el suicidio (70)

El puente de los suicidas

“El cuerpo envuelto en un gabán azul, muy ancho;
la corbata cuidada, y alborotado el pelo por el viento
de tarde, pasea el hombre solo, por una gris ciudad,
hurgando en sus bolsillos cigarrillos rubios y cerillas malas.
Se sienta en los cafés, y bebe mucho; acaso lee
un periódico sin ganas, mientras mira y le rondan ideas,
casi siempre extrañas”

(Luis Antonio de Villena, fragmento del poema “El desterrado”)

El cuerpo desnudo
del joven poeta
yace
bajo el célebre viaducto
de la vieja ciudad portuaria.

Apático burócrata
incoa expediente.
Veintitrés metros de caída
desde arriba hasta el suelo.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
En el bolsillo entradas
de un teatro demolido, como Celan.
En su casa libros apolillados
subrayados, de una inglesa, Sexton.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
En la computadora
poemas tristes, de Pizarnik, argentina.
cartas de otros poetas
nada en prosa, ni siquiera aventuras de Salgari

La central informa que la Sexton no es inglesa,
es americana
pero escribe versos en inglés.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
Estoy en la casa del muerto,
en la pared cuervos en un campo de trigo
firmado por Van Gogh
ése que se cortó la oreja y pinta pobres y patatas
en una casa de locos de Saint-Remy.

Y pastillas
Para dormir, para no sufrir, para sobrevivir
también para morir
una, dos, tres…  sesenta y cuatro
catorce más que Alejandra.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
El celular llamadas sin respuesta
Pavese en Turín.
Melodía de Violeta
en un gramófono de porcelana.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
Prosiguen las pesquisas.
En préstamo no devuelto
poemas de Plath,
otra americana que escribe en inglés,
ahora si,
muerta en Londres.

La nevera vacía:
ágape como los condenados al cadalso
o famélico. Paupérrimo.
Pobre de solemnidad.
Ni siquiera la ciudad tenía mar.
Además, señor agente
dejo nota manuscrita.
Se agradece y no sé lee.
Es secreto de sumario.

Sospechoso, este cadáver es sospechoso.
la buhardilla de Chatterton
la farola de Nerval
¡qué carajo de razones!
el aroma singular de la derrota
el sabor amargo de los días.

Para nosotros,
juristas y alguaciles,
imprudencia temeraria.

Hay cerveza fría
en la cantina junto al Juzgado.
Apague las luces cuando salga, comisario.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Rene Magritte, “la añoranza” (1940)