poemas de amor, versos húmedos (116)

LA HISTORIA DE LA MUJER DEL INTERNAUTA

Vulnerable,
ayer te vi:
sentado,
frente al monitor,
el pijama en los tobillos,
la mano engolfada en el miembro
nervioso y derecho
ante la imagen
bidimensional
de una tetona en edad legal
mostrando el esplendor
de un coñito depilado,
suculento y hospitalario.

Luego me vi:
mi cuerpo en el espejo,
un cuerpo que me duele,
un cuerpo-miseria,
GRAVE.

Tardamos el mismo tiempo
en descargar:
tú, el semen furtivo;
yo, mis cuchillas como lágrimas.

Tú apagaste el ordenador.
Yo no podía hacer

NADA.

Autor: Eva Vaz

Ilustración de Fidel Fernández

EL BESO

El sexo, entre otras cosas,
mueve el mundo

y a cierto nivel hay algo
que no entiendo:

bien es sabido que basta
uno para el orgasmo;

se precisan dos, sin
embargo, para el beso.

Autor: María Elena Higueruelo Illana

Fotografía de Frank Horvat

El amor es sencillo a veces

Algo tan sencillo como ponerse de puntillas para alcanzar una
manzana,
mirar el patio de una casa por encima de un muro,
dar un beso, hacer menos
ruido
al caminar.

El amor es preguntar
¿vienes conmigo hasta la boya amarilla?,
apuntar con un dedo el horizonte
y no tener que nadar en soledad nunca más.

El amor es no querer que te quemes,
quitarte polen de gramínea del pelo,
preguntar
con suavidad
si tienes frío.

El amor puede ser estar mucho rato bajo el sol con los ojos cerrados
y ser tan feliz que consigues no pensar en la muerte.

El amor puede ser también
oír una bicicleta que frena delante de tu puerta.
Pelar pipas en un banco, señalar
una trucha que salta a lo lejos
o un meteoro
que cae.
Escuchar una canción que no te gusta
y aun así pensar
la vida es buena.

El amor podríamos ser fácilmente nosotros dos
pegándonos porque nos parece divertido,
manchándonos porque nos parece divertido,
despidiéndonos porque despedirse
es siempre divertido.

El amor es apartar
un cigarrillo de tu boca.
El amor es acariciar
los dos al mismo perro.
El amor es echar una carrera,
llorar de risa, dar una patada
por debajo de la mesa,
no avergonzarme,
ante ti,
de mi ropa vieja.

Autor: Alba Flores Robla

Fotografía de Bert Hardy

LA ELEGIDA

“No puc dormir soleta, no.
Què em faré, lassa,
si no mi es passa?”

Malgastaré los años que me quedan
escribiéndote las palabras ardientes
de haberme sentido la elegida.
Porque soy prisionera de tu cuerpo,
de esta carne salvaje,
del vello dulce de la axila,
de los pezones argollados
y de aquel primer beso suspendido,
mutilado antes de nacer
tan cerca
de los labios.

Autor: Raquel Casas

Fotografía de Andrey Povarov

SAQUEO

Como un depredador entraste en casa,
rompiste los cristales,
a piedra destruiste los espejos,
pisaste el fuego que yo había encendido.

Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo.
Un cristal me refleja dividida.
Por mi ventana rota aún te veo.
(Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos).
Y yo, mujer de paz,
amo la guerra en ti, tu voz de espadas,
y conozco de heridas y de muerte,
                                    derrotas y saqueos.

En mi hogar devastado se hizo trizas el día,
pero en mi eterna noche aún arde el fuego.

Autor: Piedad Bonnett

Ilustración: Picasso, “Desnudo de mujer con su gato” (Jacqueline) (1964)

Dijeron: todo lo puede el amor
y que a la vez es frágil como esqueleto de ave
que tendría apellidos, rostro, manos
una dirección y una biografía
punto rojo de usted está aquí
lo quise creer igual que no se duda
de la rotundidad de la campana
porque no había lugar para otra música
nada sobrevivía a su estampida
cien mil violines como cien mil potros
que deshacen en polvo el horizonte
esperé a que llegaran sus tenores
nocturnos mercenarios de uno en uno
cantamos juntos hasta la ronquera
bailamos como marionetas cojas
improvisamos melodías que eran
más rezo que canción, más fe que alegría
ardimos a lo bonzo, ateos monjes
como corcheas nos sentamos meciendo
los pies al filo del incierto abismo
y cada vez tuvimos que aprender
a hablar la lengua del resucitado
ahora el cello alimenta telarañas
y el amor es discreto como un muerto
al tambor lo acalla el silencio de la noche
en los caminos crepita el hojaldre de las hojas
la voz de mi hija estalla en pirotecnias
y frente al terciopelo de la hoguera
el bostezo de mi perra es sinfonía
nunca el amor fue orquesta, sino eco
una lluvia fina en vez de saetas
catedral excavada por hormigas
no una fiesta en el palacio sino el viento
que revuelve el flequillo al trigal
bóveda en la garganta de los pájaros
la palabra que regresa a la boca del amnésico
no acabaría conmigo la pasión
con su estruendo de fiesta y de verbena
sino la ternura que me toca como espuma.
Motor de la marea en la que habré de ahogarme.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración: Andrea Kowch, “chasing the moon” (2020)

 

el aprendiz de brujo (784): el cuerpo

Para llegar al cuerpo que llamo mío
he tardado algo más de cincuenta años.
Y ahora que deshago las maletas y lo habito
la humildad del mecanismo me sorprende.
Nada de las alas ni de las branquias
que sentí tan vivamente en sueños.
Lo observo como a un tren destartalado
que se empeña en proseguir a pesar
del miedo a precipicios y torrentes.
Yo soy tú, dice con voz de humo,
como sabes cuando nadas o abrazas.
Yo soy tú, no me niegues, no digas no
a los peajes ni a los diques secos.
Soy la frontera que contiene, el límite
que aguanta rebeliones y embestidas.
Te conozco: sé por qué me maltratas.
A mí van a dar tus subterfugios
a mí me golpean tus muletas
a mí me intoxican los venenos
que ingieres para cambiar de disfraz
y presentarte como una empresa saneada.
Te lo tolero todo, hasta que ya no pueda
acarrear tanto equipaje de estación a estación.
Toca, huele, oye, mira, saborea.
¿No es suficiente este derroche de tesoros?
¿No basta con que te regale el mundo
y llene de manjares tu alacena
y me parezca tanto a lo que llamas alma?
Como en tus sueños románticos: los dos somos uno.
Recorre la piel y sus alrededores
como finca que guardas y gestionas
y ábrela a aquel que ante tus puertas diga tu nombre:
la contraseña que te entregué para este viaje.
Aunque tarde, has llegado a nuestra cita. Descansa.
Soy la parte de ti que sabe a dónde vamos.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustraciones: Bernard Buffet, “Annabel Buffet” (1960)

el aprendiz de brujo (782): lecturas

Cuido lo que leo igual que pregunto
antes de abrir la puerta de mi casa.
También buscaría la mejor vista
si abriera una ventana en mi pared.
Para distinguir pozo de espejismo
pongo conciencia de zahorí en la mano
que expectante tiendo hacia la biblioteca.
Igual que elijo caricia o comida
o discrimino una medicina de un veneno.
El tedio es un atentado a la naturaleza.
Las letras alimentan o intoxican
aburren o inflaman, hunden o empujan.
Hacia ellas voy con el hambre y con la herida
con el deseo y el pasado en mi estandarte.
La mentira arruina cualquier cita.
Reclamo una venda o un bisturí.
Quiero un bar o quiero un templo.
Pido fruta, vino o una buhardilla
para compadrear con los fantasmas.
Busco mi eco, un diálogo o el caos
como magma en el que la vida hierve.
Cuido lo que leo porque en el amor
y en los libros está toda la eternidad
que reconozco. Un libro es el lugar
donde se reúnen los dioses tuertos.
Donde la comprensión aplaca el daño.
Donde la lucidez se hace caudal.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración de Galya Popova