casas. Poemas de Javier Solé

FAVELAS DE COLORES

Pintar las favelas
de vivos coloresbuildingspaintcolorsfavelariodejaneirocolorinspiration-c41b8718acb59955a5404174b0637a88_h
no mejora la vida de sus moradores
permite a turistas frívolos
instantáneas alegres.

Y si es menester
se suprime el hambre
se retoca el miedo
se mejoran los contrastes
de la casa de los pobres
en estampas para ricos.

Los especuladores inmobiliarios
proponen al consistorio
un nuevo paraíso.

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

LA CASA DE LOS FAMOSOS

La obscenidad
con la que
ricos y famosos
muestran sus casas
estimula actos
de justicia social
que el código penal
censura
pero que la razón
aplaude.

Repartiremos riqueza
o compartiremos sufrimiento.

Quien roba a un ladrón
no necesita ningún perdón.

El saqueo en las urbanizaciones
equivale al expolio en los barrios.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Egon Schiele, “casa con ropa tendida” (1917)

La gran urbe nunca atrajo a Schiele, que siempre prefirió vivir en pueblos pequeños del campo. En obras como éstas observa su apego por los entornos humildes habitados por gentes sencillas. Pese al tono general apagado la presencia multicolor de la ropa tendida introduce un soplo de vida y una nota de ternura que se aparta de la atmósfera desolada dominante en la mayoría de las ciudades muertas.

El encanto visual de estas animadas fachadas, con sus ventanas de colores, y las ropas colgadas al aire, fueron sin duda el estímulo para pintar este cuadro excepcionalmente jovial. No hay seres humanos pero no tiene uno la impresión de encontrarse en una ciudad muerta.

las cuatro estaciones (63): invierno. Dos poemas de Javier Solé

NIÑA, GATO Y VENTANA

deineka-nina-en-la-ventana-invierno-1933

Es invierno.

Una niña asomada a la ventana
mira el frío
sin sentir el rocío de la mañana.

Contempla un mundo inmóvil
junto a un gato arisco
que araña las piernas
de la niña
cuando por las noches
oscurece y no hay luces encendidas.

La casa está vacía.

La niña no respira.

El gato es negro.

Hay vivos que no saben que están muertos.

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Deineka, “Niña en la ventana. Invierno” (1933)

El pintor soviético Aleksandr Deineka se aleja de su habitual estilo enérgico y contundente para crear este cuadro de doble título: Niña en la ventana. Invierno.

Todo en este lienzo está construido sobre un fuerte contraste entre el exterior helado y el cálido interior: las rápidas pinceladas con las que se aboceta el paisaje frente al mayor detalle con que se plasma la habitación; los colores fríos del mundo de fuera frente a la gama de ocres desplegada en torno a la protagonista humana y su mascota.

munch-aunt-karen-in-the-rocking-chair-1883MECEDORA

He comprado un balancín
para todas las tardes
de este invierno inagotable.

El miedo a olvidar
el rostro de los ausentes.

Acostumbrarse a sobrevivir
dosificando la pena.

Sentirse abrumado
por todo y por nada
por recordarte o relegarte.

Pendular entre dos orillas
astillas de la misma tragedia.

Ilustración: Munch, “Aunt Karen in the Rocking Chair” (1883)

las cuatro estaciones (62): invierno. Primeros fríos

blay2Un anciano y una niña están sentados en un banco con expresión de sufrimiento. La niña se apoya sobre el hombro del hombre, que intenta consolarla.

La escultura muestra dos personas, un hombre mayor y una niña, seguramente abuelo y nieta, sentados en un banco de piedra. La niña parece buscar la protección del hombre. En la versión de mármol los personajes aparecen desnudos, hecho que dramatiza más la escena, y contrastan aún más la dureza del cuerpo del hombre con las líneas más suaves de la niña. En cambio, en la versión de bronce, las figuras están vestidas y transmiten más sensación de orgullo y el contraste es más claro en los dos rostros, exageradamente detallado el del anciano y dulcemente difuminado el de la niña.

El hombre tiene barba y mirada de resignación. La espalda curvada, las rodillas juntas y las manos unidas transmiten el frío del tiempo. El gesto de la niña es tierno y lleno de amor, mirando el hombre. Él, en cambio mira el infinito, dónde se encuentra el espectador. Un detalle que muestra lo indefensa que se encuentra la niña y contribuye a expresar ternura el hecho de que los pies no le lleguen al suelo. Las piernas también están muy juntas para protegerse mejor del frío, pero además están en dirección al hombre, como si buscaran su calor.

“Los primeros fríos” supera la simple consideración de escultura anecdótica para reflejar una metáfora de la vulnerabilidad del ser humano en las dos etapas cruciales de su existencia: la infancia y la vejez. La finalidad que perseguía el artista catalán era invitar al espectador a reflexionar sobre las dificultades y la crudeza de la vida. El anciano tiene músculos robustos que hacen pensar en la fortaleza y el trabajo de los años de juventud. Ahora su mirada es triste y resignada. asumiendo la debilidad o la derrota. La niña, en cambio, delicada y tierna, muestra una actitud de indefensión y temor. La desnudez de ambos personajes contribuye a dar mayor credibilidad a este mensaje lleno de simbolismo.

Conjunto escultórico “Los primeros fríos”, de Miquel Blay (1892)

Dos poemas de Luis Cernuda con pinturas Gregorio Prieto Muñoz

JARDÍN ANTIGUO

Ir de nuevo al jardín cerrado,
Que tras los arcos de la tapia,
Entre magnolios, limoneros gregorio-prieto-munoz-ruinas-de-taormina-1939
Guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio
Vivo de trinos y de hojas,
El susurro tibio del aire
Donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo
A lo lejos, la torre esbelta
Tal flor de luz sobre las palmas:
Las cosas todas siempre bellas.

Sentir otra vez, como entonces,
La espina aguda del deseo,
Mientras la juventud pasada
Vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “Ruinas de Taormina” (1939)

Los marineros son las alas del amor

Los marineros son las alas del amor,
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.
gregorio-prieto-munoz-marineros-1947
La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “marineros” (1947)

gregorio-prieto-munoz-retrato-de-luis-cernuda-1939Gregorio Prieto Muñoz (1897-1992), pintor español oriundo de Valdepeñas, perteneciente a la Generación de 27. Estudió pintura a escondidas de su padre, que no aprobaba esta devoción. Así pudo inscribirse en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1919 realizó su primera exposición en el Ateneo de Madrid.

Al principio su temática se reducía al paisaje, a la naturaleza muerta y al retrato, tratados de una forma cercana al impresionismo. Pero su contacto con la Generación del 27 lo marcaría profundamente. En esta etapa conoce a Federico García Lorca, Luis Cernuda y Vicente Alexandre.

En 1928, gracias a una beca, viaja a Roma, donde permanece hasta 1932. En esta ciudad crea sus mejores obras pictóricas: Serie de los maniquíes y cuadros greco-romanos. En la primera, se traduce la influencia de Giorgio de Chirico. Escenas de maniquíes andróginos entrelazados que traslucen una sexualidad reprimida. Al igual que, en la segunda, marineros y personajes romanos pueblan ruinas clásicas en una actitud ambigua. Se trata la temática homosexual de una forma hasta entonces inédita en la pintura española.

Ilustración: Gregorio Prieto-Muñoz, “Retrato de Luis Cernuda” (1939)

Poemas de Ángela Comajuncosas con pinturas de Ben Fenske

ben-fenske-05

GALTES FLORIDES

De tu, en vaig aprendre
el bon costum de plorar
cada dia una mica
per buidar els ulls poc a poc
i mantenir la mirada cristal·lina.

La gent de galtes humides
sabem tenir
la pluja per amiga.

Fuente original:

http://arracadesdecirera.blogspot.com.es/2016/04/galtes-florides.html

JO TAN BÉ

ben-fenske-04Crec
que m’estimes més
quan no sóc teva.
Quan em veus fumant al sol,
el llibre obert
i els ulls tancats.
Quan abraço la tassa de cafè
amb les dues mans
a l’altre cantó de la taula
i ric tranquil·la
i m’amanyago els cabells
i em sobren dits.
T’agrado més
quan no sóc teva,
quan t’estimo
però no t’ho dic.

“Jo també”
ara et diria,
m’estimo més
quan et somric.

Fuente original: http://arracadesdecirera.blogspot.com.es/2016/02/crec-que-mestimes-mes-quan-no-soc-teva.html

Poemas de Eduardo Mazo con pinturas de Guy Pene du Bois

DESCARTE

Mientras lees este poema,
amigo,
lentamente los hombres van muriendo
de hambre,Guy Pene du Bois - 11
de sed,
de soledad,
de vértigo,
de cancelas hirsutas,
de amor,
de esperas,
de encuentros,
de locura,
y de miedo
De todas estas muertes,
las del hambre y la sed
tienen remedio.

Autor: Eduardo Mazo

Ilustración de Guy Pene du Bois

 

BUENAS COSTUMBRESGuy Pene du Bois - 06

Las viejas inglesas
cuidan de sus gatos con afectación admirable.
Las de Kenia, por el contrario,
-viejas negras, desnudas, analfabetas y salvajes
que desconocen el té de las cinco-
se los comen.

Autor: Eduardo Mazo

Ilustración de Guy Pene du Bois

Retratos de España (100): cenas con hambre

Un relato de Eduardo Galeano, titulado “GUERRAS CALLADAS” con el contrapunto de la pintura de Angela Santos:

Angela Santos - cena familiar (1930)

“Hoy es el día de la pobreza. La pobreza no estalla como las bombas, ni suena como los tiros. De los pobres, sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué
no votan, en qué no creen. Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres.
¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?”

Autor: Eduardo Galeano

Ilustración: Angela Santos, “cena familiar” (1930)

El éxito alcanzado por el cuadro Un mundo (1929) supuso un punto de inflexión tanto en la trayectoria plástica como en la vida personal de Ángeles Santos. El contacto de esta con intelectuales y artistas, fundamentalmente en Madrid aunque también a veces en Valladolid, su lugar de residencia actúa como revulsivo que fomenta en ella el afán por la lectura, junto a una inusitada, casi febril, actividad artística. Josep Casamartina precisa cómo la incipiente pintora vive entonces en constante conflicto, generado por la confrontación entre esas ansias de conocer y experimentar las nuevas corrientes de vanguardia y las vivencias cotidianas del ambiente cerrado de una ciudad de provincias. Tal situación se hace extensiva incluso a las relaciones familiares de Santos, como resalta el propio Casamartina: «Fruto de este conflicto es el cuadro Familia cenando, también titulado Familia y Cena familiar, pintado seguramente después del Salón de Otoño de 1929. La influencia de las pinturas negras de Goya es patente en esta obra. Los miembros de una familia burguesa, en este caso la suya, con servicio y cocinera, se convierten en unos brutos hambrientos que comen compulsivamente, amontonados alrededor de una mesa humilde y escasa. La madre de Angelita, una señora fina y elegante que tocaba el piano, se transforma en un monstruo con gesto de cretina que come patatas enteras con las manos, igual que una de las niñas, que la imita como un pequeño chimpancé. El lienzo es de gran formato, impecablemente resuelto y nítido a pesar de su fuerte intención expresiva, casi exagerada». En efecto, el influjo de las pinturas de la Quinta del Sordo se traduce aquí en exacerbada crítica, que Santos compatibiliza con un marcado sentido de la caricatura, dando como resultado una escena cercana a las más ácidas composiciones del alemán George Grosz.

amores cotidianos (136): los mil rostros de la misma mujer

mirada mujer

“No hay nada que un hombre no sea capaz de hacer cuando una mujer le mira.” 

(Alejandro Casona)

Soy mujer, y estoy
incendiada de poesía
Es justo que presuma.

(Renaciendo en verso)

“Te lo diré a silencios, a gritos no te enteras

No es silencio es dolor de palabras”

(La Chica Metáfora)

La guerra (Marc Chagall, 1966)

“La causa de las guerras es la codicia de los poderosos cimentada en el fanatismo de los ignorantes. Unos y otros invocan a sus dioses, pero sólo les mueve la codicia, la mezquina ambición, la obsesión por rapiñar los bienes del contrario. En esta lucha, a la que he asistido toda mi vida, no espero ni deseo la victoria de ninguno. Yo no tengo patria, ni creo en Dios alguno. Los reinos de la tierra, los imperios, las provincias y las tribus me son indiferentes. Alquilo mi espada y me acomodo al que me da el yantar, y cuando me hieda la vida, por mi manos acabaré lo que otros no pudieron”

 (Juan Eslava Galán: “Últimas pasiones del caballero Almafiera”)

 En “La guerra” Marc Chagall retrata de manera descarnada los horrores de la guerra. El cielo oscurecido por el humo, refugiados desaliñados y la nieve sucia; el único toque de brillo lo proporcionan las llamas. El hombre de la cruz está en un extremo del cuadro, semioscurecido por el humo y rodeado de siluetas aterrorizadas y desesperadas. El chivo que refugia a dos amantes y al niño puede representar un pequeño vislumbramiento de esperanza.

el aprendiz de brujo (110): la imaginación y lo imposible

caminar en el borde de la acera

“Sean realistas: pidan lo imposible”

“La imaginación al poder.”

(Graffittis mayo 68)

Meissoner - la barricada (1848)

“Testimoni artístic i protagonista en primera persona, el pintor francès Ernest Meissonier (1815-1891), capità d’artilleria de la Guàrdia Nacional encarregada d’esclafar la Revolució de 1848, va ser un observador privilegiat de la repressió de la insurgència popular en una barricada aixecada al costat de l’Hotel de Ville de París. Al quadre La barricada del carrer Mortellerie (La Barricade, rue de la Mortellerie, 1851) ens deixa el seu testimoni:

Quan el vaig pintar encara em trobava sota la terrible impressió de l’espectacle que acabava de veure […]. Aquestes coses entren a l’ànima de qui les reprodueix […]. He assistit a l’esdeveniment en tot el seu horror, soc testimoni de la matança dels revoltats, el cadàvers dels quals, afusellats i llançats per les finestres, cobrien les llambordes mentre la seva sang, que seguia brollant, tintava el terra de vermell.

La imatge, tot i ser la visió d’un pintor conservador que va participar de la repressió, ens presenta els fets amb cruesa, amb realisme. La cara de la mort esdevé protagonista dramàtic. No existeixen ornaments que justifiquin o edulcorin l’escena. Tampoc existeixen els herois, només el poble anònim esclafat. En primer pla destaca un cadàver. Va vestit amb els colors de la nació: blau, blanc i vermell. Aquest mort és el símbol que dóna força i caràcter al quadre: és la nació francesa dessagnada per la guerra civil”
(Vicente Moreno Cullell, http://blogs.sapiens.cat/socialsenxarxa/2013/05/17/ernest-meissonier-la-barricada-del-carrer-mortellerie/)