la vida y la muerte (75): velatorio y cementerio

SALA DE VETLLES

viktor-popkov-09

“en tornar a casa
la mare va desar les poques flors
que havien sobrat
a la nevera”

(Gemma Gorga)

Los hospitales nunca dan buenas noticias
las esperas son densas
la incertidumbre un tormento calculado.

En el velatorio
descubres deseas
seguir custodiando
una cama en lugar de un féretro
que los enfermos sufren, pero no están muertos.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Viktor Popkov

No hubo ninguna despedida

jeremy-lipking-09

No hubo ninguna despedida

el pasillo era blanco
olíamos el silencio
el cuerpo estaba quieto

la vigilia era eterna
tocábamos el vacío
el cuerpo no se movía.

No hubo ninguna despedida

y es esa la razón
que me impide dejar de hablar
ante tu tumba.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Jeremy Lipking

la vida y la muerte (74): fallecidos que hablan

Un relato que lleva por título “CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA”:

Nunca debí aceptar la propuesta del gordo director del periódico. Aquello no era mi guerra, si bien si fue mi muerte.

dominicnahrEstoy muerto. Silencio. Bien muerto. Requetemuerto.

Empecé a morir la tarde que mi pie izquierdo pisó levemente aquella estúpida bomba en aquella estúpida guerra. No sé quiénes eran unos ni quiénes los otros. Ni siquiera si yo estaba alineado con los buenos. Tampoco discerní nunca ni los motivos ni la fecha remota del inicio de las hostilidades. Son preguntas que no llegué a formularme y que ya no tienen respuesta; la única certeza es que todo es absurdo y que estoy muerto. Y que es irreversible, no hay vuelta atrás. No volveré a vivir, ni, afortunadamente, volveré a llorar ante cadáveres calcinados de civiles, de niños mutilados. Estoy muerto y Vd. Lo está leyendo en la crónica del suplemento dominical. Vigile, el café se está enfriando.

Autor: Javier Solé, octubre 2013

Ilustración de Dominic Nahr

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

la vida y la muerte (73): olor a muerte

maruja-mallo-tierra-y-excrementos-1932Cuando no había luz, y luz había,
los perros removían la basura
buscando en el pasado de los hombres
una hogaza de pan o un hámster muerto,
una infancia en la playa, una foto
familiar en un parque, la palabra
amor y la palabra confianza.
Buscaban -fue imposible- el saciar
un hambre que acabara con su hastío.
Buscaban encontrar algo que no
sabían muy bien qué podía ser;
Quizás tan sólo algo que estuviera
verdadera y profundamente libre
de aquel intenso olor a podredumbre.

Autor: Ben Clark     Ilustración: Maruja Mallo, “tierra y excrementos” (1932)

la vida y la muerte (71). Dos poemas de La casa del silencio

RELOJ AVERIADO

El péndulo del reloj
que heredaste de tu madre
descolgado de las paredes
de la casa donde naciste
parece haberse detenido
después del traslado.

El tiempo no avanza,
la metástasis de la tristeza
extiende sus tentáculos10155957_249059568618586_5522495113920450427_n
en habitaciones calladas
en fotografías donde los personajes
que ayer reían hoy lucen un semblante serio.

El reloj
es ahora
una antigualla
cuyo valor sentimental
justifica acompañe en paredes blancas
grabados azules de Picasso.

El reloj volverá a funcionar
en el momento preciso
que cierres los ojos
y rememores
con una leve brisa de alegría
los momentos que compartiste
con los muertos.

Pero el ganglio centinela
ha sido derrotado
ya no queda esperanza alguna.

El reloj espera
no morir en el trastero
y que otras manos de tu familia
lo pongan en funcionamiento
cuando lo descuelguen
la tarde de tu funeral.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

OLOR A ORINA

Cada madrugada,

todas las madrugadas
se reproduce la misma historia,
este deambular por las aristas del cubo
descalzo en un suelo de vidrios rotos.552522_476893272367603_1502760673_n

No siempre es la misma imagen,
tienes donde elegir sin repetir,
fotogramas en blanco y negro del hospital.

Puedo mitigar sin éxito el miedo,
mudar la angustia en desolación,
superponer su rostro con vida
para desdibujar la agonía

los silencios en una habitación en penumbras
la rutina de una ambulancia sin prisas
el cuerpo menudo desmadejado
el puto parche en el ojo.

Nunca vuelvo a conciliar el sueño,
en la ventana el mundo empieza a caminar,
se siente el desamparo y el frío del cementerio.

Es la Muerte
que marca su territorio
con la misma codicia
de los perros orinando en las esquinas.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

la vida y la muerte (67): rigor mortis

RIGOR MORTIS

solana-el-espejo-de-la-muerte-1929Cuando muera
los sueños de mi infancia
y el sabor amargo de la derrota
se darán la mano.

Difunto no encontraré la paz
aunque tampoco la tuve en vida.

No habrá reencuentro con los ausentes
perderé los vivos.

Qué solo y qué frío.

Cuando muera
os estaré esperando.

No tengáis prisa.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Solana, “el espejo de la muerte” (1929)

Dos poemas de Carmen Crespo

julius-von-leypold-vagabundo-en-la-tormenta-1835pero qué
ladridos qué
leños
apilados
qué cunas
qué muros
qué redes
cuarteadas qué
hinchazón si
nadie oye
al que huye.

Ilustración: Julius von Leypold, “vagabundo en la tormenta” (1835)

donde no
laurits-andersen-ring-after-sunset-1899llega la luz
donde el
hueco tapiado
una cruz de
madera
un torniquete de
carcoma y
arenilla
puerta sin goznes
que rezuma y
escupe toda
la baba toda
la clemencia de
unos ojos y
su exilio

Ilustración: Laurits Andersen Ring, “after sunset” (1899)

Begoña Abad versus Montserrat Gudiol. Poemas de El hijo muerto.

montserrat-gaudiol-11Estamos solos
con el hospital dentro.
Se nos ha quedado clavado.
La sala de espera
y el largo pasillo
que parece una vida
donde el final
se adivina cerca.
No queda nadie.
Todos se han ido.
Las otras mujeres
llevándose a sus hijos
a escondidas, sin mirarme,
porque les duele mi dolor.

montserrat-gudiol-02

Cuántas noches aún, en sueños,
me abro el vientre
para volverte a él.

montserrat-gaudiol-14

Al día siguiente
amaneció de nuevo
y el sol alumbró mi angustia.
Hacer las mismas cosas
que cuando estabas,
pero mis manos
no respondían igual
al estímulo feroz
de la vida.
Parecían un tren detenido
en el andén de un pueblo fantasma
en mitad de la noche.

la vida y la muerte (66). Tres poemas de Pedro Flores

ANTES SE MORÍA EN CASA

luke-hillestad-the-long-nightSí, se moría a menudo en la misma cama
en que se había nacido,
que solía ser la misma cama
en que uno había sido concebido.
Se navegaba por la vida
sobre la misma carroza inmóvil
con la que se partiría hacia la muerte.
Se moría mirando las cuatro paredes
donde colgaban los retratos de aquellos
que habían menstruado y soñado antes
en aquella impecable máquina del tiempo.
Los que amaron habiendo crujir los muelles
con un rasguño negro de grillo metálico,
dando retratos de muertos a las paredes
y muertos para que este poema escrito en casa,
sobre una cama que me arropa
y que me espera.

angeles-santos-nita-anita-y-las-munecas-1929Ilustración: Luke Hillestad, “The Long Night”

PIEDRA, PAPEL, TIJERA

Una losa en el larvario del olvido
que no puede impedir que cada día,
a la hora del almuerzo,
se abra la boca sin fondo de tu ausencia.
Tu nombre mal escrito en un papel amarillo
en el cajón de las cosas para después de morir.
Las figuritas recortables que se quedaron esperando
tu adorable manera de cercenarles la cabeza.

Ilustración: Ángeles Santos, “Nita (Anita y las muñecas)” (1929)

UN VIUDO QUE NO SABÍA BAILAR EL TANGO

louis-marie-baader-hero-and-leander-1866

Siempre te quejaste de que abuelo
no te llevara nunca a bailar.
Cuando te fuiste
él encendía el viejo tocadiscos,
bailaba sobre las baldosas de la cocina,
tomaba la frágil cintura del Aire
imaginando que era tu frágil cintura
y te pedía por a cada rato
por darte tantos pisotones.

Ilustración: Louis-Marie Baader, “Hero and Leander” (1866)