Retratos de España (87): políticos y payasos

Free Art.“Sólo soy, sólo sigo siendo una sola cosa: un payaso. Eso me pone en un plano más alto que cualquier político.”

(Charles Chaplin)

En este vídeo Pere Sousa escoge la canción I don’t want your millions, Mister, de Jim Garland  un minero del carbón y sindicalista que la compuso en la década de 1930.

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la vida y la muerte (11): naufragio inminente

Existe algo tan inevitable como la muerte: la vida”  (Charles Chaplin)

Ilustración de Mikki Senkarik

El orden de las cosas establece una sucesión; no puede ni debe morir quien antes no ha vivido. No hay muerte sin vida previa.

Pese a que grativa sobre nosotros la certeza de un inminente naufragio, cada día se autoimpone la necesidad de sentir -y certificar- que  mi naufragio no se ha consumado aún. Me dispongo, pues, a vivir intensamente. Jódete, muerte.

La quimera del oro (C. Chaplin, 1925) (II): los años venideros. Nieves y no bienes

“Dices que cada nueva mañana nos trae mil rosas; sí, pero ¿dónde están los pétalos de las rosas del ayer?”

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Charlot prepara la cena de Año Nuevo con un cuidado enternecedor. Recorta un papel para imitar el mantel calado, limpia el polvo de los muebles, dispone artísticamente los vasos y los platos, enciende las velas… Pero Georgia se ha olvidado de la cita y el vagabundo espera en vano. Se duerme y sueña –de nuevo la compensación psicológica de los sueños- que Georgia ha llegado y está cenando con él, acompañada de sus amigas. Y para divertirlas inventa la danza de los panecillos. Con los dos panes clavados en dos tenedores imita los pies de una marioneta que baila, que realiza los más bellos y graciosos movimientos de una bailarina. Esta danza de los panecillos tiene su origen en las marionetas londinenses de los Walton, que Chaplin admiró en su niñez, y gustaba reproducir para sus amigos de Hollywood. Las muchachas aplauden entusiasmadas. Georgia da un beso a Charlot y éste se desmaya de emoción. Pero, al despertar, se encuentra nuevamente con la realidad: está completamente solo.

La quimera del oro (C. Chaplin, 1925) (I): Tengo hambre, mucha hambre

“Nadie puede ser sensato con el estómago vacío” (Mary Ann Evans)

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En esta ocasión, su personaje se encuentra inmerso en Alaska, en plena fiebre del oro y temas tan amargos y reales como el hambre, la búsqueda de prosperidad, la ambición asesina de algunos individuos y la miseria son tratados con el singular sentido del humor de Chaplin. Contiene muchos de sus mejores y más difícilmente olvidables “gags” cómicos. Es un canto al amor y a la persistencia y una dura crítica a las ambiciones puramente materiales.

 

Sinopsis: Chaplin, en su personaje del vagabundo, se encuentra en Klondike, atraído por la fiebre del oro. Una fuerte tormenta aparece y se ve obligado a buscar refugio en una cabaña habitada por un asesino fugado, Larsen.

El hambre les acecha y sucumben ante la necesidad; alguno de los refugiados en la cabaña ve visiones.

Al finalizar la tormenta cada uno sigue su camino. El vagabundo va al pueblo, y atraído por las luces, entra en el cabaret, donde conoce a la bella Georgia, quien decide bailar con él, sólo para sacarle celos a Jack Cameron, el donjuán del cabaret, que la desdeña.

El resto de la historia da cuenta del romance entre ambos y el ascenso social del vagabundo.

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Algunas de sus imágenes y escenas son antología del cine. Como el momento en que se dispone a darse un banquete con sus propias botas, separando sibaríticamente, y cual espinas, los clavos del calzado; y engullendo los cordones como si se tratase de deliciosas tiras de espagueti. Y, de segundo plato, una suela de zapato para lamerse los dedos, como si fuera el más tierno de los bistecs.

La imaginación es la mejor aliada para engañar el estómago, la única riqueza cuando la podredumbre y la desesperación se adueñan de uno.

El gran dictador (Charles Chaplin, 1940) (I): coach de masas

“No es tarea fácil dirigir a los hombres; empujarles es muy sencillo”  (R. Tagore)

Ilustración: Claude Verlinde, “les marottes”

Sinopsis: Al final de la Primera Guerra Mundial un soldado del ejército de Tomania, al salvar la vida del oficial Schultz en su avión, sufre un accidente y pierde la memoria, permaneciendo en un hospital por 20 años. Cuando, todavía amnésico, escapa del hospital, regresa a su ciudad, donde abre de nuevo su antigua barbería ubicada en el ghetto. Los tiempos han cambiado. El país es gobernado por el dictador Hynkel, y existe una brutal discriminación contra los judíos.

Una de las jóvenes del Ghetto, la bella Hannah, defiende al barbero cuando es acosado por miembros de las fuerzas de seguridad de Hynkel. Ambos se enamoran y deben sufrir los atropellos de la dictadura, aunque tienen el respiro de tener la protección de Schultz, que reconoció al barbero, y de un corto periodo de paz con los judíos mientras Hynkel trata de conseguir financiamiento de un banquero judío para sus ambiciones de dominación global. 

El rechazo del préstamo por parte del banquero judío motiva la reanudación de la opresión en el Ghetto, Schultz cae en desgracia por encararle su falta de humanidad al dictador y de ocultarse con los judíos. La persecución produce que el barbero y Schultz sean enviados a un campo de concentración. 

Hynkel decide invadir Osterlich, pero la intromisión del líder de Bacteria, Napaloni, le obliga a invitarle y ser diplomático con él, aunque todo desemboca en una ridícula guerra de comida y pasteles entre los dos dictadores. 

Hannah y las personas del Ghetto huyen hacia Osterlich, pero al poco se inicia la invasión desde Tomania. Entonces, al escapar el barbero y Schultz, Hynkel será detenido por error por sus propias tropas, por su gran parecido con el barbero, y este será tomado por Hynkel y conducido a dar un discurso sobre el inicio de la conquista del mundo. 

En vez de eso, el barbero da un discurso exhortando a la humanidad. 

Hannah, en su casa, arrasada de nuevo por los invasores, dirige la mirada al cielo con esperanza, y sobre ese rostro se cierra la pantalla.

“El gran dictador” es una crítica contra el nazismo alemán y, por extensión, contra todos los fascismos y dictaduras. Y lo hace desde una postura carente del más mí­nimo rastro de ambigüedad, con convicción y contundencia, una actitud que le provocarí­a muchos problemas, puesto que los Estados Unidos mantení­an en aquel momento una posición neutral respeto al conflicto. Comenzó a rodarse la misma semana en que comenzó la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de que Chaplin había enterrado oficialmente a su personaje Charlot no cabe duda que tanto la estampa como el vestuario o la forma de caminar fueron proyectados en el barbero judío, el cual presenta una gran semejanza con Charlot.

En El Gran Dictador, Charlot se ha hecho adulto. Ya no viste ropas de vagabundo, pero Charlot no muere, únicamente se nos oculta. Porque Charlot, es el niño que Charles Chaplin siempre llevará dentro. Sucede sólo que los tiempos, en su constante fluir, traen guerras y depresiones económicas que cambian las imágenes sociales, las modas en el vestir, los valores morales, y el vagabundo de zapatones y bombí­n ya no puede deambular ocioso por calles ni caminos. Serí­a un personaje anacrónico.

El origen de filme se remonta al año 1938. Chaplin, que estudió el dictador alemán Adolf Hitler durante cerca de dos años, definió el proyecto como un cóctel de drama, comedia y tragedia que retrataba la silueta grotesca y siniestra de un hombre que se cree un superhéroe y que piensa que sólo tienen valor su opinión y su palabra. El cineasta, de hecho, utiliza la figura de Hitler para realizar una brillante parodia de todas y cada una de las ideas polí­ticas, culturales, sociales y económicas del nazismo, des la superioridad de la raza germánica hasta la sumisión incondicional del individuo a la comunidad, pasando por el antimarxismo y el antisemitismo.

Hynkel, el dictador de Tomania, es presentado como un hombre egoísta, infantil, inseguro, incapaz de tomar decisiones de ninguna clase y todaví­a menos de gobernar un paí­s: la bola del mundo con la que juega en una de las escenas más memorables del filme, que acaba explotando, fí­sica y simbólicamente, en sus manos. Pero Hitler no es el único personaje de carne y hueso que inspiró a Chaplin: el dictador de Bacteria, Benzino Napoloni, está inspirado en el dictador fascista italiano Benito Mussolini. Garbitsch (del inglés garbage: basura), secretario del interior y ministro de propaganda de Hynkel, está inspirado en Joseph Paul Goebbels (1897-1945), ministro de educación popular y propaganda del gobierno nazi, y el Mariscal Herring evoca al Mariscal Hermann Wilhelm Göring (1893-1946), responsable de las fuerzas aéreas y uno de los máximos dirigentes de la Gestapo, los servicios secretos alemanes. La cruz gamada de los nazis, al mismo tiempo, aparece transformada en una doble cruz aprovechando un juego de palabras anglosajón que implica la idea de estafar.

Chaplin adopta desde el principio una estructura dual, mostrando de manera paralela las actividades del dictador Hynkel y sus colaboradores en la sede del gobierno de Tomania y las peripecias del barbero judí­o en su regreso a casa tras pasar muchos años en un hospital militar. Esta dualidad le a Chaplin para parodiar el gobierno fascista y totalitario y, a la vez, para mostrar las pobres y miserables condiciones del gueto judí­o, atacado regularmente por las fuerzas de asalto del régimen.

“El gran dictador es una auténtica obra de arte. Con una estética muy depurada, muy próxima al cine “mudo”, sus reconstrucciones históricas –como ese frente de la Gran Guerra en la primera secuencia del film– son extraordinarias. Y luego, en la Alemania nazi, los decorados y la ambientación son perfectos. La poesía está ensamblada con la sátira, el buen gusto con la denuncia cruel, el romanticismo con el fanatismo político y el lirismo con la caricatura. Recuérdese, si no, cuando Hynkel baila con un globo terráqueo –como el famoso que tenía Hitler– y, finalmente, le explota en la cara; o la escena de la peluquería, cuando el barbero recuerda su oficio y afeita a un cliente acompasado con la Danza húngara de Brahms. Chaplin demostró que era un gran artista; el artista, por excelencia” (J.M. Caparrós Lera)

El Chico (Charles Chaplin, 1921) (II): niños robados

Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aún cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa…si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad

                                                                                          (Charles Chaplin)

La película tiene como eje central la importancia del amor humano, de los afectos y como siempre una alta crítica social.

Cuenta el abandono de un niño por una madre soltera, que más tarde va en su búsqueda. El niño es recogido por un vagabundo que lo cría y lo educa a su manera hasta los cinco años, en que se lo quita la Asistencia Pública justo en el momento en que reaparece la madre, convertida ahora en una famosa actriz.

Pocas escenas más conmovedoras y crudas ha dado el cine como aquella en que las autoridades arrebatan al niño y el vagabundo, ante la impotencia del tesoro que le arrebatan, con sus ojos vidriosos, intenta burlar a las autoridades y trepando por los tejados ve, desgarrado, como se llevan a ese hijo en el que ha depositado el amor más sincero y desinteresado que un padre podría dar a un hijo.

Una de las escenas que mejor definen a la obra de Chaplin, así como su vida propia basada en una infancia llena de miseria, sin referencias paternas, y en el que las autoridades eran más el enemigo que el apoyo en el que sustentarse. En “El chico” se dan la mano el personaje y la infancia del autor (“Chaplin jamás ha olvidado ni en su vida ni en sus obras, sus días de niñez y juventud en la pobreza del East End Londinense. Todo su mundo lo ha ido extrayendo de allí”, Manuel Villegas López).

Chaplin no sólo era un comediante sino que con el drama tocaba los puntos más sensibles de la sociedad.

La película es una crítica social feroz que defiende el sentimiento de los pobres, del que carece el Estado representado por la asistencia social. El film fue tachado por algunos sectores de anarquista y disolvente, mensaje que unos Estados Unidos que estaban en plena época de prosperidad no estaban dispuestos a compartir. El éxito de la película fue tal, con un beneficio de dos millones y medio de dólares, que no se pudo iniciar ninguna acción contra Chaplin porque ello habría significado echarse en contra a la ciudadanía. Chaplin era el héroe del pueblo.

En cualquier caso, el conservadurismo no olvida fácilmente las afrentas y la sociedad puritana no tardaría en vengar la afrenta del cineasta. 

El cine de Charles Chaplin es el canto más poético que el hombre ha hecho jamás a la dignidad de los pobres; sus personajes son hombres a los que la sociedad les ha arrebatado lo indispensable para llevar una vida digna, ejerciendo sobre ellos todas las formas de violencia. Y, pese a ello, se comportan como lo haría el más exquisito dandy. 

“¡Yo pasé tanta hambre que hubiera podido comerme un zapato!”, No transcurrirían ni cuatro años para representar el desasosiego del hambre en un baile gastronómico en mitad de la nieve. Y diez años más tarde rodaría la más tierna historia de amor entre un vagabundo y una florista ciega.

El Chico (Charles Chaplin, 1921) (I) : niños abandonados

Este largometraje es una de las piezas más fascinantes en la historia del cine. Es un film emotivo, enternecedor y conmovedor, un folletín melodramático de intensidad inconmensurable.

Probablemente voy contracorriente cuando considero que la mejor e indiscutible obra maestra de Charles Chaplin –que no la única, prácticamente todos lo son- es El Chico (The Kid), precisamente su primer largometraje y uno de los más acusadamente autobiográficos. La mayoría de los críticos y el público en general señala siempre entre las antologías de las 100 mejores películas de la historia del Cine “Luces de la ciudad”, “La quimera del oro” o “Tiempos modernos”, hay quien incluye también “El Gran dictador”. Parece existir cierto consenso respecto a considerar “Luces de la ciudad” su obra maestra absoluta.

Todas ellas son una maravilla. Mi primera “aproximación” a Chaplin fue en agosto de 1975 en un cine ya desaparecido en el centro de Palamós. Pasábamos unos días en un camping de la Costa Brava y por las tardes era un placer disfrutar de una butaca refrigerada. Y una sesión doble continua donde asistí al visionado de las más importantes películas de Chaplin. Entre ellas creo que no figuraba ésta que pude ver más tarde en Barcelona, en la Filmoteca.

Sinopsis: Una joven señorita, Edna, acaba de dar a luz a un hijo no deseado. Con el dolor de su alma, decide dejar a su bebé dentro del elegante automóvil de cierta familia adinerada, junto a una nota en que brevemente pedía que se hicieran cargo de su hijo. Pero unos delincuentes que se roban el auto, dejan al bebé abandonado en la esquina de un barrio marginal. Es allí donde lo encuentra un alegre, despreocupado e inocente vagabundo, quien si bien en varias ocasiones intenta deshacerse de semejante responsabilidad, se compadece de él y decide adoptarlo y asumir su crianza. El bebé crece y junto a su padre adoptivo sobreviven en base a divertidas pillerías, viviendo pobremente en un suburbio pero a la vez tranquilos y felices.

Edna, quien se ha convertido en una famosa y adinerada actriz, intenta mitigar en parte el constante dolor de haber perdido a un hijo, y suele descender a los suburbios a repartir juguetes entre los niños pobres; entre ellos está el Chico. Cuando Edna ve la nota que Chaplin había guardado por tanto tiempo como único antecedente de los orígenes del John, se da cuenta que se trataba del mismo hijo que había perdido. Finalmente Edna y el Chico se reencuentran como madre e hijo, y Chaplin es invitado a vivir con ellos en su lujosa casa; curiosamente, la misma casa en que años antes había dejado a su hijo dentro del automóvil.

El rótulo inicial ya nos indica la intención del realizador: “Una historia con una sonrisa y tal vez con una lágrima”

El chico es el primer film en el que Chaplin no oculta su intención de expresar lo trágico. Hasta entonces parecía resistirse, querer recrear la vida bajo el signo del humor, pasando alternativamente de la broma a la fantasía.

También  es importante porque buscó mostrar lo que había sido su propia infancia.

Charles Spencer Chaplin nació en East Street, en el barrio de Walworth (Londres) el 16 de abril de 1889, según información dicha por él mismo ya que no consta documentación oficial de su nacimiento. Sus padres fueron artistas de music-hall.

La familia de Charlie vivía sumida en la terrible pobreza urbana del Londres de finales del siglo XIX, en el barrio de Kensington. Su madre (actriz de teatro) vio truncada su carrera debido a que padecía esquizofrenia, y su padre era un cantante alcohólico que falleció cuando Charlie tenía 12 años y éste, junto con su hermano Sidney, pasó largos períodos en orfanatos.

Por otra parte, la filmación de este primer largometraje duró más de un año y en los momentos precedentes Chaplin afrontó varios sucesos relevantes; en 1919 fallece su primer hijo con tan sólo tres días (“…de vuelta a casa, la primera habitación en la que entré fue la destinada al niño, donde todo estaba dispuesto para recibirle, con la cunita y estanterías llenas de juguetes y animales de peluche”), el posterior proceso de divorcio de su primera esposa y, finalmente, la felicidad truncada de recuperar a su madre.

Siendo ya millonario, y cuando las autoridades de inmigración norteamericanas lo permitieron,  Chaplin regresó a Europa sólo para buscar y llevarse a América a su madre, que se encontraba recluida en un psiquiátrico.

Pese a esto, ella nunca sería consciente del triunfo de su hijo debido a su estado mental.

Curiosamente, la película narra un proceso inverso con un final feliz donde la madre asentada socialmente se reencuentra con el hijo abandonado y  lo recupera.

 “El chico” se estrenó en Nueva York el 6 de Febrero de 1921 con un rotundo éxito.

No es inusual que su momento de esplendor artístico y libertad creativa con la nueva e independiente productora United Artists junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y David W. Griffith tuviera el contrapeso de un momento personal especialmente doloroso.