ciudades y personas: Piera. Can Bonastre

CASA DE CAMPO DESVALIJADA

Antes del segundo verano
unos pobres han entrado
en la casa de la abuela.

Han robado
el televisor
el transistor
y unas latas de conserva.

Desde que ya no estás
no hemos vuelto
a la casa en el campo.
Falta cloro en la piscina,
no arde leña en la chimenea,
de los árboles frutales no germina nada.

Tus juguetes, tu toalla
y el secreto
que seguro escondías
en el jardín
no se lo han llevado,
según consta en el atestado de la policía.

Somos afortunados,
nos han dejado
lo más valioso.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

Retratos de España (176): el último barco

REPUBLICANO EN LISBOA

En la mesa del café donde te escribo el vintage asecha la última madrugada. Desgrano la geometría del ayer con la urgencia de quien vislumbra utópica la aurora. El Stanbrook vadea escorado el estuario del Tajo. Elvira desciende del tranvía y en sus pómulos damasco cordobés. Eran sus trenzas espigas de trigo. En nuestro huerto portugués crecen las flores del almendro del valle de Guadalest. Y los vítores de los liberados por la Nueve en los Campos Elíseos los reproduce ahora el silencio.

Morir exiliado en una aldea encalada donde conviven la patria que pudo ser con el hombre que perdió gloria y destino y que no reconoce ni reconoció ni hacienda ni rey.

Por el vano de Alfama serpentea el salitre que la brisa aventa. Es el ácido de la nostalgia y en este arrabal de la fatiga la mirada turbada confunde el buque en la ensenada con una golondrina de mar, mientras se superponen al fundido dilatado sobre el campo de Albatera los acordes melancólicos de la viola de un músico que nunca conocí.

Autor: Javier Solé, junio 2019

ciudades y personas: Port-Bou

“Aunque toda la atención se centre en el túnel y en las escaleras que bajan al remolino de agua, la construcción de Karavan está compuesta por otros dos elementos: un viejo olivo y una plataforma de meditación abierta al horizonte”

(Álex Chico, “Un final para Benjamin Walter”)

Fotografía: Memorial de Walter Benjamin, agosto 2018

«Para descubrir el sentido de la vida de un ser humano deberíamos tener la certeza de que podremos asistir a su muerte» (Álex Chico)

ciudades y personas: Lisboa

LISBOA AGOSTO 2016

“El fado es la fatiga del hombre fuerte” (Fernando Pessoa)

“Nuestra única defensa contra la muerte es el amor” (José Saramago)

I

La víspera de la partida
No fui a despedirme.

Un beso furtivo a la madrugada

La llave que gira
en la cerradura de la puerta.

Quedas a solas en silencio.

II

Tu presencia serpentea
este verano en mi memoria.

Estamos construyendo
nuevos recuerdos con tu hermana.

Somos cautelosos.

Ni olvidar demasiado pronto
a quien se ha marchado
ni disipar un destello del presente.

III

Lo sé.

No zigzagueas por Alfama,
En los selfies de Sintra sólo somos tres.
No has viajado en el tranvía 28.

La plaza del Comercio es pequeña sin ti.

IV

La llave que gira
en la cerradura de la puerta.

La casa
custodiada
por una hija
que no abandona la ciudad.

Redescubrir
que la noche es negra
y la muerte eterna.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

calle melancolía

CALLE MELANCOLÍA

“abriendo zanjas de luz a cabezazos

(Ángel Guinda)

Ella al verme ha dibujado una sonrisa sincera y cálida. La mía era un esbozo perturbado. Ella hubiera querido detenerse, abrazarme y besarme. Mi frialdad -o un pudor ante la intemperie- ha devaluado el encuentro a un saludo afectuoso en la distancia.

Al recorrer unos metros me he girado para ver como se alejaba. Era ya la mirada triste de quien se despide sin tener la certeza del reencuentro. He intentado racionalizar mi desasosiego; yo para ella soy el padre de la amiga, ella para mi es el futuro hurtado.

El tiempo conjuga el olvido. No tengo con quien hablar de ti, ni siquiera puedo mencionar tu nombre. Queda el pasado negado en este encuentro fortuito no consumado. Querría evocarte sin que nos hagas daño. Esquivo la compasión sin descubrir que era solidaridad.

Hay quienes son capaces de recordar con ternura pero yo sigo caminando dejando atrás el mundo de los vivos. Te merecías tanto ser feliz.

Autor: Javier Solé, febrero 2018

Ilustración: Vincent Giarrano, “Runes”

Vall d’Inclés

El valle de Incles es uno de los parajes naturales más privilegiados de Andorra. Está situado entre los pueblos de El Tarter y Canillo, y su característica forma de u nos indica su origen glaciar. Abierto al inicio, el valle permite captar de primera mano la belleza del paisaje subalpino, y alpino a medida que nos adentramos. Pastos y bordas dispersas hasta llegar al fondo del valle, con los meandros del río en un paisaje de ensueño.
El agua incólume
discurre contumaz.

Su sonido perpetúa la vida.

Asidero de tu ocaso
el sol de su infancia.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Esther y Laia, mayo del 2004, Vall d’Inclés (Andorra)

la infancia (51): el recuerdo imborrable de los amigos

Un relato que lleva por título “LA ALAMEDA SIN ÁRBOLES”:

La mayoría de los transeúntes son viejos enfundados en un chándal, adquirido en el mercadillo semanal, con el que recorren la alameda desnuda de árboles, en un intento por arañar de su corazón una prórroga a menudo indecorosa, que en su trotar torpe y sin ritmo no deparan nunca en los detalles nimios.

Cada día cruzan la rotonda coronada por una fea estatua en cuya base crece en forma de maleza el déficit presupuestario del municipio que tuvo prisa por adjudicar a un escultor amigo el adorno sin calcular el coste de un sencillo mantenimiento. Es esa misma rotonda donde un joven drogadicto rehabilitado por un hermano mayor carpintero se mató en un absurdo accidente de tráfico. La misma rotonda donde el dibujo de un elefante esculpido con navaja por unos adolescentes custodia mudo las idas y venidas de la hermana de su dueña, como si permaneciera velando no llegue tarde ni se demore en los trayectos más de la cuenta, no sea que la madre empiece a impacientarse por la tardanza de la única hija viva.

2014-03-elefante-plaza-amalvigiaUn elefante perfectamente dibujado por la mano de un estudiante poco premiado académicamente, un artista cuya obra queda agazapada entre la maleza, medio escondida, como si su significado fuera un símbolo de una hermandad secreta.

Los viejos transeúntes que recorren la alameda desnuda de árboles en un invierno perpetuo podrían ver en este pequeño dibujo toda la solidaridad adolescente que ellos olvidaron y no practicaron más que en unas pocas ocasiones que ya ni recuerdan. La solidaridad de aquellos jóvenes que, cargados con las mochilas de libros de texto inútiles que los profesores siguen solicitando para su comodidad pedagógica, caminaban llenos de alegría e ilusiones hacia la casa donde la abuela, los martes y los jueves, les tenía preparado un plato de sopa que todavía hoy sigue desprendiendo su inconfundible aroma de infancia por los recovecos de la escalera.

Autor: Javier Solé, abril 2014

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

 

 

la cocina de Bellvitge

En la víspera de otras navidades mustias la casa anunciaba su propio lamento. Una ola de frío fue la coartada perfecta para que las baldosas comenzarán un éxodo y fueran desprendiéndose de la pared.  El hormigón de Bellvitge, los materiales de pésima calidad empleados por la construcción en la época franquista… Hay arquitectos empeñados en losar las pocas virtudes de estos habitáculos ignorando que la gesta fue -es- la lucha vecinal de los obreros por mejorar las condiciones del barrio y no la pericia de los aparejadores maximizando beneficios.

Se impusieron entonces unas fiestas navideñas siempre tristes y aderezadas ahora por el peligro inminente del desplome. La cinta aislante bloqueó el derrumbe y dio tiempo a evaluar los daños y las alternativas. Al final a la reforma parcial se impuso una remodelación entera de la cocina, incluso la mayoría de los electrodomésticos.

Esa cocina que los albañiles han desmontado tenía veinte años y si por mí fuera hubiera durado otros veinte. En esa cocina hemos desayunado cientos de veces; en las paredes los dibujos de mis hijas y una foto de Esther y Laia que su madre los últimos tres años ha enmarcado con las pegatinas de la fruta, a modo de artesanal paspartú.

2013-10-laia-desayunandoAyer acabaron la cocina nueva pero sólo la miramos de reojo y con escaso interés. Sólo es una cocina. No pueden estos muebles relucientes borrar el pasado. Tampoco pueden evitar que piense que una de mis hijas no los ve, ni sentir la ilusión que ella experimentaría con una campana extractora nueva o una vitrocerámica más moderna.

Este desayuno es ya imposible. Conservo su taza y pongo mucho cuidado en no romper la mía. Pero ni el hule, ni las baldosas, ni la cenefa de la tetera, ni la niña. Nada de cuanto he enumerado puede volver a ser retratado.

Autor: Javier Solé, febrero 2016

Fotografía: Laia, octubre 2013