yo y los demás (150): el cliente del bar

de
cuando yo curraba tras la barra
recuerdo
especialmente
a un cliente que vino
con su mono de trabajo
muy
sucio
los guantes de seguridad desgastados sobresaliendo de un bolsillo
dándome todo el rato la vara
lo maravilloso de su trabajo
su orgullo obrero
su sentido de responsabilidad
su amor incondicional por su tarea
lo bien tratado que era
como un igual
por sus jefes
en un momento que me volví
me despisté
se largó
sin
pagar
si no lo sabía ya
lo supe
desde entonces
nunca te fíes de alguien que hable bien de su

patrón

Autor: José Ferreras

Fotografía de Ara Güler

la vida y la muerte (214)

Y la muerte no tendrá dominio

No vencerá la muerte
cuando todos los hombres hayan muerto
y todos sean ya un solo hombre,
que habitará en el viento y en la luz de la noche,
y los huesos, deshechos en ceniza,
sean polvo de estrellas;
cuando las tinieblas
y del fondo del mar asciendan a la luz;
cuando ya, sin amantes, sea eterno el amor,
no vencerá la muerte.

No temerán la muerte
los que yacen, hundidos en el mar,
mecidos en su fondo y su calma;
angustiados, exhaustos,
martirizados, pero no vencidos.
Y si tuvieron fe y también dudas,
y su pureza fue manchada por el mal,
en el final de todo tendrán paz,
y no les vencerá la muerte.

No vencerá la muerte,
aunque ya no se escuchen los gritos de gaviotas,
ni el rumor de las olas en la playa;
aunque mueran las flores y sea inútil la lluvia,
en la tierra aún fértil de los muertos
alentarán pequeñas margaritas
hasta que el Sol sucumba.
Y nunca vencerá la muerte.

Autor: Dylan Thomas

Ilustración: Stanislas Lepine, “The Ourcq Canal, Towpath, Moonlight” (1882)

la tejedora de bufandas

LA TEJEDORA DE BUFANDAS

“Al pasar la barca
me dijo el barquero
las niñas bonitas
no pagan dinero”

(Canción popular)

La madre de mi madre a su hija le cantaba. Y mi madre a mí me la cantaba. Genealogía y perpetuo casan mal en esta historia.

En las noches de verano la abuela teje en silencio, frente al televisor, las bufandas. Una para su primo suicida, otra para el padre fusilado, la tercera de colores para una hija loca y otra para la hermana enferma. Y la última para una niña muerta.

Esta es la nana que la yaya cantaba mientras cardaba el pelo de su hermana calva. La que el padre le tatareaba y el primo receloso escuchaba.

Fue, también, la nana que la hija entonaba mientras alisa los cabellos de la niña inerte que con los ojos todo lo miraba.

La gabarra con los cinco zozobraba.

Y Caronte sonreía.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Edgar Ende, “The Cosmic Knitter” (1948)

el aprendiz de brujo (792): las voces de los poetas

Tomé tan en serio tus palabras, Jaime,
aquello de: “Que la vida iba en serio”,
que interpreté mal el argumento del vivir,
midiendo escenarios y tiempo, casi muero.

Con las tuyas a Julia, José Agustín,
hice un evangelio a mi medida
ni me entregué ni me aparté,
siempre las recuerdo y me mantienen en el camino.

Gloria de los cuentos a mi niña,
tantas veces junto a ti, al borde,
me hicieron dormir tu sueño,
sigo ahí, esperando a que despiertes.

Tras saber como fue que te llamaste Ángel,
de tu resistencia a la ruina,
de tu lucha contra el viento,
me cambie de nombre.

Estimat Miquel, des d’ ara mateix,
fora jersei, fora corbata, fora malenconia,
crido i em vesteixo com vull.
Sé, que tot està per fer i que tot és possible.

Autor: Txema Anguera

Ilustración: John Minton, “Figure in Ruins” (1941)

amores cotidianos (328): hijos no engendrados

Encontré en los libros
-como en el sexo-
imaginación y compañía.

Gracias a las quimeras
pude amarte,
inventarte -y modificarte-
durante toda una vida,
incluso copulamos
cuando habías muerto,
pero ni en nuestras
más ciegas noches
pude liberarme
de la soledad,
amante celosa
que acabó
en el banquillo
-más tarde en el cadalso-.
acusada de arrebatar
al lector la fantasía.

Entre los libros que leo
busco la hija bastarda
que debimos engendrar.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)