el aprendiz de brujo (784): el cuerpo

Para llegar al cuerpo que llamo mío
he tardado algo más de cincuenta años.
Y ahora que deshago las maletas y lo habito
la humildad del mecanismo me sorprende.
Nada de las alas ni de las branquias
que sentí tan vivamente en sueños.
Lo observo como a un tren destartalado
que se empeña en proseguir a pesar
del miedo a precipicios y torrentes.
Yo soy tú, dice con voz de humo,
como sabes cuando nadas o abrazas.
Yo soy tú, no me niegues, no digas no
a los peajes ni a los diques secos.
Soy la frontera que contiene, el límite
que aguanta rebeliones y embestidas.
Te conozco: sé por qué me maltratas.
A mí van a dar tus subterfugios
a mí me golpean tus muletas
a mí me intoxican los venenos
que ingieres para cambiar de disfraz
y presentarte como una empresa saneada.
Te lo tolero todo, hasta que ya no pueda
acarrear tanto equipaje de estación a estación.
Toca, huele, oye, mira, saborea.
¿No es suficiente este derroche de tesoros?
¿No basta con que te regale el mundo
y llene de manjares tu alacena
y me parezca tanto a lo que llamas alma?
Como en tus sueños románticos: los dos somos uno.
Recorre la piel y sus alrededores
como finca que guardas y gestionas
y ábrela a aquel que ante tus puertas diga tu nombre:
la contraseña que te entregué para este viaje.
Aunque tarde, has llegado a nuestra cita. Descansa.
Soy la parte de ti que sabe a dónde vamos.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustraciones: Bernard Buffet, “Annabel Buffet” (1960)

el aprendiz de brujo (782): lecturas

Cuido lo que leo igual que pregunto
antes de abrir la puerta de mi casa.
También buscaría la mejor vista
si abriera una ventana en mi pared.
Para distinguir pozo de espejismo
pongo conciencia de zahorí en la mano
que expectante tiendo hacia la biblioteca.
Igual que elijo caricia o comida
o discrimino una medicina de un veneno.
El tedio es un atentado a la naturaleza.
Las letras alimentan o intoxican
aburren o inflaman, hunden o empujan.
Hacia ellas voy con el hambre y con la herida
con el deseo y el pasado en mi estandarte.
La mentira arruina cualquier cita.
Reclamo una venda o un bisturí.
Quiero un bar o quiero un templo.
Pido fruta, vino o una buhardilla
para compadrear con los fantasmas.
Busco mi eco, un diálogo o el caos
como magma en el que la vida hierve.
Cuido lo que leo porque en el amor
y en los libros está toda la eternidad
que reconozco. Un libro es el lugar
donde se reúnen los dioses tuertos.
Donde la comprensión aplaca el daño.
Donde la lucidez se hace caudal.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración de Galya Popova

trabajar para vivir (49): la oficina

paul-delvaux-esqueletos-en-la-oficina-1944“La vida es eso que se ve desde la ventana de la oficina”

(Ana Pérez Cañamares)

Ilustración: Paul Delvaux, “esqueletos en la oficina” (1944)

En la oficina

La luna nos mira desde fuera
y me ve languidecer como un pobre oficinista
bajo la mirada severalogan-zillmer-05
de mi jefe.
Me rasco el cuello, turbado.
Nunca he conocido
el sol luminoso y duradero de la vida.
La penuria es mi sino;
tener que rascarme el cuello
bajo la mirada del jefe.
La luna es la herida de la noche,
y gotas de sangre las estrellas.
Acaso esté lejos de la felicidad plena,
pero a cambio me han hecho modesto.
La luna es la herida de la noche.

Autor: Robert Walser

Fotografía de logan zillmer