amores cotidianos (347): gatos

Te vas a quedar sola
con tus plantas
tus gatos,
y tus libros,
me dijo
el último día que la vi.
Pero hace dos meses
acá
los días transcurren mansos
y un gato duerme al sol,
mientras yo
con las manos en la tierra
pienso el poema
que voy a escribir
para contarle
que en esta casa
estamos muy bien
muy felices
los gatos,
las plantas,
los libros
y yo.

Autor: Jorgelina Soulet

Fotografía de Esther Solé, junio 2022

amores cotidianos (345): la primera vez

PURA CURIOSIDAD

No fue el fuego que incendia los cuerpos en las películas.
Tampoco la armonía de dos sexos hamacándose.
Ni fue risas o travesura, como me hubiera gustado.
Nada de eso fue la primera vez.
Fue pura curiosidad,
saber qué hacían las otras chicas
cuando después de bailar los lentos
buscaban con disimulo sus abrigos de paño,
y sin mirar a nadie
se iban acompañadas,
desaparecían en los vidrios empañados
de un auto en pleno invierno.

Autor: Mónica Alicia Spesso

amores cotidianos (344): la pareja

La pareja

La noche cae
Y después de la noche, la oscuridad
Y después de la oscuridad
Los ojos
Las manos
Las respiraciones, las respiraciones…
Y el ruido del agua
Goteando del grifo

Después dos puntos rojos
Dos cigarrillos encendidos
El tic-tac del reloj
Dos corazones
Y dos soledades

Autor: Forugh Farrojzad

amores cotidianos (343): el pecado de Forugh Farrojzad

PECADO

He pecado y era un pecado lleno de placer
junto a un cuerpo tembloroso y desmayado
Dios, no sé qué he hecho
en aquel lugar privado, oscuro y silencioso

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me fijé en sus ojos llenos de secretos
En mi pecho anhelante temblaba el corazón
por la pasión de sus ansiosos ojos

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me senté junto a él desconcertada
sus labios vertieron en los míos el deseo
me libré de la tristeza del corazón desbocado

Murmuré en su oído la historia del amor
Te deseo, oh alma mía
Te deseo abrazo que das vida
a ti, mi loco amante

El deseo estalló en llamas en sus ojos
El vino tinto bailó en la copa
Mi cuerpo en el suave lecho
sobre su pecho tembló ebrio

He pecado y estaba llena de placer
en un abrazo suave y ardiente
He pecado entre unos brazos
cálidos, rencorosos y de hierro.

Autor: Forugh Farrojzad

amores cotidianos (342): el beso

EL BESO

En sus ojos el pecado sonreía.
En su rostro la luz de la luna sonreía.
En el pasadizo de sus labios silenciosos
una desamparada llama sonreía.

Avergonzada, arrebatada de deseo, confusa,
con la mirada ebria,
le miré a los ojos y le dije:
“Vamos, recolectaremos la cosecha del amor”.

Una sombra se inclinó sobre otra sombra.
En la noche clandestina, confidente,
un aliento rozó la piel de un rostro.
Un beso se elevó, llameando, entre dos bocas.

Autor: Forugh Farrojzad

Ilustración de Claudia Barbu

amores cotidianos (341): en el pecho

“Como la brisa mañanera dije un sí muy tenue,
y hacia ti volé con impaciencia, emocionada.
Pero tú no eras nada.
Pero tú no eras nada y aun así
nada guardo en m pecho salvo este desearte”

(Forugh Farrojzad, fragmento del poema “cristal tallado en sueños”)

Ilustración de Victoria Kalaichi

amores cotidianos (340): Forugh Farrojzad versus Xi Pan

“Que el deseo pase por encima de la reputación”

 

 

 

 

 

 

 

“Esta noche una mujer quiere gozarte,
quiere un cueropo, unos brazos que la envuelvan”

“No me entregaste tu corazón,
aunque incendié tu cuerpo entero”

“Esta noche huyo del reposo, que soñar contigo es mejor que estar durmiendo”

amores cotidianos (338): los cinco sentidos

I -Del tacto

Acércate despacio a mis dominios;
que tus dedos tanteen el espacio
ciegamente, la oscuridad que envuelve
mi cuerpo; que construyan un camino
y lleguen hasta mí a través del velo
espeso y taciturno de las sombras.
Sálvame con la luz que hay en tus dedos
si me tocan, conjura la desidia,
enciéndeme o abrásame en el tacto
esplendoroso y claro de tus manos.
Como las mariposas de la noche,
hacia la llama iré que tú convocas,
que prefiero quemarme a estar a oscuras.

II -Del olfato

La vainilla; el espliego; el verdín; la canela.
A veces un aroma delgado como de agua,
como de nube o lluvia; a veces un violento
perfume que recuerda la piel de una gacela,
el sudor y la sangre de un animal en celo.
Pero siempre, al final, la vainilla, el espliego…

III -De la vista

Para tus ojos.
Para tus ojos fieramente abiertos.
Para tus ojos fijos.
Para tus ojos con caudal de fiebre.
Para tus ojos grandes.
Una orquídea de carne voluptuosa
para tus ojos ávidos
con vocación de abejas.

IV -Del gusto

Hay sal sobre los labios. En la lengua,
un resto de naufragios y sirenas,
tal vez algas, y el gusto de los fondos
espumosos y verdes del océano.
El sexo siempre sabe a mar de invierno,
a galernas en medio de la noche.

V -Del oído

Se levanta tu voz, se enrosca y se estremece,
serpiente y remolino, se enzarza en mis cabellos,
sube aún, se engrandece, se enajena en rugido
y pierde la noción del trino o la palabra.
Eres otro en tu voz. No conozco a ese hombre
que grita en el placer, delicioso extranjero
que habla lenguas angélicas en una cama impura. 

Autor: Josefa Parra

Ilustraciones de Andrey Belle