la vida y la muerte (166): primera fotografía

PRIMERA FOTOGRAFÍA
No es necesaria la luz para dar comienzo a la acción.
De hecho yo estoy ahora acunando lo oscuro
y sin embargo soy capaz de ver más allá.
Será porque papá ha regresado de su muerte
en forma de ceniza cortada por la mitad
que descansa en la habitación del fondo,
junto a una maleta que jamás ha visto los trenes.
No es necesaria la luz pero sí el tiempo para sanar de la herida,
para abrir los ojos dentro de la niebla y caminar.
La primera fotografía no existe.
La primera fotografía sería el vestido abultado de mamá.
Una tarde de agosto (sería).
Un patio en la flor de su ternura.
El abuelo con su camisa remangada
mirando hacia un cielo que empieza a resquebrajarse,
la abuela en el lado contrario,
con el negro siempre en las pupilas,
con el negro siempre bajo los muslos
(podría ser un niño africano asustándose del fuego
o una criatura de azúcar que se vuelve negra en la garganta).
La primera fotografía tiene una cicatriz en la sien,
tiene el color de un albaricoque
antes de ser devorado en lento por las hormigas.
El disparo suena dentro.
El disparo soy yo rompiendo las aguas.
El disparo soy yo desplegando las alas de un cuchillo
mientras papá fuma y mete tripa.

Autor: Angélica Morales

Fotografía de Sergio Loes

la vida y la muerte (165): Dos poemas de Ana Emilia Lahitte

9


Se abre la noche
Con un fulgor de parto
O de suicidio.

El nombre del poema
Ha sido escrito.

Autor: Ana Emilia Lahitte

Ilustración: Felix Vallotton, “Desnudo en la estufa” (1900)

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Solemos olvidar
Que la poesía es un instante
Sabiamente clausurado
Antes de que aprendamos a balbucear
La eternidad.

Autor: Ana Emilia Lahitte

Ilustración de Sally Storch

la vida y la muerte (164): Dos poemas de Ana Emilia Lahitte

X

Mi soledad está hecha de ti,
lleva tu nombre en su versión de piedra

Olga Orozco
(Los juegos peligrosos)

Has muerto.

¿Debo descarnarme
contigo,
aceptar el frío,
trasvasarte a mi pulso,
fecundarte?

Enséñame
a caminar de nuevo por el mundo.
A esperar el otoño.
A ser
sin ti.

Autor: Ana Emilia Lahitte

Fotografía de Eugene Reno

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LLAMAMOS vida
a esta encrucijada
entre la soledad y el universo.

Autor: Ana Emilia Lahitte

la vida y la muerte (161): la enfermedad. Dos poemas de Noelia Palacio

AISLAMIENTO

Nada te turbe;
nada te espante;
todo se pasa.

Santa Teresa de Jesús

Ha entrado un rayo de luz en la penumbra de la habitación,
se escucha el sonido del filtro que purifica el aire,
desde tu cama se ven las motas de polvo flotar sin pedir permiso.
En el cristal de la puerta se intuye una sombra,
asoma una cabeza que sonríe, se esconde en el baño,
deja comida en la bandeja al otro lado,
entre gestos te avisa de que esperes a la señal.
Te cuentas una y otra vez la misma historia,
un rosario de horas:
que son días
que son tubos, pastillas y bolsas que entran en ti.
La misma compañía te cuida,
en la celda de silencio, los gritos sordos son plegarias
sobre qué sentido tiene uno para la vida
si la vida es estar en lo que se es.
¿Qué misterio entraña la belleza entre paredes?
¿Cómo contemplar este paisaje sin miedo?
¿Quién le dice a estas voces que están en ti que solo son ecos
de otras voces?

Mira ahí,
ya no llames.

Autor: Noelia Palacio Incera

Ilustración: Emma Cano, “El último viaje”

ACÉRCAME

Acércame un vaso de agua.

Ya ningún suero hidrata
ningún antibiótico revive,
se bloquea la sonda.

Nada fluye.
Ni la palabra líquida
se solidifica en esta ansia de tiempo.

Acércame un vaso de agua.
Aunque no se me permita ni un trago,
tu mano sostiene el cristal
en que me miro.

Ya no estoy.
Te escucho cristalizarte.

Acércame un vaso de agua.
Porque mi falsa sed es grito
y no me oyes.

 Autor: Noelia Palacio Incera

 Ilustración: Lovis Corinth, “Franz Heinrich Corinth on His Sickbed” (1888)

la vida y la muerte (159): el último cigarrillo

“Cruzarás el muro de cristal
de las puertas giratorias, con la firme
querencia que tienen los fantasmas
de regresar a su lugar de siempre.
(…)
Cuando alguien muere, mueren
también los muertos que vivían
de él, con él, en él. Fumas haciendo
tiempo, apoyado en el vidrio
que refleja la sombra inaferrable
de una vida, y la ciudad. La noche
será larga. Pasa gimiendo una ambulancia.”

(Xavier Rodríguez, fragmentos del poema “Ceniza en la manga de un viejo”)

la vida y la muerte (157): Tres poemas de José Mateos

A veces, algunos días,
Dios viene en forma de rostros
y anda por este hospital.

Es frágil, y en cada enfermo
encuentra un templo viviente
donde habitar.

Ilustración: Frederick Cayley Robinson, “The Book of Genesis” (1914)

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Sentado al pie de tu cama
me puse a reflexionar
en la frontera indecible
que es siempre la enfermedad.

Era de noche. Tu mano
se iba hundiendo en alta mar.
Yo estaba allí como en sueños.
No la podía alcanzar.

Ilustración: Gaston La Touche, “The first born” (1883)

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TODO termina así:
unos destellos
de memoria que caen hacia lo hondo
y el cuerpo como un traje envejecido
que casi da vergüenza.

No insistas, corazón,
inútilmente:
nunca
maldeciré la vida.

Ilustración: Carl Heinrich Bloch, “Old People” (1874)