la vida y la muerte (76): la enfermedad

DESENCUENTRO

ibai-acevedo-01Siempre
que se aproxima
alguien
con propuestas
a largo plazo
yo,
de manera invariable,
le describo,
con todo lujo de detalle,

la morgue

Y,
sin excepciones,
todos
murmuran disgustados
que el pesimismo es un cáncer
para el progreso.

Yo,
inapetente
para la disputa,
pienso para dentro
que el cáncer es otra cosa

y que el progreso no ha hecho mucho por pararlo.

Autor: Javier Solé

Fotografía de Ibai Acevedo

REGRESO AL ESCENARIO DEL CRIMEN

Dicen que los asesinos
regresan siempre
al escenario del crimen.

Cuando recorro los pasillos
del hospital
donde una hija
no se despidió de su familia
nunca
me cruzo
con las células asesinas,
sólo reconozco
rostros retraídos
a los que los sicarios
concedieron una tregua centesimal.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Emma Cano, ” cirujana en el pasillo de quirófano” (detalle)

las cuatro estaciones (66): primavera. Pintar un árbol.

No hace falta mucho
para pintar un cuadro,
basta una pared encalada
de fondo
y un árbol que florezca en primavera.

Autor: Elvira Laruelo

Ilustración: Monet, “In the Woods at Giverny-Blanche Hoschedé at Her Easel with Suzanne Hoschedé Reading” (1887)

el suicidio (41): Poema de Elvira Ardalani

LA TRENZA

Esta noche, amor, me cortaré el cabello,Lupe Bracaccini - ahorcada
tejeré una soga con lo que tanto amaste
y me hallarás volando
sobre mis propios pies,
opaca,
sobre la alfombra
que alguna vez nos vio iluminados bajo la oscuridad,
embriagados,
eternos.
No bebas hasta entonces.
Y que sea el dolor el que te sirva.

Autor: Elvira Ardalani

Ilustración: Lupe Bracaccini, “ahorcada”

el aprendiz de brujo (354) : poetas

“La mayor parte de la poesía española actual me parece una involuntaria parodia de poetas menores”

(Andrés Sánchez Robayna)

INSTRUCCIONES PARA LLEGA A SER POETA FAMOSO

Para lograr la fama como poeta
será mejor que combines
actitudes, gestos
y conductas que complementan
el hermoso y duro oficio
que has elegido cultivar.
Lo más importante es ser borde
y para ello hay que entrenarse.
Nunca contestes a las invitaciones.
Si has aceptado algunaRoger de la Fresnaye - El Poeta (1920)
porque puedes sacarle partido
debes llegar tarde
y por supuesto no saludar.
No dejes que se borre
el gesto grabado en tu rostro
semejante al de quien huele
mierda de su bigote.
Lee siempre del teléfono
para que sea evidente
que nunca preparas tus lecturas
y no olvides decir antes de cada poema
que pertenece a tu próximo libro.

En las reuniones importantes
a las que nunca estás invitado a recitar
siempre debes hacer acto de presencia
con una copa de la rara marca
de ginebra que tú bebes
y una boquilla sin cigarro.
La gorra es importante.
Siempre la misma,
envejecida y no muy limpia.
Pero sin llegar a sucia.
Dirás con frecuencia que admiras a Bukowski
y a algún poeta húngaro
poco conocido
o inventado.

Despreciarás a los clásicos españoles
y a todos los poetas muertos,
salvo a los suicidas
sobre todo si son sudamericanos.

Tus versos deben estar
plagados de palabras
como esperma, felación,
ebriedad y bisexual
y frases como
esta jodida angustia hipertrofiada,
coitos anales aposentados en la inútil tauromaquia,
sus bellos pezones foráneos que flagelan mis retinas,
la gratuita prostitución de la virgen María
o la pedofilia de Dios.
Deben ser versos
galimáticos, rompedores, sentenciosos,
torturados en la forma y en la idea.

Y por sobre todas las cosas
hablarás de ti,
de cómo abandonaste
la esperanza de ser comprendido,
de tus futuros proyectos poéticos
y de lo poco que te importan
el éxito,
la opinión de los demás
y los premios.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Fuente original:

https://paramiuncortado.wordpress.com/2016/11/10/instrucciones-para-llegar-a-ser-un-poeta-famoso/

Ilustración: Roger de la Fresnaye, “El Poeta” (1920)

ciudades y personas: L’Hospitalet Llobregat (I) Bellvitge

“El banco espera alguien con quien compartir el silencio.

(…)

recorrer las vetas
del banco que fue roble
es el bálsamo que cauteriza las heridas”

(Javier Solé, versos de un poema inconcluso)

Fotografía: Javier Solé, “Bellvtige”, febrero 2016

poemas de amor, versos húmedos (64)

picasso-sleeping-nude-1904ACÓLITO DEL AMOR

Muchos te aman con labios y con dedos
Y se van de tu lecho con la luna;
Muchos te dan obsequios y otros dejan
En los umbrales de tu puerta un sueño.

Yo, que soy joven entre tus amantes
Vengo como un acólito adorándote,
Refreno mi pasión por cortesía,
Mi corazón sin rezos ni palabras.

Las velas del deseo están prendidas,
Te inclino mi cabeza con temor,
Como un mendigo que ansía tu limosna
Tímido por aquello que le traen.

Autor: Elsa Gidlow

Ilustración: Picasso, “Sleeping nude” (1904)

Te traeré luz a tus domingos
y mis manos aprenderán de memoria
el camino hasta tu cuerpo.
Te cantaré bajito una canción
de bienvenidas y celebraremos juntos cada amanecer.
Te curaré las heridas con un ungüento de risas y arándanos
y sólo en los días de lluvia
sentirás el recuerdo como un leve escozor.
Te besaré los párpadosgregorio-prieto-munoz-la-creacion-1936
para que entre la fe en tus pupilas
y vuelvas a mirar como lo hacen los niños.
Te buscaré cada tarde entre las acacias del parque,
te diré lo que te dijeron antes
y tú lo creerás.
Lo meterás en tus bolsillos
para que cuando tengas dudas
tus dedos lo rocen y sonrías
y cuando el peso
te vaya hundiendo despacio
al menos podrás decir
que lo has vivido.

Autor: Sara Zapata

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “la creación” (1936)

Fuente original:

http://secantaloquesepierde.blogspot.com.es/2016/11/te-traere-luz-tus-domingos-y-mis-manos.html

Dos

andrew-wyeth-on-the-beachEl mar es una línea quebrada por un barco
Varado entre las rocas de un faro
Sin bujías. El viento me refugia
Contra mis propias manos
Tanto frío en la piel que no las siento mías.
Apartados del mundo que moja nuestras playas
Este mar intruso de tus
Ojos. La mutua soledad
Desconocida. El viento helado.
Nombraré cada cosa
Entre la última tarde y esta tarde
Para que nada empiece
A separarnos.

andrey-korotich-breakfast-nonchalance-2010Autor: Marisa Martínez Pérsico

Ilustración: Andrew Wyeth, “On The beach”

Estoy cocinando el AMOR a fuego lento.
Cada día enciendo la llamita
que lo haga borbotear y miro el hervor,
ensimismada.
No pienso en si vendrás, por fin,
a degustar lo que es tuyo,
me ocupo de que no se apague esa llama
que lo mantenga vivo.

Autor: Begoña Abad

Fotografía de Andrey Korotich

thomas-saliot-04Con tres capas de abrigo,
mientras fumo un cigarrillo invisible
esperando el autobús,
pienso en ti.
El vaho de mi aliento
va dibujando las letras de tu nombre
en la nada,
y mi mirada añora
el calor de tu sonrisa.
Tu sonrisa
que esparce margaritas,
y derrite el hielo de mi almohada.
Tu sonrisa limpia y clara
que ilumina hasta el más oscuro de los días.
Tu sonrisa
que alberga el más hermoso
de mis secretos,
y que cada noche
se hace dueña de mi poesía.

Autor: Silvia Cuevas-Morales

Ilustración de Thomas Saliot

Estas sombras, ahora,
justo que había dado una capa de luz
a mi rostro, esta claridad a medida:
limar el contraluz, limpiar la penumbra,
aclarar la incerteza.
Justo ahora
que me proponía hacer las cosas
bien y había barrido la casa y las esquinas
de mis escritos, ahora,
que dejé de morderrudo-prekop
y de arañar,
que me convencí
que no había más mundo
que una habitación para dos.
Estas sombras, ahora,
que el sol cae como una lanza
y la ciudad
permanece en llamas
y la vida se precipita oblicua,
y los días esperan
sentados anhelando palmeras,
y es verano
y hay una indulgencia
naranja
en las miradas,
y el mundo se detiene
y a nadie se le ocurre suicidarse
a las tres del mediodía.

Autor: Carol GP

Fotografía de rudo prekop

El realismo sucio de Roger Wolfe

egon-schiele-20QUE DIOS Y WALT WHITMAN ME PERDONEN

Cuando uno es feliz, vive.
Cuando no,
se hace pajas y escribe.

Ilustración de Egon Schiele

La muerte es la única vergüenza

La vieja terminó por fin de volverse loca.
Se levantaba la falda y exhibía el chocho,
le pedía que se lo chupara
al maitre.
Se llamaba Linda. Tenía
ochenta y dos años, un cáncer
de pulmón en ciernes.
Aspiraba y resoplaba, colgada todo el día de un cigarro,
la barriga hinchada como un odre,
el resto de su cuerpo un esqueleto.
Grotesca como una versión asténica de Falstaff.
Una ninfómana de ochenta y dos años, os lo digo,
capaz de acabar con cualquier cosa
que todavía se moviera.
El maitre se hacía el sueco.
Pero aún no sé si no la montaría.
Tres paquetes de cigarrillos durante sesenta y ocho años,
lo repetía una y otra vez,
en aquella época no te quedaba más remedio
nos decía,
no sabéis, no os podéis imaginar
lo que era aquello. El blitz.
Hitler con sus V1, V2,
pasábamos las noches en vela,
en el sótano, en el refugio
improvisado al fondo del jardín,
esperando,
fumando…
La guerra, ah, la guerra,
repetía,
los ojos en blanco, vidriosos, empañados
detrás de sus enormes gafas, con la plancha
en una mano y la taza de té en la otra.
Londres era un infierno,
recuerdo la panadería de detrás de mi casa,
impacto directo,
estaban todos muertos, los sacaron los de
la Home Guard, había piernas,
brazos, la cabeza de la Sra. Winter
con los ojos como los de un sapo degollado.
Era terrible.
Todo Londres una inmensa pesadilla. Y luego
esos aviones alemanes,
el silbido
de las bombas,
todavía puedo oír ese silbido en mis oídos,
no puedo soportar la tele, esas películas
de guerra que a los jóvenes os gustan tanto.
No sé cómo podéis.
No os lo podéis ni imaginar.
Que no me hablen de la guerra.
Que no me hablen de gobiernos.
De alemanes,
de judíos.
Chamberlain, ese hijoputa,
tuvo la culpa.otto-dix-16
Ah, la guerra, y ahora esto.
No es mucho mejor, verdad.
Expectoraba, tosía, lanzándome
miradas al paquete.
Una ninfómana de ochenta y dos años.
Se encargaba de lavar la ropa
del restaurante,
los mandiles,
las chaquetas,
los gorros, las camisas,
los pantalones a cuadros blanquiazules
manchados de grasas y de orines, y de esperma
rancio, a veces.
Llegaba a las 6 de la mañana.
Ponía la lavadora, la tetera,
yo le subía la ropa del día anterior,
la ropa sucia pringada de manteca,
restos de patatas asadas y legumbres,
verduras,
lamparones, trozos de carne de cordero,
le subía un té
y no me dejaba escapar.
Hacía frío.
Siempre hacía frío en Inglaterra.
Había un petirrojo en el alféizar
casi todas las mañanas,
Linda le tiraba las migajas de la cesta de pan
que el último camarero había olvidado retirar
de encima del lavaplatos.
Y fue poco después cuando supimos la noticia.
Se había alzado al parecer las faldas
delante del maitre, lo había por fin arrinconado,
ochenta y dos años,
en la sala de la colada,
se había introducido un dedo en el chocho,
lo volvió a sacar,
lo alzó, se lo llevó a la boca,
chupó ese dedo.
Le dijo al maitre que si quería meter también él el dedo.
Steve me lo dijo, apenas se podía creerotto-dix-mujer-con-sombrero-rojo-1924
lo que me estaba contando.
Creo que le dijeron que sería mejor
si se quedaba en casa;
luego,
más tarde, lo supimos.
Que el cáncer había hecho su trabajo.
El cáncer es fiable, nunca falla.
Murió en la cama intentando
extender las manos hacia la ventana.
Creía ver petirrojos en el alféizar.
Les tiraba migajas imaginarias.
Murió literalmente por falta
de aliento,
la tenían enganchada a una bombona
de oxígeno muy parecida
a esas bombonas de propano que hay en las cocinas
de colegios y hospitales,
pero en pequeño.
Linda estalló una mañana como una pompa de jabón,
se la llevó el aire frío de Inglaterra,
el día anterior habían sacado litros de líquido
de su bajo vientre y del abdomen,
y ya no pudo volver a enseñarle el chocho
a nadie.

Ilustraciones de Otto Dix

El borracho es un fingidor

fabian-perez-tinto

La cosa es muy sencilla, en realidad.
Coges y agarras
una borrachera de dos días
y al tercero resucitas
de debajo de una pila
de mierda, sudor rancio,
sangre coagulada y heridas sin cicatrizar.
Luego te arrodillas

en el lugar más propicio de la casa
—la cocina, por ejemplo—
extiendes los brazos en cruz
como un santo enajenado bajo la lluvia
en una de esas infames películas de la Biblia
que rodaban hace años
en este país de todos los demonios,
y pides clemencia a Dios y a la memoria
de todos los muertos
y mediomuertos que conoces,
y llamas por teléfono,
agenda en mano, a la esperanza,
a los amigos,
enemigos
y otra gente
de sexo impreciso o intermedio
para anunciar a todos la inminencia
de tu último suicidio
mientras juras
y perjuras
no volverlo a hacer
hasta la próxima
vez.

Ilustración de Fabián Pérez

gavin-calf-06El extranjero

Me asomo a la terraza.
Una mujer se arregla el pelo
delante de un espejo
en el edificio de enfrente
de mi casa.
Estaba leyendo
a Dostoyevski. Cierro el libro,
lo dejo encima de la mesa,
me siento y abro
otra cerveza. Qué aburrido,
Dostoyevski, la cerveza,
las mujeres, los libros,
los espejos. Qué aburrido
sentarse y esperar la muerte
mientras la gente fornica,
come, trabaja o se solaza
bajo el sol sucio de septiembre,
y uno sabe, positivamente,
que nada va a ocurrir.

escritorIlustración de Gavin Calf

La verdad por fin

Todo el día
queriendo redactar este poema
y ahora no recuerdo
qué se supone
que tenía que decir.
Los buenos escritores —no hace falta
repetirlo— son aquellos
que saben siempre, exactamente,
cuándo no deben escribir.
Pero ése
evidentemente
no es mi caso.

roger-wolfe-2Roger Wolfe (1962) es un escritor de origen inglés que desde los cinco años reside en España. Su obra literaria suele estar encasillada en el marco del realismo sucio, un movimiento de origen norteamericano que comenzó en la década del 70. Por otro lado, el autor asegura que se siente más identificado con la nomenclatura de poeta neorrealista. Las reiteradas comparaciones con Charles Bukowski son inevitables.

la victoria son las ruinas de la guerra

TOKYO

1462381055_370213_1462443997_noticia_fotogramaLas palomas sobrevuelan en silencio
la ciudad abierta por la victoria.

Una cabra famélica está lamiendo
la ingle de un muerto y esto es todo
lo que puedo decir
de la victoria.

Autor: Marco Antonio Raya Ruiz

La imagen era surrealista. Portaaviones y destructores repletos de cabras, cerdos y ratas flotaban en las paradisíacas aguas del atolón Bikini, en el océano Pacífico, en julio de 1946. El Gobierno de EE UU había expulsado a los 167 nativos de las islas para bombardearlas con dos armas nucleares de unos 20 kilotones cada una, frente a los 15 kilotones de la detonación en Hiroshima. El 1 de julio, los militares lanzaron en Bikini la bomba Gilda, con la imagen grabada del personaje de la actriz Rita Hayworth. El anuncio de la película, estrenada ese mismo año, proclamaba: “Bella, mortal… empleando todas las armas de una mujer”.

El 25 de julio, tiraron la segunda, bautizada Helena de Bikini por Helena de Troya, la mujer que hizo sucumbir a tantos héroes de la mitología griega. Ambas bombas generaron sendas columnas radiactivas de agua y coral pulverizado que bañaron a los animales asustados en los barcos. Los que no murieron achicharrados por las explosiones, fueron fulminados en los días siguientes por las fuertes dosis de radiaciones ionizantes.

La llamada Operación Crossroads implicó una flota de 242 barcos, 42.000 personas, 156 aviones y más de 5.000 animales, con el objetivo oficial de estudiar los efectos de un ataque nuclear, pero con el deseo oculto de mostrar músculo a la Unión Soviética tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

el suicidio (39): el miedo a envejecer de Lafargue

“Sano de cuerpo y espíritu, me doy la muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno detrás de otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años.”

(Texto manuscrito de Paul Lafargue encontrado junto a su cuerpo)

suicidio de Paul Lafargue

Mil novecientos once, veintiséis
de un noviembre sombrío. Sobre el cuerpo
muerto de Paul Lafargue, hay una carta:

“La vejez me ha quitado, uno tras otro,
los goces de la vida, los placeresLucien Freud - And the Bridegroom (2001)
que explican la existencia; su constancia
me ha dejado sin fuerzas, y no quiero
sentir el cruel metal de su cuchilla
lenta sobre mi firme voluntad.
No esperaré a que venga, traicionero,
el último suspiro, pues rechazo
ser un inútil lastre apolillado.
Setenta años han sido suficientes.
Con el cuerpo aún erguido y el espíritu
inexpugnable, doy fin a mi vida.
Muero con la alegría de quien deja
atrás un gran amor, una esperanza,
una lucha incesante, pocas dudas.
Muero con la certeza del urgente
triunfo de lo que tanto he defendido”.

Sólo firmaba él, pero a su lado
yacía, ya sin vida, el cuerpo amargo
de su abnegada y fiel esposa Laura.

Autor: Julio Rodríguez

Ilustración de Lucien Freud, “And the Bridegroom” (2001)

Fuente original: http://www.juliorodriguez.es/scripts/poemas05.html

Para ampliar la información:

http://apostillasnotas.blogspot.com.es/2008/02/paul-lafargue-y-laura-marx.html