amores cotidianos (287): mejor que no venga

EL HOMBRE QUE SE SOSTIENE

Ninguna mujer es responsable
de las cargas emocionales de un hombre,
no obstante:
Si hay confusión y oscuridad,
mejor que no venga.
Si arrastra mujeres amarradas a su espalda,
mejor que no venga.
Si no ha solucionado las cosas con mamá,
mejor que no venga.
Si nunca ha tenido treinta semanas de soledad,
mejor que no venga.
Si no se hace cargo de su propia energía,
mejor que no venga.
Si no le duele el pecho al ver a un animal llorar,
mejor que no venga.
Si tiene el corazón guardado en una armadura,
mejor que no venga.
Si necesita un harén para brillar,
mejor que no venga.
No somos centros de rehabilitación sentimental,
si no se sostiene a sí mismo
será mejor que no venga.

Autor: Gemma Almagro

Ilustración de Juan Ruiz

Fuente original: https://gemmaalmagro.wordpress.com/2019/12/27/el-hombre-que-se-sostiene/

Julio Rodríguez versus Katia Chausheva

UNA EXTRAÑA CIENCIA

No busques la respuesta en los manuales
de química ni en Google ni en las páginas
con la esquina doblada de los libros.
No busques en las cartas ni en los astros
ni busques en la ciencia inaccesible
que todo lo describe fríamente.

Busca en el tacto ardiente de estas manos
que cincelan tu cuerpo de memoria,
en estos pies que avanzan con tus pasos,
en estos ojos que se quedan ciegos
cuando tú no me miras, o en la herida
que se abre en mí si alguna vez te hiero.

Busca en este poema, o en mi pecho.
Busca dentro de mí. ¿Lo ves? Es esto.

Autor: Julio Rodríguez

Ilustración: katia chausheva, “and the the moon and the stars and the world”

ELOGIO DE TUS MANOS

Tus manos no son ágiles ni tersas ni terrosas
(su suavidad no viene volando sobre el tiempo).

Tus manos no aventuran una odisea o un trágico
final en primer plano: ni aciertan con la aguja
para tejer la espera, ni rasgan con sus uñas
terribles ataúdes. Tus manos no son dóciles
ni tersas ni terrosas, ni especialmente cálidas.

Pero sólo tus manos (qué haría yo sin ellas)
retiran, una a una, las vendas de mi herida.

Autor: Julio Rodríguez

Ilustración: katia chausheva, “the red sign”

Carta abierta de un escritor a la Junta Militar


“No puedo, ni quiero, ni debo renunciar a un sentimiento básico: la indignación ante el atropello, la cobardía y el asesinato” (Prólogo para la primera edición de “Operación Masacre”, julio de 1957)

Rodolfo Walsh redactó este texto el 24 de marzo de 1977, a un año de instalada la Junta Militar. En él denuncia las atrocidades cometidas contra los derechos humanos y el plan económico que estaba imponiendo el gobierno. Su hija Vicky, oficial montonera, se había suicidado junto a su pareja, cuando se encontraba acorralada tras un enfrentamiento con las fuerzas militares. Un día después de escrita la carta, mientras dejaba ejemplares de la misma en buzones de calle, fue emboscado en las cercanías del cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos, barrio porteño de San Cristóbal. Walsh combatió y fue herido. Secuestrado, desde entonces integra la lista de detenidos-desaparecidos. Sus secuestradores y asesinos, entre ellos Alfredo Astiz y Jorge Acosta, fueron sentenciados a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal n° 5 en octubre de 2011, acusados por la privación ilegal de la libertad, tormentos, robo de bienes y homicidio.

La voz pertenece al actor argentino Alfredo Alcón.

“El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.”

LA MEMORIA

Los viejos amores que no están
La ilusión de los que perdieron
Todas las promesas que se van
Y los que en cualquier guerra se cayeron

Todo está guardado en la memoria
Sueño de la vida y de la historia
El engaño y la complicidad
De los genocidas que están sueltos
El indulto y el punto final
A las bestias de aquel infierno

Todo está guardado en la memoria
Sueño de la vida y de la historia
La memoria despierta para herir
A los pueblos dormidos
Que no la dejan vivir
Libre como el viento

Los desaparecidos que se buscan
Con el color de sus nacimientos
El hambre y la abundancia que se juntan
El mal trato con su mal recuerdo

Todo está clavado en la memoria
Espina de la vida y de la historia

Dos mil comerían por un año
Con lo que cuesta un minuto militar
Cuántos dejarían de ser esclavos
Por el precio de una bomba al mar

Todo está clavado en la memoria
Espina de la vida y de la historia

La memoria pincha hasta sangrar
A los pueblos que la amarran
Y no la dejan andar
Libre como el viento

Todos los muertos de la A.M.I.A
Y los de la embajada de Israel
El poder secreto de las armas
La justicia que mira y no ve

Todo está escondido en la memoria
Refugio de la vida y de la historia

Fue cuando se callaron las iglesias
Fue Cuando el fútbol se lo comió todo
Que los padres palotinos y Angelelli
Dejaron su sangre en el lodo

Todo está escondido en la memoria
Refugio de la vida y de la historia

La memoria estalla hasta vencer
A los pueblos que la aplastan
Y no la dejan ser
Libre como el viento

La bala a Chico Méndez en Brasil
150. 000 guatemaltecos
Los mineros que enfrentan al fusil
Represión estudiantil en México

Todo está cargado en la memoria
Arma de la vida y de la historia

América con almas destruidas
Los chicos que mata el escuadrón
Suplicio de Mugica por las villas
Dignidad de Rodolfo Walsh

Todo está cargado en la memoria
Arma de la vida y de la historia

La memoria apunta hasta matar
A los pueblos que la callan
Y no la dejan volar
Libre como el viento

Autor: León Gieco

Ilustraciones de Antonio Berni

el aprendiz de brujo (586): esa vida minúscula que traza una epopeya

EL TRÁNSITO DE LAS BALLENAS

Por lo general, la vida es este mar en calma
que ahora observamos desde la terraza del Mercante.
No vamos a bordo de un avión a punto de estrellarse
ni ocupamos las portadas de los suplementos dominicales.
No vamos a poner en marcha una nueva línea de cosméticos
ni a escribir el poema definitivo con las letras del genoma.
Vamos a echar gasolina, al trabajo bajo un paraguas roto,
a sacar la basura, a buscar un buen lugar al sol
viendo el mar a lo lejos. Cambiamos pañales, no de vida.
Pero escuchamos grandes historias en la cola de la pescadería
y bostezamos juntos, y también nos reímos
cuando el viento se lleva de un golpe inesperado
la ridícula pamela de una joven invitada a una boda.
No matamos a Kennedy ni curamos el cáncer.
Dormimos a los niños. Vemos la tele un rato
en el sofá tomando un vino antes de acostarnos.
Y aunque ningún estadio coree nuestros nombres,
celebramos los roces de la piel como un gol por la escuadra,
nos burlamos del tiempo y dormimos a pierna suelta
confiando en que, cuando nos despertemos,
el amor siga ahí. Al borde de la cama.
como el pan a la puerta de un local que aún no ha abierto.

Autor: Julio Rodríguez

Ilustración: Nicolae Vermont, “Vedere din port”