amores cotidianos (238): los pies fríos

PAISAJE EN EL LECHO DESPUÉS DE LA BATALLA

“Quise sentirme viva,
trabajé en el jardín
y he cortado cipreses infectados.
Llovía, como en todos los entierros.”

(Paloma Corrales, poema: “Nota: martes, 15 de febrero”)

Después
de incendiar mi cama
trajiste el silencio.
o el deshielo,
lo mismo da.

Escucho todavía ahora
por las noches
el centelleo de las brasas
en mi cuerpo calcinado.

Las cenizas revelarán
la ingravidez del mundo.

Los pies tiznados fríos.

Autor: Javier Solé

Anuncis

amores cotidianos (235): desenfreno

DESAFORADA

He pensado en la tensión de los arcos y las flechas como metáfora del deseo. Cuando vi tus ojos, exactamente cuando vi el brillo en tus ojos, ese brillo capaz de romper oscuridades, pensé en cuánto dura el asombro. Porque ya necesito ser la punzada que cruza tu carne y tu sueño para así sentirme viva, porque ya necesito recorrerte ansiosa y desaforada y deshacer las tormentas en tu cabeza. Necesito mi ansiedad, que ya soy yo, como un cuerpo latiendo dentro de otro cuerpo mientras se me rompen los espacios que ansío desafíes. Y aunque después el dolor, como un flexo que se encorva en mitad de la noche, venga a buscarme con su luz enferma, a derrumbar mis sueños de piel y violencia cuando son lo único que tengo, te digo que no me importará romper los márgenes y disparar justo en el corazón de las cosas. Presas livianas y hermosas que desenrosquen los vacíos. Que sonría el pecho. Batiente. Leer y destruirse. Escribir y deshacerse. Aceptarse continente de carne y kilometraje trucado.

Autor: Julia Roig, MDN

Ilustración de Anka Zhuravleva

Dos poemas de amor de Raquel Lanseros

HACIA LA LUZ

Tu nombre es una isla y en tu cuerpo
la fruta es de varón, dulce collado.

Ya no te escondas.
Ven, que me atenaza
el rumbo ciego de esta tentativa.

Soñadores simétricos dentro de la llanura
cuya existencia inventa el sueño ajeno.

Haz y envés del destino,
mitades incendiadas por un impulso fértil.

Llega por fin, mira cómo te busco
en esta momentánea eternidad.

Quiero guardar el hoy como se guarda
un templo piedra a piedra.

No me importa esperar: soy la creación.
No me importa luchar: soy la creadora.

Cuanto te encuentre morirá la muerte.

Ilustración de Aldo Balding

CONTIGO

Porque no vive el alma entre las cosas
sino en la acción audaz de descifrarlas,
yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

Después de tantos nombres,
de tanta travesía hacia mi propia brújula,
podría abrazar la arena durante varios siglos.
Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

No está en mí la verdad, cada segundo
es un fugaz intento de atrapar lo inasible.
La verdad no está en nadie, y aún más lejos
yace de un rey que de cualquier mendigo.
Si alguien está pensando en perseguirla
no debe olvidar esto:
el fuego ha sido siempre presagio de declive
como la intensidad antesala de olvido.

Cuando mis ojos vuelvan al origen,
pido un último don.
Nada más os reclamo.
Poned en mi sepulcro las palabras.
Las que dije mil veces
y las que habría deseado decir al menos una.

Guardad en mi costado las palabras.
Las que usé para amar,
las que aprendí a lo largo del camino,
las primeras que oí de labios de mi madre.

Envolvedme entre ellas sin reparo,
no temáis por su peso.
Pero cuidad con mimo la palabra contigo.
Tratadla con respeto.
Colocadla
sobre mi corazón.
La verdad no está en nadie, pero acaso
las palabras pudieran engendrarla.

Quizá entonces aquel a quien dije contigo
y para quien contigo fue toda su costumbre,
se acostará a mi lado con ternura,
juntos en el vacío más sagrado,
cuando la eternidad toma nuestra medida,
cuando la eternidad se pronuncia contigo.

Ilustraciones de Jeanie Tomanek

poemas de amor, versos húmedos (86)

Hacer navegables tus ojos
con el único afán de hundir
mi embarcación y perecer en ellos.

Vivir o morir sin esperanza,
como un suicida inconsciente.

Y que un día cualquiera,
al enjugar tus lágrimas,
descubras mi cadáver, flotando
en el estuario azul de tu pupila.

Autor: Fermín López Costero

NUESTRO TIEMPO

Nos parece mentira, pero sí, hubo
un tiempo sin nosotros, años y años
en los que ni siquiera fuimos sueño
de cuerpos reposando tras amarse.
Aunque jamás lo hayamos meditado,
pudo haber una vida sin nosotros.
Tú en otros brazos, yo en otra mirada,
o solos por la calle y sin buscarnos.
Aunque lo rechacemos, habrá un tiempo
sin nosotros, durmiendo nuestra muerte
sin despertar, ni besos, ni caricias.
De las miles de vidas que pudimos
haber sido, logramos el prodigio
de desayunar juntos los domingos.

Autor: Jacob Iglesias

Ilustración: Bonnard, “El mantel a cuadros rojos” (1910)

BUSCANDO LA BELLEZA EN CUALQUIER PARTE

en un bar desangelado
una tarde fría de enero
ya de noche
en la barra
dos borrachos con solera
de vinos
uno, bronco, farfullando
una historia de navajas y hombres peleando por una mujer
otro, silencioso, delgado,
sumergido en su dolor y penitencia
y dos tipos que vienen de la aceituna
bebiendo en silencio
y con cansancio
y un hombre leyendo el periódico
disimulando su soledad
y el camarero acatarrado y aburrido
y tanto frío dentro como afuera
y todo bañado por una luz tristona
de sala de espera
que empapa y que se refleja
en paredes vasos botellas personas
y en la televisión un concurso
con gente divertida graciosa feliz y guapa
y otra ronda para engañar al hoy y al mañana.
y llegas tú
sonriendo
y dices un hola alegre y contagioso
y vas a la máquina de tabaco
sacas un paquete de camel
te pegas unos pasos de baile
y te marchas con un adiós amable y seductor
y todo parece caldearse brillar
todo se vuelve suave hermoso caricia
y nos agarramos con fuerza a esa oportunidad de belleza y calor
y pedimos otra ronda
porque todavía hay una mínima esperanza
y la noche es larga y fría

Autor: José Pastor

Fuente original:

https://librosyaguardientes.blogspot.com.es/2018/01/buscando-la-belleza-en-cualquier-parte.html

EL BAR

Uno se agarra a lo que puede.
Hoy, por acariciar en la memoria tu rostro,
he venido al bar de nuestra primera cita.

Tenía el mismo turno la camarera,
y pasó; no llevando unos vasos,
portaba tu recuerdo. No supe

qué licor pedir que me emborrachara más.
Temblándome la mano, te nombré.
Pero respondió: —No nos queda de eso.

Autor: Antonio Rivero Taravillo

Ilustración: Manet, “el bar del Folies Bergere” (1882)

PUERTAS

Por el portillo entreabierto
una mujer
penetra en mi mundo.

No habla,
está desnuda.

Cuando me acerco
antes de rozarla,
la puerta. se cierra.

Luciérnaga en el zaguán
misterio vedado en el umbral.

Autor: Javier Solé

Fotografía de Josep Aguilella

ASOMBROSAMENTE BELLA ERA ELLA

Ya era bella antes de envejecer
pero ahora la suma de los días le sentaba aún mejor
y cuanto más envejecía más bella se volvía
su piel parecía incandescente
la dulzura inundaba su cara como una cascada
sus palabras eran cada vez más redondas

Era asombrosamente bella envejeciendo
todo lo que tocaba se convertía en nácar
en la cocina, cuando fregaba los platos
la vajilla de hojalata se transformaba en plata
y la plata en vajilla de oro

Bella, bella era envejeciendo
leona sin suerte sin embargo feliz.

Autor: Matei Visniec

Ilustración: Rudolf Schlichter, “Female portrait” (1933)

poemas de amor, versos húmedos (85)

En un quadre de Gustav Klimt

Despulla’m,
dibuixa les meves formes de dona.
Embolica’m,
amaga’m amb robes de colors,
amb daurats generosos.
Fes de mi el millor paisatge,
deixa’m fer-te creure que dormo
perquè em puguis despertar.
A mi, que sóc de veritat.
Rodeja’m de somnis,
vesteix-me amb els meus cabells,
amb lluentons de passió estètica i descarada.
Vernissa’m de desig,
sent la meva pell només mirant-me.
Mira’m, que em deixo;
com en un quadre de Gustav Klimt.

Autor: Teresa Colom

Ilustración: Klimt, “Retrato de Adele Bloch – Bauer I” (1907)

POLVO

Me gustaría poner flores
sobre tu cuerpo.
Flores blancas en tu boca.
Flores lilas en tus ojos.
Enterrar todos
los latidos de esta casa.

Tengo cinco lunas en el pecho
y una cruz en tu nombre.
No hay casa.
No hay carretera.

Siempre me he enamorado
de golpes y animales muertos
en el suelo.

Siempre
se me dio bien caer de pie.

Ya no busco aire.
Ahora
solo intento no ahogarme.

Autor: Laura Peiró

Fuente original: http://larapeiro.blogspot.com.es/2016/04/polvo.html

Fotografía de Marta Bevacqua

REDUCIRTE

No hay nada de puro
en mi manera de mirarte
no hay nada sagrado en este cielo
sólo deseos que cristalizan,
acuciantes manías de ofrecerte
mis piernas intermitentes,
súplicas para hacerme sentir leve
prácticamente ofrendas,
insinuaciones del color
que te habita por dentro
y apenas reconoces.

Autor: Mayte Martín

Ilustración de Patricia Perrier

Te estoy esperando en el momento justo.
La cadencia dulce de tus manos
es la que da impulso
a los gestos cotidianos.
Cuento mis días por caricias.

Autor: Mar Blanco

Ilustración: Ion Theodorescu-Sion, “Mujer en el parque”

Desde el puerto

Parecías un lento petrolero
ensimismado bajo un sol de escarcha.
Y el corazón atado tras el buque
se mecía aún más lento sobre el agua;
y el descampado gris y azul del agua
otro mar de metal oscurecía:
mar negro sobre el mar en mi mirada.

Autor: Olga Bernad

Ilustración: Henri Lebasque, “Young girl at the window”

Fuente original: https://cariciasperplejas.blogspot.com.es/2008/05/desde-el-puerto.html

Veuràs l’ampla finestra
que dóna a la mar blava
veuràs l’immens forat
de gavines y d’aigua
i l’amor que s’acosta
que ve amb els ulls lluents
i et llençaràs al mar
on t’espera l’ofec
com una morta d’ànsia.

Autor: Josefa Contijoch

Ilustración de Erica Hopper

poemas de amor, versos húmedos (84)

Las que te amaron,
las que te aman,
se añaden a mis manos
cuando te toco en silencio
y las convoco, las nombro,
sin conocerlas,
porque con lo que yo te amo
no tengo suficiente
para incendiar distancias
entre tu piel y mi piel.

Autor: Begoña Abad

Ilustración: Ion Theodorescu-Sion, “Intimitate” (1931)

En mis sueños
el frío sigue siendo hermoso.

Escribo poemas verdaderos
desde la suavidad de la garra
y hablo el idioma de los delfines.

Vuelo sobre la tierra que me vio nacer
con plumasverbo de mis ancestros.

Veo voces que no me escuchan
y bailo, una a una, las notas
del silencio.

Pinto cuadros desnudos
que hablan de mis vestimentas.

No me duele nada,
ni siquiera el sueño.

La semana pasada
saboreé el éxtasis del sol
en la cúspide de tu sexo.

Y hoy, el primer beso,
bajo un paraguas de lluvia.

Autor: Paula Ensenyat

Fotografía de anka zhuravleva

Te explico la diferencia

Puedo pasar la vida
contando los exactos lunares de tu vientre,
siguiendo en el espejo tu mirada, ahuyentando
tus fantasmas; si quieres, siéndome un poco tú.
Puedo pasar la vida.
Pero vivir, amor, es mucho más que eso;
es crecer y dormir y envejecer contigo,
reñir y bromear, y no vernos a veces,
o vernos como extraños alguna madrugada.
Es la recia costumbre que de pronto fulgura
con una hermosa lumbre de pasión y demencia.

Autor: Josefa Parra

Ilustración de frida castelli

Tu siempre vas a ser la cría
Y yo el macho
Y la hembra
Todo junto.

Autor: Ana Carolina Quiñonez Salpietro

Ilustración: Romaine Brooks, “Chasseresse (Hunter)” (1920)

Todo queda atrás.
Desprovista y libre.
Como una rosa de Agadir.
Todo queda oculto
detrás del orden innecesario.
Como la innecesaria plegaria
o la innecesaria generosidad de los amantes.
Se dan y se piden porque si.
Todo queda atrás.
Las leyes y su orden.
Y este territorio de nadie.
– donde el amor muere –

Autor: Brenda López Soler

Fotografía de Kasia Derwinska, “end_of_liberty”

REVELACIÓN

Te bendigo ahora,

porque a tu lado encontré el desierto,
el vacío de las noches,
la serpentina de los sueños
decorando la amargura.

Y aprendí a estar conmigo
para no sentirme sola.

Autor: Esther Canovas

Ilustración de Alpay Efe

amores cotidianos (233): encuentros furtivos en el camposanto

SEXO Y MUERTE

Cópula en la tapia
del camposanto.
Desvelan los gemidos
a los moradores.

Tú recobras un esposo.
Yo resucito una hija.

En la necrópolis
hay occisos
anhelando
volver a vivir.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Francis Newton Souza, “Lovers in the Park” (1961)

poemas de amor, versos húmedos (83)

No parlo més
ara que sé segur
que dintre de molt poc
podré tocar-te.

Autor: Eduard Sanahuja

Ilustración: Rene Magritte, “Los días titánicos” (1928)

MORELLA

 

El frío 
acecha en esta altura,
en esta fortaleza de cegadas
piedras y ambiciones

frágil el aire,
los almendros,
inocente su aroma
a flores secas

hacia oriente, inmóvil, confiado,
el mar aguarda, estamos
junto al brocal,
el agua es un milagro
en esta cumbre
y es de miel este sol de mediodía

una foto, tú
me buscas a través
del objetivo,
yo deseo el alivio de tu cuerpo,
desnudarte

quiero la voz desnuda
en el poema.

Autor: Francisco Caro Sierra

ESTRUENDO

Nostalgia,
el pulso candente del amor y la luz
estalla en el húmedo músculo amatorio;
el diluvio comienza a florecer

su estruendo
una boca llena de olas y espuma.

Autor: Toni Aznar

Fuente original: http://taznar.blogspot.com.es/2018/01/estruendo.html

Ilustración de Alex Kanevsky

AUSENCIA PRESENTE

Tu mano
es mi mano
que sacude
con furia
el falo.

codicia tu presencia.

El semen que recorre la cama
buscando tu abrigo
llora tu ausencia
mientras
indiferente
duermes al lado en silencio

Autor: Javier Solé

Ilustración de Mary Jane Ansell

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

IMAGÍNATE

Un paquete
de Winston, tres
cafés, y no sé cuántos
folios, para decirte
en un poema
que te quiero.

Imagínate
si me metiese
con tu cuerpo.

Autor: Karmelo C. Iribarren

Ilustración: Fabian Perez, “Saba in the Sun”

Pienso en la claridad de tus cabellos…

Pienso en la claridad de tus cabellos
en la azulada línea de tus ojos
y en el espejo blanco de tu rostro
circundando de espacio y oro verde.

Pienso en el corazón que se asomaba
a la música densa de tu voz
y que se difundía en el paisaje
que sólo te podía responder.

Pienso en la soledad del mar oscuro,
en la del muro gris en que resido,
Bronwyn, y en la locura de saberte
perdida en la espiral más divergente.

Autor: Juan Eduardo Cirlot

Ilustración de Pino Daeni

poemas de amor, versos húmedos (82)

La impericia de un roce,
de una caricia,
de una palabra,

se aventaja con el regreso
de esa ternura desterrada.
Tan evadida por desilusiones anteriores.

Pero que siempre estuvo ahí,
como el polvo suspendido de la calle.

Autor: María Alejandra Fuenzalida

LOS AROMAS DE UN HOMBRE

Tu piel huele a barro fresco
como un Adán recién puesto en la tierra.
Hay olor a cascadas en tu pecho,
hojas secas y flores en tu aliento.
Un olor marino te atraviesa el cuello,
aroma de campo que desciende en tu cuerpo.
Musgos bajo tu ombligo
fragantes de deseo.
Olor de lava quemando tus piernas.
Cenizas en que ardiste.
Huele a humo tu ausencia.

Autor: Roxana Miranda Rupailaf

Ilustración de Fabián Pérez


Contemplar el semen blanco oro líquido desperdiciado
como una
Magdalena devota. Sobre los cuerpos estirados en las sábanas
pero encogidos uno-en-
otro,
echo de menos
todos los hijos que no fueron.

Autor: Yasmin C. Moreno

Ilustración de Duarte Vitoria

ABANDONO ELÉCTRICO

Abandónate
no pretendo cuidarte
sólo respirar contigo
latir juntos en un redoble eterno.

Abandónate
sin miedo:
quemaremos el cielo
para beber de las nubes.

Abandónate
pero no me dejes
dame tiempo a desquererte

a morir de tedio.

Autor: Elena Barrio

Fuente original: https://elenabarrio.blogspot.com.es/2015/04/abandono-electrico.html

Fotografía de Laura Makabresku

Si durmieras cuando yo llegara
No olvides que mi silencio
Es más grande que la distancia existente entre nuestros ojos.
Así cuando me mires
Piénsame
No estaré más triste
Acaso la permanencia de este paisaje
Sea todo nuestro secreto.

Autor: Silvana Domínguez

Fotografía de René Groebl

No hay sino dos cuerpos
como dos jadeos
antílopes extenuados
cuyos músculos
se alargan y contraen
ciegos
a la carrera hacia delante
por la pradera que se cruza
a dos velocidades
si todo lo que son escapa
y muere huyendo

Autor: Rosa Lentini

poemas de amor, versos húmedos (81)

Me conozco mejor cuando me besas,
cuando no sé pedirte que me dejes.
Me besas y me salgo de los ejes.
nos callamos y ya no quedan fresas.

Me besas y no sabes que me besas
hasta que yo te beso. No me dejes
dentro de las estrellas que destejes.
Están tus uñas rojas pero ilesas.

Me conozco mejor cuando me muerdes
en ese músculo del cuello. Sabes
dónde me gusta sin que lo recuerdes.

No te despegues, no escupas, no acabes,
que aún nuestras costillas están verdes
y esto es amor por mucho que te laves.

Autor: Pedro Larrea

Ilustración: Saturnino Herran, “la leyenda de los Volcanes”

Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.
Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en la oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

Autor: José Manuel Caballero Bonald

MIS RESPUESTAS

Las tres
de la madrugada.
Que vengan
esas grandes preguntas,
que ya tengo
mis respuestas:
el viento
y la lluvia
ahí fuera,
y aquí
al lado
tu respiración.

Autor: Karmelo C. Iribarren

Ilustración de Josh Summana

LA GORDA

Como un niño a una rueda,
la llevaba rodando a todas partes.
Nunca le dije gorda. Le llamaba
mi pequeño planeta expulsado del cielo,
mi hamburguesita doble, mi ballena.
Yo no era su novio sino un extraterrestre
llegado del espacio para ponerla en órbita,
o una familia hambrienta la tarde de un domingo,
o el capitán Ahab. A veces explotábamos
de gozo, y mi bombona de azúcar me dejaba
malherido y feliz como un buzo mordido
por su propia escafandra. Una tarde al llegar
a una calle con fuerte pendiente la empujé
sin calcular las consecuencias
y se salió rodando de mi vida.

Autor: Jesús Aguado

Ilustración: Botero, “Picnic” (2001)

ORIGAMI

Ese animal perfecto
que aúlla entre las sábanas
y al acabar de devorarnos
se dobla
y se desdobla
y se pliega
y se repliega
hasta esconderse
en la rutina sorda
de volver a ser
nosotros mismos.

Autor: Alfonso Brezmes

Ilustración de Istvan Sandorfi

IMAGINA SI SOMOS DOS

En la escuela atendíamos callados
a las explicaciones del maestro
que nos mentía, haciéndonos pensar,
que podíamos resolver ecuaciones con dos incógnitas.

No sé cómo soy, ni lo que quiero,
y cuando lo sé, me equivoco
o me miento,
o ya no soy yo,

o todo y nada a la vez.

Imagina si somos dos.
No. No sé resolver ecuaciones con dos incógnitas.

Autor: Tirso Priscilo Vallecillos