la vida y la muerte (235): Dos poemas de Rafael López Vilas

EN LA HORA DEL ADIÓS

Llevo dos minutos
con la mirada perdida
en ese hombre que se sienta
al otro lado de la mesa
Su teléfono suena
No es el momento
pero suena
Perdonen, se disculpa
Conteste, dice alguien de nosotros
Pasa un minuto
antes que la llamada termine
Después
enciende su tablet
y empieza el cuestionario
¿Edad?
77
¿Estado civil?
Viuda
¿Hijos?
Hay tres sillas a este lado del escritorio
Un hijo por silla
Una silla por huérfano
¿Flores?
¿Esquela?
¿Misa?
Mi estómago se revuelve
La vida tiene algún sentido
pero no es este
Una de mis hermanas llora
Acaricio su hombro
pero ninguna mano en el mundo
consolará su amargura
Tras el hombro del empleado de la funeraria
veo la ventana de mi dormitorio
Hay una cama y dos mesillas
Un batiburrillo de sábanas
y un par de calcetines sucios
Esta noche
la pasaré en esa habitación
y quizá duerma
mientras mi madre
sigue enfriándose
y el fuego fatuo del horno
alumbra con tristeza para ella
en algún lugar
de este edificio

Autor: Rafael López Vilas (El lobo está aquí)

Ilustración: Olle Olsson-Hagalund, “A funeral cortege”

CENIZAS PARA LLEVAR

Faltan apenas
dos minutos
para las seis de la tarde
cuando mamá y yo
traspasamos el umbral de la puerta
El sol es un obrero amarillento
que se desloma
de luna a sombra
en la autopista del cielo
Al salir
el vestíbulo del tanatorio
es un festival de hipocresía
y frases hechas
que los difuntos
soportan sin rechistar
Llevo a mamá
en una urna
No sonríe
ni llora
No dice nada
Ha llovido mucho
desde nuestro último paseo
Todavía recuerdo su voz
pero no sé
cuánto más
podré hacerlo
Hay un agujero
dentro de mí
No sé dónde está
pero sé
que está
Las campanas de la capilla
tocan a muerto
Ningún tañido lleva
su nombre escrito
La vida sigue
Eso
nos gusta decir, pienso
mientras camino
con las cenizas calientes de mi madre
metidas en una bolsa
En mis ojos
todavía
no se desata
la tormenta

Autor: Rafael López Vilas (El lobo está aquí)

Ilustración de Zdzislaw Beksinski