la vida y la muerte (95): Andrea Abreu versus Andrea Kiss

“Diáspora del cuerpo en caída
nazcan flores de las cenizas de un
cadáver”

“Toda vida esconde una descomposición”

Textos de Andrea Abreu y imágenes de Andrea Kiss

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la vida y la muerte (94): el entierro del padre

A mi padre

Nevaba cuando fuimos a enterrarte.

La nieve había caído de la mimosa
y sobre la ciudad que, en la distancia, parecía dormitar
en el frío de aquella primera mañana de marzo.
Desde el tanatorio así se veía, así lo veía yo
mientras pensaba en la deserción definitiva,
en la falta definitiva,
en el poema que te escribiría con aquel primer verso
que también sería el último:
Nevaba cuando fuimos a enterrarte.
Entre ellos dos nada,
vacío irrellenable tan grande
como el que acababa de abrirse a tus pies
y, de paso, a los nuestros.

Es verdad que jamás nos entendimos –aunque eso,
supongo, pasa en las mejores familias-
y que tu ausencia no hace menor esa verdad.
Pero es grande la sombra que la muerte
extiende alrededor de los que te quedamos y, frente al miedo
de saberte tan solo, las manos tan frías, todo se olvida,
el pasado y también el futuro: sólo presente queda,
vela sin norte por la falta de aire elemental.

¿Para qué decir más?
¿Para qué buscar palabras
con las que llenar la fosa abierta
entre ese primer verso y el último,
fáciles palabras de autocomplacencia familiar,
de empalagoso amor filial?
Prefiero detenerme en el silencio
como dicen que hacen los caballos
cuando vienen heridos
por la pena de saberse todavía más solos.

Nevaba cuando fuimos a enterrarte.

Autor: Miguel Rojo

Ilustración: George Bellows – Blue Snow the Battery (1910)

la vida y la muerte (93): Poemas de Gamoneda y Gala

Detrás de la oscuridad están los rostros que me han abandonado.
Yo ví su piel trabajada por relámpagos. Ahora
ya sólo veo, en el instante amarillo,
el resplandor de sus lejanos párpados.

Autor: Antonio Gamoneda

Ilustración: Briton Rivière, “El Sueño Eterno” (1868)


Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.

No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.

Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.

Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.

Autor: Antonio Gala

Ilustración: Aleksey Savrasov, “paisaje campestre” (1867)

la vida y la muerte (91): Dos poemas de Ángel Guinda

Los muertos

Llegan lejos las manos de la ausencia
hasta alcanzar el mundo de los muertos:
los muertos que nos viven,
los muertos que nos matan,
los muertos que vendrán a visitarnos,
los muertos que están vivos,
los muertos que nos llaman,
los muertos que se vuelven a morir,
los muertos que en la muerte nos esperan.

Ilustración de Nicola Samori

HAS ENVUELTO tus manos con el aire.
Te has lavado los ojos con la luz.

¡Escribe como una sacudida!

Como si un guepardo saliese de la arena.
Como si un caballo emergiera del mar.

Las cerezas sangran en los dientes.
El atardecer se gangrena en la mirada.

¡No leas humo!

¡Aunque sea sobre agua escribe fuego!

Fotografía de Kyle Thompson

la vida y la muerte (90): Dos poemas de Mateo Rello

NO

Es apenas un segundo y medio. El cerebro
rechaza la certeza
del cuerpo presente, mírame
-un segundo-
por qué no dices nada
-medio segundo aún-
no me dejes
solo.

Ilustración de Kai Samuels-Davis

CON GRAZNIDO GANGOSO, APRESURADO
y comiéndose las eses, el diácono oficiaba.
Olvidó señalar que, como todos,
moriste en extrañas circunstancias.

la muerte, qué cosa inconcebible,
como indecente es la supervivencia.
a qué otra vida, clérigo, si no pudimos
ni cumplir con ésta.

Ilustración de Marianne von Werefkin, “Funeral” (1907)

la vida y la muerte (88): la soga del poeta

El buen poeta no precisa
adornar la palabra
con grandes ventanas
ni hurgar en el poema
en busca de un vacío.
Le es suficiente
la sencillez de una soga
para intuir que si aprieta la voz
lo ausente terminará por ahogarlo.

Autor: Fernando Gutiérrez

Ilustración: Almada Negreiros, “Portrait of Fernando Pessoa” (1954)