las tartas tristes del pastelero

pasteleroEntre todas las pastelerías del barrio mi padre prefería siempre la más alejada de casa. Algunos domingos nos acercábamos a comprar un pastel. Ello nos permitió conocer la historia de sus propietarios, un joven matrimonio que preparaba los pasteles entre arrumacos.

Unos años más tarde la joven esposa abandonó al pastelero llevándose consigo los tres hijos pequeños del matrimonio. El hombre no perdió la compostura y permaneció impasible ante el cuchicheo de los clientes que frecuentaban la pastelería más por el morbo de los cuernos que por los torteles.

Esta historia dio un giro especialmente trágico cuando una nota de prensa informaba de la muerte de la mujer y los tres hijos asesinados por el amante de la esposa.

El pastelero era un hombre devastado; todo cambió desde entonces y su oficio ensombreció. Los pasteles pochos, las pastas requemadas; en sus ojos vidriosos se reflejaba la mirada agónica más triste del universo.

Los vecinos del barrio acudían a la tragedia del pastelero como abejas a la miel. Rico pero huérfano, deambulaba por el Raval buscando el consuelo y la compañía de las meretrices con pechos blancos como merengues y pezones como cerezas confitadas.

Todavía hoy no sé si el viudo pastelero ha tenido hijos nuevos a los que enseñar el oficio. Cuando años atrás iba a ver a mi madre enferma el local de la pastelería permanecía firmemente cerrado.

Y todos los vecinos del barrio compran bollería industrial ajenos a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Retratos de España (68): Dos relatos de mendigos y vagabundos

Dos relatos sobre un mismo tema con enfoques complementarios; escribí “EL VAGABUDO DEL SUPERMERCADO” en noviembre del 2013, poco antes de cerrar la edición impreso del libro de relatos donde se incluye. Mi hija Laia siempre decía cuando veíamos al mendigo que deberíamos darle algo y yo aceleraba el paso y le recordaba que estoy desempleado y vivo de la indemnización por despido y las rentas de un piso heredado de mis padres. Ella siempre censuro mi actitud y no sé si alguna vez le dio alguna moneda a escondidas.

En el mes de abril, después de unas semanas de las devastadoras semanas de febrero, volví a ver al vagabundo y en un acto impulsivo que pretendía honrar la memoria de Laia me acerqué a él y le di un billete de cinco euro. Él, confundido, hizo un gesto gratamanente sorprendido por la dádiva, pero yo seguí apresurado y triste mi camino.

En el mes de julio, de repente, el vagabundo del supermercado desapareció y, en su lugar, una rumana joven ocupa la misma esquina del supermercado, como si hubiera heredado el puesto. Estamos en septiembre y el vagabundo no aparece. Muchos días pienso que le ha pasado algo, presiento que nada bueno puede ocultarse en esta ausencia. He preguntado a las cajeras, a las de la mañana y a las del turno de tarde, pero nadie sabe nada ni se atreve a preguntar. Pudiera ser que la rumana supiera algo pero la vemos como una intrusa y ninguno quiere siquiera hablar con ella. Con el tiempo, en el invierno, imagino nos haremos amigos de esa chica. Pero Laia, aunque quiera, no podrá darle ninguna moneda.

El otro relato, “CAJERO”, escrito por Begoña Abad, lo leía esta primavera en un libro de relatos que recomiendo.

EL VAGABUNDO DEL SUPERMERCADO

El vagabundo del supermercado no tiene nombre, sólo una mirada que deambula en el infinito de la tristeza. En los meses más duros del invierno abandona los soportales del supermercado y se traslada a su residencia en el cajero de la entidad bancaria donde custodia el dinero que otros le niegan.

Al vagabundo del supermercado el peluquero le ha cortado gratis el pelo. Incluso sucio es un hombre joven prematuramente viejo bien parecido.

Morteza Katouzian - on the pavement (1984)

El chino del Condis le ha dado una lata de sardinas; en la panadería el último pan horneado es para él. La hija de mi vecino le regala caramelos de fresa antes de entrar en la escuela.

Yo no sólo no le he dado nada sino que le he robado esta historia. En lugar de un viejo escritor decrépito, malhumorado e insolidario, soy el joven neonazi que transita por el paisaje arruinado de esta urbe industrial con la vana esperanza de ahogar todas mis desdichas negándole a otros el puto aire contaminado.

En las naves industriales de este imposible polígono el polvo de semanas cubre el desvencijado anuncio de un alquiler sin traspaso. Los niños lanzan piedras al perro escuálido que olfatea entre los escombros.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Morteza Katouzian, “on the pavement” (1984)

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

CAJERO

MENDIGO 10El ángulo de visión no es muy grande, pero abarca justo el peldaño que da acceso al interior del cajero automático. En ese peldaño se sentaba el muchacho cuando la noche de fin de semana no había sido buena y el alcohol no había conseguido más efecto liberador que el de olvidarse de sus fantasmas,. Nadie le echaba de menos en ninguna parte. Entonces era violento, y sentía una rabia incontenible si encontraba dentro a algún mendigo que se acomodaba para pasar la noche. Hubiera querido echarle a patadas, pero el ojo inmóvil de la cámara de seguridad le cortaba la idea.

Al paso de los años, cuando el alcohol ya era un viejo compañero de diario, era él mismo quien buscaba ese refugio. Anoche, un muchacho borracho y solo le mató a golpes por quitarle el sitio. El ojo inmóvil de la misma cámara de seguridad estuvo presente y de haber podido hubiera llorado, él si le echará de menos.

Autor: Begoña Abad

Relato  incluido en “Cuentos detrás de la puerta” (2013)

El olor de la muerte

Supe que la muerte no acontece como en las películas de Sam Peckinpah el día que cerré los ojos de un hermano de mi madre cuya última mirada confirmaba mis peores presagios. Esas muertes rápidas, heroicas, majestuosas, impúdicamente ralentizadas no se corresponden con la realidad de quienes presienten con dolorosa certeza el fin de sus vidas, habitualmente rodeados de dolor.

Brueghel - El triunfo de la muerte (1562) detalle 01

Mi madre falleció al final de una mañana de invierno en una agonía que tanto ella como yo intuíamos definitiva. Lo hizo con dificultades crecientes para respirar, con el corazón desbocado y una mirada que combinaba tristeza y ternura. Aquella su última mañana estaba especialmente serena, tranquila, interesada por cosas banales de la intendencia. Felizmente cotidiana. Y muy guapa.

Mi padre, por el contrario, falleció a primera hora de la tarde de un día de verano entre muestras contundentes de dolor y aquejado de un frío intenso que iba devorando el cuerpo. Lo hizo reclamando –prácticamente exigiendo- una atención y cuidados que acabó suplicando y no obteniendo entre la indiferencia de las enfermeras y la apatía de los hijos. Abandonar la sala escasamente un minuto antes con una sensación de momentáneo alivio resume una relación filial llena de absurdos desencuentros.

El momento de la muerte de los vivos que yo he visto morir es la única certeza cierta que conservo. Sus rostros me revelan todo y es tan pavorosamente angustioso que su solo nombramiento acalla mi voz. Ni Pedro, ni Jorge, ni Tere ni José tuvieron un tránsito pacífico a otra vida, sencillamente, porque con sus miradas y sus gestos, con sus manos apretujando mis manos, me confirmaron que no había otra vida y que abandonar ésta, la única, era algo que, pese a todas las calamidades y sinsabores, hacían a su pesar.

Si queréis podéis seguir imaginando el duelo con la Muerte en una interminable partida de ajedrez pero yo de vosotros no coquetearía con esta golfa. Y si tenéis ocasión prepararle una celada. Ni el mejor gambito de rey ni la más organizada defensa siciliana han podido nunca con esta perra.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Ilustración: Brueghel, detalle de “El triunfo de la muerte (1562)”

Lo llaman inexorable paso del tiempo

yanni floros - knot_listening
Conduces por una carretera del sur de Francia, estas de vacaciones. Miras por el retrovisor y ves a tus hijas felices; la mayor sonríe y la pequeña ensaya alguna de sus divertidas muecas. Han inventado un inverosímil relato que graban en video; sus pies se trasforman en los personajes del cuento.

Conduces ahora por otra carretera, probablemente local, que no lleva a ningún atractivo lugar de veraneo. Al mirar hacia atrás, por el retrovisor, las dos llevan cascos; la Esther está callada y seria y la Laia, con el ceño fruncido, te lanza una mirada reprobatoria. No dudes: la mueca ha mudado en mohín.

La diferencia entre el primer párrafo y éste último los especialistas lo llaman el inexorable transcurso del tiempo.

Me importa un carajo como se llame; los psicólogos advierten que con mi actitud sólo puedo empeorarlo y que carezco de inteligencia emocional. En internet hay foros que aseguran que no existe tratamiento eficaz y que los medicamentos no entran en el seguro.

Bien mirado, el problema no es que crezcan ellas. Es que envejezco mal yo.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Ilustración de Yanni Floros

Apóstata de mi vejez

1965 Comunión Jorge 13 Todos los primos“Padre nuestro, que estás en paradero
desconocido, líbranos de Ti.
Vacíanos de Ti,
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta
en la que el miedo de unos monos te inventara”.

(Juan Bonilla, fragmentos del poema “CORDURA DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO”

El 15 de mayo de 1969 el cura más progre entre los jesuitas progres de la ETPClot oficiaba la ceremonia de mi comunión e incluía entre sus reflexiones una arenga política que me hizo preferir a Marx antes que a Dios. Y, claro, unos años después solicité al párroco de San Martin me diera de baja como socio del catolicismo.

La Iglesia ha dado la callada por respuesta pero yo no abonaré cuotas a este club; ateo practicante que en la casilla del IRPF revisa una y otra vez que la cruz de fines de sociales sea la señalada. El jesuita en cuestión, Labeira, tenía a bien explicarnos con todo lujo de detalles sus fascinantes viajes en metro por la Barcelona barraquista de Porcioles. Honestamente creo que sus compañeros, más proclives al catalanismo burgués, no hicieron con este cura obrero justicia. Tal vez había algo de autoexclusión pero su mirada solidaria gana por goleada a otros jesuitas del mismo centro que tocaron poder para dejar las cosas casi como las habían encontrado (¿verdaderamente hace falta citarlos expresamente? En el pecado está la penitencia).

1965 Comunión Jorge 14 Jorge y JavierPero de mi comunión lo verdaderamente relevante no era la Eucaristía sino el regalo; un reloj TITAN, un pedazo de reloj sumergible a miles de metros, con manecillas y esfera megachachi.

Finalmente, no me han excomulgado. Mi apostasía es un expediente digno de Kafka que confirma que para la iglesia, como para las empresas de telefonía, muy fácil es entrar pero harto complicado es salir. El reloj –pura publicidad engañosa- se mojo aquel mismo verano del 69 y no marca ni horas, ni minutos, ni segundos. Ahora sólo me queda una estampita y la vejez maltrecha, recuerdos desvanecidos. Cuando quiero reírme sólo tengo que mirar las fotos de la comunión de mi hermano (dos de ellas ilustran este texto; por cierto, el jinete soy yo), con su traje de franciscano y su cara de bizcocho beato. Él si se salvo in extremis de ingresar en la curia romana.

Bien mirado, me hubiera ido bien tener familia en el Vaticano para dar un empujoncito al expediente.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Los padres siempre se mueren demasiado pronto y malamente

El padre de mi jefe se murió en el momento más inoportuno. Uno no escoge siempre el momento de morirse, ni siquiera los suicidas. A mi jefe la muerte de su padre le pilló en medio de unas negociaciones cruciales con las empresas concesionarias de las autopistas.

Al día siguiente del entierro en Madrid tenía una reunión en Barcelona. Yo acudí para cubrir el aspecto técnico pero sobre él recaía el peso de la negociación.

esperaEstábamos en la salita de espera, donde las revistas son viejas y sosas; noticias rancias escritas por periodistas amortajados. Y el hilo musical susurra canciones y melodías que nadie compra.

Él estaba compungido, triste y cansado. Mi forma de expresarle torpemente el pesar era dejarle hablar, facilitarle el espacio a la palabra. Entonces dijo aquello de que “mi padre ha sido una buena persona”. Yo no supe que decirle –rumiaba interiormente aquello de “no siempre de tal palo tal astilla”-. Y me quedé asquerosamente mudo, callado e inmóvil. Ahora sé que debía hablar hablado, que callarse equivalía a incapacidad para trascender una mera y protocolaria solidaridad. O peor aún, indiferencia ante el dolor ajeno. Por eso, debería haber dicho algo parecido a “no le conocí, sólo vi a su padre una tarde en la oficina pero si tuvo un hijo como Vd. es una lástima no haberle conocido”

Ernesto Banderas - la esperaHan pasado desde entonces algunos años. Él ha muerto. Estos últimos días no he dejado de pensar en la escena de nosotros dos sentados en la salita, pulcros y silenciosos, el nudo de la corbata estrangulando la nuez. Recordando esa imagen mi enemistad con José Luis se diluye como un azucarillo y me doy perfecta cuenta de lo divertidamente patético de nuestras teatrales disputas. Fueron más de dieciocho años de contienda que nos dejaron exhaustos.

¡Tanta manifiesta hostilidad para acabar añorando un armisticio que nos devolviera una amistad descarrilada! Los mejores enemigos son aquellos que hubieran sido buenos amigos.

Yo quería a mi padre pero murió y no sé si llegó a saberlo. José Luis sonríe. Me ha prometido que esta misma tarde hablará con el Pirulo. ¡Con enemigos así para que quiero yo amigos!

José Luis anda liado últimamente preparando una gran fiesta para cuando vaya a verlo. ¿Alguien sabe con certeza si ahí hay sindicatos?

Autor: Javier Solé

Ilustración: Ernesto Banderas, “la espera”

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

nuevas costumbres

ventana luz noche

 

Tengo 20 años y me gusta la música alta. No estoy sordo, sólo me gusta la música alta. El dial del volumen al máximo. Al final del verano el vecino de enfrente vino a mi casa y me pidió de buenas maneras que bajara el volumen; su mujer está todo en día en casa, enferma, y mi música –el volumen alto de mi música- le impide descansar. Yo no quise follones pero puestos a poner pegas él tiene toda la noche la luz del dormitorio encendido.

Es diciembre. Una ola de frío recorre la ciudad. En las noticias de la tele anuncian nevadas incluso en cotas muy bajas. Hoy la tenue bombilla de la ventana de los vecinos no se ha encendido. No sé si me acostumbraré otra vez a la música alta y a las noches sin luz.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Rehén de la memoria en el mes de abril

rehen de la memoria 14En Catalunya se celebra en el mes de abril la Festividad de Sant Jordi con descuentos en la compra de libros.

“REHÉN DE LA MEMORIA” se suma a esta tradición y ofrece disfrutes de sus relatos con un importante descuento del 20 % válido para durante todo el mes de abril.

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El Canódromo Meridiana

“Si un día te sientes inútil y deprimido, recuerda que fuiste el espermatozoide más veloz de todos” (Groucho Marx)

canodromo meridiana

No hay fotografías de las mañanas de domingo que mi hermano y yo nos acercábamos al Canódromo Meridiana, no lejos de donde vivíamos. Tampoco –eso ya es más grave, hermanito- la película en super ocho que rodamos cuando en nuestra vida emulábamos la frescura de Truffaut y los primeros planos de sabuesos sudorosos se alternaban con rostros de viajeros lacónicos del transporte público en un montaje dialéctico que ríete tú del de Eisenstein.

Además de propiciar nuestro debut cinematográfico, el Canódromo Meridiana era un punto de encuentro, de relaciones sociales. El hecho de que en los alrededores faltaran parques y zonas verdes propició su uso como zona de paseo familiar. La entrada era libre para todas las edades y se podía apostar.

Algo parecido al “casino de los pobres” donde los obreros de la Barcelona gris del franquismo apostaban todo el dinero de la revolución pendiente confiando su futuro en el galgo más ligero. Los oscuros jefazos del movimiento, a la hora de la recaudación, recogían las monedas que ponían a buen recaudo en inmobiliarias con aluminosis.

El Canódromo Meridiana se construyó entre 1961 y 1964, en un terreno al norte de la ciudad de Barcelona. Fue el último recinto de España en ofrecer carreras de galgos hasta su cierre en el año 2006.

“En aquellos tiempos no se hablaba mucho en este país de ecologías y del respeto debido a los animales. Los galgos estaban en el Canódromo, y punto. Su única obligación se reducía simplemente a correr y tratar de llegar el primero a la meta. Nadie se preocupaba pensando dónde dormían, cuál era la calidad de las perreras, cómo se les alimentaba y cuáles eran los cuidados sanitarios que se les dispensaban. Nadie, por lo tanto, hubiese puesto entonces el grito en el cielo al saber que aquellos perros, considerados como padres de todos los perros que hoy existen, vivían en un módulo de apenas un metro cuadrado o que eran transportados en jaulas tan estrechas que con frecuencia las patas quedaban colgando fuera.

De hecho, los galgos sólo importaban durante los segundos que duraba la carrera. El espectáculo era realmente electrizante. Luego, otra vez la rutina del vuelta a empezar, la alegría de algunos apostadores, la decepción de la mayoría, las colas que volvían a formarse ante las taquillas expendedoras de boletos. Apuesta y decepción. A mí me seducía especialmente, entre carrera y carrera, contemplar a la gente y escuchar sus comentarios. Casi todos eran jubilados que apostaban ilusionadamente unas cuantas pesetas, pero que luego solían volver a sus casas con el rabo entre las piernas” (Javier Tomeo)

Al mirar las fotografías de estos galgos (o podencos) su vida se me antoja una metáfora de la nuestra; esos perros escuálidos que se lanzan a una frenética carrera en pos de una falsa liebre; corren angustiados –nos hacen correr- unos al lado de los otros ilusionados con falsas promesas. Yo nunca gané una carrera pero sé también que los que vencieron fueron segundos. La liebre es siempre la primera.

Cuando estoy triste pienso en las tardes de mi infancia en el Canódromo, en los fotogramas desdibujados que no supimos conservar. Y el espermatozoide más rápido de aquella noche incierta de un mes de octubre de 1960 (con todo el cariño para el ovario de mi madre) se transmuta en el galgo (o podenco) que, raudo, cabalga azuzado por una bella dama, que desde la tribuna del canódromo desea secretamente su triunfo, y vitoreado por unos universitarios ociosos que le jalean en la última recta, apostando su exiguo peculio en un suicida desafío a la providencia.

Es entonces cuando, un segundo antes de la derrota, saboreo el dulce encanto de la compañía.

Autor: Javier Solé, salvo los párrafos en cursiva que son de Javier Tomeo y fueron publicados en:

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/341/1144432940.html

Relato incluido en “Rehén de la memoria”, ISBN 978-84-9050-719-3

Rehén de la memoria

Tal y como os anunciaba hace unos días en https://fragmentsdevida.wordpress.com/2013/12/11/tener-un-hijo-plantar-un-arbol-y-escribir-un-libro/, este fin de semana han llegado los primeros ejemplares de REHÉN DE LA MEMORIA, libro de relatos breves donde conviven personajes reales con otros de ficción bajo unas particulares coordenadas temporales donde pasado y presente se entremezclan.
rehen de la memoria 07

Si estas interesado en el libro puedes encontrar información completa en el post de este mismo blog a que aludía antes o pinchar el enlace lateral que te llevará a la dirección https://www.facebook.com/rehenmemoria que gestiona todas las vicisitudes del libro.

ISBN 978-84-9050-719-3
Depósito Legal AL.1142-2013
Colección: Círculo rojo – Relatos
Formato: Edición Rústica con solapas
Editorial: Editorial Círculo Rojo
Precio: 10 €

Si tienes interés por adquirirlo los datos del correo electrónico para gestionar el envío son:

fjaviersole@gmail.com

En unos días podrá gestionarse la adquisición del libro en la librería virtual de la editorial y bajo demanda en, entre otros, EL Corte Inglés y Casa del Libro. También esta prevista su distribución en ebooks. Si alguna persona reside fuera de España puede contactar en la dirección de correo electrónico antes mencionada y ver otras formas alternativas de facilitar el libro (PDF, por ejemplo).