Tres poemas de amor y sexo de Javier Solé

POLOS OPUESTOS

anshu-lesik

Hubo un primer encuentro
donde las diferencias
parecían insalvables.

Ella no quería navegar en mar abierto.
Él no deseaba amarrar en tierra estéril.

Estuvieron
durante meses
ignorando que
los imanes de polos opuestos
no deberían repelerse.

Se despertaron de madrugada
cada uno en su cama vacía
empapados de deseo satisfecho
sólo en sueños.

Ilustración de Anshu Lesik

LA VAGINA DE LA PUTA (EL ORIGEN DEL MUNDO)

levon-baghramyan-02Una mujer vieja
que fue puta
camina por la calle.

Al caerse y no ser socorrida
por ninguno de los desempleados
que vemos desvanecerse el tiempo
-el tiempo y la vida-
se ha levantado la falda,

la muy guarra
no llevaba bragas
y he visto en su sexo

las existencias malogradas en coitos sin sustancia,
la dignidad malvendida
cada mañana y hasta el amanecer de un nuevo día,
las promesas incumplidas, las ilusiones rotas.

Gracias al gesto airado
de una trabajadora jubilada sin pensión
he descubierto
que toda mi existencia
está contenida
en la vagina de una prostituta.

Treinta minutos más tarde,
rabioso y desesperado,
copulaba conmigo mismo
mientras la puta
contaba las embestidas,
pues habíamos acordado en el precio
un incentivo por el ensañamiento.

Fotografía de Levon Baghramyan

AMANTES

otto-dix-dos-amantes-viejos-1923“A golpe de silencios
se nos fueron muriendo todas las palabras”

(Ángela C Aranda C)

Los viejos desposados,
sucios y rencorosos,
que miran desde el sofá
la fotografía de un amor
que no existió.

Una televisión
sin imágenes
murmullo que acalla
el silencio.

Ilustración: Otto Dix, “Dos amantes viejos” (1923)

el aprendiz de brujo (492): salir de los límites imprecisos de la ciudad


voy hacia la lluvia
hacia el país del invierno
necesito salirme
de los límites imprecisos de la ciudad
para recoger una a una de los arroyos
el cadáver traslúcido de las libélulas
viajo subterráneo con la casi certeza
de que no encontraré la palabra-origen
en cuya placenta
hibernan pacientes animales neolíticos
antes de volver
a la luz cegadora de la vida.

Autor: Roberto Antunez

Ilustración de Lawren Harris

la vida y la muerte (126): Dos poemas de Sharon Olds

SU QUIETUD

El doctor dijo: “Usted me pidió que le dijera
cuando no se pudiera hacer nada más.
Se lo digo ahora.”
Mi padre estaba sentado,
casi inmóvil, como siempre, sin mover los ojos.
Yo supuse que se enfurecería al saber que moriría,
que agitaría los brazos, que gritaría.
Pero se quedó sentado,
limpio con su pijama limpio,
delgado, como un santo.
El doctor dijo: “Podemos hacer algunas cosas
para darle tiempo, pero no lo podemos curar”.
Mi padre le dio las gracias.
Y se quedó sentado, quieto, solo,
digno como un rey extranjero.
Me senté a su lado. Ese era mi padre:
siempre supo que era mortal. En cambio, yo temí
que tuvieran que amarrarlo. Había olvidado
que siempre se quedaba así, aguantando,
en silencio, el alcohol un modo de callar.
No lo había conocido: mi padre tenía dignidad.
Al final de su vida, su vida
empezó a despertar en mí.

EL ÚLTIMO DÍA

El último día de la vida de mi padre
lo bañaron por la mañana, doblaron la sábana a su cintura,
yo me senté con ellas y lo lavaron, clavículas,
hombros, costillas, pecho, la piel ocre,
irregular. Por la ventana veía
la montaña de California y sus pliegues
y pensé cómo habrá sido cuando fue hecha, suave,
tibia, maleable, pensé en mi padre antes,
casi líquido, insignificante, dentro de su madre.
Enjabonaban los ángulos de su cuerpo,
yo miraba la montaña, sus grietas,
sus sombras, sus luces:
siempre he querido creer cuanto ven mis ojos.
Doblaron la sábana hasta su cadera,
su muslo no era más que el fémur,
la piel como papel de carnicero
envolviendo un hueso para un perro.
Lo secaron y el pelo de su pecho se erizó,
salieron de la habitación por un momento
y quedé sola con él,
su pezón como un puñadito de guijarros,
trajeron una manta de algodón, tibia,
y giraron su cabeza hacia la ventana.
El amanecer resplandecía en su boca,
y en cada aliento yo veía una brasa diminuta,
una figura desmembrada temblar sobre su lengua.
Los lados de su lengua estaban salpicados
de óvalos mucosos como discos de marfil suave,
ahí sentada, yo miraba dentro de su boca,
nunca había entendido y tampoco
entendí entonces, el cuerpo y el espíritu.
Con la noche su respiración se hizo más corta,
la niebla caía azul, poderosa,
sobre casas y secuoyas,
apoyé mi cabeza en la cama en el camino de su respiración y la respiré,
aún dulce con su vieja dulzura mancillada
como la tierra húmeda con olor ácido y limpio a la vez.
Comenzó a oscurecerse una hora antes de morir,
su respiración se detenía por segundos
y volvía a empezar. Su cuerpo se arqueaba,
alejándose de la ventana, su piel
era de un amarillo vidrioso, respiraba, y se detenía,
respiraba. Pasé mis dedos por su cabello
y besé las comisuras de sus labios resecos. Respiró,
y su mujer y yo nos quedamos inclinadas esperando
la próxima respiración. Estaba volteado hacia mí,
la boca abierta y el cabello ondeando hacia atrás
como un hombre parado de cara al viento,
esperábamos y esperábamos la próxima respiración.
Luego la enfermera levantó sus párpados,
y en lo blanco, bajo cada iris,
había aparecido una línea oscura.
La enfermera le alzó la bata, vi su abdomen
relajado y gris, cubierto de pelo
como una promesa de bondad animal,
apoyó el estetoscopio contra su corazón
y esperó, luego bajó la bata
y dio un paso atrás, me miró, y asintió,
y entonces miré a mi padre,
su cabeza demacrada, su espalda arqueada
como para lanzarlo fuera de este mundo.
Puse mi cabeza en la cama al lado de la suya
y respiré pero él no respiraba, respiré y
respiré pero él se oscurecía,
mi padre. Apoyé mi mano en su pecho
y lo miré, miré sus pestañas,
los poros de su piel, las grietas en sus labios,
los pelos de su nariz.
Entonces acomodé su cabeza sobre la almohada,
se movía tan fácilmente, y su oreja,
aplastada durante la última hora
se desdobló en el aire
abriéndose como una flor.

De su poemario “El padre”

Más información en: http://blogdelamasijo.blogspot.com/2013/02/sharon-olds-el-padre.html

el juego de los besos (127)

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El juego consiste en resolver el orden de las imágenes según la progresión establecida por Chandler en esta cita:

“El primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutinario”

Ilustraciones: Max Beckmann, “despedida” (1942); 오우진(Woojin, OH)-(Hoooook) y Cecilio Pla Gallardo, “Pareja en el jardin”

el suicidio (54): Mercedes Carranza

“Te llamarás silencio en adelante y el sitio que ocupabas en el aire se llamará melancolía”  (Eduardo Carranza)

ORACIÓN

No más amaneceres ni costumbres,

No más luz, no más oficios, no más instantes.
Sólo tierra, tierra en los ojos,
entre la boca y los oídos;
tierra sobre los pechos aplastados;
tierra entre el vientre seco;
tierra apretada a la espalda;
a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;
tierra entre las manos ahí dejadas.
Tierra y olvido.

Ilustración: Mikhail Vrubel, “Lamentación”

CONVERSACIÓN CON MI HIJA

Muchas cosas pasarán sobre tu cuerpo
lluvia, deseos, labios, tiempo
gastarán tu piel y por dentro tu alma.
A menudo tendrás que saludar
a la fe, a la esperanza, a la caridad.
Son cuestiones inevitables,
usa la cortesía y santas pascuas.
Te acosarán a respuestas blanco sobre negro
y viva la civilización, te gritarán
y cuando entiendas por fin que el mundo
es redondo habrás perdido para siempre.

Sobre tus hombros la llevarás,
a la civilización te digo,
vestida de gringa, o de sueca o de japonesa:
esta dama lee a Platón,
se bendice las axilas con desodorantes,
toma coca-cola y no permite
que la saluden con el sombrero puesto.
Usa siempre la cortesía y
no se te olvide, hija
lavarte los dientes todas las mañanas
y apagar la luz antes de dormir

Ilustración: Oswaldo Guayasmin, “Homenaje a Tania” (1969)

LA PATRIA

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos

Ilustración: Botero, “rio Cauca” (2002)

María Mercedes Carranza (1945-2003) logró unir en la poesía la filosofía de su vida. En cada una de sus producciones se pueden evidenciar importantes problemas filosóficos y, más aún, existenciales. La muerte ha rodeado su vida y su obra. Bien es cierto que María Mercedes se consagró como poeta y no como filósofa, pero es importante resaltar el carácter filosófico que abunda en sus líneas. La muerte, aparte de convertirse en uno –o quizá el más- conocido de los aspectos que rodearon su vida, puede representar también el sentido filosófico presente en su poesía, su genialidad y profundidad.

Sobre el suicidio de María Mercedes Carranza se ha dicho que fue el desenlace de una serie de pesares que se juntaron en su vida: el dolor de país (“este país nos está matando”, repetía), el asesinato de su amigo Luis Carlos Galán, la muerte de dos grandes amigas… Sin embargo, el detonante parece haber sido el secuestro de su hermano Ramiro en septiembre de 2001.

Después de terminar su jornada del jueves 10 de julio de 2003 en la Casa de Poesía Silva, la poeta bogotana María Mercedes Carranza fue a su apartamento, llamó a Melibea, su única hija, quedó con ella para desayunar al día siguiente, le escribió una carta de despedida, se recostó, tomó un coctel de píldoras antidepresivas y whisky… y esperó.

Retratos de España (169): la retaguardia

LA RETAGUARDIA

“El castigo del franquismo sobre las mujeres fue doble. Por “rojas” y por “liberadas”. De una punta a otra de la España sublevada, se repitieron los mismos métodos de tortura física y psicológica. Se pueden resumir en tres: las purgas con aceite de ricino para que su fuerte poder laxante depurara su “tóxico interior”, raparlas al cero para censurar su supuesto libertinaje, y la prohibición absoluta de mostrar cualquier tipo de luto a las viudas, hermanas y madres de fusilados” (Diego Barcala)

Huestes de tártaros en el cortijo
hurtan la vida de los jornaleros.
Comparsa con aceite de ricino,
despoja a las mujeres del pelo.

Autor: Javier Solé

Más información en:

https://arcangelbedmar.com/2017/02/13/la-fotografia-de-las-mujeres-peladas-en-montilla-durante-la-guerra-civil/

las cuatro estaciones (108): primavera. El árbol del amor

EL ÁRBOL DEL AMOR

“El amor que se ha dado un día se ha dado para siempre.”

(Christian Bobin)

A Ana Belén Martín Vázquez

Mis pétalos preferidos
entre el rosa y el violeta.
Es el parque en abril.

Nuestra alameda este otoño.

Autor: Javier Solé

Fotografía: J. Sole, Bellvitge abril 2018