el aprendiz de brujo (784): el cuerpo

Para llegar al cuerpo que llamo mío
he tardado algo más de cincuenta años.
Y ahora que deshago las maletas y lo habito
la humildad del mecanismo me sorprende.
Nada de las alas ni de las branquias
que sentí tan vivamente en sueños.
Lo observo como a un tren destartalado
que se empeña en proseguir a pesar
del miedo a precipicios y torrentes.
Yo soy tú, dice con voz de humo,
como sabes cuando nadas o abrazas.
Yo soy tú, no me niegues, no digas no
a los peajes ni a los diques secos.
Soy la frontera que contiene, el límite
que aguanta rebeliones y embestidas.
Te conozco: sé por qué me maltratas.
A mí van a dar tus subterfugios
a mí me golpean tus muletas
a mí me intoxican los venenos
que ingieres para cambiar de disfraz
y presentarte como una empresa saneada.
Te lo tolero todo, hasta que ya no pueda
acarrear tanto equipaje de estación a estación.
Toca, huele, oye, mira, saborea.
¿No es suficiente este derroche de tesoros?
¿No basta con que te regale el mundo
y llene de manjares tu alacena
y me parezca tanto a lo que llamas alma?
Como en tus sueños románticos: los dos somos uno.
Recorre la piel y sus alrededores
como finca que guardas y gestionas
y ábrela a aquel que ante tus puertas diga tu nombre:
la contraseña que te entregué para este viaje.
Aunque tarde, has llegado a nuestra cita. Descansa.
Soy la parte de ti que sabe a dónde vamos.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustraciones: Bernard Buffet, “Annabel Buffet” (1960)