yo y los demás (76): las mujeres que yo quería

Pascale Taurua - 07Un relato de David Moreno Sanz que lleva por título “ROMPECABEZAS”:

“De Sara me he quedado sus ojos verdes, de Noelia sus labios carnosos, de Alicia su cabello negro azabache, de Cristina sus largas piernas, de Patricia su generoso corazón y así he ido recomponiendo a la mujer de mis sueños.

Ahora con las manos manchadas de sangre me pregunto qué hacer con todas las piezas que sobran”

Ilustración de Pascale Taurua

amores cotidianos (187): flores secas en primavera

PRIMER AMOR

hojas del otoño en un banco

a J.

Un hombre de cincuenta años
se agacha
con torpeza
o con tristeza
recoge flores secas
confecciona un bonito ramo
que depositará en febrero
en la tumba del primer amor.

Nunca espera
las flores de la primavera
le parecen demasiado hermosas
para testimoniar su pena.

La joven que amaba
murió hace más de treinta años,
ella catorce, él quince.

Cuando le dieron la noticia
los árboles del patio de la escuela se reían
las hojas muertas no le dejaban caminar.

Un beso,
sólo un beso
con los labios y sin lengua
unas palabras mal dichas
una discusión intrascendente
el noviazgo suspendido.

Cada febrero
de los últimos treinta años
con las flores secas
imagina hacen las paces
se besan una muerta de catorce
con un viejo de cincuenta
pero ahora si es un beso completo
con lengua y hasta el final de la primavera.

Autor: Javier Solé

Poema incluido en el libro de relatos  “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

 

Carta de Laia II

Un bebé tarda en nacer nueve meses, más o menos. Eso me explicaron en clase, no recuerdo ahora bien ni que profesor ni en que asignatura.

Hoy se cumplen nueve meses desde que estoy con vosotros de otra manera. Ni mejor ni peor, distinta.

Eliane Marque - 01Me he decido a escribir para comunicaros que no estoy sola, que soy consciente que pensáis mucho, constantemente, en mí; os siento siempre cerca. Algunos venís a verme, otros estáis ocupados, pero a menudo os oigo hablar sobre mí, o conmigo. Los hay que no dejan de llorar y quiero que sepáis que eso me gusta y me disgusta al mismo tiempo. No sé, es una sensación extraña, que no consigo comprender. Entiendo que estéis tristes, muy tristes, incluso que lloréis un poquito cada día, todos los días (especialmente mis padres, la Esther mejor que se centre en los estudios y en el baile, y que arregle la habitación que está súper desordenada) pero todo tiene un límite. Llorar, llorar cinco o diez minutos, algunos días incluso media hora. Pero no os hace ningún bien y me entristece de veras mucho que sólo lloréis y penséis en mi ausencia, olvidando que estoy con vosotros de otra manera, más sutil pero igual de intensa, menos divertida pero mucho más duradera. Madre, padre, no me marcharé de casa, no voy a independizarme. Vosotros ir tirando hacia adelante que yo me ocupo de vigilar el camino, unas veces por delante y otras por detrás. Estaré con vosotros siempre que queráis, donde y cuando me necesitéis. ¿No es fabulosos? Al final aprendí un truco de magia que me permite querer a las personas sin agobiarlas, ser querida sin apabullarlas.

2011 (04) Soria 89 CastroviejoYo creo que estáis obligados a permanecer tristes pero sin exponeros a la melancolía.

 No sé, pienso en mis padres y que imagino vivirán quince o veinte años, tal vez más -les queda por vivir más de lo que viví yo, que ya es mucho siendo poco- y yo estoy dispuesta a no marcharme de su lado pero siempre que me prometan que sin olvidar ni lo malo ni lo bueno pondrán el énfasis en lo bueno, que hubo mucho y que cada noche me darán un beso, como han estado haciendo hasta ahora. Me gusta, madre, que el elefante duerma con la Esther y amanezca contigo y que durante el día monte guardia en vuestra cama por si entran a robar en casa. Me gusta, también, que mi padre lleve el reloj de plástico verde. Me encanta que la Esther hablé y me cuente sus cosas y crezca y se haga mayor sin olvidarse tiene una hermana que la adora.

Sólo voy a poner una condición, y es innegociable. En el caso de que llegue a tener una sobrina o un sobrino dejo el encargo de comprarle de parte de su tía un elefante, un elefante como el mío. Incluso más grande. Pero no le regaléis el mío porque el mío es mío.

Autor: Javier Solé, noviembre 2014

Del libro “Bombyx mori” (ISBN 978-84-9095-196-5)