la última tarde del mes de agosto

La última tarde del mes de agosto una lacónica melancolía invade los viñedos.

Estamos mudando de forma imperceptible y el ahora es ya el ayer y el mañana una daga en los recuerdos.

Hace ya muchos días que los vencejos han huido. Aquellas nubes, plañideras de un hechizo proscrito. En esta lluvia de la última tarde del mes de agosto el embrión de un quebranto. Pronto el camino será un lodazal impracticable.

La última tarde del mes de agosto el retorno de la infancia reflecta nuestras voces en los charcos.

Bienaventurados los mudos que me siguen hablando.

Autor: Javier Solé, agosto 2021

Fotografía: viñedos de Can Bonastre (Piera) (Anoia)

yo y los demás (144): papá

PAPÁ

Asomar la cabeza por la ventana y contemplar como mi padre avanza poco a poco por la calle al encuentro del primero de los autobuses, de regreso a casa después de comer. Ha recorrido la ciudad entera de punta a punta para venir este mediodía a comer conmigo el menú diario en una taberna del extrarradio con mantel y servilleta de papel.

Una vez al año -siempre en jueves, por la paella- con los restos de los tickets que en el trabajo me proporcionaban le invitaba al ágape. En mi fuero interno yo le reprochaba su interés por verme sólo cuando era gratis. Fuimos siempre dos desconocidos.

Cuando mamá falleció empezó a visitarme más a menudo, casi cada mes. Siempre en jueves, por la paella. Y empezó también a pagar estos banquetes cercenados por el tiempo y el regreso apresurado a la oficina. Debía emprender casi una expedición con tres autobuses diferentes para llegar desde su minúsculo piso de divorciado -ese que no llegué a visitar ni media docena de veces en veinte años- hasta las torres de la oficina donde yo malgastaba la existencia con absurdos asientos contables. Entonces no sabía -aunque lo intuía- que encontraba -o buscaba- papá en aquella hora y poco que compartíamos. Este mediodía vuelvo a evocar mi ternura al observar como mi padre camina con fragilidad y delicadeza -la elegancia de quienes acompañan a la soledad- mientras espero la llegada de mi única hija y leo en el último verso de un poema “leve sombra fugaz sobre la tierra” y pienso en él, en mi padre, y en su andadura vacilante y en todos los hombres humildes con los que un instante de compañía es toda la eternidad.

Autor: Javier Solé, marzo 2021

Ilustraciones de Lennart Jirlow

ciudades y personas (XIII): L’Hospitalet de Llobregat. Estación de Bellvitge

ANDÉN VACÍO

Huyo de tu ausencia
Y no dejo de soñarte.

Apareces
en el parque, en el paseo,
en la orilla de la playa
en los pasillos del supermercado.

Pero estás enferma
y no me hablas.
Ni sonríes.

En el andén del suburbano no estás tú.

Imposible ya imaginar otro final.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

las cuatro estaciones (136): invierno. Copos de nieve en Dakar

Los copos de nieve que imagino recomponen la tarde. Y mi vida. Tiempo de nostalgia en estos crepúsculos deliberadamente deshabitados. Hace años abandoné la casa de mis padres. No construyo un futuro en este continente. Me limito a vivir el presente. No estoy huyendo del pasado, sólo afrontó las heridas con aplomo. Pero ahora, hoy, los recuerdos de diciembre en Barcelona dibujan un muñeco de nieve. Mi hermana con una rama muy delgada y frágil inventa las manos, yo concibo los ojos con dos nueces y mi padre idea con una zanahoria la nariz. No es un muñeco perfecto. Ni siquiera puede permanecer erguido más de media hora.

Habita mi memoria de diciembre un árbol y un pesebre de cartón. Al establo le faltan el niño y el buey; el churumbel yantar del cabestro, a la bestia le degüellan los pastores. Conservo la última carta de mi hermana, fragmentos de juguetes rotos que ya nadie ha querido reparar, calcetines horadados de mi madre que ya nunca enmendó.

Puedo, a cuatro mil cuatrocientos setenta y cuatro kilómetros de distancia, esbozar una imagen de mi hogar.

En el paseo parpadean las luces. El viento musita un villancico fúnebre. El redoble de campanas, inaudible. Dos viejos caminan juntos. A uno le duele el corazón, a la otra le devora la tristeza. Van juntos camino de la muerte. Solos.

Autor: Javier Solé, diciembre 2018

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

Retratos de España (210): diario del confinamiento

“lo que probablemente él no sabe es que no daría yo por una tarde de fútbol en Sarriá con su mano alborotando mi pelo mientras festeja un gol de Esnaola en propia meta”

(Fragmento del relato “Tarde de fútbol en Sarriá”)

Se conocieron una verbena de Sant Joan; ella tenía quince años, él unos pocos más. Ella era la mayor de las tres hermanas de mi padre y mi abuelo un indiano del Penedés al que las finanzas se le fueron de las manos. Él uno de los tres varones de un comisario adicto al régimen en la España más negra. Tuvieron un noviazgo largo -en aquella posguerra de hambre ubérrima y sexo parvo- con dos mil quinientos cincuenta y cinco días y ninguna noche aunque luego se desquitaron en el seiscientos y Marlon Brando en Perpignan les instruyera en las utilidades de la mantequilla. No discutieron casi nunca de política; ella provenía de una familia catalanista y de izquierdas, él ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.

Ella se llama Marta. Él, hasta ayer, se llamaba Antonio.

Han tenido tres hembras; Marta, Silvia y Virginia. Yo iba con él al fútbol algunos domingos de mi infancia. Mi madre siempre agradecía a mi tío Antonio que ofreciera sangre para un hermano mío que murió con cuarenta días en 1955, seis años antes de que yo naciera. Y también las gestiones del padre de Antonio para aliviar el encarcelamiento de dos hermanos de mi madre presos en el Castillo de Montjuic por rojos.

También le agradece, supongo, que intercediera para que me dieran trabajo en la multinacional donde él trabajaba, allá por el año 1985. Un año más tarde, con 58 años de edad, tuvo un ictus. Perdió el habla y la movilidad. Ha pasado así los últimos treinta y cuatro años de su existencia, mudo e impedido. Un tercio de su vida. Ayer tenía 93 años.

Marta, positiva y asintomática, recluida en su habitación del centro sanitario me recodaba hoy que yo era su sobrino favorito; tal vez el cuarto hijo -ese varón con el que los tradicionalistas como él sueñan-.

Estas son las exiguas exequias de esta pandemia.

Autor: Javier Solé, abril 2020

Más información:

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2013/04/28/tarde-de-futbol-en-sarria/

ciudades y personas: Piera. Can Bonastre

CASA DE CAMPO DESVALIJADA

Antes del segundo verano
unos pobres han entrado
en la casa de la abuela.

Han robado
el televisor
el transistor
y unas latas de conserva.

Desde que ya no estás
no hemos vuelto
a la casa en el campo.
Falta cloro en la piscina,
no arde leña en la chimenea,
de los árboles frutales no germina nada.

Tus juguetes, tu toalla
y el secreto
que seguro escondías
en el jardín
no se lo han llevado,
según consta en el atestado de la policía.

Somos afortunados,
nos han dejado
lo más valioso.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

Retratos de España (176): el último barco

REPUBLICANO EN LISBOA

En la mesa del café donde te escribo el vintage asecha la última madrugada. Desgrano la geometría del ayer con la urgencia de quien vislumbra utópica la aurora. El Stanbrook vadea escorado el estuario del Tajo. Elvira desciende del tranvía y en sus pómulos damasco cordobés. Eran sus trenzas espigas de trigo. En nuestro huerto portugués crecen las flores del almendro del valle de Guadalest. Y los vítores de los liberados por la Nueve en los Campos Elíseos los reproduce ahora el silencio.

Morir exiliado en una aldea encalada donde conviven la patria que pudo ser con el hombre que perdió gloria y destino y que no reconoce ni reconoció ni hacienda ni rey.

Por el vano de Alfama serpentea el salitre que la brisa aventa. Es el ácido de la nostalgia y en este arrabal de la fatiga la mirada turbada confunde el buque en la ensenada con una golondrina de mar, mientras se superponen al fundido dilatado sobre el campo de Albatera los acordes melancólicos de la viola de un músico que nunca conocí.

Autor: Javier Solé, junio 2019

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

ciudades y personas: Port-Bou

“Aunque toda la atención se centre en el túnel y en las escaleras que bajan al remolino de agua, la construcción de Karavan está compuesta por otros dos elementos: un viejo olivo y una plataforma de meditación abierta al horizonte”

(Álex Chico, “Un final para Benjamin Walter”)

Fotografía: Memorial de Walter Benjamin, agosto 2018

«Para descubrir el sentido de la vida de un ser humano deberíamos tener la certeza de que podremos asistir a su muerte» (Álex Chico)

ciudades y personas: Lisboa

LISBOA AGOSTO 2016

“El fado es la fatiga del hombre fuerte” (Fernando Pessoa)

“Nuestra única defensa contra la muerte es el amor” (José Saramago)

I

La víspera de la partida
No fui a despedirme.

Un beso furtivo a la madrugada

La llave que gira
en la cerradura de la puerta.

Quedas a solas en silencio.

II

Tu presencia serpentea
este verano en mi memoria.

Estamos construyendo
nuevos recuerdos con tu hermana.

Somos cautelosos.

Ni olvidar demasiado pronto
a quien se ha marchado
ni disipar un destello del presente.

III

Lo sé.

No zigzagueas por Alfama,
En los selfies de Sintra sólo somos tres.
No has viajado en el tranvía 28.

La plaza del Comercio es pequeña sin ti.

IV

La llave que gira
en la cerradura de la puerta.

La casa
custodiada
por una hija
que no abandona la ciudad.

Redescubrir
que la noche es negra
y la muerte eterna.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)