la vida y la muerte (221): Dos poemas de Begoña M. Rueda

No hubo otro modo de enterrar a Padre.
El dinero no alcanzaba para un cajón.
Los restos de Padre descansan en la era, de un saco,
no se sabe muy bien dónde, el viento ha arrancado la cruz.
Madre dice que no piensa llevarle flores,
que Padre va a volver,
pero lo que queda de Padre alimenta la era.
La vida,
como una niña ciega que se pierde de madrugada,
no sabe regresar.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía: Eugene Smith, “Spanish Village (Deleitosa)” (1950)

Se hizo todo lo que se pudo para salvar a Padre.
Padre enfermó del corazón,
aunque no de la misma manera en que ha enfermado Madre.
Se vendieron los olivos para poder pagar las medicinas,
también los mulos, los caballos, las aves de corral,
los aperos de labranza.
La alianza de bodas.
Madre cuenta que Padre
murió con el dolor de abandonarlos en la pobreza.
Lo cuenta palpándose el dedo anular.

Autor: Begoña M. Rueda

Fotografía de Aitor Arana Arruti

la vida y la muerte (220): Dos poemas de Antònia Vicens

Contra els batecs
dels meus ossos i el tremolejar
de les meves venes
aquesta ferum
de dolor
i sexe
estenent-se
per
les xemeneies dels crematoris.

Autor: Antònia Vicens

Ilustración de Zdzislaw Beksinski

La boira ja m’arriba
al coll   Et duré en braços
se senten
trets
ha dit
el Llanterner.

Autor: Antònia Vicens

Fotografía de María Tudela

la vida y la muerte (219): Dos poemas de Jorge M. Molinero

Hay una pena generalizada
Cada vez que un árbol se seca
O es talado. De tan frecuente
Ya no duele como debiera

Pero igualmente digo
Cómo te atreves a llorar a tus muertos
Si no supiste reírles en vida

Autor: Jorge M. Molinero

Ilustración: Evelyn de Morgan, “las plañideras” (1915)

En el sepulturero
Es la mueca
De indiferencia
Una herramienta más
Como la soga
Los guantes

Es feliz al marcharse
De tierra roja las manos
Nadie mejor que él
Sabe que
Seguir vivo un día más
Es una propina
En exceso generosa que
Por creerla eterna
Malgastamos
Mirando si la factura
Está correcta

Autor: Jorge M. Molinero

Ilustración de Otto Modersohn

la vida y la muerte (217)

Disfrutábamos
una mañana permanente
un amanecer disuelto en la niebla
el espíritu
se evaporaba con el aire
y nosotros
. . . . . corríamos
escondiéndonos entre las viñas
ocultándonos debajo de las ramas muertas
procurando el consejo
. . . . . de los arroyos efímeros
recorriendo, sin prisas, las veredas

siempre hacia el norte
siempre hacia el lado donde nace el musgo
sorteando cadáveres que se descomponían
. . . . . ante nuestros ojos
comidos por las alimañas
pero era todo verde y hermoso
no temíamos a los lobos
ni a los duendes
ni al hombre del saco
en todo
. . . . . estábamos nosotros
en una intemperie gélida
nosotros no parábamos un instante
corríamos con los pies rotos y corríamos
. . . . . con los pies de fuego

confiábamos en que la vida siempre
podía seguir creciendo
todavía
no sabíamos que las cosas que mueren
ya no vuelven nunca.

Autor: Angel M. Alcalá

Ilustración: Edgar Ende, “El espejo en el espejo”

la vida y la muerte (216): la cita

“SE CITARON los dos para en la plaza
tal día, y a tal hora, y en tal suerte:
una vida de muerte
y una muerte de raza.

Dentro del ruedo, un sol que daba pena,
se hacía más redondo y amarillo
en la inquietud inmóvil de la arena
con Dios alrededor, perfecto anillo.”

(Miguel Hernández, fragmento de Citación-final”)

Ilustración: Joan Ponç, “suite toros” (1950)