ciudades y personas : Madrid (IV)

AL FINAL DEL BACHILLERATO NOS VAMOS A MADRID

Deberías regresar
esta tarde de Madrid.
Estaría esperando
tu llegada en la estación.
En la cena elaborarías
con detalle un inventario
de aventuras y lugares.
Ineludibles
los churros los calamares
selfie en la Plaza Mayor
con panorámica inviable.
Te explicaría
por si al Arrimadas,
el profe de sociales,
se le ha olvidado,
que este ocaso
en el Parque Oeste
acontece donde se ganó un combate
de la guerra que perdimos
y que en Sol
importan más los indignados
que las estatuas.
Lo sé,
lo peor las tardes soporíferas en los museos
lo mejor las risas entre amigos
y que la vida es una sandía en verano
y el futuro ha entregado de momento sólo un diez por ciento.

Deberías regresar
hoy de Madrid.
En el banco del paseo
yo no aguardo tu llegada.
Todavía puedo razonar.
Es metafísicamente imposible
ontológicamente inverosímil
vuelvas de una ciudad
si no abandonas ésta.

No llores, hija.
Por si te sirve de consuelo
Madrid no tiene mar.

Autor: Javier Solé, marzo 2017

Fotografía de Esther Solé, agosto 2015

la vida y la muerte (67): rigor mortis

RIGOR MORTIS

solana-el-espejo-de-la-muerte-1929Cuando muera
los sueños de mi infancia
y el sabor amargo de la derrota
se darán la mano.

Difunto no encontraré la paz
aunque tampoco la tuve en vida.

No habrá reencuentro con los ausentes
perderé los vivos.

Qué solo y qué frío.

Cuando muera
os estaré esperando.

No tengáis prisa.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Solana, “el espejo de la muerte” (1929)

casas. Poemas de Javier Solé

FAVELAS DE COLORES

Pintar las favelas
de vivos coloresbuildingspaintcolorsfavelariodejaneirocolorinspiration-c41b8718acb59955a5404174b0637a88_h
no mejora la vida de sus moradores
permite a turistas frívolos
instantáneas alegres.

Y si es menester
se suprime el hambre
se retoca el miedo
se mejoran los contrastes
de la casa de los pobres
en estampas para ricos.

Los especuladores inmobiliarios
proponen al consistorio
un nuevo paraíso.

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

LA CASA DE LOS FAMOSOS

La obscenidad
con la que
ricos y famosos
muestran sus casas
estimula actos
de justicia social
que el código penal
censura
pero que la razón
aplaude.

Repartiremos riqueza o compartiremos sufrimiento.

Quien roba a un ladrón
no necesita ningún perdón.

El saqueo en las urbanizaciones
equivale al expolio en los barrios.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Egon Schiele, “casa con ropa tendida” (1917)

La gran urbe nunca atrajo a Schiele, que siempre prefirió vivir en pueblos pequeños del campo. En obras como éstas observa su apego por los entornos humildes habitados por gentes sencillas. Pese al tono general apagado la presencia multicolor de la ropa tendida introduce un soplo de vida y una nota de ternura que se aparta de la atmósfera desolada dominante en la mayoría de las ciudades muertas.

El encanto visual de estas animadas fachadas, con sus ventanas de colores, y las ropas colgadas al aire, fueron sin duda el estímulo para pintar este cuadro excepcionalmente jovial. No hay seres humanos pero no tiene uno la impresión de encontrarse en una ciudad muerta.

Retratos de España (132): niños robados

NIÑOS ROBADOS

Alumbrar la muerte, dar vida a la nada
parturienta que teje en nueve meses
una gestación estéril
en un quirófano coronadael-archivo-general-de-la-diputacion-en-el-caso-de-los-ninos-robados

en el rostro del muchacho
que recorre la avenida
reconoce el feto inanimado
que atado a una correa
de una monja muy piadosa
con el hábito atestado de monedas
duerme en la casa del hospicio
donde unos nuevos padres
mañana y siempre
velarán sus sueños
ignorando que el hombre del saco
es quien le besa
cada mañana
en la cancela de una devota escuela.

La muerte no exonera a los culpables
tan solo prescriben con el tiempo
los indecorosos delitos perpetrados.

Autor: Javier Solé

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

las cuatro estaciones (63): invierno. Dos poemas de Javier Solé

NIÑA, GATO Y VENTANA

deineka-nina-en-la-ventana-invierno-1933

Es invierno.

Una niña asomada a la ventana
mira el frío
sin sentir el rocío de la mañana.

Contempla un mundo inmóvil
junto a un gato arisco
que araña las piernas
de la niña
cuando por las noches
oscurece y no hay luces encendidas.

La casa está vacía.

La niña no respira.

El gato es negro.

Hay vivos que no saben que están muertos.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Deineka, “Niña en la ventana. Invierno” (1933)

El pintor soviético Aleksandr Deineka se aleja de su habitual estilo enérgico y contundente para crear este cuadro de doble título: Niña en la ventana. Invierno.

Todo en este lienzo está construido sobre un fuerte contraste entre el exterior helado y el cálido interior: las rápidas pinceladas con las que se aboceta el paisaje frente al mayor detalle con que se plasma la habitación; los colores fríos del mundo de fuera frente a la gama de ocres desplegada en torno a la protagonista humana y su mascota.

munch-aunt-karen-in-the-rocking-chair-1883MECEDORA

He comprado un balancín
para todas las tardes
de este invierno inagotable.

El miedo a olvidar
el rostro de los ausentes.

Acostumbrarse a sobrevivir
dosificando la pena.

Sentirse abrumado
por todo y por nada
por recordarte o relegarte.

Pendular entre dos orillas
astillas de la misma tragedia.

Ilustración: Munch, “Aunt Karen in the Rocking Chair” (1883)

Dos poemas de Golondrinas suicidas

ESTATUA EN EL PARQUE

Esta mujer anciana
que circunda cada día
el parque de la gran ciudad
hace añosescala2
amo
sin pasión
a hombres poderosos.

Regentó casas clandestinas
amaso una fortuna incalculable
compró innumerables inmuebles
compartieron sus amantes valiosos secretos
anduvo coqueteando con una logia.

Su único vástago creció
sin que la madre le revelara
el nombre del progenitor.
Un día el hijo se mató
lleno de rencor y para castigarla.

desconsol_de_josep_llimonaElla,
en esta senectud
que no encuentra nunca el final,
descansa
siempre en el mismo banco
contempla la estatua de una joven desnuda
con pechos vigorosos que miran el cielo
recordando
aquel artista en ciernes
esculpiendo su figura
donde ahora anidan las palomas
estremecida al evocar como
recorría su cuerpo entero
acariciando sin tocar
amando sin poseer
memorizando cada poro de su piel.

Reparte la mujer anciana
pan mojado entre las palomas
para que dejen tranquila a la estatua
pudiendo entonces
conversar a solas con
la única persona amiga que le queda viva.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Fotografía de la escultura de Josep Llimona, “desconsol” (1903)

Poema incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

SUBIR LA CUESTA

El viejo marinero en la taberna
apura el décimo vaso de vino
mientras por la ventana
mira como la tormenta descarga con furia
en un mar negro,
teñido de luto,
en esta noche de noviembre
con la madera de los barcos
emitiendo alaridos de auxiliojames-ensor-los-borrachos-1883
similares a los que se oían el día del naufragio.

El viejo marinero que bebe en la taberna
es el único superviviente,
dos hijos y otro joven de la aldea
perecieron,
por imprudencia o impericia,
del capitán,
que regresa a casa
tropezando
con el empedrado de la cuesta,
donde una madre,
loca y muda,
ha cocinado una sopa
que tomará fría
esperando el día definitivo
en el que el sol
no ilumine su tristeza.

Autor: Javier Solé

Ilustración: James Ensor, “los borrachos” (1883)

Poema incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

la infancia (49): la niña perdida. Dos poemas de La casa del silencio

FLABIOL EN EL BOSQUE

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En el bosque de tu infancia
se escucha el sonido del flabiol en Ciutadella
mientras una niña asustada
sortea las raíces agónicas
de los árboles centenarios
reclamando la presencia de alguien conocido.

En el prado
tres figuras
esperan en vano
el regreso de la niña.

Cuando la noche envuelve el bosque
y la flauta descubre el silencio
no queda esperanza,

sólo el desconsuelo
del reencuentro permanente
en la memoria.

Autor: Javier Solé

Fotografía de La Fageda d’en Jordà (La Garrotxa)

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

LABERINTO

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Sólo un niñom-a-r-c-i-n-%e2%80%a2-s-a-c-h-a
es capaz
por curiosidad o desobediencia
de penetrar
sin miedo
en el laberinto.

Al crecer,
ese mismo niño
por cautela o desidia
rehúye
perderse aunque sólo sea un camino.

El adulto sabe que quien gobierna ha cerrado la salida,
un ejército de naipes decapitará a los rebeldes.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

poemas de amor, versos húmedos (59)

john-silver-01No me mires así
no te hagas daño,
soy tan sólo el viajero
que esperabas
y ha llegado hace horas
a la ciudad con puerto
de tus piernas
para inventar la bruma,
la sinrazón urgente
de este muelle,
los vapores de seda,
la mariposa negra de tus medias
cuando vuelan al suelo.

Autor: Fernando Beltrán

Ilustración de john Silver

En una estación del metro

mister-g-cDesventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

Autor: Oschar Hahn

Color manzanaperry-gallagher-02

Otoño en llamas
Tu cuerpo y el mío
Enroscados
Como serpiente
Trepando

Ramas

Ya no hay manzana
Lluvia y tormenta por la mañana.

Autor: José Manuel Camarena Delgado

Fotografía de Perry Gallagher

Fuente original: http://www.lamampara.com/#!Color-manzana/c1q8z/56b342c40cf2062bd4171c79

Para A.P. Kern

Recuerdo aquel instante prodigioso
en el que apareciste frente a mí,
lo mismo que una efímera visión
igual que un genio de belleza pura.

En mi languidecer sin esperanza,
en las zozobras del ruidoso afán,alexander-shubin-06
tu tierna voz se oyó en mi largo tiempo
y soñaba con tus divinos rasgos.

Transcurrieron los años. La agitada
tormenta dispersó los viejos sueños
y al olvido entregué tu tierna voz
así como tus rasgos celestiales.

En cautiverio oscuro y tenebroso
mis días en silencio se arrastraban,
sin la deidad y sin la inspiración,
sin lágrimas, sin vida, sin amor.
Mas ahora que el despertar llegó a mi alma,
y de nuevo apareces ante mí,
lo mismo que una efímera visión
igual que un genio de belleza pura.

Y el corazón me late arrebatado
porque en él nuevamente resucitan
la inspiración y la divinidad
y la vida, y el llanto y el amor.

Autor: Aleksandr Pushkin                                          Ilustración de Alexander SHUBIN

amedeo-bocchi-ritratto-di-bianca-in-rosa-1930A Cristina

Ahora que los años
nos han dado y quitado
a voluntad.
Ahora que los hijos regalan bondad
y su precariedad laboral
nos trae a casa los perros
mientras escamotea los nietos.
Ahora que sin remedio
nuestra belleza se ha mudado
al ático y pasea desnuda
y tranquila a discreción.
Ahora, te siento tan cerca,
que aún a riesgo de pisarte
te voy a pedir este baile,
corazón.

Autor: Vicent Camps

Ilustración: Amedeo Bocchi, “Ritratto di Bianca in rosa” (1930)

TARDE DE AGOSTO EN EL ACANTILADO

 “Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor”

(Antoine de Saint-Exupery)

El transcurso
de los años
en el exiliado
mengua la vista
y la certeza
de retornar a la tierra
donde el cacique
gobierna
los designios de su familia

Algunas tardes de verano,aves
cuando la luz del sol
no daña sus pupilas,
contempla desde el acantilado
las aves que vuelan,
donde el cielo y el mar
se confunden,
cerca del hogar perdido.

Cuando el exiliado
habité un mundo
definitivamente
oscuro
no cesará de cincelar
en su mente el rostro
de la primera muchacha
cuyos labios besómujer-en-las-rocas
albergando la esperanza
que viajé en los barcos
que anuncian
su llegada a puerto.

En la última tarde de estío
las aves que regresan
de la tierra del exiliado
vuelan heridas.

Autor: Javier Solé

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

la infancia (47): Dos poemas de Javier Solé

Infancia robada

guayasmin-madre-y-nino-1986

El cuerpo del recién nacido
agotado por el esfuerzo vano de sobrevivir
reposa inerte
en la mesa del forense,
ovillo dormido en el mármol.
La madre,
desde aquella noche,
donde nacer y morir se suceden
sin respiro
habla con su hijo muerto,
mujer desolada en la cuna vacía.

Niño sin infancia
que camina sin rumbo
en un paraje calcinado
próximo al parque de Pripyat
en las inmediaciones de la central.

Años más tarde,
al enfermar la madre
una sombra vela
cada noche
la agonía.

Una vez muertos
cesará el diálogo
reinará el silencio.

Ilustración: Guayasmin, “Madre y niño” (1986)

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

VIENTO

Un día desapacible
con un viento rebelde
que amenazacromos
boicotear la mañana,
en las escaleras del hospital
un niño delgado sin apenas pelo
cuenta con devota paciencia
los cromos de los futbolistas
que le restan para terminar la colección.

Me pregunto quien la concluirá
cuando el montón de cromos
devorados por el viento
vuelen como los pájaros,
o si el padre conservará
el álbum incompleto toda la eternidad.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)