las cuatro estaciones (169): primavera

Si vas al campo,
no subas por los almendros.
Ni cojas nidos,
ni caces pájaros,
ni mates insectos negros.
¡Ay, esa flor, esa flor
que ahora muere entre tus dedos,
sus novecientas hermanas
la están echando de menos!
Si vas al campo,
sé bueno.
¡Échate en la hierba,
canta,
estate quieto!
No deshagas las casas
de los insectos.

Autor: Gloria Fuertes

Ilustración: Virginie Demont-Breton, “Girl making flower garland in the fields”

la música la soledad y el silencio (242)

HOLODOMOR

No podré nunca escribir
vuestros nombres en la nieve.
Ni pronunciarlos en idish.

Quiebra mi desconsuelo
invocar nuestro paseo
por festivas y húmedas
calles estrechas de Odesa.

El címbalo y el violín.
Contrabajo y clarinete.
En bodas y funerales.
Los klezmorim de Moldavanka.
Ahora solo un óleo
en el shtetl de Chagall.

Soy el klezmer que errante
pregona vuestra memoria
por el bulevard de Paris.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Marc Chagall

La música klezmer constituye un género musical étnico que procede de la tradición askenazí de Europa del Este. Surgió durante la Edad Media e integró diversas influencias procedentes de países tales como Rumanía, Grecia o Ucrania. Esta música se interpretaba como acompañamiento a la danza y a celebraciones sociales de todo tipo que incluían, por ejemplo, las bodas. Actualmente se conserva casi inalterada y todavía se interpreta en muchas partes del mundo. Entre otros instrumentos, los más utilizados en este género musical son el violín, el dulcémele, el clarinete o el acordeón.

Blanca Andreu versus Iness Rychlik

Ahora me pregunto que será de aquel fuego
y su sepulcro, la ceniza.

O MAR PROFUNDO

Vi un sembrado celeste
hecho de cristal vivo
parecía una pradera de zafiros
de tréboles azules y violetas.
Debajo de su tierra transparente
latía un resplandor
de prodigiosos peces
de delfines
que ríen
sobre el vano de la ola
un silencio de flores
que en lo secreto bailan.

Autor: Blanca Andreu

Fotografía: Iness Rychlik

Dame la noche que no intercede…

Dame la noche que no intercede,
la noche migratoria con cifras de cigüeña,
con la grulla celeste y su alamar guerrero,
palafrén de la ola oscuridad.
Dame tu parentesco con una sombra de oro,
dame el mármol y su perfil
leve y ciervo,
como de estrofa antigua.

Dame mis manos degolladas por la noche que no intercede,
palafrén de las más altas mareas,
mis manos degolladas entre los altos cepos y las llamas lunares,
mis manos migratorias por el cielo de agosto.

Dame mis manos degolladas por el antiguo oficio de la infancia,
mis manos que sajaron el cuello de la noche,
el destello del sueño con metáforas verdes,
el vino blasonado que se quedó dormido.

Amor de los incendios y de la perfección,
amor entre la gracia y el crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como vena furtiva de paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las cerraduras de la muerte.

Autor: Blanca Andreu

Fotografía: Iness Rychlik, “love and devotion”

Andrea Valbuena versus Sasha Hartslief

Desde el dintel de una ventana estrecha

Hacíamos el amor en un cuarto tan pequeño
que ser uno nunca fue tan cierto.
Cuando me fui,
las paredes aún jadeaban tu nombre.
Hoy hay demasiado mundo,
demasiada gente,
demasiada ciudad
y al parecer solo una calle
por la que tú vas a pasar
y yo no voy a verte.

Autor: Andrea Valbuena

Ilustración de Sasha Hartslief

No la conoce

Una vez escribí: «Te quiero porque adoro mi pena».
Me ha inundado la tristeza al releerlo.
Qué ignorancia.
El amor,
cuando merece la pena,
no la conoce.

Autor: Andrea Valbuena

Ilustración de Sasha Hartslief

amores cotidianos (336): masturbación

Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular la campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

Autor: Irene Gruss

Fotografía: Man Ray, “Nusch Eluard” (1928)

el aprendiz de brujo (859): de relojes y puzzles

“Hacen un puzzle.
La pieza que no encuentran
son ellos mismos”

(Jesús Aguado)

Ilustración: Angel Planells, “los extraños jugadores” (1942)

“Quita el reloj
de la pared
                   y deja
en ella el tiempo”

(Jesús Aguado)

Ilustración: Dali , “persistencia de la memoria corpuscular (la desintegración de la persistencia de la memoria)” (1954)

poemas de amor, versos húmedos (116)

LA HISTORIA DE LA MUJER DEL INTERNAUTA

Vulnerable,
ayer te vi:
sentado,
frente al monitor,
el pijama en los tobillos,
la mano engolfada en el miembro
nervioso y derecho
ante la imagen
bidimensional
de una tetona en edad legal
mostrando el esplendor
de un coñito depilado,
suculento y hospitalario.

Luego me vi:
mi cuerpo en el espejo,
un cuerpo que me duele,
un cuerpo-miseria,
GRAVE.

Tardamos el mismo tiempo
en descargar:
tú, el semen furtivo;
yo, mis cuchillas como lágrimas.

Tú apagaste el ordenador.
Yo no podía hacer

NADA.

Autor: Eva Vaz

Ilustración de Fidel Fernández

EL BESO

El sexo, entre otras cosas,
mueve el mundo

y a cierto nivel hay algo
que no entiendo:

bien es sabido que basta
uno para el orgasmo;

se precisan dos, sin
embargo, para el beso.

Autor: María Elena Higueruelo Illana

Fotografía de Frank Horvat

El amor es sencillo a veces

Algo tan sencillo como ponerse de puntillas para alcanzar una
manzana,
mirar el patio de una casa por encima de un muro,
dar un beso, hacer menos
ruido
al caminar.

El amor es preguntar
¿vienes conmigo hasta la boya amarilla?,
apuntar con un dedo el horizonte
y no tener que nadar en soledad nunca más.

El amor es no querer que te quemes,
quitarte polen de gramínea del pelo,
preguntar
con suavidad
si tienes frío.

El amor puede ser estar mucho rato bajo el sol con los ojos cerrados
y ser tan feliz que consigues no pensar en la muerte.

El amor puede ser también
oír una bicicleta que frena delante de tu puerta.
Pelar pipas en un banco, señalar
una trucha que salta a lo lejos
o un meteoro
que cae.
Escuchar una canción que no te gusta
y aun así pensar
la vida es buena.

El amor podríamos ser fácilmente nosotros dos
pegándonos porque nos parece divertido,
manchándonos porque nos parece divertido,
despidiéndonos porque despedirse
es siempre divertido.

El amor es apartar
un cigarrillo de tu boca.
El amor es acariciar
los dos al mismo perro.
El amor es echar una carrera,
llorar de risa, dar una patada
por debajo de la mesa,
no avergonzarme,
ante ti,
de mi ropa vieja.

Autor: Alba Flores Robla

Fotografía de Bert Hardy

LA ELEGIDA

“No puc dormir soleta, no.
Què em faré, lassa,
si no mi es passa?”

Malgastaré los años que me quedan
escribiéndote las palabras ardientes
de haberme sentido la elegida.
Porque soy prisionera de tu cuerpo,
de esta carne salvaje,
del vello dulce de la axila,
de los pezones argollados
y de aquel primer beso suspendido,
mutilado antes de nacer
tan cerca
de los labios.

Autor: Raquel Casas

Fotografía de Andrey Povarov

SAQUEO

Como un depredador entraste en casa,
rompiste los cristales,
a piedra destruiste los espejos,
pisaste el fuego que yo había encendido.

Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo.
Un cristal me refleja dividida.
Por mi ventana rota aún te veo.
(Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos).
Y yo, mujer de paz,
amo la guerra en ti, tu voz de espadas,
y conozco de heridas y de muerte,
                                    derrotas y saqueos.

En mi hogar devastado se hizo trizas el día,
pero en mi eterna noche aún arde el fuego.

Autor: Piedad Bonnett

Ilustración: Picasso, “Desnudo de mujer con su gato” (Jacqueline) (1964)

Dijeron: todo lo puede el amor
y que a la vez es frágil como esqueleto de ave
que tendría apellidos, rostro, manos
una dirección y una biografía
punto rojo de usted está aquí
lo quise creer igual que no se duda
de la rotundidad de la campana
porque no había lugar para otra música
nada sobrevivía a su estampida
cien mil violines como cien mil potros
que deshacen en polvo el horizonte
esperé a que llegaran sus tenores
nocturnos mercenarios de uno en uno
cantamos juntos hasta la ronquera
bailamos como marionetas cojas
improvisamos melodías que eran
más rezo que canción, más fe que alegría
ardimos a lo bonzo, ateos monjes
como corcheas nos sentamos meciendo
los pies al filo del incierto abismo
y cada vez tuvimos que aprender
a hablar la lengua del resucitado
ahora el cello alimenta telarañas
y el amor es discreto como un muerto
al tambor lo acalla el silencio de la noche
en los caminos crepita el hojaldre de las hojas
la voz de mi hija estalla en pirotecnias
y frente al terciopelo de la hoguera
el bostezo de mi perra es sinfonía
nunca el amor fue orquesta, sino eco
una lluvia fina en vez de saetas
catedral excavada por hormigas
no una fiesta en el palacio sino el viento
que revuelve el flequillo al trigal
bóveda en la garganta de los pájaros
la palabra que regresa a la boca del amnésico
no acabaría conmigo la pasión
con su estruendo de fiesta y de verbena
sino la ternura que me toca como espuma.
Motor de la marea en la que habré de ahogarme.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración: Andrea Kowch, “chasing the moon” (2020)

 

el juego de los besos (149)

El juego consiste en resolver el orden de las imágenes según la progresión establecida por Raymond Chandler en esta cita:

“El primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutinario”

Ilustraciones: Chagall, “A Le Village Bleu”, Arnold Bocklin, “The Artist and his Wife” (1863) y María Izquierdo, “el idilio” (1946)