Efemérides (V) 26/11/2004: Huérfanos inagotables

 

 

“Cuando muera
no te eches a llorar,
seré yo, la que llene con mi llanto
tus manos vacías”

 

(Gloria Fuertes)

 

 Donde tú no estuvieras

“aquel montón de ruinas
que dejaste al partir
hacia ese mar oscuro
en donde permaneces
tan espantosamente
callada todavía.

(Fragmento del poema “El recuerdo”, de J.A. Goytisolo)

Donde tú no estuvieras, como en este recinto,
cercada por la vida,
en cualquier paradero, conocido o distante,
leería tu nombre.

Aquí, cuando empezaste a vivir para el mármol,
cuando se abrió a la sombra tu cuerpo desgarrado,
pusieron una fecha: diecisiete de Marzo. Y suspiraron
tranquilos, y rezaron por ti. Te concluyeron.

Alrededor de ti, de lo que fuiste,
en pozos similares y en funestos estantes,
otros, sal o ceniza, te hacen imperceptible.

Lo miro todo, lo palpo todo:
hierros, urnas, altares,
una antigua vasija, retratos carcomidos por la lluvia,
citas sagradas, nombres,
anillos de latón, sucias coronas, horribles
poesías…
Quiero ser familiar con todo esto.

Pero tu nombre sigue aquí,
Tu ausencia y tu recuerdo
Siguen aquí.
—————-¡Aquí!
Donde tú no estarías
si una hermosa mañana, con música de flores,
los dioses no te hubieran olvidado.

Autor: José Agustín Goytisolo

La madre del escritor J. A. Goytisolo falleció en Barcelona víctima de un bombardeo de las tropas militares sediciosas. Toda su vida persiguió al poeta esa pérdida. Mi madre murió un mediodía de noviembre –hoy hace ocho lejanos años- en el mismo barrio de Gracia donde había nacido; en su infancia correteaba por las estrechas calles sorteando cadáveres de la guerra y sospechosos paquetes que contenían trampas mortales. Quien me iba a decir que la misma pena del poeta cuando niño iba a sentirla yo bordeando los cincuenta. El dolor es eterno.

la chica más triste de la ciudad

 

“Yo quisiera ser luminosamente tuya
y soy oscuramente mía”

Gloria Fuertes

 

“Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia”

Alejandra Pizarnik

 

Ilustraciones: Nicoletta Tomas, “la chica más triste de la ciudad” y “la niña que miraba al infinito”

Las monas caprichosas (Gloria Fuertes)

El poema es una delicia; al final podéis escucharlo es su propia voz que es doblemente delicioso. Casi como un helado de coco con dos bolas, una para el mono y otra para la mona.

LAS MONAS CAPRICHOSAS

El mono en el cocotero
dice a la mona: Te quiero.
(La mona no le hace caso.)

El mono se vuelve loco,
y come un coco
poquito a poco.

El mono dice: Te invito.
La mona lanza un saltito,
la mona trepa a su lado:
No quiero coco, quiero un helado.

– Queremos helado! Queremos helado!
gritan las monas del árbol de al lado.
– En la selva sólo hay cocos!

(Los monos se vuelven locos.)

Gloria Fuertes, El pirata Mofeta y la jirafa coqueta

Dos poema de Gloria Fuertes. Escribiendo con dolor la propia vida o disimulando sutilmente delante de los niños.

“Empezamos a saber vivir
un poco antes de morir.
(¡Qué putada!)”

(Gloria Fuertes)

Entre los muchos poemas que podrían escogerse eligo éstos sabiendo que podrían perfectamente ser otros los seleccionados pero con la certeza de que otras citas habrá. 

LA ARREPENTIDA

Padre:

Hace quince días que no duermo con nadie.
Me acuso,
de no haberme ganado la vida con las manos,
de haber tenido lujo innecesario
y tres maridos, padre-
…eran maridos de otras tres mujeres.
Podía haber tenido muchos hijos.
No quiero volver a hacerlo.
Me voy a retirar del oficio.
¿Puedes recomendarme algún reformatorio?
Ustedes tienen todos muy buenas referencias.
No voy a los oficios y como carne siempre.
Socorro a las sirvientas y a los pobres del barrio
no les llevo gran cosa.
También tengo que decirle,
que soy muy desgraciada.

Ilustración: Eduardo Vicente, “Mujer al aire libre” (1960)

Gloria Fuertes (1918-1998) siempre reivindicó a los que nada tenían, luchó contra las guerras, escribió a favor del pobre, de la prostituta, del mendigo; no quiso nunca pertenecer a ninguna corriente y, sin embargo, fue poeta social feminista.

Sus orígenes humildes –padre bedel y madre costurera- y su educación puritana –en un colegio de monjas- marcaron una existencia que padeció las limitaciones del momento histórico al tiempo que desafía su mediocridad.

La menor de nueve hermanos, seis de los cuales mueren prematuramente, su infancia transcurre en las bulliciosas calles cercanas a la antigua Plaza del Progreso, donde aprende el lenguaje coloquial que la caracterizará. Era una niña alegre y extravertida y desde pequeña quiso escribir, pero la falta de medios la lleva a trabajar enviando cartas o contando huevos en una fábrica.

Gloria Fuertes, aquella chica que paseaba en bicicleta por las calles de Madrid con falda-pantalón y corbata; una de las primeras voces de la poesía femenina de la posguerra; la mujer de las dos caras que armonizaba su amor por los niños —enredándoles con sus rimas, adivinanzas y juegos de palabras disparatados— con su amor por la vida y la paz —denunciando la injusticia social, el desamor, el dolor y la opresión pero, todo ello, con su humor peculiar—.

Gloria Fuertes inventó la literatura infantil cuando nadie creía en ella y eso fue lo que eclipsó su obra para adultos, ya que, a menudo, no se la entendió. Poeta muy criticada por sus rimas fáciles, por sus supuestos ripios y adorada por los niños. Pero gran parte de su efectividad radica en un deliberado desaliño y el recurso constante a juegos de palabras que enlazan con la tradición oral popular.

NOTA BIOGRÁFICA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.

Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.

Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

Ilustración: Agnès Mateu, “esperanza”