amores cotidianos (336): masturbación

Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular la campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

Autor: Irene Gruss

Fotografía: Man Ray, “Nusch Eluard” (1928)

Retratos de España (249): posguerra

Poemas de Begoña M. Rueda de su libro “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” con fotografías del trabajo de Eugene Smith titulado “Spanish Village” en Deleitosa (Extremadura):

Madre hace como que no escucha.
Madre sonríe.
Madre calla.
Madre cose.
Los hijos, siempre los hijos,
innecesarios como la maleza,
nunca entienden.
Sin duda hubiera sido más fácil sin ellos,
sin la maldición de Eva,
sin que le crecieran criaturas como tumores en las entrañas
que la ataran de por vida a un matrimonio.
Pero posguerra, mujer y pobre,
sobre todo mujer, y antes que nada, esposa.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía: Eugene Smith, “Spanish Village (Deleitosa)” (1950)

Quizás hubiera sido más fácil sin los hijos.
Hubiera preferido justo eso, una vida santa,
por qué no, las cuatro paredes de un convento
a salvo de la vida, de los hombres,
de casarse mal y a prisa con quince años
por no dar que hablar.
A salvo de ser mujer.
De ser educada para callar, obedecer, parir
hasta desgarrarse el útero y acatar
que el varón se acuesta con otras
para seguir sintiéndose varón.
Sin duda hubiera sido más fácil,
pero posguerra, mujer y pobre.

Qué otro remedio que amar al verdugo.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía: Eugene Smith, “Spanish Village (Deleitosa)” (1950)

la vida y la muerte (213)

“La muerte es el comienzo de la inmortalidad” (Maximilian Robespierre)

Ilustración: Henry Peach Robinson, “Fading Away” (1858) los últimos instantes

La propuesta de Robinson se enmarca perfectamente en los cánones estéticos de la época victoriana, en cuyo contexto histórico y social hizo su aparición. La fotografía “Último suspiro” es una imagen que persigue despertar una respuesta emotiva al público, lejos de un planteamiento “intelectual” ante el acontecimiento que muestra. Nos hallamos en el contexto de la sensibilidad melodramática, donde lo que prima es la exaltación de los sentimientos o emociones más elementales. El consumo de imágenes que se universaliza a mediados del XIX hasta nuestros días, lo que podríamos llamar el “universo melodramático” que se perpetúa en otras formas espectaculares como el melodrama cinematográfico, el relato fotográfico, el folletín radiofónico, el serial televisivo, etc., queda ejemplificado de forma paradigmática en esta fotografía de Henry Peach Robinson. El consumo de la imagen se convierte así en una suerte de catarsis para el público que puede proyectar sobre esta imagen su propia experiencia de la muerte de familiares, amigos y conocidos en esta escena que el fotógrafo nos propone. Nos hallamos, pues, ante una propuesta estética que podremos reconocer en los futuros melodramas griffithianos, que beben en las fuentes de la literatura victoriana y en la novela realista decimonónica.

ciudades y personas (XIV): L’Hospitalet de Llobregat. La playa de la Farola

UN DOMINGO CUALQUIERA

Todos juntos frente al mar
un domingo cualquiera

miran mis antepasados
el futuro de su estirpe.

Hijo de menesterosos,
naufrago del infinito

alzo del pecio un nido.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Faro de L´Hospitalet, también conocido como la Farola o el faro del Llobregat

El faro se construyó en 1852. Era una zona agrícola alejada de la ciudad y escasamente habitada. A medida que avanzaba el siglo XX y la gente trabajadora disponía de más ocio una de las excursiones típicas era ir con el carro a la playa de La Farola.

Pero la necesidad de construir un puerto franco hizo que los terrenos fueran anexionados a Barcelona (Zona Franca) y que el municipio de L’Hospitalet perdiera su histórica salida al mar en mayo de 1920.

Retratos de España (239): Madrid

INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
                                                       (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
                                                                                             de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

Autor: Dámaso Alonso

 Fotografía: Francesc Català-Roca, “Gran vía nevada” (1953)

Retratos de España (238): vivir a la madrileña

Fotografía: Francesc Català-Roca, “Chicas paseando por la Gran Vía madrileña” (1959)

“Aquí puedes cambiar de pareja y no encontrártela nunca más”

 (Ayuso)

Carmen, Pepita, Rosita, Mini y dos amigas más, cuyas identidades se ha encargado de enterrar el tiempo, seguramente iban aquel día de 1959 a disfrutar de una sesión de cine de la Gran Vía. Un paseo inofensivo que un oportuno y espontáneo Català Roca se encargó de convertir en eterno y en quizás algo más, en un icono del Madrid clásico. Instinto callejero de uno de los mejores documentalistas de la fotografía española. Seis figuras femeninas avanzando con paso decidido. Media docena de vidas cuyos destinos han barruntado las mentes de generaciones y generaciones de madrileños. Aquel día acudían a ver alguna película a una de las muchas salas cinematográficas de la Gran Vía. Ése era uno de los pasatiempos preferidos de estas chicas criadas en el Barrio de Salamanca pero no el único. Hacían guateques en casas o acudían a pasear o a juntarse con sus amistades a la Ciudad Universitaria. Las señoritas más famosas de la capital, esa España castiza que reivindica el thatcherismo cañí de su presidenta.

Mireia Calafell versus František Drtikol

NOSALTRES


som la fúria del vent que allunya dels ports
som el fred cada nit dins de l’estable
som la pena del mar que no té platja
som la recança dels ocells dins d’una gàbia
som la set dels tuaregs a mitja tarda
som el deliri de tots els cavalls salvatges
som la ràbia del oeix que empassa plàstic
som la impotència dels tucans que s’extingeixen
som la tristesa de qui sap com perdem l’àrtic
som la impaciència d’un volcà que no té lava

i fràgilment, volgudament: una feliç mancança.

Autor: Mireia Calafell

Fotografía de František Drtikol

SONORITAT ZOMBI

De sobte, un crit agut va despertar-les
en una nit atàvica que reverbera encara.
Des de llavors, avancen amb pas ferm
a la recerca infame del culpable
-constants vitals normals, braços enlaire-.

Si ara són aquí, sota del teu portal,
fas bé de tenir por: han vingut a buscar-te.
T’esperem al carrer per demostrar
que mai no és cert del tot que un crit s’apagui
ni que totes les morts -les vostres morts-
ens matin.

Autor: Mireia Calafell

Fotografía de František Drtikol

Poemas de Gemma Gorga y fotografías de Francesca Woodman (II)

ESPÈCIE VERINOSA

Les paraules són aquesta col·lecció
de llavors minúscules desades
sota la llengua.

En qualsevol moment
existeix la possibilitat
d’escopir-ne una
i matar.

També.
d’empassar-se’n una
i morir.

Autor: Gemma Gorga

Fotografía de Francesca Woodman

FULGOR

Com més escric
més invisible em torno.

M’esborro
amb meravellosa
intensitat.

Autor: Gemma Gorga

Fotografía de Francesca Woodman

el aprendiz de brujo (583): última frontera

Conduciendo bajo la lluvia,
la luna es del color de los coches que pasan.
Atrás queda el pequeño
hotel de carretera junto a un bosque.
Conduciendo bajo la lluvia,
en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
Atravesando calles
tranquilas,
soledad edificada.
Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
La última frontera es nuestro corazón.

Autor: Benjamín Prado

Fotografía de Fuembuena, “the fire”

yo y los demás (120): libres o muertos pero jamás esclavos

“no hay patria sin pueblo”

(Jorge Raúl Mende, “Rafa”, médico montonero torturado en la ESMA en 1976)

“Tantas veces me borraron
Tantas desaparecí
A mi propio entierro fui sola y llorando
Hice un nudo del pañuelo pero me olvidé después
Que no era la única vez”

(María Elena Walsh, “Como la cigarra”)

Fotografía: Sara Facio, “Los muchachos peronistas” (serie Funerales del presidente Perón, 1974)

En 1974, Sara Facio realiza fotografías sobre los funerales del presidente Juan Domingo Perón para los medios gráficos. Pero al mismo tiempo, elabora una pequeña serie de imágenes con una mirada personal sobre el acontecimiento. A esta serie pertenece Los muchachos peronistas. En ella se sintetizan dos de las grandes líneas de trabajo de la artista: el registro testimonial y el retrato.

La serie alude a los funerales a través de los personajes y situaciones aledaños. En lugar de centrarse en la magnética figura del presidente o en las multitudes que acudieron al entierro en el Congreso de la Nación, realza a individuos y grupos aislados, enfatizando los impactos personales, las expresiones perdidas, la desazón y el desconsuelo. De esta forma, el hecho histórico cobra una dimensión humana que se desprende de su temporalidad específica y se proyecta con potencia emotiva sobre el espectador.
De hecho, si no fuera por el título, no habría ninguna información visual en Los muchachos peronistas capaz de permitir al espectador inferir la identidad de los retratados o el contexto en el que fue obtenida la imagen. Su rasgo más prominente se encuentra en la frontalidad de los protagonistas y en la fuerza inquisidora de su mirada, dirigida resueltamente hacia la cámara y a través de ella al observador. El personaje central concentra la tensión compositiva, apoyado por los tres rostros recortados que lo circundan y secundan en su encuentro con el dispositivo fotográfico. Su proximidad enfatiza la noción de grupo a la que alude el título, haciéndose eco de una frase de inmediato reconocimiento político y social.

La iluminación suave y sin contrastes capta con precisión los detalles de unos cuerpos y unos rostros difíciles de olvidar.

La montonera

Con esas manos de quererte tanto
pintaba en las paredes “Luche y Vuelve”
manchando de esperanzas y de cantos
las veredas de aquel 69…

Con esas manos de enjugar sudores,
con esas manos de parir ternura,
con esas manos,
que volvieron la fe en la nueva primavera,
bordaba la esperanza montonera.

Con esas manos que pintaban
la historia de celeste y blanco,
con esas manos de quererte tanto…

Cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
cargando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Y cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
luchando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.

Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.

Autor: J.M. Serrat

Más información en: https://www.taringa.net/+offtopic/marie-anne-erize-de-modelo-a-montonera_vh1pa