el aprendiz de brujo (366): las pompas

ibai-acevedo-02Cuanto más grande hacíamos
la pompa de chicle,
más nos llenaba la cara
de aquellos restos de nuestra intrepidez.
Así, supimos de las primeras derrotas.
Aquello que masticamos,
cuando toma aire, nos revienta.

Autor: María del Pilar Gorricho del Castillo

Ilustración de Ibai Acevedo

la infancia (53). Poema de Begoña Paz

louis-treserras-11Cansada de vigilar la máscara, la mujer
se sienta al final del día frente al espejo.
Una a una va quitando las arrugas,
las líneas amargas que cercan la boca,
eleva los párpados, limpia con un paño,
húmedo las canas, levanta los pechos,
sacude del cuerpo los kilos de más.
Luego se acuesta en la cama, a llorar.
Se pregunta por qué no viene a acunarla
su madre. Es tan joven, está tan desnuda
y tiene tanto, tanto frío.

Autor: Begoña Paz

Ilustración de Louis Treserras

las cuatro estaciones (67): en la vigilia del verano

Planchando las camisas del invierno

Cuando la primavera dio su tercer aviso,
ya en junio.
Cuando los días se volvieron
definitivamente azulesroberto-fernandez-balbuena-la-planchadora-1930
y la luz dulce se expandió
interminable
como las margaritas del jardín,
salpicando en el césped las manchas
amarillas y blancas de su vestido limpio.
Cuando la primavera vino para quedarse
y la sierra se desnudó a lo lejos,
ella
estaba en el salón, abierta la ventana,
respirando cierta tristeza,
como quien gana y pierde al mismo tiempo,
viendo brillar la tarde, al paso de los años,
antes de que el verano nos aplaste,
suavemente estirando las arrugas
del corazón,
planchando las camisas del invierno.

Autor: Ángeles Mora

Ilustración: Roberto Fernández Balbuena, “la planchadora” (1930)

Eduardo

“… a la tierra se regresa
antes de crecer en ella”

(Tulia Guisado)

Conservaba sólo una docena de fotografías del hijo muerto. El embarazo había sido físicamente complejo, con instantes intensos de bienestar psíquico, de felicidad ahora proscrita. El parto, prematuro, fue largo, difícil y, endiabladamente, peligroso. Para ambos. Ya ella tuvo que indicarle al doctor que diera prioridad al hijo sobre la madre. Pero la ciencia suele batirse en retirada cuando la guadaña reclama con vehemencia que alguno de los vivos sea sacrificado.

La noche era larga y un caballo sin montura cruzaba al galope un paraje calcinado. Era la misma muerte que venía a desgarrarle el alma, degollarla entera, sembrar una herida y un dolor incurable, insoportablemente despiadado.

Hubo noche, y a las noches les sucedieron los días. Y los días murieron en noches. Y esta sucesión no trajo nunca la luz, sólo el péndulo de una lámpara hospitalaria que tiritaba de miedo y de frío, más de miedo que de frío. ¡Qué dolor morirse y que cruel ver morir!

A los ocho meses le sucedieron sólo nueve días. Puedes pensar que nueve días no son mucho, y es verdad que vivir sólo nueve días es poquísimo, es una miseria. Cuando se es niño nunca vives lo suficiente, sean nueve días, nueve meses o catorce años. Pero nueve jornadas de enfermedad, de agonía, y si son los primeros nueve días de vida, son una bomba de plutonio; la percepción del tiempo, en mitad del dolor, confunde los minutos con las horas y las horas con los días y los días con unas pocas semanas, acaso una y una décima de la siguiente. Y el vacío cavando fosas en el alma.

Transcurridos unos meses del entierro, el padre, un día, preso de este dolor incrustado, confesó que tal vez hubiera sido mejor que el bebé hubiera muerto en el útero, que no hubiera llegado a nacer, que no fuera posible recordar se movía y lloraba, se aferraba al pecho con una locura infame. Que verlo durante una semana -nueve días, en realidad- fue un tormento añadido para el niño y para los progenitores.

A ella, sin embargo, este pensamiento y su exhibición impúdica le molestaba. Aunque no lo citaba por su nombre -y utilizaba el genérico niño- se sentía reconfortada por haberlo visto nacer, por haberlo tocado, por haberlo besado, haber intentado darle de mamar, acogerlo en su regazo en la UCI hasta que dejó de respirar y hasta una hora después.

Los muertos no nacidos no tienen rostro aunque tengan nombre. Son un legajo, algo o alguien que es y será sin llegar a haber sido, pero el niño enfermo sepultado en lavanda y sábanas blancas con las iniciales del hospital ha sido, aunque sea su existencia breve. Tiene rostro y tiene nombre.

Los padres del niño muerto terminaron por separarse. Seguramente, fueron incapaces de afrontar de manera conjunta la tragedia. Ambos “rehicieron” su vida, otra vida. La supervivencia tiene leyes poderosas que nadie desafía con éxito. Los dos, por separado, tuvieron otras relaciones, parejas nuevas. Pero, y esto es lo más curioso, ninguno de los dos tuvo descendencia.

Eduardo se llamaba el niño que nació demasiado pronto y demasiado pronto murió. De ningún otro modo hubiera podido titularse este relato.

Autor: Javier Solé, noviembre 2015

 Fotografía de Brooke Shaden

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

el baile (82): old brother

OLD BROTHER


“Hay atajos para la felicidad, y el baile es uno de ellos”

(Vicki Baum)

Éramos jóvenes
bailando juntos
en un suburbio.

Podría enumerar
vuestros nombres.

Todos.

Y no olvidaría ni uno solo.

Conservo,
fotografías con amigos
el recuerdo de las tardes de verano
el sueño de un futuro diferente.

Guardé,
las manos para el abrazo
los ojos para las lágrimas
los labios para la risa.

Yo sé que existo
porque tú no me olvidas.

Abandonad, amigos, la ciudad
al ritmo de la música.

Entre bambalinas
ciego, manco, mudo
os veo, os abrazo y
dibujo esta última sonrisa
sólo para vosotros.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

el aprendiz de brujo (362): manos y piedras

robert-lange-01EVIDENCIA

Otra prueba de que los seres humanos estamos biológicamente más diseñados para ejercer el mal que para practicar el bien es que nos resulta más sencillo arrojar la piedra y ocultar la mano que arrojar la mano y ocultar la piedra.

Autor: Jesús Alono Ovejero

Ilustración de Robert Lange

Fuente original:

http://unalbornozllenodenotas.blogspot.com.es/