la vida y la muerte (221): Dos poemas de Begoña M. Rueda

No hubo otro modo de enterrar a Padre.
El dinero no alcanzaba para un cajón.
Los restos de Padre descansan en la era, de un saco,
no se sabe muy bien dónde, el viento ha arrancado la cruz.
Madre dice que no piensa llevarle flores,
que Padre va a volver,
pero lo que queda de Padre alimenta la era.
La vida,
como una niña ciega que se pierde de madrugada,
no sabe regresar.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía: Eugene Smith, “Spanish Village (Deleitosa)” (1950)

Se hizo todo lo que se pudo para salvar a Padre.
Padre enfermó del corazón,
aunque no de la misma manera en que ha enfermado Madre.
Se vendieron los olivos para poder pagar las medicinas,
también los mulos, los caballos, las aves de corral,
los aperos de labranza.
La alianza de bodas.
Madre cuenta que Padre
murió con el dolor de abandonarlos en la pobreza.
Lo cuenta palpándose el dedo anular.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía de Aitor Arana Arruti

el aprendiz de brujo (827): el vacío

«¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?»

(Antonio Machado, fragmento del poema «Desnuda está la tierra»)

Ahora sé
que el vacío
lo llena todo.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Fernand Khnopff

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

poemas de amor, versos húmedos (115)

EL BAR DE ABAJO

Me he dado por vencido,
sé que es difícil asumirlo
pero al fin
he sucumbido a sus encantos.
En el bar de abajo
la vida vale muy poco:
un botellín en la mano
y a través de la noche
tu triste mirada
empañando los cristales.

Autor: Chuba Duruba

Ilustración de Joseph Lorusso

Aquí -quién lo iba
a decir- como los ricos,
de vacaciones en pleno invierno.
En el trópico de tu cuerpo
de pies fríos.

Autor: Jorge M. Molinero

Mientras tu duermes

Cuando tú duermes
pones los pies muy juntos,
alta la cara y ladeada, y cruzas
y alzas las rodillas, no astutas todavía;
la mano silenciosa en la mejilla izquierda
y la mano derecha en el hombro que es puerta
y oración no maldita.

Qué cuerpo tan querido,
junto al dolor lascivo de su sueño,
con su inocencia y su libertad,
como recién llovido.

Ahora que estás durmiendo
y la mañana de la almohada,
el oleaje de las sábanas,
me dan camino a la contemplación,
no al sueño, pon, pon tus dedos
en los labios,
y el pulgar en la sien,
como ahora. Y déjame que ande
lo que estoy viendo y amo: tu manera
de dormir, casi niña,
y tu respiración tan limpia que es suspiro
y llega casi al beso.
Te estoy acompañando. Despiértate. Es de día.

Autor: Claudio Rodríguez

Ilustración: Felice Casorati, “Abbandono” (1929)

PODERS

Quan acabem,
em demanes que em rigui del món
com abans, i que et digui que és nostre,
que és tot nostre, amb la insolència
de vèncer amb el plaer.
I és cert que dominem aquesta plana
blanca i calenta; som els reis
d’aquest llit que, si no obrim els ulls,
és gran com un imperi.
Però el temps m’ha obligat a descreure
i a clavar els dits al somni:
poca cosa tenim que sigui només nostra:
el teu cos i el meu fred
que s’amaga dins teu.

Autor: Pere Rovira

Ilustración: Nigel Van Wieck, “A Time To Go”

HAY UNA LUZ QUE NUNCA SE APAGA

Sueña un poco esta mañana.
No tienes buen aspecto.
Llevas tres largos meses
sin delicadeza ni trabajo, y te ves
con estos años de más
y los sueños perdidos de siempre.
Pero hay una luz que nunca se apaga:
porque en la luz
olvidamos las cosas que luego
sagradamente buscaremos
en la oscuridad,
porque repetirte como poeta
siempre ha sido
tu mayor miedo.
Mira,
un poeta triste
es una contradicción.
Y ahora ya sólo te queda
decirte, y recordar:
—Dios mío,
hazme reír,
hazme reír para así poder
hacerla feliz
a ella, una vez más.

Autor: Abel Santos

ESPEJO DE MÁRMOL

El desengaño tras el orgasmo
no envilece la placidez
del naufragio en tu piel,
ni aquellas tardes otoñales
de coitos largos.

Fuimos
amantes cautelosos sin motivo.
Hizo nido la desidia en nuestro lecho.
La lujuria escasa
el desenfreno minúsculo
las caricias justas,
un amor manifiestamente mejorable.

El fracaso no puede ya, amor mío,
ni asustarnos ni sorprendernos.
Nos mira cada mañana
en el espejo intacto
que no sucumbió
en la última batalla.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Alan Feltus

Jorge M. Molinero versus Vicente Cutanda

en las corbatas
los gusanos de seda
dejan su vida

Malone Miller

el despertador a las seis de la mañana
estefueaporleña
los huesos te crujen del frío
estelacortó
quédate una hora más que corre prisa
esterompióunhuevo
a mediados y sin cobrar
estelofrió
el jefe llega con un Audi nuevo
yestegordogordogordoselocomió
se lo comió
se lo comió

Autor: Jorge M. Molinero

Ilustración: Vicente Cutanda, “Ensueño”, la virgen obrera” (1897)

CRISIS

el diablo lleva traje
no hay que descuidar la imagen
para robar el alma

Malone Miller

me he fijado en los patrones
y en los jefes
de recursos humanos
¡cada día están más gordos!
empiezo a pensar que en realidad
no despidieron a los obreros
creo que se los comieron
sin masticar

Autor: Jorge M. Molinero

Ilustración: Vicente Cutanda, “accidente en la Duro” (1893)

las cuatro estaciones (161): invierno. Poema de Ángel González

Canción amiga

Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.
No recuerdo un invierno tan frío como éste.

Autor: Ángel González