la vida y la muerte (18): la muerte de Joana. Poemas de Joan Margarit

La poesía de Joan Margarit busca la verdad y afronta con pasión las cosas duras de la vida. Su hija Joana falleció con treinta años. Le dedico un libro de poemas centrado en los últimos ocho meses.
He seleccionado tres de los muchos poemas donde su hija es omnipresente como una cierta sucesión. El primero, que os presento en castellano, se centra en el dolor agónico de la Muerte viva; el segundo, en catalán, evoca los fragmentos de sensaciones, sentimientos e imágenes que la muy reciente muerte genera y, finalmente, el tercero -en ambas lenguas- deja constancia viva del envejecimiento y la tristeza del transcurso del tiempo. Todos ellos son profundamente emotivos.

“De lo que siento acerca del mañana, lo más parecido a una certeza es que Joana y yo no volveremos a vernos. Cuán distinta sería la vida si la muerte fuese a esperar muchos millones de años para podernos encontrar de nuevo, aunque fuese tan sólo durante unos breves instantes. Pero el abismo que nos separa es el abismo del nunca más. Los treinta años que hemos vivido juntos son ahora el único contrapeso y mi tesoro.

El mundo sin Joana se parece al que vivimos juntos, pero no es el mismo. Unas mínimas diferencias me ponen de manifiesto que las personas, los lugares, las cosas, no son las familiares. Me enfrento, pues, al terror más puro, cuando las cosas cotidianas no se reconocen y se vuelven amenazadoras. Por eso a veces lloramos, Mariona y yo, perdidos en el extraño paraje en el que nos ha abandonado la muerte de nuestra hija”

(Fragmentos del Prólogo del libro de poemas “Joana”)

“Morir-se encara és viure, em repeteixo.
D’aquest matí d’hivern, amable i tebi,
per favor, no te’n vagis, no te’n vagis”

(Joan Margarit: Fragment poema “Súplica”)

NO HAY MILAGROS

Llovía con desidia.august bradley - 03
Diecinueve de octubre, las nueve de la noche.
Joana iba asustada hacia el quirófano
rodeada por nosotros, que quedamos
en la salita mal iluminada junto a los ascensores.
Dicen que en un intento
de salvarse le dijo te quiero al cirujano.
Creíamos que un hada podría devolvernos
la Joana tranquila, la de siempre,
con sus confiados ojos centelleantes.
A las once mirábamos
las gotas de la lluvia en el cristal
como si resbalaran por la noche.
La noche era una hora de guadaña.

L’ESPERA

Tantes coses et troben a faltar.AndrisP - start of day
Cada dia està ple d’instants que esperen
les mans petites que, tantes vegades,
van agafar les meves.
Ens hem d’acostumar a la teva absència.
Ja ha passat un estiu sense els teus ulls
i el mar també s’hi haurà d’acostumar.
El teu carrer, durant molt temps encara,
esperarà davant la porta,
pacient, els teus passos.
No se’n cansarà mai perquè, esperar,
ningú no ho fa tan bé com un carrer.
I jo sóc ple d’aquesta voluntat
de ser tocat per tu, mirat per tu.
I que em diguis què fer amb la meva vida,
mentre els dies de pluja o de cels blaus
ja estan organitzant la soledat.

RECOMPTE

Un fanal té trencada la pantalla
i està apagat. La seva missió
no és fer llum damunt de la vorera,
sinó ser un pal de ferro dins la fosca.
Al carrer hi ha un contenidor cremat,
ennegrit, amb el plàstic corromput.
Ell mateix és, també,
retorçat i bolcat, una deixalla.

La nostra filla és aquesta angoixaEgon Schiele - sagrada familia (1913)
pel pas del temps, que ens va gelant la vida.
Ara, el seu objectiu no és estimar
ni ser estimada, sinó ser la pols
grisa i sense sentit de la matèria.

Tot perd la seva fràgil missió.
I mira, amor, tant se me’n dóna el nom
que li acabem donant a tot això,
perquè és d’aquí d’on ve la nostra força.
Aquesta part de mi que t’és desconeguda,
la del dolor desordenat i fred,
la que més et repugna, és la que ha estat
més a prop teu, la part de mi que sempre,
sense condicions, més t’ha estimat.

VERSIÓN CASTELLANA:

RECUENTO

Una farola rota y apagada.
Su cometido no es iluminar la acera,
sino ser ese poste
de hierro puesto en pie en la oscuridad.
En la calle, quemado, hay un contenedor
negruzco, roto, corrompido el plàstico.
Él mismo es, también,
retorcido y volcado, un desperdicio.

Nuestra hija es la angustia por el paso del tiempo
que, despacio, va helándonos la vida.
Ahora su objetivo no es amar
ni ser amada, sino ser el polvo
de una materia gris y sin sentido.

Todo pierde su frágil misión.
Y, mira, amor, nada me importa el nombre
que acabemos por darle a todo esto:
de ahí es de donde viene nuestra fuerza.
Esta parte de mí que te es desconocida,
la del dolor desordenado y frío,
la que más te repugna,
es la que ha estado siempre junto a ti,
la que, sin condiciones, más te ha amado.

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