el aprendiz de brujo (388): los hombres ciegos

logan-zillmer-02Portadores de la luz
y sin embargo ciegos,
avanzan con la espesa
y untuosa baba de la soledad
pegada a sus alas.
Los hombres se abren paso
a tientas.

Autor: Begoña Abad

Fotografía de Logan Zillmer

Anuncis

Joan de la Vega versus Marianne von Werefkin

VALLE

Contemplas el valle
que se postra ante ti

Un valle concede
Infinitos indicios
por donde sucumbe
la eternidad.

Autor: Joan de la Vega

Ilustración: Marianne von Werefkin, “Man with Flock of Sheep” (1910)

EXTRAÑOS

Un extraño
varado en azul
se encarama
sobre la cresta
de las altas cimas

Las nubes más densas
queman sus racimos
exprimen helechos
de barro

rebosan las huellas
centellea la herida

nubes del silencio
espectros tallados.

Autor: Joan de la Vega

Ilustración: Marianne von Werefkin, “Factory Town The Way Home” (1912)

Joan Brossa versus Bernard Buffet

Els pallassos tenen aquesta cara
blanca amb el nas vermell; t’has
de fitxar també en la mitja llàgrima
negra pintada a l’ull esquerre.

Jo sabia d’un pallasso que es pintava
a l’aquarel·la. Mirat des de prop
feia efecte; però des de lluny
perdia molt.

Autor: Joan Brossa

Ilustración: Bernard Buffet, “Clown au chapeau vert” (1998)


Una ratlla,
una coma.
dos puntos.

Però aquí
ni ratlla
ni punt
ni res.

Autor: Joan Brossa

Ilustración: Bernard Buffet, “Homme nu dans la chambre” (1948)

José María Mico versus Van Gogh

Salgo al camino que conduce al campo.
El agua forma nudos,
la tierra se confunde con el fuego,
el fuego busca el aire
y el aire, empedernido,
ya no rompe el silencio.
Todas las cosas que el azar a tiendas
puso en mi mano
están sobre el camino.
No sé si habrá vencejo que las una
ni si traerá esperanza
tu sombra erguida entre los cipresales.

Autor: José María Micó

Ilustración: Van Gogh, “Thatched Cottages in the Sunshine Reminiscence of the North” (1890)

La tarde difumina el perfil de las horas
y empuja a un hombre a caminar de vuelta.
El barro ha deslucido sus abarcas
y unas pisadas de repente oscuras
agrandan a su vista la pared conocida.
El hombre llega a casa.
Fuera de este recinto amurallado,
pronto el relente cuajará en escarcha;
más allá de esta puerta,
La noche, sin perfil, tapia las sombras.
El tiempo es una ristra de capachos húmedos.

Autor: José María Micó

Ilustración: Van Gogh, “Paisaje al atardecer” (1885)

Del poemario “Camino de Ronda” (1998)

casas. Poemas de Javier Solé

FAVELAS DE COLORES

Pintar las favelas
de vivos coloresbuildingspaintcolorsfavelariodejaneirocolorinspiration-c41b8718acb59955a5404174b0637a88_h
no mejora la vida de sus moradores
permite a turistas frívolos
instantáneas alegres.

Y si es menester
se suprime el hambre
se retoca el miedo
se mejoran los contrastes
de la casa de los pobres
en estampas para ricos.

Los especuladores inmobiliarios
proponen al consistorio
un nuevo paraíso.

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

LA CASA DE LOS FAMOSOS

La obscenidad
con la que
ricos y famosos
muestran sus casas
estimula actos
de justicia social
que el código penal
censura
pero que la razón
aplaude.

Repartiremos riqueza
o compartiremos sufrimiento.

Quien roba a un ladrón
no necesita ningún perdón.

El saqueo en las urbanizaciones
equivale al expolio en los barrios.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Egon Schiele, “casa con ropa tendida” (1917)

La gran urbe nunca atrajo a Schiele, que siempre prefirió vivir en pueblos pequeños del campo. En obras como éstas observa su apego por los entornos humildes habitados por gentes sencillas. Pese al tono general apagado la presencia multicolor de la ropa tendida introduce un soplo de vida y una nota de ternura que se aparta de la atmósfera desolada dominante en la mayoría de las ciudades muertas.

El encanto visual de estas animadas fachadas, con sus ventanas de colores, y las ropas colgadas al aire, fueron sin duda el estímulo para pintar este cuadro excepcionalmente jovial. No hay seres humanos pero no tiene uno la impresión de encontrarse en una ciudad muerta.

las cuatro estaciones (63): invierno. Dos poemas de Javier Solé

NIÑA, GATO Y VENTANA

deineka-nina-en-la-ventana-invierno-1933

Es invierno.

Una niña asomada a la ventana
mira el frío
sin sentir el rocío de la mañana.

Contempla un mundo inmóvil
junto a un gato arisco
que araña las piernas
de la niña
cuando por las noches
oscurece y no hay luces encendidas.

La casa está vacía.

La niña no respira.

El gato es negro.

Hay vivos que no saben que están muertos.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Deineka, “Niña en la ventana. Invierno” (1933)

El pintor soviético Aleksandr Deineka se aleja de su habitual estilo enérgico y contundente para crear este cuadro de doble título: Niña en la ventana. Invierno.

Todo en este lienzo está construido sobre un fuerte contraste entre el exterior helado y el cálido interior: las rápidas pinceladas con las que se aboceta el paisaje frente al mayor detalle con que se plasma la habitación; los colores fríos del mundo de fuera frente a la gama de ocres desplegada en torno a la protagonista humana y su mascota.

munch-aunt-karen-in-the-rocking-chair-1883MECEDORA

He comprado un balancín
para todas las tardes
de este invierno inagotable.

El miedo a olvidar
el rostro de los ausentes.

Acostumbrarse a sobrevivir
dosificando la pena.

Sentirse abrumado
por todo y por nada
por recordarte o relegarte.

Pendular entre dos orillas
astillas de la misma tragedia.

Ilustración: Munch, “Aunt Karen in the Rocking Chair” (1883)

las cuatro estaciones (62): invierno. Primeros fríos

blay2Un anciano y una niña están sentados en un banco con expresión de sufrimiento. La niña se apoya sobre el hombro del hombre, que intenta consolarla.

La escultura muestra dos personas, un hombre mayor y una niña, seguramente abuelo y nieta, sentados en un banco de piedra. La niña parece buscar la protección del hombre. En la versión de mármol los personajes aparecen desnudos, hecho que dramatiza más la escena, y contrastan aún más la dureza del cuerpo del hombre con las líneas más suaves de la niña. En cambio, en la versión de bronce, las figuras están vestidas y transmiten más sensación de orgullo y el contraste es más claro en los dos rostros, exageradamente detallado el del anciano y dulcemente difuminado el de la niña.

El hombre tiene barba y mirada de resignación. La espalda curvada, las rodillas juntas y las manos unidas transmiten el frío del tiempo. El gesto de la niña es tierno y lleno de amor, mirando el hombre. Él, en cambio mira el infinito, dónde se encuentra el espectador. Un detalle que muestra lo indefensa que se encuentra la niña y contribuye a expresar ternura el hecho de que los pies no le lleguen al suelo. Las piernas también están muy juntas para protegerse mejor del frío, pero además están en dirección al hombre, como si buscaran su calor.

“Los primeros fríos” supera la simple consideración de escultura anecdótica para reflejar una metáfora de la vulnerabilidad del ser humano en las dos etapas cruciales de su existencia: la infancia y la vejez. La finalidad que perseguía el artista catalán era invitar al espectador a reflexionar sobre las dificultades y la crudeza de la vida. El anciano tiene músculos robustos que hacen pensar en la fortaleza y el trabajo de los años de juventud. Ahora su mirada es triste y resignada. asumiendo la debilidad o la derrota. La niña, en cambio, delicada y tierna, muestra una actitud de indefensión y temor. La desnudez de ambos personajes contribuye a dar mayor credibilidad a este mensaje lleno de simbolismo.

Conjunto escultórico “Los primeros fríos”, de Miquel Blay (1892)

Dos poemas de Luis Cernuda con pinturas Gregorio Prieto Muñoz

JARDÍN ANTIGUO

Ir de nuevo al jardín cerrado,
Que tras los arcos de la tapia,
Entre magnolios, limoneros gregorio-prieto-munoz-ruinas-de-taormina-1939
Guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio
Vivo de trinos y de hojas,
El susurro tibio del aire
Donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo
A lo lejos, la torre esbelta
Tal flor de luz sobre las palmas:
Las cosas todas siempre bellas.

Sentir otra vez, como entonces,
La espina aguda del deseo,
Mientras la juventud pasada
Vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “Ruinas de Taormina” (1939)

Los marineros son las alas del amor

Los marineros son las alas del amor,
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.
gregorio-prieto-munoz-marineros-1947
La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “marineros” (1947)

gregorio-prieto-munoz-retrato-de-luis-cernuda-1939Gregorio Prieto Muñoz (1897-1992), pintor español oriundo de Valdepeñas, perteneciente a la Generación de 27. Estudió pintura a escondidas de su padre, que no aprobaba esta devoción. Así pudo inscribirse en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1919 realizó su primera exposición en el Ateneo de Madrid.

Al principio su temática se reducía al paisaje, a la naturaleza muerta y al retrato, tratados de una forma cercana al impresionismo. Pero su contacto con la Generación del 27 lo marcaría profundamente. En esta etapa conoce a Federico García Lorca, Luis Cernuda y Vicente Alexandre.

En 1928, gracias a una beca, viaja a Roma, donde permanece hasta 1932. En esta ciudad crea sus mejores obras pictóricas: Serie de los maniquíes y cuadros greco-romanos. En la primera, se traduce la influencia de Giorgio de Chirico. Escenas de maniquíes andróginos entrelazados que traslucen una sexualidad reprimida. Al igual que, en la segunda, marineros y personajes romanos pueblan ruinas clásicas en una actitud ambigua. Se trata la temática homosexual de una forma hasta entonces inédita en la pintura española.

Ilustración: Gregorio Prieto-Muñoz, “Retrato de Luis Cernuda” (1939)

Poemas de Ángela Comajuncosas con pinturas de Ben Fenske

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GALTES FLORIDES

De tu, en vaig aprendre
el bon costum de plorar
cada dia una mica
per buidar els ulls poc a poc
i mantenir la mirada cristal·lina.

La gent de galtes humides
sabem tenir
la pluja per amiga.

Fuente original:

http://arracadesdecirera.blogspot.com.es/2016/04/galtes-florides.html

JO TAN BÉ

ben-fenske-04Crec
que m’estimes més
quan no sóc teva.
Quan em veus fumant al sol,
el llibre obert
i els ulls tancats.
Quan abraço la tassa de cafè
amb les dues mans
a l’altre cantó de la taula
i ric tranquil·la
i m’amanyago els cabells
i em sobren dits.
T’agrado més
quan no sóc teva,
quan t’estimo
però no t’ho dic.

“Jo també”
ara et diria,
m’estimo més
quan et somric.

Fuente original: http://arracadesdecirera.blogspot.com.es/2016/02/crec-que-mestimes-mes-quan-no-soc-teva.html