el suicidio (56). Poemas de Javier Solé

SUCESO INEXPLICABLE

“Soy el hombre
que custodia el faro
pero
en esta noche
de enero
en esta noche
de invierno
negra y ciega
no voy a encender
ninguna luz
no quiero encender
ninguna luz.

A oscuras y solos,

Como los muertos.”

(Javier Solé, fragmento del poema descartado “La luz del fin del mundo”)

El náufrago
se ahogó
fascinado por la luz del faro,

no sabía
-o no quería-
nadar hasta la orilla.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Gary Bunt

el suicidio (55): Mário de Sá-Carneiro

“Un artista puede sufrir mucho, ser cautivo de una sempiterna tristeza hasta el instante de su muerte. Diría, incluso, que algunos de los mayores canallas que han poblado esta tierra pertenecían a la categoría de los artistas. Sin embargo, por muy amarga que pueda ser la vida, siempre brilla un rayo de sol. La amargura de la desgracia no confirmaba la existencia de un perenne y desolado vacío que es la miseria más grande y más real de este mundo.”

Yo no soy ni yo ni el otro,
soy tan sólo algo intermedio:
pilar del puente del tedio
que va desde mí hasta el Otro.

Ilustración: Paula Rego, “pieta” (2002)

ESTATUA FALSA

Sólo de oro falso mis ojos se doran:
Soy esfinge sin misterio en el poniente.
La tristeza de las cosas que no fueron
En mi alma descendió veladamente.
En mi dolor se parten espadas de ansia,
Retoños de luz en la oscuridad se mezclan.
Las sombras que yo dimano no perduran,
Como Ayer, para mí, Hoy es distancia.
Ya no estremezco la cara del secreto;
Nada me disuade ya, nada me aterra:
¡La vida corre sobre mí en guerra,
Y ni siquiera un escalofrío de miedo!
Soy estrella ebria que perdió los cielos,
Sirena loca que dejó el mar;
Soy templo presto a caer sin dios,
Estatua falsa aún erguida al aire…

Ilustración: Lucien Freud, “girl with a white dog” (1951)

Mário de Sá-Carneiro (1890-1916), poeta y novelista portugués. Heredero del simbolismo y gran amigo de Fernando Pessoa, fundó junto a éste, la revista Orpheu en 1915. Fue un personaje atormentado, solitario, inmaduro, con grandes dificultades para afrontar la realidad y, posiblemente, para sumir su sexualidad.

Huérfano de madre desde muy joven y con un padre siempre ausente, Sá-Carneiro buscó en la literatura lo que la vida le negó.

Sá-Carneiro destaca por ser un escritor excesivo, exacerbado, insólito, iluminado y genial. Sus temas decadentes y obsesivos remiten al Poe más oscuro. En su obra están presentes sus tres obsesiones dominantes: la del amor pervertido, la de la anormalidad avanzando hacia la locura y la del suicidio.

Su tema favorito fue él mismo: sus ilusiones, fracasos, frustraciones, megalomanías y angustias.

En los últimos meses de su vida fue oscilando entre el exceso y la caída, entre los paroxismos de un frenesí sensorial al que se entregó delirantemente y en la persistencia de un infinito que no conseguía atravesar. Esto lo llevó a soportar cada vez peor el paso de los días, hasta buscar en la muerte el último y más glorioso de los esplendores. En 1916 se suicidó en París cuando apenas contaba veintiséis años.

el suicidio (54): Mercedes Carranza

“Te llamarás silencio en adelante y el sitio que ocupabas en el aire se llamará melancolía”  (Eduardo Carranza)

ORACIÓN

No más amaneceres ni costumbres,

No más luz, no más oficios, no más instantes.
Sólo tierra, tierra en los ojos,
entre la boca y los oídos;
tierra sobre los pechos aplastados;
tierra entre el vientre seco;
tierra apretada a la espalda;
a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;
tierra entre las manos ahí dejadas.
Tierra y olvido.

Ilustración: Mikhail Vrubel, “Lamentación”

CONVERSACIÓN CON MI HIJA

Muchas cosas pasarán sobre tu cuerpo
lluvia, deseos, labios, tiempo
gastarán tu piel y por dentro tu alma.
A menudo tendrás que saludar
a la fe, a la esperanza, a la caridad.
Son cuestiones inevitables,
usa la cortesía y santas pascuas.
Te acosarán a respuestas blanco sobre negro
y viva la civilización, te gritarán
y cuando entiendas por fin que el mundo
es redondo habrás perdido para siempre.

Sobre tus hombros la llevarás,
a la civilización te digo,
vestida de gringa, o de sueca o de japonesa:
esta dama lee a Platón,
se bendice las axilas con desodorantes,
toma coca-cola y no permite
que la saluden con el sombrero puesto.
Usa siempre la cortesía y
no se te olvide, hija
lavarte los dientes todas las mañanas
y apagar la luz antes de dormir

Ilustración: Oswaldo Guayasmin, “Homenaje a Tania” (1969)

LA PATRIA

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos

Ilustración: Botero, “rio Cauca” (2002)

María Mercedes Carranza (1945-2003) logró unir en la poesía la filosofía de su vida. En cada una de sus producciones se pueden evidenciar importantes problemas filosóficos y, más aún, existenciales. La muerte ha rodeado su vida y su obra. Bien es cierto que María Mercedes se consagró como poeta y no como filósofa, pero es importante resaltar el carácter filosófico que abunda en sus líneas. La muerte, aparte de convertirse en uno –o quizá el más- conocido de los aspectos que rodearon su vida, puede representar también el sentido filosófico presente en su poesía, su genialidad y profundidad.

Sobre el suicidio de María Mercedes Carranza se ha dicho que fue el desenlace de una serie de pesares que se juntaron en su vida: el dolor de país (“este país nos está matando”, repetía), el asesinato de su amigo Luis Carlos Galán, la muerte de dos grandes amigas… Sin embargo, el detonante parece haber sido el secuestro de su hermano Ramiro en septiembre de 2001.

Después de terminar su jornada del jueves 10 de julio de 2003 en la Casa de Poesía Silva, la poeta bogotana María Mercedes Carranza fue a su apartamento, llamó a Melibea, su única hija, quedó con ella para desayunar al día siguiente, le escribió una carta de despedida, se recostó, tomó un coctel de píldoras antidepresivas y whisky… y esperó.

el suicidio (53): Pablo del Águila. Muerte, muerte, muerte

“Escribo para mí. Nadie me escucha.”

(Pablo del Águila)

Voy caminando a pie, tranquilamente.
Soy caminante de todos los senderos, de todas las veredas ignoradas.
No tengo meta fija, voy simplemente andando
mientras mis pies resistan,
mientras mi cuerpo aguante lo que lleva.

La quietud es mi sola compañera;
camina junto a mí, de todos mis secretos participa.
Nuestro silencio nos envuelve a los dos.
Camino sin parar en ningún pueblo.
Me detengo un momento a beber agua,
a recoger matojos,
a dormir a la sombra de algún árbol,
y prosigo después tranquilamente por todos los senderos de este mundo,
por los quietos caminos polvorientos.

Así voy avanzando hacia no sé qué fin,
sin dudar un momento,
sin que la lluvia apague mis pisadas
o las eternas nubes me den sombra.
No me molesta el viento ni la escarcha
y tan sólo la muerte dará nombre a la meta final,
que voy buscando mientras los pies resistan
y escuche las canciones sin palabras
de la tierra serena que me abraza
y siente mis pisadas por las noches.

Ilustración de Gary Bunt

Las traíñas
qué luces que traían.
Las traíñas salieron a pescar
y tuvieron tormenta en alta mar.
No trajeron pescado las traíñas, no pudieron cogerlo.
Pero en cambio la muerte qué bien los trajo a ellos de regreso.

¡Qué luces que llevaban las traíñas!

No faros, sino redes
o espejos que brillaban en poniente.

De poniente a levante, distancia y viento.
De levante a poniente, sólo la muerte.

¡Qué luces las traíñas que traían!

Eran ojos moviéndose en la noche.

No trajeron pescado.
Fueron a coger peces y trajeron la muerte.

Ilustración: Armin Hansen, “Stormy Sea”

Cuando muera
que nadie me recuerde cantándole a otros mundos mi cantar.

Mi canto es de este mundo
Que todos me recuerden cantándole a la mar.
Mi cuerpo es de esta tierra
y en la tierra lo dejo eternamente vivo para amar.

Cuando muera
que mis huesos descansen junto al mar,
que las inmensas olas me recubran
y conmigo retornen a empezar.
Que mis ojos, los ojos de los peces y las piedras
se pierdan en el fondo de la mar.
Que los ríos, los hombres y los niños
tropiecen con mi muerte al caminar.

Cuando muera
no quiero otros honores ni otra paz.
Quiero seguir viviendo en cada aliento,
en las bocas que se abren al besar.
Quiero seguir viviendo en cada soplo
amando cada cosa sin cesar.
Que mis besos
los besos que no he dado
encuentren muchos cuerpos al pasar.

Cuando muera
que mis brazos se ciñan a una roca para seguir cantando hasta el final.
Que mis huesos, los huesos de los vivos
y los muertos, se hagan tierra en el fondo de la mar.

Ilustración: John Lavery, “The Cemetery, Etaples” (1919)

Pablo del Águila (1946-1968) fue un poeta que, a pesar de no publicar nada durante su breve vida, dejó una huella profunda entre sus contemporáneos granadinos. La poesía de Del Águila, en su vertiente más comprometida, a partir de 1967 fue influida estilística y temáticamente por la lectura de Félix Grande. En sus poemas se encuentran rasgos de las tendencias neovanguardistas en boga en la época (citas cultas entremezcladas con referencias pop), así como un afán de denuncia social que se abre hacia el mundo exterior contemporáneo. Paralelamente, se asiste a un desarrollo del sujeto poemático empleado por el autor en dirección de un uso cada vez menos ingenuo, hasta emplear el correlato objetivo para distanciarse emocionalmente de los versos. Sus hallazgos poéticos (lo cotidiano como material poético, la ironía, la protesta social) serán reelaborados por la promoción sucesiva de los poetas granadinos de la “La otra sentimentalidad”, en particular por Javier Egea.

Su fino humor, entre irónico y generoso, no disimula su profunda angustia existencial. Portador de una solidaria inquietud social, nada humano le es ajeno.

Del Águila era homosexual, y este hecho acompañado del contexto en el que se encontraba (una España gobernada por el franquismo, con toda la represión que eso conlleva) nos ayuda a comprender su obra.

¿Cuántas veces la muerte, la palabra muerte, la invocación o el recuerdo de la muerte, en los poemas de Pablo Del Águila? El lector parece asistir a la ceremonia íntima de un adolescente madurando hacia su fin como un embrión que se gestara en su pecho y que respirase sólo a través del humo y de la tinta, al caer la tarde o la noche de una ciudad provinciana del tardofranquismo que no parecía consolarle más que a ratos, los de lectura o conversación y vino con los pocos cómplices que pudieran entenderle. (Que, a pesar de la efervescencia cultural que ya empezaba a vivir Granada, esa ciudad se le quedaba pequeña. Claro que Madrid, después, le agobiaría en el sentido inverso…: ¿En qué lugar de la tierra hubiera podido respirar en realidad este muchacho?) La muerte, siempre, por todas partes: se puede abrir el volumen casi por cualquier página y vuela despavorida esa palabra…

En Nochebuena de 1968 Pablo cogió un revólver y se quitó la vida con toda su familia en una habitación contigua.

Podemos aventurar que también obedecería a ese mismo pudor lo relativo a su muerte. “¿Voluntaria?”, se pregunta Jaramillo: “Sus allegados albergan todavía ciertas dudas sobre lo ocurrido en aquellos días: si fue la última y definitiva consecución consciente de alguna tentativa de suicidio anterior o si por el contrario fue un trágico accidente que no pudo impedirse”.

Versos de Pablo del águila en fragmentsdevida:

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2019/02/06/la-muerte-en-la-poesia-de-pablo-del-aguila-i/

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2019/02/08/la-muerte-en-la-poesia-de-pablo-del-aguila-ii/

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2019/02/12/la-muerte-en-la-poesia-de-pablo-del-aguila-iii/

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2019/02/18/la-muerte-en-la-poesia-de-pablo-del-aguila-iv/

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2019/02/23/la-muerte-en-la-poesia-de-pablo-del-aguila-v/

 

el suicidio (52): Julio Mariscal. El declive de la tarde en un pueblo blanco

EL PUEBLO

El pueblo, ya sabéis:
un puñado de casas, una plaza , una fuente,
una vieja rutina de misas y rosarios,
y luego un horizonte cansado de olivares,
eternos lutos, recuas y canciones;
tres días de verbena para la Cruz de Mayo
y el baile transparente del domingo.
Alguna vez también se muere alguien,
viene el señor obispo, cambia el cabo
de la Guardia Civil… En fin, las cosas.

Los días van hundiendo su escarpelo
en la corteza enorme del hastío,
porque “Pueblo” es sudar, parir, partirse
el alma sobre el yunque o el arado,
sopas de ajo al despuntar el día,
sopas a media tarde y a la noche,
mullirse bien la carne
para la bota enorme del cacique
y madrugadas en que la miseria
vuelve caricatura el pan y el beso.

Pero también el pueblo tiene su espadaña,
su romero, sus niños, sus canciones de rueda,
su leyenda inefable
como un claro “decir” del diecisiete.
Y aquí está ya su entraña desgarrada,
su abierto corazón para la fusta;

Pueblo de España, elemental, clavado,
remachado entre olivos e intemperie.;
pueblo de largas privaciones, pueblo
desamparado y solo,
tendido a la campiña como una mano abierta
implorando un poquito de compasión, un celemín siquiera
de esos que llaman paz, sueños, desvelos…

Ilustración: Ernest Descals, “Arcos de la Frontera”

Me decía mi madre:
“Ahora los libros que después tendrás tiempo.
Ahora los libros”.
Y yo guardaba el corazón sin estrenar, ileso,
por teoremas y batallas.

Las tres, las cuatro y a las cinco en punto
la merienda: su leche con galletas.
Mis hermanos mayores perdiéndose en sus cosas
y el cartero de azul galoneado.
Pero a las seis cruzabas tú, el crepúsculo
te traía de la mano y ya Pitágoras
se empolvaba en mi olvido, y ya las rosas
clavadas en la página y el río
como un lejano, muerto crisantemo.

Eran las seis, cuando las nostalgias,
cuando el andar primero de las sombras,
y tú cruzabas y contigo el mundo
que mi madre quería para luego,
pero que yo llevaba entre los ojos.

Ilustración: George Clausen, “A Schoolgirl” (1889)

EL COMEDOR

Aquí, junto a la puerta, se sentaba mi padre;
mi madre, enfrente, taciturna, lejos
y nosotros, los cinco hermanos, éramos
un de acá para allá, un disputarnos
el sitio más cercano o más distante…

Aquí, para el cocido de los jueves,
para el pan y el sosiego de toda la semana,
mi padre hablaba poco, un esbozar apenas
una media palabra que mi madre
solícita y distante completaba.
Y nosotros, un loco gorgear de jilgueros
comentando las clases, los paseos, el cine,
y la naranja viva, meridional y roja
como un punto y aparte a nuestras discusiones.

Ahora soy yo quien tiene
un sitio señalado, ya desaparecidas
las arrugas, las canas de mis padres,
bajo un lomo de piedra mis hermanos
o hacia otro comedor con nuevas luces.

Soy yo quien dice a medias las palabras
sin encontrar un dejo maternal que las clame,
soy yo quien lejos de todo lentamente
me anudo al corazón la servilleta,
esperando que un día, de un hachazo
ya la vida del todo se me vaya
como un punto y aparte a nuestras discusiones
de este comedor donde clavo mis recuerdos ahora.

Ilustración: Dali, “Cesta de Pan” (1926)

LA SOMBRA

Voy recorriendo calles con mi sombra
delante de los ojos; no es posible
que esta sombra me huela ya a difunto
a cuatro cirios y un adiós rotundo.
Voy tras mi sombra que se agita, tiembla
un instante después de yo agitarme
y me pregunto entonces: ¿es posible
que este “nada de tiempo” entre mi sombra
y mi sentir sea espectro de la muerte,
el último peldaño que aún me queda?

Ilustración: Paul Cadmus, “desnudo sentado” (1994)

Julio Mariscal Montes (1922-1977) optó por el aislamiento, por un lento y terrible suicidio. Queda huérfano a los 11 años de edad, siendo desde entonces su gran refugio afectivo su madre, a la cual veneraba, ella será su refugio, pero también la causa de la negación de su propia sexualidad y de una exagerada religiosidad.

La obra de Julio Mariscal Montes está muy mediatizada por el origen social y económico del poeta. Nacido en una familia religiosa y de fuertes convicciones conservadoras, con unos códigos morales marcados a hierro, Julio debió luchar desde muy pronto con su condición de homosexual, que desde luego colisionaba con los parámetros morales de la época. Parte de esta homosexualidad latente la incardinó tras una religiosidad extrema que en él se traduce en un continuo sentimiento de culpa. Autodesterrado en su pueblo, el decaimiento y la depresión son las señas de identidad de sus últimos poemas donde la muerte es ya una presencia deseada.

el suicidio (50): pájaros y cielo

PÁJARO EN EL PUENTE COLGANTE

“El vuelo incauto
de las aves
que alcanzan el abismo…”

(Magda Robles)

Puedes precipitarte poeta
al vacío desde el puente
sólo
serás

ahogado en tu tristeza

un cuerpo a la deriva.

Autor: Javier Solé

CIELO GRIS

Bajo un cielo de grises
cincelando la tragedia,
pájaros blancos
sobrevuelan
el puerto de Barcelona.

En el cementerio
junto al castillo
una estatua
mira en silencio
este déspota desorden despiadado.

Autor: Javier Solé

el suicidio (49): Elise Cowen, rechazo explícito del american way of life

“Muerte, ya llego
espérame.
Sé que estarás
en la estación de metro
cargado de botas de agua, chubasquero, paraguas, babushka
y una respuesta sencilla
para cada significado”

SENTADA

Sentada contigo en la cocina
conversamos de todo
y te amo bebiendo té.
“Eso” es la palabra perfecta,
regia y hermosa. ¡Oh,
cuánto deseo, aquí mismo, tu cuerpo,
con o sin poemas barbudos!

QUISE UN COÑO DE PLACER DORADO

Quise un coño de placer dorado
más puro que la heroína
Para honrarte
Un corazón tan grande
que puedas quitarte los zapatos y estirarte
La Anatomía del Amor
Oh si yo fuera un
coño de placer dorado más puro
que la heroína o el cielo
Para honrarte
Cama doble corazón como
una pradera en Yosemite
Para asimilar tu soltura
La imaginación tan clara y activa como
una marisma al sol
Para ser interesante durante la cena
El alma como tu rostro antes
de nacer
Para alabarte
pechos, cabello, dedos
mi cuerpo hecho ciudad
en tus brazos la noche entera

Ilustración: Dorothea Tanning, “Voltagem” (1942)

Fácil amar

Fácil amar
a los POETAS

Su
ESPLENDOR

Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Fácil amar
a los Poetas

Su
ESPLENDOR

Derramándose sobre todas las páginas
vertiéndose
sobre mi regazo

Ilustración de Omer Ilksen Akcil

Elise Cowen (1933-1962), poeta encuadrada en la llamada Generación Beat. 

Comenzó muy joven a escribir poesía, influenciada por la de Emily Dickinson, T.S. Eliot, Ezra Pound y Dylan Thomas.En la década de 1950 conoció y entabló una relación amorosa con Allen Ginsberg. Antes de cumplir un año como pareja, Ginsberg le confesó que era homosexual y que se había enamorado del poeta Peter Orlovsky, el que sería su compañero de por vida. Sin poder separarse de Ginsberg; Cowen comenzó una relación con una mujer, aunque permaneció emocionalmente unida a Ginsberg por el resto de su vida. 

El puritanismo de su familia de clase media judía, su psicopatía, la experimentación con drogas y sexo, el vértigo del suicidio como alternativa vital… salto al vacío desde una altura de serte pisos en el apartamento de sus padres.

Más información en: http://www.elasnodeapuleyo.com/2016/11/elise-cowen-1933-1962_7.html

el suicidio (47): el árbol. Dos poemas de Javier Solé

LA PRIMERA NEVADA

“Dentro de la vida y la muerte
la nieve cae incesantemente”

(Taneda Santôka)

És la fi de la tardor,
l’home que vol fugir del futur
cau a la terra humida
tremola com un cadell abandonat.

No trobarà sota l’avet
el cos menut estimat.

A la matinada
algú podria confondre
amb llàgrimes del cel
la primera nevada.

Però és el temps
que no perd mai
que guanya sempre…

Autor: Javier Solé

Ilustración: Monet, “The Road in front of Saint-Siméon Farm in Winter” (1867)

ÁRBOL SOLITARIO

Jo no sóc més que un arbre que s’allunya del bosc,
cridat per una veu de mar fonda”

(Joan Vinyoli)

Esta noche en silencio
con una luna sin eco
el péndulo de la soga
cronometrando la sangre
de los fantasmas eternos
en un abeto desnudo.

Más tarde,
niebla,
solo niebla
y el aullido del perro
en la casa sin dueño.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Arnold Böcklin, “Abetos” (1849)