el aprendiz de brujo (782): lecturas

Cuido lo que leo igual que pregunto
antes de abrir la puerta de mi casa.
También buscaría la mejor vista
si abriera una ventana en mi pared.
Para distinguir pozo de espejismo
pongo conciencia de zahorí en la mano
que expectante tiendo hacia la biblioteca.
Igual que elijo caricia o comida
o discrimino una medicina de un veneno.
El tedio es un atentado a la naturaleza.
Las letras alimentan o intoxican
aburren o inflaman, hunden o empujan.
Hacia ellas voy con el hambre y con la herida
con el deseo y el pasado en mi estandarte.
La mentira arruina cualquier cita.
Reclamo una venda o un bisturí.
Quiero un bar o quiero un templo.
Pido fruta, vino o una buhardilla
para compadrear con los fantasmas.
Busco mi eco, un diálogo o el caos
como magma en el que la vida hierve.
Cuido lo que leo porque en el amor
y en los libros está toda la eternidad
que reconozco. Un libro es el lugar
donde se reúnen los dioses tuertos.
Donde la comprensión aplaca el daño.
Donde la lucidez se hace caudal.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Ilustración de Galya Popova