Retratos de España (59): Monte Gurugú

Este relato lleva por título “FINAL DE LA COPA EN EL MONTE GURUGÚ“:

A los cadáveres escondidos que ocultan un sueño vencido…
Vuestras madres os llorarán, vuestros hermanos os vengarán

 “Durante la colonización, nos llevaban a la fuerza a Europa. Hoy ponen vallas, nos disparan y nos rompen las manos”

El monte Gurugú es la última estación de un periplo de los inmigrantes ilegales que emprendieron una larga travesía por África soñando una vida mejor. Es el refugio en el que muchos inmigrantes de regiones subsaharianas aguardan para poder dar el salto y su frontera con la próspera Europa.

Es, también, un campamento en el que conviven en precario, desgastados por las penalidades y el mal trato de las autoridades marroquíes, jóvenes de diferentes nacionalidades.

inmigrantes en la vallaAlgunos esperan allí, escondidos entre la maleza, agazapados, el momento del salto durante meses. No son pocos los que lo han intentado en varias ocasiones, y en todas ellas fracasaron o las autoridades españolas los repatriaron –expulsados es la palabra precisa- irregularmente. Entre ellos hay más de uno que tiene marcas en la piel que delatan el fracaso, las corcentinas con las que las autoridades gubernamentales pretenden disuadirlos.

Son jóvenes desesperados tentados de regresar al Chad, a Níger, a Costa de Marfil… Pero no vuelven a su país para evitar reconocer el fracaso de su odisea, desnutridos y sin dinero. Persistir en el empeño del sueño de prosperidad es, con frecuencia, el asidero bajo el que esconder ante familiares y amigos su derrota.

Didier lo consiguió. No a la primera, ni a la tercera. Necesitó cuatro años para dar el salto definitivo. En Costa de Marfil era un joven jugador de fútbol; al llegar a España un club lo fichó y regularizo su situación. En todas las tardes de fama y gloria –y hubo muchas- nunca olvido el cadáver de su hermano pequeño, Kolo, que quedó extendido al otro de la valla, desangrado por las cuchillas y apaleado por el ejército marroquí.

El equipo de Didier alcanzó la final de la Copa del Rey –antes Generalísimo- y el ministro del Interior le tendió la mano cuando entregaban el trofeo. No se la estrecho. Didier no es bueno ni para los números ni para las letras, pero nunca olvida una cara y ése era el rostro de quien dirigía las fuerzas de la policía que en la valla le impedían de manera poco humana salir del infierno. Ni la cara ni el crucifico colgado de cuello de un ministro al que hacía políticamente responsable de la muerte de su hermano. El maestro de su escuela en Costa de Marfil le explicó un día siendo niño que nadie estrecha la mano ni saluda con cordialidad a un asesino.

En la aldea natal de Didier televisaron la final y todos dieron saltos de júbilo al ver a Didier alzar la Copa. Era una fiesta, el sueño de ser un gran futbolista del que todo el mundo habla y cuyos padres están orgullosos. Sólo en un rincón del bar la anciana madre de Didier, medio ciega, pregunta donde está Kolo y un pálpito le dice que algo no marcha bien si el hermano pequeño no está junto al primogénito alzando la Copa que tantos años y penalidades ha costado ganar.

Autor: Javier Solé, abril 2014

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

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el suicidio (XVI): utopías a la deriva. Canciones de Violeta Parra

“Yo me llamo Violeta Parra, pero no estoy muy segura. Tengo cincuenta años a disposición del viento fuerte. En mi vida me ha tocado muy seco todo y muy salado, pero así es la vida exactamente, una pelotera que no la entiende nadie. El invierno se ha metido en el fondo de mi alma y dudo que en alguna parte haya primavera; ya no hago nada de nada, ni barrer siquiera. No quiero ver nada de nada, entonces pongo la cama delante de mi puerta y me voy”.

Porque los pobres no tienen

Porque los pobres no tienentina modotti - el machete (1928)
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que a su hermano
en este mundo le quitan.

Palomita,
¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión,
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.

Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanza,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza.
Por eso las procesiones,
las velas y las alabanzas.

De tiempos inmemoriales
que se ha inventa’o el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y al pobre, que es inocente,
con su inocencia creyendo.

El cielo tiene las riendas, Van Gogh - la iglesia de Auvers (1890)
la tierra y el capital,
y a los soldados del Papa
les llena bien el morral,
y al que trabaja le meten
la gloria como un bozal.

Y pa’ seguir la mentira,
lo llama su confesor.
Le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliego ni sindicato,
que ofende su corazón.

Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.

Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor,
pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.

Ilustraciones: fotografía de Tina Modotti, “el machete” (1928) y Van Gogh “la iglesia de Auvers” (1890).

Gracias a la vida

“Gracias A La Vida”, además de una popular canción de inspiración folclórica chilena,  constituye una de las contradicciones más grandes de la compositora. Este himno de amor y humanismo profundo queda amargamente punteado por un alma que agradece la vida mientras prepara su muerte; este sarcasmo empaña el optimismo irrefrenable con el que, habitualmente, es considerada la canción si bien el sarcasmo le data de profundidad. Nunca un epitafio fue tan demoledoramente equilibrado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado,
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.tina modotti
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios,
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano,
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto
y el canto de ustedes que es el mismo canto,
y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Fotografía de Tina Modotti

VOLVER A LOS DIECISIETE

Edward Weston - Tina en la azotea (1923)

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
Es como descifrar signos sin ser sabio competente,
Volver a ser de repente tan frágil como un segundo
Volver a sentir profundo como un niño frente a dios
Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

Mi paso retrocedido cuando el de usted es avance
El arca de las alianzas ha penetrado en mi nido
Con todo su colorido se ha paseado por mis venas
Y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
Es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
Ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento
Todo lo cambia al momento cual mago condescendiente
Nos aleja dulcemente de rencores y violencias
Solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

El amor es torbellino de pureza original
Hasta el feroz animal susurra su dulce trino
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño
Y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
Entró el amor con su manto como una tibia mañana
Al son de su bella diana hizo brotar el jazmín
Colando cual serafín al cielo le puso aretes
Mis años en diecisiete los convirtió el querubín

Fotografía: Edward Weston, “Tina en la azotea” (1923)

violeta parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval (1917-1967) es la más grande representante de la música folclórica chilena y fervientemente comprometida con la injusticia social. El abandono del que dicen fue el gran amor de su vida que formaliza otra relación en Bolivia en 1966 la destroza emocionalmente y el fracaso de la carpa  La Reina acrecienta su desencanto y desapego existencial.

Antropóloga musical, poeta, pintora, cantautora, bordadora, ceramista, mujer telúrica de fondo trágico y vida fértil, Violeta Parra se pegó un tiro en la cabeza en su carpa de La Reina. Le faltaba poco para cumplir 50 años pero el fracaso económico de su utópico proyecto de comuna musical en el campo y el fiasco de su no menos utópico proyecto sentimental junto a sus hijos y un hombre suizo 16 años menor que ella dieron al traste con sus ganas de vivir.

En realidad, como casi siempre, la culpa de que apretara el gatillo no fue de nadie. Era una mujer enérgica y tozuda.

Un fantasma recorre (todavía) hoy el sur de Europa… La huelga (Eisenstein, 1924)

Sinopsis: Cuando los obreros de una empresa metalúrgica de la Rusia zarista deciden convocar una huelga por sus miserables condiciones de trabajo, los directivos, aliados con las fuerzas del Gobierno, se ponen en acción para evitarlo y boicotear sus actividades. La violencia se desata cuando uno de los pequeños líderes de estos obreros muere en extrañas circunstancias. Sus compañeros, indignados, toman las calles en masa para protestar por ello. Muy pronto, van a ser salvajemente atacados por las fuerzas del Zar…

Sergei Mijailovich Eisenstein fue uno de los grandes directores de la Escuela Rusa de la primera mitad del siglo XX junto a Pudovkin, Kulechov y Dovjenko. De formación teatral y estudioso de la narrativa de Charles Dickens, fue uno de los más grandes teóricos del cine de la historia y un maestro del montaje, del que haría la base de la estética de sus filmes. Épico y barroco y a la vez lírico, Eisenstein narró grandes epopeyas en las que el protagonista solía ser coral y se levantaba contra la opresión a la que querían someterlo, ya fuese la de los zares, la de los terratenientes mexicanos o la de los invasores de la Rusia mítica del pasado (los teutones o los tártaros).

La huelga (1924), su primera cinta, fue concebida como una entrega más de una serie de obras sobre la implantación del marxismo-leninismo. El filme es una llamada a la cohesión de todos los trabajadores oprimidos sean del sector que sean contra el poder capitalista. La obra, sumamente teatral, presenta excelentes escenas de acción unidas por un montaje dinámico y muy ágil que aporta significación y, además, contiene ya todo el poder metafórico y simbólico del que su autor hizo gala con gran originalidad. La escena cumbre tal vez sea la de la matanza del ganado, comparada directamente con la matanza del pueblo (comparación que recuerda a la que Chaplin haría en la posterior “Tiempos modernos” con los obreros y las ovejas). Hay otros efectos también geniales como los de los cuerpos reflejados en los charcos de la fábrica, sumida en la miseria. La ambientación, muy oscura y sucia, está así mismo muy conseguida, y, por supuesto, destaca en “La huelga” un manejo de las multitudes ante la cámara simplemente soberbio. El protagonista no es un solo individuo, sino todo el pueblo.

Pero los logros son sólo exclusivamente técnicos. Argumentalmente, como todo filme de propaganda de cualquier ideología, no hay por donde cogerlo: narra una ridícula y maniquea historia en la que el bien absoluto lucha contra el mal absoluto, representado el primero por obreros pobres y sufridos y el segundo por ricos opulentos y malévolos hasta el esperpento.

La visión política e ideológica de La huelga es, seguramente, simplista y ha envejecido desde su estreno en 1925. El contexto histórico es fundamental para comprenderla en su integridad. Pero su poder visual no se ha desvanecido y es rabiosamente actual, perennemente a la vanguardia.

Eduardo Galeano: economía mundial y economía doméstica

La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.”

 

Ilustraciones: Diego Rivera, “el reparto de la tierra” (1924) y “los explotadores” (1926)

 Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”

Ilustración: Rembrandt, “parábola del hombre rico” (1630)

utopías (I): la utopía de Eduardo Galeano

Cada día como si fuera el primero
Cada noche como si fuera la última

Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos más.
Camino diez pasos
y el horizonte se corre
diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine
nunca la voy a alcanzar.
¿Para qué sirve la utopía?
Sirve para eso:
para caminar.

Eduardo Galeano es un escritor uruguayo, poeta y ensayista nacido en 1941. La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.