Tarde de fútbol en Sarriá

Yo ni he sido ni soy futbolero, aunque si he tenido suerte con determinadas apuestas futbolísticas. Con mi suegro nos jugábamos todos los años una comida al final de la Liga que gane, invariablemente, cuatro años seguidos, los del dream team del Barça. Él era merengue, yo simulaba ser culé.
1975 Javier aficionado al fútbol

Unos años antes yo había canalizado mis preferencias hacia la Real Sociedad. Tenía –tengo- familia en Donosti y establecí esa absurda identificación entre las raíces vasco-navarras de mi madre, mi adorable tía Montse y el equipo de fútbol de la ciudad.  Durante mi infancia el mayor de los tesoros era el balón de reglamento firmado por toda la plantilla del equipo que uno de mis tíos había conseguido en Atocha. Los años emborronaron las firmas y el cuero se arrugó. Los años acabaron por desinflar definitivamente aquel balón y las firmas terminaron ilegibles pese al celo en preservarlas sin utilizar la pelota.

Crecí. En alguna mudanza el balón perdió fuelle y aquel tesoro naufragó.

Esta devoción donostiarra tenía cada año una cita única; en Barcelona, Antonio  -tío por parte paterna- era socio del RCD Español y cuando se enfrentaba a la Real en Sarriá venía a buscarme en su coche y veíamos junto el partido en el campo. Eran tardes de domingo épicas. Él y yo, solos, toda la tarde. Nunca supo –o nunca le dije pero él si supo- que a mi el partido me interesaba bien poco.

Han trancurrido unos años, varias décadas y Antonio, mudo hace casi veinte años tras un ictus -precisamente en un hotel de Donosti-, asiste impasible e impotente, vencido, al devenir de la existencia. Al mirarle intento desentrañar que piensa o siente; lo que probablemente él no sabe es que no daría yo por una tarde de fútbol en Sarriá con su mano alborotando mi pelo mientras festeja un gol de Esnaola en propia meta. Todavía hoy olvido  fácilmente que importa mucho más jugar el partido que celebrar el resultado.

Instintivamente, me  toco el pelo. Un mechón en las manos me confirma que anochece.

Ilustración: El chico tan guapo soy mismamente yo con toda la indumentaria de la Real y la pelotita. Fecha aproximada, año 1975.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

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