el aprendiz de brujo (583): última frontera

Conduciendo bajo la lluvia,
la luna es del color de los coches que pasan.
Atrás queda el pequeño
hotel de carretera junto a un bosque.
Conduciendo bajo la lluvia,
en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
Atravesando calles
tranquilas,
soledad edificada.
Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
La última frontera es nuestro corazón.

Autor: Benjamín Prado

Fotografía de Fuembuena, “the fire”

yo y los demás (120): libres o muertos pero jamás esclavos

“no hay patria sin pueblo”

(Jorge Raúl Mende, “Rafa”, médico montonero torturado en la ESMA en 1976)

“Tantas veces me borraron
Tantas desaparecí
A mi propio entierro fui sola y llorando
Hice un nudo del pañuelo pero me olvidé después
Que no era la única vez”

(María Elena Walsh, “Como la cigarra”)

Fotografía: Sara Facio, “Los muchachos peronistas” (serie Funerales del presidente Perón, 1974)

En 1974, Sara Facio realiza fotografías sobre los funerales del presidente Juan Domingo Perón para los medios gráficos. Pero al mismo tiempo, elabora una pequeña serie de imágenes con una mirada personal sobre el acontecimiento. A esta serie pertenece Los muchachos peronistas. En ella se sintetizan dos de las grandes líneas de trabajo de la artista: el registro testimonial y el retrato.

La serie alude a los funerales a través de los personajes y situaciones aledaños. En lugar de centrarse en la magnética figura del presidente o en las multitudes que acudieron al entierro en el Congreso de la Nación, realza a individuos y grupos aislados, enfatizando los impactos personales, las expresiones perdidas, la desazón y el desconsuelo. De esta forma, el hecho histórico cobra una dimensión humana que se desprende de su temporalidad específica y se proyecta con potencia emotiva sobre el espectador.
De hecho, si no fuera por el título, no habría ninguna información visual en Los muchachos peronistas capaz de permitir al espectador inferir la identidad de los retratados o el contexto en el que fue obtenida la imagen. Su rasgo más prominente se encuentra en la frontalidad de los protagonistas y en la fuerza inquisidora de su mirada, dirigida resueltamente hacia la cámara y a través de ella al observador. El personaje central concentra la tensión compositiva, apoyado por los tres rostros recortados que lo circundan y secundan en su encuentro con el dispositivo fotográfico. Su proximidad enfatiza la noción de grupo a la que alude el título, haciéndose eco de una frase de inmediato reconocimiento político y social.

La iluminación suave y sin contrastes capta con precisión los detalles de unos cuerpos y unos rostros difíciles de olvidar.

La montonera

Con esas manos de quererte tanto
pintaba en las paredes “Luche y Vuelve”
manchando de esperanzas y de cantos
las veredas de aquel 69…

Con esas manos de enjugar sudores,
con esas manos de parir ternura,
con esas manos,
que volvieron la fe en la nueva primavera,
bordaba la esperanza montonera.

Con esas manos que pintaban
la historia de celeste y blanco,
con esas manos de quererte tanto…

Cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
cargando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Y cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
luchando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Autor: J.M. Serrat

Más información en: https://www.taringa.net/+offtopic/marie-anne-erize-de-modelo-a-montonera_vh1pa

Retratos de España (198): la historia de amor más trágica de la transición

Fotografía: En el centro Enrique, a cada lado Dolores y Francisco

Enrique Ruano Casanova (1947-1969) fue un estudiante de Derecho y militante antifranquista español, asesinado mientras se encontraba bajo custodia de la Brigada Político-Social, la policía secreta de la dictadura franquista. Es previsible que previamente fuera salvajemente torturado.

En 1996, la familia de Enrique obtuvo la reapertura de la investigación y se llevó a cabo un juicio contra los tres policías que arrestaron al joven …
Durante el juicio, empañado por la misteriosa desaparición de algunas pruebas fundamentales, se supo que uno de los agentes había disparado a Enrique antes de arrojarlo por la ventana. Nunca se supo nada de la bala que lo había herido simplemente porque el informe de la autopsia fue alterado …
El entonces director del periódico ABC, Torcuato Luca de Tena, reveló que el ministro Manuel Fraga Iribarne había dado órdenes precisas para que la tesis del suicidio fuera la única versión y había encargado a un periodista de “confianza”, Alfredo Semprún, que inventara la historia del diario …

Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco (1947-1977) fue un abogado laboralista, miembro del PCE y CCOO, asesinado por la extrema derecha en el bufete laboralista donde trabajaba en la calle Atocha 55, en la llamada Matanza de Atocha. Protegió con su cuerpo a su esposa Lola.

Dolores González Ruiz (conocida como Lola González Ruiz) (1946-2015 fue una abogada española, superviviente de la Matanza de Atocha.

20 de enero de 1969. Enrique Ruano, novio de Lola González Ruiz y estudiante antifranquista, es custodiado y torturado por tres policías de la Brigada Político Social en la calle General Mola. Minutos después cae de un séptimo piso y muere. El régimen dice que se ha suicidado, pero no muestra ninguna prueba, más allá de un diario manipulado.

24 de enero de 1977. Varios terroristas de extrema derecha entran en el despacho de abogados laboralista del número 55 de la calle Atocha y empiezan a disparar. Matan a cinco personas, entre ellas Javier Sauquillo, marido de Lola. Ella, presente en el despacho y una de las supervivientes, ve cómo él se desangra e intenta taparle las heridas, sin éxito.

27 de enero de 2015. Lola González Ruiz muere en su casa con 68 años; por expreso deseo de su familia se desconocen las causas concretas del óbito.

Más información en: https://www.lanuevacronica.com/la-mujer-leonesa-de-las-tres-muertes

RES NO HA ACABAT

No ploris més, noieta, noieta,
i aixeca el teu cap, noieta.
No ploris més ni pensis
que ha mort el teu company.
Que no s’endugui el vent
la força que del seu cos ha quedat.
Fes del seu gest el teu gest.
Res no ha acabat.

Gira el ulls, gira els ulls al voltant,
no et quedis aturada.
Lluita amb fe, lluita amb fe pel company
que va morir a l’albada.

No tindrà creus, noieta, noieta,
ni flors als seus peus, noieta,
ni damunt blanca pedra
el seu nom hi haurà escrit.
I per això ara et dic:
no ploris, que amb el plor
arriba l’oblit.
Cull la seva eina si pots.
Posa-hi delit.

Autor: Lluís Llach

yo y los demás (112): los hermanos

LOS HERMANOS

Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar
En el valle, la montaña
En la pampa y en el mar

Cada cual con sus trabajos
Con sus sueños, cada cual
Con la esperanza adelante
Con los recuerdos detrás

Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar

Gente de mano caliente
Por eso de la amistad
Con uno lloro, pa llorarlo
Con un rezo pa rezar
Con un horizonte abierto
Que siempre está más allá
Y esa fuerza pa buscarlo
Con tesón y voluntad

Cuando parece más cerca
Es cuando se aleja más
Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar

Y así seguimos andando
Curtidos de soledad
Nos perdemos por el mundo
Nos volvemos a encontrar

Y así nos reconocemos
Por el lejano mirar
Por la copla que mordemos
Semilla de inmensidad

Y así, seguimos andando
Curtidos de soledad
Y en nosotros nuestros muertos
Pa que nadie quede atrás

Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar
Y una hermana muy hermosa
Que se llama ¡libertad!

Autor: Atahualpa Yupanqui

Fotografía: Damiana Kryygi

Más información en:

https://latinta.com.ar/2017/08/la-historia-kryygi/

la vida y la muerte (144): Donald Hall versus Angel Merendino

Fragmentos del poema “ÚLTIMOS DÍAS”, de Donald Hall (del poemario “Without”) y fotografías de Ángel Merendino:

I
“Era razonable
pensar”. Eso había escrito. Al día siguiente,
en la consulta,
la hematóloga de Jane, Letha Mills, se sentaba
en tensión, su auxiliar,
de pie, con la espalda apoyada en la puerta.
“Tengo terribles noticias”,
les dijo Letha. “La leucemia ha vuelto”.
“No hay nada que hacer”.
Los cuatro lloraron. Él preguntó, ¿cuánto le queda?,
¿por qué otra vez ahora?
Jane sólo preguntó: “¿Puedo morir en casa?”

II
Aquella tarde en casa
tiraron los medicamentos a la basura.
Jane vomitó. Él lloró,
ella, sin una lágrima en los ojos, callaba
intentando olvidar. Por la noche
él cogió el teléfono
para llamar a los hijos o a algún amigo
con quien hablar de aquel espanto.

IV
Le preguntó, “¿Qué ropa
te ponemos cuando te enterremos?”
“No lo he pensado,” respondió ella.
“Qué te parece el salwar kameez
blanco”, dijo él,
la seda india preferida que habían comprado
en Pondicherry
hacía un año y medio, y que ella se había puesto
en sus mejores ocasiones.
Ella sonrió. “Sí. Magnífico,” dijo.
No le contó que,
hacía un año antes, entre sueños,
la había visto
en el ataúd con su salwar kammez blanco.

VIII
“Morir es fácil”, dijo ella.
“Lo peor es… la separación.”
Cuando dejó de hablar,
se tumbaron juntos los dos, acariciándose,
y ella clavó en él
sus bellos ojos enormes, redondos y marrones,
brillando sin pestañear,
radiantes de amor y miedo.

yo y los demás (111): piedad

PIEDAD

Cargas a tus espaldas
con ingrávidas cenizas.

Esto es un hombre.

Que sea inapelable
el gesto y la mirada,
sin doblar el espinazo
ante cíclopes teutones.

Abjuras del desamparo.
Destierras el desaliento.
Confortas al moribundo.

Siendo yo él
como ansío ser tú.

Autor: Javier Solé

El hombre que carga en sus espaldas con un compañero exhausto se llama Luciano Allende y nació en Santander. Le llamaban Toto. Tuvo una infancia pobre y complicada, y con 15 años emigró a Lyon para trabajar de vidriero. Un oficio jodido el de vidriero. El fuego te quema los ojos y la mezcla de ciertos minerales empleados como colorantes te quema los pulmones. Aun así, nunca bajó la mirada ni dejó de aspirar la vida a bocanadas.

Vidriero también en las afueras de París, trabó amistad con el insumiso Gaston Rolland, al que condenaron a trabajos forzados por condenar las guerras; y con Charles Louis Anderson, libertario que en la guerra española movería cielo y tierra pese a no creer en lo primero para evacuar niños y niñas a zona segura y condiciones dignas. También hizo buenas migas con dos exiliados españoles que iban avisando del fascismo que ser venía, Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso.

Tras el golpe fascista de julio del 36, Allende regresó a España para enrolarse en el Ejército Popular. Se chupó toda la guerra hasta cruzar a pie la frontera para ser escupido a Argelès y Saint Cyprien. Su única salida fue enrolarse en una compañía de trabajadores extranjeros. No le dio la gana de rendirse tras la ocupación alemana y se integró en la Resistencia.

Luciano Allende participó en diversas acciones armadas contra las tropas alemanas hasta ser detenido por la Gestapo en marzo de 1944. No pudieron sacarle nada y lo deportaron a Neuengamme, una antigua fábrica de ladrillo utilizada como fábrica de horror por la SS. 106 mil personas, hombres y mujeres, pasaron por allí. Perecieron más de la mitad. Luciano sobrevivió. El 4 de mayo de 1945 es ese hombre que mira a cámara cargando con un compañero a sus espaldas, porque siempre cargó con su responsabilidad en un mundo que sin tipos como él sería peor, nos haría peores.

Militante hasta el final de la CNT y la Federación Española de los Deportados e Internados Políticos (FEDIP), Luciano Allende se fue con su compañera Mariette a trabajar de apicultor cerca del Mediterráneo, ese vidrio azul en el que podía perder la mirada y recordar esas vidas que le daban sentido a todo. Luciano Allende murió el 23 de enero de 1983, en la paz de un zumbido de abeja, esparciendo sus cenizas en el jardín de un buen amigo, el libertario Paul Ferrare.

las cuatro estaciones (111): verano

“Gota que faltaba
para naufragar”

(Carmen Maroto)

Pájaros blancos y nubes negras
en un cielo triste de verano.

Imposible ignorar
los consejos que a tu hermana podrías ofrecer
el consuelo que tus risas le brindarían
las confidencias a las que estabais predestinadas

sólo sé
que sujetar con fuerza
los muñecos
no es suficiente.

Una joven
pasea
sola
cincelando
una mañana
sin sol
con fotografías
en blanco y negro.

No hay personas en las imágenes de la artista.

Autor: Javier Solé

Fotografía de Esther Solé (2015)

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

la infancia (72): el bachillerato

FINAL DEL BACHILLERATO

A Edu

“l’apropiacionisme no era un moviment en sí mateix, sinó un seguit de recursos utilitzats per diferents corrents artístiques en diferents èpoques”

(Del treball de recerca: “L’apropiacionisme en el segle XX, una corrent en si mateixa”)

 

Has escogido la ropa
sin descuidar los detalles.
Te has arreglado el pelo
y te has pintado los labios.
Ensayaste la exposición
cien veces durante meses,
en el aula los amigos
-los tuyos y los de ella-.
Hoy juzga el tribunal
vuestro trabajo final.

Hablas segura y convencida
con un aplomo inusual
para tu edad y tu pasado.

Todos están escuchando.

Tus amigos, sus amigos
el tutor, los miembros del tribunal
el padre entre triste y orgulloso.

Ella no está.
Y lo sabes.
Todos lo sabemos.
Pero invade la sala
con la misma fuerza
que el trigo los campos de Castilla,

la sientes demasiado cerca.

Miras en todas direcciones
confiando verla.
Yo, tu padre,
sentado en el último banco de la clase
-el mismo que ella ocupaba-
te miro
y sé que no puedes verla.
La estoy viendo yo dentro de ti.

Y es la que reclama
la mejor nota
para su hermana.

Autor: Javier Solé

Fotografías de Esther Soolé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

el juego de los besos (130)

El juego consiste en resolver el orden de las imágenes según la progresión establecida por Raymond Chandler en esta cita:


“El primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutinario”

Fotografías de Gyula Halász, conocido como Brassaï, en las calles y cafeterías de París. 

Matilde Herrera y los tres hijos que tuvo con Rafael Beláustegui

“Necesito, simplemente,
un hijo que me sobreviva
y al que poder amar hasta el final”

(Begoña Abad)

Una madre con sus tres hijos. En primer plano está la mamá, Matilde Herrera. Periodista, escritora, poeta. La rodean sus hijos, que tuvo con Rafael Beláustegui: Valeria, la mayor; José, el del medio (con bigote); Martín, el más chico (con cara aniñada). ¿Había en ellos un sentimiento premonitorio? Se podría inferir por esos rostros graves, las miradas duras, las sonrisas que no aparecen, las ropas de un único color negro. ¿Presagiaban lo que vendría: la muerte, la aniquilación, la oscuridad? Esos tres chicos que inquieren desde esta página ya no están. Militantes del PRT-ERP, fueron desaparecidos en 1977, al igual que sus parejas. Matilde siempre los buscó. Exiliada en París, formó parte de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu). Desde allí denunció al terrorismo de Estado y pidió por la aparición de sus hijos y nietos. Volvió al país en democracia y fue una activa Abuela de Plaza de Mayo. Murió de cáncer en 1990, sin respuestas.