Retratos de España (220): diario del confinamiento

Mi cuerpo es una trinchera
levantada sobre monitores de oxígeno.
Me dan pastillas rojas por la mañana.
Me dan pastillas azules por la noche.
He tenido pesadillas con niños
que crecen deformes por las copas
de los árboles.
Las placas dicen que tengo una mancha
en el pecho que se extiende como petróleo
sobre un mar de venas blancas.
Hoy han venido las enfermeras
con mascarillas y guantes
y me han dejado una hoja para firmar
mi consentimiento de muerte.
Su baile de máscaras ha dejado
mi cuerpo extenuado.
La tarde se expande por
las ventanas del hospital
como un tsunami de luz.
Mis hijos no pueden venir a verme.
No pueden coger mi mano.
No puedo recibir su corazón en mi puño.
La neumonía ha quebrado las ramas
de mis pulmones septuagenarios.
Tengo a mis bebés recién nacidos
bebiendo la leche agria de mi pecho.
Tengo a mis padres muertos
dando golpes contra mi conciencia.
Mis manos planchan el blanco
de mi vestido de boda
como un conjuro de paz.
Estoy sola. Aislada en una habitación
con los ojos de la nieve trepando
por el rojo de la sangre que escupo.
Tengo miedo de morir esta noche
y no encontrar el camino
correcto para marcharme.

Autor: Ángela Álvarez Sáez

Ilustración: Emma Cano, “Vértigo”

Retratos de España (219): diario del confinamiento

“A menudo los héroes son desconocidos”

(Benjamin Disrael)

El grafitero Banksy ha agradecido el trabajo que realizan en el Reino Unido los sanitarios para combatir la pandemia de covid-19 dedicándoles un nuevo mural, en el hospital general de Southampton (Inglaterra), que muestra a un niño sujetando a una enfermera “superhéroe” de juguete.

En la obra, llamada “Game Changer”, se ve cómo un niño pequeño, vestido con un peto vaquero y una camiseta, está arrodillado al lado de una cesta para tirar papel en la que se ven dos muñecos superhéroes (el Hombre Araña y Batman).

En la imagen, el pequeño sostiene en su mano a una enfermera de juguete del NHS (Servicio público sanitario británico), que tiene un brazo estirado al estilo de Superman cuando se embarcaba en alguna misión heroica y como si estuviera volando.

La enfermera lleva la cara cubierta con una máscara -del estilo de las que se usan ahora para frenar la propagación del coronavirus-, una capa de heroína y un delantal con el emblema de la Cruz Roja (el único elemento de color de la imagen).

 

Retratos de España (217): diario del confinamiento

Me crié en un apartamento pequeño
cuatro paredes no más
cocina dormitorio lavabo
todo junto
sobre la mesita una jaula
pequeña también
dentro un pájaro
que se hacía inmenso
siempre que le abría la puerta

lo contrario que me ocurría a mí
cuando era yo quien salía fuera

Autor: Fer Gutiérrez

Fotografía de Erika Kuhn

Retratos de España (216): diario del confinamiento

LLUVIOSO DOMINGO INFINITO

Que la pandemia iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde. Cuando lleva cinco días bajo arresto, por ejemplo, y empieza a agrietarse la placenta de precario bienestar en la que vive, y a fuerza de frotarse los ojos con las manos bien limpias caen las pitañas y aparece la amenaza, nítida, palpitante y autoritaria como la oscuridad que en un crepúsculo de domingo va tomando, lenta pero firme, posesión de todo.

Aún no he abierto un libro, no he escrito un mal verso. Empecé a ver en Netflix “La trinchera infinita” pero la historia de un tipo que se pasa treinta años de su vida encerrado en un zulo no me pareció lo más apropiado en estos momentos. Me he creído infectado al menos tres veces. Ahora mismo juraría que tengo unas décimas de fiebre.

He pensado en la muerte de soslayo, como quien observa medio cuerpo de un mendigo colgando en un contenedor abierto.

He estado esta mañana releyendo el nuevo libro de poemas que estaba intentando terminar antes de que llegara algún apocalipsis y de repente ha perdido todo el sentido, si es que tenía alguno. Nada tiene ya mucho sentido, y solo han pasado cinco días. Me va a tocar empezar de nuevo.

Enfermar, sobrevivir, serán tan solo las dimensiones del teatro: imaginación, algo de comedia, una pizca de drama, actores capaces. No hace falta tanto. Tal vez le estábamos pidiendo a la vida demasiados efectos especiales.

Espero en los próximos días sacudirme de encima el estado de alarma, acunar el miedo, ponerme manos a la obra. Disfrutar de la edad dorada del meme español.
Hacerme a la idea de que la felicidad es esto: no ser feliz y que no importe. Mientras tanto, no pierdo el tiempo. Cada minuto que paso junto a mis hijos estoy haciendo historia.

Autor: Emilio Martín Vargas

Retratos de España (215): diario del confinamiento


La revolución de los chalecos pijos en el castizo barrio madrileño de Salamanca consiste en salir a manifestarse un ratito por la tarde…

La empleadora que te paga 600 euros como interna, el casero que te echó para alquilar el piso en b&b, y el dueño del restaurante que nunca has visto y que te da de alta 4 horas de las 10 que trabajas han salido a la calle a exigir libertad para seguir explotándote.