cielo está clavado
el sol iracundo y alto.
La tierra es toda llanura… llanura… toda llanura…
y en la llanura… ni un árbol…
Voy
tan cansado
que pienso en una sombra cualquiera.
Quiero descanso… descanso… sólo descanso…
¡Dormir! Y lo mismo me da ya
bajo un ciprés que bajo un álamo.

Ilustración: Friedrich, “Day”

COMO TÚ

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,adoquines
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera…

Anuncis

la infancia (7): los sueños de la niñez

lataEra un niño que soñaba1960 Jorge y su caballo
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,1965 Javier en el burro
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!

Autor: Antonio Machado

Fotografías lateral: Jorge (1960) y Javier (1965)

Una delicia la versión de Paco Ibáñez:

el suicidio (VII): Dos poemas de Alfonsina Storni

 Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;

Que la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar

Con las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;

Ver cómo se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear

Ver cómo las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;

Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;

Ver que se adelanta, la garganta al aire,
El hombre más bello; no desear amar…

Perder la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

Y, figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.

Ilustración de Víctor Bauer

Una delicia el poema en la versión de Paco Ibáñez:

 Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

Ilustración de Neil RODGER, “seated woman looking at the sea”

Este fue el último poema que Alfonsina escribió antes de suicidarse…

Hacia la una de la madrugada del martes 25 Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió a la playa La Perla. Esa noche su hijo Alejandro no pudo dormir; a la mañana siguiente, lo llamó la dueña del hotel para informarle que le habían reportado del hotel que su madre estaba cansada pero bien.

Esa mañana, la mucama Celinda había golpeado la puerta del dormitorio para darle el desayuno y no obtuvo respuesta y pensó que era mejor dejarla descansar y fue lo que le comunicó a la dueña. Pero cuando dos obreros descubrieron el cadáver en la playa, se difundió la noticia; su hijo se enteró por radio y el cuidador del hotel, José Porto, se lo confirmó vía telefónica. Hay dos versiones sobre el suicidio de Alfonsina: una de tintes románticos, que dice que se internó lentamente en el mar, y otra, la más apoyada por los investigadores y biógrafos, que afirma que se arrojó a las aguas desde una escollera.

A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poeta de América». La sorpresa obligó a reconstruir el hecho. A las ocho de la mañana, los obreros de la Dirección de Puertos Atilio Pierini y Oscar Parisi observaron algo flotando a doscientos metros de la playa La Perla y que podría tratarse de una persona. Pierini se arrojó al agua mientras su compañero denunciaba el evento a la policía; los cabos Antonio Santana y Dámaso Castro ayudaron al joven obrero a llevar el cuerpo sin vida a la orilla. Determinaron que era una mujer bien vestida y que había estado flotando poco tiempo. Una ambulancia la trasladó a la morgue, donde fue examinada por el doctor Bellati, quien reconoció a Alfonsina cuando destapó el cuerpo. Se especuló que Alfonsina se arrojó desde la escollera del Club Argentino de Mujeres a doscientos metros de la costa. Sobre la escollera se encontró uno de sus zapatos, el cual se había enganchado con los hierros en el momento en que su dueña se había arrojado al mar.

Alfonsina Storni (1892 -1938) fue maestra, actriz, periodista, poeta, socialista, feminista y madre soltera, fascinaba al Buenos Aires del siglo XX con sus versos y con el desafío a todos los prejuicios en medio de una sociedad machista y oligarca. Sensual, frágil, activa, pasional, romántica, cerebral, contestataria, feroz, vanguardista…, escribía con voz femenina y potente.

Su suicidio se vivió con espíritu romántico, pero no se internó en el mar caminando, con los cabellos al viento, sino que se arrojó a la mar desde un espigón, consumida por el dolor que el cáncer le producía, sin esperanzas de cura.

Bajo el título “Voy a dormir: Alfonsina Storni” puedes leer aquí la excelente narración del suicidio del poeta:

http://www.filmica.com/jacintaescudos/archivos/006964.html

Erase una vez (J.A. Goytisolo)

Ahora que ya no puedo recordar con precisión los cuentos que mi padre me explicaba en las frías noches de invierno y evoco con cierta desazón las historias inversosímiles que cada noche inventaba para mis hijas, los versos de Goytisolo en la voz de Paco Ibáñez me arrullan en este otoño baldío.

Erase una vez

Erase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés

Ilustraciones: superior,  Jim Daily e inferior fotograma de “Los lunes al sol (Fernando de Leoón, 2002).

Dos poemas sobre la muerte: Brassens e Ibáñez.

Dos interpretaciones deliciosas sobre un mismo sombrío tema: la Muerte. 

En el caso de Georges Bassens, “El testamento”, una canción irónica que encierra un vitalismo fatalista, estuvo tentado de incluir la versión original francesa pero he decidido finalmente una en castellano cantada por el mismo.

En el caso de Paco Ibáñez la versión larga de las célebres “Coplas a la Muerte de su padre”, de Jorge Manrique, y que supone una reflexión triste  respecto a la futilidad de la existencia que ya desde bien pequeño me tenía completamente hechizado. La ventaja de esta versión es el espectacular video que recorre de una manera magistral cómo la pintura aborda esta temática. Es por ello, por el insuperable montaje, que he renunciado a la ilustración exhaustiva con referencias pictóricas propias que no pueden igualar el excelente trabajo. Sé que es largo pero no seáis impacientes y aguantar hasta el final.

Noches de verano

A partir de un poema de Antonio Machado elaboró Paco Ibáñez esta bella canción que destila una frágil sensualidad evocadora… TUS OJOS ME RECUERDAN

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negra noche sin luna,
orilla al mar salado,
y un chispear de estrellas
de un cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Y tu morena cara,
los trigos requemados,
de un suspirar de fuego
de los maduros campos.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

De tu morena cara
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de un cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios.
De tu mirar de sombra
de los maduros campos
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negra noche sin luna,
orilla al mar salado,
y un chispear de estrellas
de un cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Y tu morena cara,
los trigos requemados,
de un suspirar de fuego
de los maduros campos.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Ilustraciones de José Royo, “andaluza” y “estudio”.

El cuento de la lechera

Ahora que el sistema financiero español respira aliviado por la ayuda que otros le prestarán seguramente a un precio que linda con la usura convendría recordar la fábula de Samaniego que tan deliciosamente musica Paco Ibáñez.

Adiós leche, adiós huevos,
adiós dinero, adiós lechón,
adiós vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro

¿Cómo pueden dormir tranquilos los políticos que utilizaron el dinero de entidades bancarias para hacer inversiones que lo único que financiaban era su propia carrera política?

¿Cómo pueden mirarse en el espejo los mamones que tras hundir a una entidad financiera se llevan millones de euros de indemnización, finiquito o como mierda se le llame?

(Xavier Sardà, publicado en “El Periódico” 10/06/2012)   

Me lo decía mi abuelito.

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

Trabaja niño, no te pienses
que sin dinero vivirás.
Junta el esfuerzo y el ahorro
ábrete paso, ya verás,
como la vida te depara
buenos momentos, te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

La vida es lucha despiadada
nadie te ayuda, así, no más,
y si tú solo no adelantas,
te irán dejando atrás, atrás.
¡Anda muchacho dale duro!
La tierra toda, el sol i el mar,
son para aquellos que han sabido,
sentarse sobre los demás.

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces,
y lo he olvidado siempre más.

Autor: J.A. Goytisolo.

Y con montaje visual espléndido y la voz de Paco Ibáñez:

Palabras para Julia.

Es, tal vez, el más bello poema del mundo.

Un poema asombrosamente doloroso en su intento por dar a su hija un aliento que finalmente él no logró.

Goytisolo lo escribió para su hija; pero eso no es todo:  hay otra Julia -su madre muerta en un bombardeo franquista a la Barcelona de 1938- que está en esos versos que consagran la vida en todos los sentidos. El hecho dramático afectó a todos los hijos, pero especialmente a José Agustín, que puso a su hija el nombre de la madre perdida.

Podéis consultar el texto del poema en un post de otro blog:

http://blocdejavier.wordpress.com/2012/03/19/palabras-para-julia/

Y deleitaros ora con la versión del propio poeta ora con la musicada por Paco Ibáñez:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (Cesare Pavese) & El miedo del silencio (Margarita Georgiadis)

“Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿De acuerdo? No chismorreen demasiado”. (C. Pavese en la última nota de su diario).
Margarita Georgiadis es una artista australiana nacida en 1968. En su pintura está muy presente el paso del tiempo, la fragilidad humana y el dolor. No es improbable la influencia de la muerte de su padre.

Ilustración: “fear of silence” (2008)

La literatura de Cesare Pavese está inundada de reflexiones sobre la soledad, la familia, el sexo, el amor y, sobre todo, la muerte.

“Verrà la morte e avrà i tuoi occhi” es una poesía editada póstumamente y escrita poco antes de su decisión de quitarse la vida tras un largo proceso de sucesivas depresiones y desengaños amorosos.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
de el alba a la noche, insomne,
sorda, como un remordimiento
viejo o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito apagado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas hacia ti
en el espejo. Oh querida esperanza
ese día, también nosotros,
sabremos que eres la vida y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como en el fondo de un espejo
ver resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

 El poema ha sido traducido al euskera y convertido en una bellísima canción que suena así de bien con la voz de Paco Ibáñez: