el suicidio (44): Miyó Vestrini, encrucijada entre el desamor y el desarraigo

jone-reedLa tristeza
amanece
en la puerta de la calle.
No en vano
he sido tan cruel,
no en vano
deseo
cada tarde,
que la muerte sea simple y limpia
como un trago de anís caliente
o una palmada cuyo eco se pierde en el monte

Ilustración de Jone Reed

vilhelm-hammershoi-23EL LLANTO

Siempre hay una habitación a oscuras
para tener lágrimas tras las persianas
sobre las rodillas
el papel se deja amar
y los muebles celebran el silencio.
Es el instante de la certidumbre
de las manos quietas en la mesa de fórmica
tenemos penas
y afuera
todos
todos lo ignoran.

Ilustración de Vilhelm Hammershoi

Zanahoria rallada

neil-craver-untitled

El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
O un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
Con fuerza,
Para que duela
Y aprendes a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
La-muerte-en-realidad-te-parecía-la-única-salida
O que lo haces
Para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
Ya te han dado la espalda
Y están mirando el tubo transparente
Por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
Es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
Porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó a prisa
Y en diez minutos,
Ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio dónde llorar,
Ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
Dicen,
Como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
Nunca diré una palabra sobre tu vida
En ningún libro,
Si puedo evitarlo.

Fotografía de Neil Craver

vestrini1Miyó Vestrini (1938-1991nació en Francia y emigró siendo niña a Venezuela.
Desde muy joven se dedicó al periodismo cultural, y en los años sesenta formó varios grupos literarios. A lo largo de su obra poética, Vestrini modela un imaginario simbólico que da cuenta de la dificultad de un yo lírico femenino para relacionarse con los otros. Pareja, hijo, madre, amiga son coprotagonistas de anécdotas que revelan conflictos irresueltos.

El alcoholismo y la depresión le acompañaron siempre. Y los siete intentos de suicidio tuvieron su corolario en el definitivo, el octavo.

El cuerpo vestido y calzado reposaba en la bañera, el agua la rebosaba, flotando hallaron una estampa de San Judas Tadeo, en el tocadiscos un LP de Roció Durcal. Fuera, encima de la mesa, estaban dos notas, una para su hijo Ernesto, y otra que decía: “Señor, ahora ya no molestare más. Los dejare ser felices”

En la puerta del baño una nota para el hijo “no entres, llama a tu papá, él sabrá que hacer”

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