Joan Margarit versus Montserrat Gudiol

LA CASA

Ens protegeix i guarda el que hem sigut.
Allò que mai no trobarà ningú:
sostres on hem deixat mirades de dolor,
veus que han quedat, callades, en els murs.
La casa organitza el seu futur oblit.
De sobte, un corrent d’aire i una porta
que es tanca amb un cop sec com un avis.
Cadascú és casa seva, la que s’ha construït.
I que, al final, es buida.

Autor: Joan Margarit

LA CASA

Nos protege, conserva lo que fuimos.
Eso que nadie nunca encontrará:
techos donde dejamos miradas de dolor
y voces que han quedado, calladas, en los muros.
La casa ya organiza sus futuros olvidos.
Una corriente de aire, la puerta que se cierra,
como un aviso, con un golpe seco.
Cada uno en su casa. La que fue construyéndose.
Que, al final, se vacía.

Autor: Joan Margarit

Ilustraciones de Montserrat Gudiol

FER OBRES

De seguida va ser la casa dels estius,
les vacances d’hivern, la dels caps de setmana,
sempre plena amb fills, més tard els nets.
Una casa de pedra de tres pisos
voltada pels sembrats, les boies i les pluges.
Però des de fa anys que hi venim sols.
I ara comencem obres per viure al pis de baix,
al costat de la gespa i els rosers.

És l’última vegada que faré d’arquitecte,
i serà per a tu, que un dia vindràs sola
i pensaràs en mi escoltant els ocells.
T’imagino a l’estiu, en sortir el sol
amb les portes obertes al jardí
mentre als conreus algun estarà segant.
I -com tu i jo a aquesta hora hem fet sempre-
posaràs Mozart.

Autor: Joan Margarit

Ilustración: Montserrat Gudiol, “Mujer sentada de espalda” (1975)

HACER OBRAS

Fue enseguida la casa de verano,
la de las vacaciones invernales,
la de los fines de semana,
que llenaron los hijos, y los nietos más tarde.
Una casa de piedra de tres pisos,
en medio del sembrado, las nieblas y las lluvias.
Pero, desde hace años, venimos tú y yo solos.
Y hoy comenzamos obras para poder vivir
en el piso de abajo, con las rosas y el césped.

Será la última vez que haga de arquitecto,
y será para ti, que un día vendrás sola
y pensarás en mí escuchando los pájaros.
Te imagino en verano, amaneciendo
con las puertas abiertas al jardín
mientras alguien está comenzando a segar.
Y -como tú y yo siempre hemos hecho a esta hora-
pondrás Mozart.

Autor: Joan Margarit

amores cotidianos (319): Julius y Ethel

Los Rosenberg fueron ejecutados el viernes 19 de junio de 1953. En una última carta a sus hijos Robert y Michael, de seis y siete años, escribieron: “Vuestras vidas os enseñaran, también, que el bien no puede florecer entre el mal, que la libertad y todas las cosas que contribuyen a una vida plena y que merezca la pena a veces cuestan muy caro”.

Más información en:

https://www.infobae.com/historias/2021/03/12/la-terrible-ejecucion-en-la-silla-electrica-de-un-matrimonio-acusado-de-revelar-secretos-atomicos-y-las-dudas-que-dejo-el-caso/

https://manuelcerda.com/2018/01/31/el-asesinato-de-los-rosenberg/

ciudades y personas (XIV): L’Hospitalet de Llobregat. La playa de la Farola

UN DOMINGO CUALQUIERA

Todos juntos frente al mar
un domingo cualquiera

miran mis antepasados
el futuro de su estirpe.

Hijo de menesterosos,
naufrago del infinito

alzo del pecio un nido.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Faro de L´Hospitalet, también conocido como la Farola o el faro del Llobregat

El faro se construyó en 1852. Era una zona agrícola alejada de la ciudad y escasamente habitada. A medida que avanzaba el siglo XX y la gente trabajadora disponía de más ocio una de las excursiones típicas era ir con el carro a la playa de La Farola.

Pero la necesidad de construir un puerto franco hizo que los terrenos fueran anexionados a Barcelona (Zona Franca) y que el municipio de L’Hospitalet perdiera su histórica salida al mar en mayo de 1920.

el cementerio de los ingleses

Solíamos agotar la tarde avistando desde el cementerio de los ingleses las barcas de los pescadores que vuelven a la ensenada. Era ayer y es siempre.

La maleza medra entre lápidas y mausoleos y los nombres de los que partieron son ya olvido. No es tarea fácil discernir el movimiento imperceptible del Cantábrico; el bóreas susurra una endecha que las piedras escuchamos en silencio. Una lluvia fina nos bendice. El iris de tus ojos se refleja en el índigo. Ninguna inquietante sombra diezma el gozo liviano. Este ocaso será el último adagio.

Cae, de súbito, una noche y pleamar irrumpe en nuestro edén. Tú, poco a poco, renuncias a respirar. En la playa los guijarros amortajan a una sirena.

Este otoño en el Paseo Nuevo las mareas vivas están bramando el desgarro.

Para que tu nombre sea siempre recuerdo y la maleza no enmascare la historia franqueas las olas de nuestro mar, del agua que secuestraba tus ojos, y desde los altozanos cercanos las ermitas de adobe de los ateos custodian tu travesía con celo. Bienaventurado éxodo sin fin.

Autor: Javier Solé, noviembre 2019

Ilustración: Oswald von Glehn, “Boreas and Orithyia”

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)