el baile (85)


“Baila, niña, baila,
y que se vea el caos
bajo tus faldas”

(Isabel Escudero)

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la infancia (66): la casa en el árbol

La primera vez y otros eventos

Yo dejaba de ser la hija mayor de mis padres
la primera nieta de los abuelos
la única prima de tu tamaño
cuando dejaba que me toques las costras de la rodilla

En la casa del árbol
dejabas de ser un niño
Te besaba sin enjuagarme los dientes
me tocabas sin lavarte las manos
de coleccionista de insectos
disecados

Autor: Ana Carolina Quiñonez Salpietro

Ilustración de Jacek Yerka

la infancia (65): las máscaras del teatro

NIÑO EN EL CEMENTERIO

“queréis acostumbrarme a la muerte
pero la muerte
no es ninguna maestra,
no es ningún telescopio,
la muerte no es un atlas,
no da sabiduría,
la muerte no da nada
más que miedo
silencio
soledad
y rabia.”

(Batania, fragmento del poema “La muerte”)

Ante la tumba del padre abraza el huérfano a la viuda anestesiada. Al niño le gusta el cine y el teatro; disfrazarse con exóticos vestidos y representar ante sus padres los personajes más excéntricos.

Pero asumir ahora el papel de hombre que todos le reclaman le parece precipitado, hubiera deseado muchas más horas de ensayo y retrasar indefinidamente la noche del estreno.

Autor: Javier Solé

Ilustración de D. Costras

la infancia (62): bullying

BULLYING

Los pies,
descalzos,
bordeando la cornisa.

La merienda en la mochila,
los cuadernos y los libros rotos.

Casi alcanza las nubes con los brazos,
conversa de poemas con los pájaros
que huyen y la dejan sola

a merced del miedo.

Después de la caída
incluso durante la caída
sentir que todo debería ser
de otro modo

diferente.

Autor: Javier Solé

la infancia (61): los padres de Ana Pérez Cañamares

MI PADRE LUCÍA JUNTO AL OMÓPLATO

una esquirla de metralla.
Apenas un niño cuando los aviones
atacaron al ganado que cuidaba
y que nunca sirvió de suministro
para los soldados republicanos.

De pequeña yo jugaba con ella
la desplazaba unos milímetros
con mi dedo omnipotente.
Y al tocarla escuchaba los aviones
veía a los terneros reventados
-el terror en sus ojos suplicantes-
y un niño al que la muerte
marca con su hierro.

Mi padre cargaba en sus espaldas
una guerra que no terminó nunca.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración: Anton Mauve, “The Return of the Flock Laren” (1887)

Aunque yo lo olvide todo
que mi palabra no olvide
pelear por su utilidad:
como cuando mi madre
poco antes de morir
agarró mi brazo
y me dijo al oído:
“de una casa sin alegría
hay que salir corriendo.”
No sé si recordaba que yo era su hija.
No sé si sabía su propio nombre.
Por eso sus palabras
eran la Palabra de Dios.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración de Omer Ilksen Akcil