Retratos de España (126): éxodo y llanto

El llanto es nuestro

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Españoles:
el llanto es nuestro
y la tragedia también,
como el agua y el trueno de las nubes.
Se ha muerto un pueblo
pero no se ha muerto el hombre.
Porque aún existe el llanto,
el hombre está aquí en pie,
en pie con su congoja al hombro,
con su congoja antigua, original y eterna,
con su tesoro infinito
para comprar el misterio del mundo,
el silencio de los dioses
y el reino de la luz.
Toda la luz de la tierra
la verá un día el hombre
por la ventana de una lágrima…
Españoles,
españoles del éxodo y del llanto:
levantad la cabeza
y no me miréis con ceño
porque yo no soy el que canta la destrucción
sino la esperanza.

Autor: León Felipe

Fotografía, barrio de la Bomba (L’Hospitalet Llobregat, Barcelona)

Poemas de Pedro Flores

EL AGUJERO

Modest Urgell - CementerioMamá lleva treinta y siete años
pagando un agujero para mí.
Con todo lo que lleva pagado
por ese agujero de dos metros
por setenta
podría yo haber visto Alejandría
con estos ojos que mamá
prometió un día a los gusanos,
hubiera podido yo
afrontar tan larga oscuridad
con el sol de Alejandría
en mis retinas muertas.
Su mayor preocupación, la de mamá,
para cuando ella faltara,
era que no olvidase en qué cajón
estaban los papeles
que nos confirmaban, a ella y a mí,
como dueños transitorios de dos agujeros
en un panal de insectos muertos.
Me aconsejaba mi madre que en su ausencia
no dejara de pagar mi agujero
y que solicitara otro para el hijo que no he tenido, al que dejaré,
como única certeza,
un agujero que no existe.

Ilustración: Modest Urgell, “Cementerio”

ESTIRPEOtto Dix - Portrait of Paul F. Schmidt (1921)

Detesto a estos viejos severos de los retratos,
humo y cochambre,
los codos hechos a la mugre de las barras.
Creían haber llegado a alguna parte
pero eran sólo agotados, malolientes
gigantes varados en las piedras
de una playa lamida por la bruma.
Sé bien de lo que hablo,
ya casi soy uno de ellos.
Eso es el tiempo;
ir convirtiéndonos, poco a poco,
en lo que odiamos.

Ilustración: Otto Dix, “Portrait of Paul F. Schmidt” (1921)

LA LEY DE LO FUGAZ 
DOCU_GRUPOAl final
quedan unos cuantos papeles
ocupando unos pocos centímetros
en polvorientas estanterías que nadie visita.
El papel vive
lo que tarda en parpadear la estrella
cuyo fulgor ambicionaron sus versos.
El poeta ha vivido menos que el papel
por el que perdió el sueño
en noches que pasó mirando
las estrellas.

Pedro-FloresPedro Flores del Rosario (Las Palmas de GC, 1968) ha ganado numerosos premios y ha publicado también libros de relatos, obras de teatro y cuentos para niños. Según la crítica es un poeta con un toque irónico, capaz de poner en pie intimismo y denuncia social con coherencia. Sólido, clasicista y transgresor según convenga, a veces se inspira en episodios de la historia de Canarias. Tiene poemas que hablan de la misión del poeta que ha de gritar en favor del hombre enfrentado a la sociedad contemporánea, enarbola la resistencia contra el mundo, la defensa de la dignidad. Se destaca la originalidad, fuerza lírica, riqueza expresiva y gracia verbal de este hombre que defiende la poesía entendida al servicio de las mayorías. Aunque sea un ultraperiférico, hay que resaltar que es uno de los grandes en la poesía española contemporánea.

ciudades y personas: Madrid (II)

“El primero que nace en toda familia siempre esta soñando en un hermano o hermana imaginario que le cuide” (Bill Cosby)

2015 (08) Museo Reina Sofía 63

“Esther guarda en la maleta tu elefante.

A la noche
le enseña las pinturas
que hemos contemplado
los folletos de los lugares visitados
y en el mapa las calles
por las que hemos paseado.

Y los batidos y los helados
Le habla de los helados y los batidos.

No olvida lo mucho que te gustaban.”

Autor: Javier Solé, fragmento del poema “Madrid agosto 2015”.

La fotografía es de la misma fecha.

jaque mate

Todas las tardes de invierno el hombre al borde de una senectud anticipada dispone pacientemente las piezas en el tablero e inicia una larga partida que se prolonga hasta el anochecer. Son esas tardes jornadas teñidas de melancolía pero no de soledad. Aunque el hombre juega sin compañía no está sólo.

Estoy jugando cada tarde de invierno con un fantasma, el fantasma de mi hija.

lucie-geffre-ajedrezEl hombre recuerda perfectamente aquellas navidades y el papel con dibujitos infantiles con el que había envuelto el tablero y la caja de madera con las piezas -treinta y dos, dieciséis blancas y dieciséis negras- talladas de manera tosca. El ruido al agitar la caja antes de abrir la niña el regalo y el beso en las mejillas por la ilusión desatada al desenvolverlo.

Tú querías aprender los secretos del juego pero yo sólo te expliqué en dos o tres lecciones los movimientos elementales de las piezas -el peón, el alfil, el caballo, la torre, la dama y el más torpe de todos, el rey-, un par de cosas sobre las aperturas y la importancia de la paciencia en los jugadores además de la necesidad de diseñar una estrategia con la que enfrentarse al contrincante.

Aquellas sesiones con la hija no duraron y la lentitud del juego exasperaba al profesor y a la alumna. Abandonaron el juego en el desván y no tardaron en encontrar otras actividades; un sudoku sencillo a medias o juegos de cartas donde el padre enseñaba a la hija todas las artimañas que él había aprendido de una tía anciana soltera en la cocina de un piso oscuro de la Parte Vieja de Donosti.

También experimentaban juntos el azar de los dados, entre risas; las de ella inocentes, las de él ignorantes.

Aunque probablemente fuera el parchís el juego con el que más tardes pasaron juntos.

Era hija muy lindo verte feliz cuando ganabas la partida sin yo habértelo facilitado. Siempre pedía quien perdía la revancha, empeñados cada uno en no cesar el juego. Era estupendo verte expresar el gozo irresistible de la victoria o gesto taciturno de la derrota.

En todas las tardes de este frío invierno, con la calefacción apagada para no gastar más allá de lo imprescindible, y una bufanda -la bufanda preferida de la hija ausente- anudada al cuello estrangulando el llanto, el hombre al borde de una senectud anticipada dispone las fichas del ajedrez en el tablero y da siempre las mismas explicaciones a la silla vacía que tiene enfrente.

Un día del primer verano desplegó el parchís pero los colores eran demasiado alegres y no pudo recordar con cuál de ellos jugaba cada uno, ni siquiera el preferido de la hija. Ese descuido tan trivial le hizo enfurecer y desistió iniciar la partida.

El verde. Creo, hija, que tu color preferido era, es, el verde. El mío era el amarillo pero ahora todo me da lo mismo.

El hombre permanece callado durante horas jugando solo al ajedrez, unas pocas veces gesticulando instrucciones a una contrincante inexistente y la mayoría en un silencio inmóvil, con un único pensamiento merodeando por su mente. ¿Quién coño contará veinte cuando la pena le maté? ¿Quién ganará esa partida que el último verano quedó incompleta?

Y la sonrisa de la hija se desvanece ante la tristeza del padre. Y siempre la tarde acaba, invariablemente, con un beso.

Autor: Javier Solé, julio 2014

Ilustración: Lucie Geffre, “Ajedrez”

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

la infancia (44): el hijo de Begoña

R A D I G A“Mi hijo ha sido madre.
En su marsupio lleva a sus crías. Hace las cosas generosas y sencillas que siempre adjudican en los cuentos a las madres amorosas: baña y seca el pelo; hace coletas y raya a un lado, cocina y hace postres; tiende la ropa limpia; hace disfraces; ayuda con los deberes del colegio; consuela y acaricia, busca tiempo para jugar y cuenta cuentos como nadie. Inventa mundos, sabe escuchar y nunca miente. Reconoce que a veces se equivoca y que otras se pone triste y puede llorar, porque es fuerte y tierno a la vez. Pero lo mejor es que algunos días hace novillos de padre y se escapa un momento y acude al patio del colegio, por sorpresa, a buscar a sus crías para poder robarles un beso que no tocaba.
Sus crías saben que tienen un papá que ha sido madre y se sienten felices con esa suerte.”

(Begoña Abad)

no publicarás en vano

Gabriel era un excelso poeta amante de las metáforas y los endecasílabos. Tenía un alto de ritmo de producción, aunque él prefería insinuar que las Musas no les abandonaban ni de noche ni de día. Para que la posteridad supiera de su manera de reflejar la Muerte, describir la Naturaleza, pormenizar las injusticas del Mundo y glosar el Amor tanteó primero hacerse con algún Premio literario -no obtuvo ninguna mención pese a la indudable calidad de sus sonetos- y, más tarde, envió a editoriales pequeñas y grandes, locales o foráneas, sus poemas primorosamente encuadernados. Tampoco ninguna tuvo el coraje de apostar por el poeta.

12993483_10153352831661986_7132532701418662119_nDescubrió que el camino más fácil y más directo para inmortalizar su obra era autopublicarse. Accedió, de esta manera, a controlar hasta el más mínimo detalle de la edición de sus obras. Incluso para alguna de ellas él mismo diseñó la portada.

Fue así como cada cierto tiempo daba satisfacción a su narcisismo y coleccionaba ejemplares que nadie compraba y que siempre regalaba. Algún amigo incluso le recordó en más de una ocasión que ya le había obsequiado con varios ejemplares de la misma obra. Él siempre en la página de cortesía escribía una bonita y emotiva dedicatoria, personalizada y con una rúbrica rimbombante. El texto siempre era el mismo, sólo era personal el nombre del destinatario.

Gabriel vendía pocos ejemplares y para su bochorno las cajas de los libros se acumulaban en el fondo del pasillo de su piso del Ensanche.

Una mañana de domingo, en el mes de noviembre, salió y antes del aperitivo en una terraza de la Plaza Universidad de Barcelona estuvo en el Mercado de Sant Antoni, donde pueden adquirirse libros y revistas o intercambiar los niños cromos. Fue una alegría mayúscula descubrir en uno de los tenderetes uno de sus libros, en concreto uno muy celebrado y audaz que eran haikus a mitad de camino entre el clasicismo y la vanguardia. Al ojearlo descubrió su letra en la dedicatoria y el nombre de una de sus amantes, Dorita, una chica sosa y botarate a la que disgustaban las películas subtituladas y a la que sólo agradaba bailar salsa y batuca en algún local de moda.

Gabriel enmudeció, indignado por la traición.

Desde esa fecha, con un avanzado programa informático, edita sus poemarios en PDF y ha dejado de contestar las llamadas de la imprenta. Ahora comparte en la red sus versos y el dinero que se ahorra lo gasta en vino y mujeres en las tabernas del Raval que es en la actualidad el escenario ideal para sus poemas, siempre escritos en verso libre.

A la chica -la venganza es un plato que se sirve frío- le ha enviado, a portes debidos,  la filmografía completa de Eric Rohmer.

Autor: Javier Solé, septiembre 2016

trabajar para vivir (45): Dos poemas de La casa del silencio

CAPERUCITA NO QUIERE TRABAJAR EN LA OFICINA

La mujer recoge
los objetos personales
de la mesa de trabajo.
la sentencia es firme,
no cabe ya recurso alguno.

A la euforia del cándido abogadomichel-pellus-14
que ha ganado la demanda
ella superpone la experiencia
de saber ciertas
sus peores pesadillas.

La asediada se va,
la cuantía con la que la empresa
le indemniza es inmensa,
pero el hostigador sonríe
desde su despacho
antes de reclamar
a la joven secretaria
para el dictado de una carta.

En los ojos del acosador
se refleja la ignorancia
de la inexperta nueva víctima.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Michel Pellus

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

CAUSAS

Un operario
en lo alto del andamio
vigila a los vecinos,
hormigas inquietas,pawel-kuczynski-09
que mueren sepultadas
por el cuerpo que cae.

El informe
refiere
las medidas no adoptadas
la calculada avaricia del empresario
la tutela vaga del mayoral.

Una línea no escrita
bien pudiera
descubrir
de una puta vez
que el hombre estaba triste,
que en toda tragedia
hay más de una causa.

El interior del hombre
esparcido en el asfalto
es lamido por un perro.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Pawel Kuczynski

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Natalia Litvinova versus Laura Makabresku

POLVO

Laura Makabresku - 04

Mi voz no parece salir de mi voz sino de otra garganta
que yace en la profundidad de la mía.
Soy como un conjunto de muros que rodea lo que soy.
Alguien tuvo que haber construido esta muralla.
Si hay hombres que vuelan como plumas, ¿por qué yo no me
Muevo cuando me muevo? Huelo a piedra y polvo,
llevo huellas de los que me tocan.
Soy polvo, piedra. Y no sé quién es mi padre.

Autor: Natalia Litvinova

Fotografía de Laura Makabresku

Laura Makabresku - 15Cómanse mi nieve

Susurro a los pájaros salgan de los poemas
cómanse mi nieve.
Susurro a la nieve fuera de mis poemas,
vuelen huevos de los pájaros.
Que el cascarón de la quietud no los devore.

Autor: Natalia Litvinova

Fotografía de Laura Makabresku