Retratos de España (241): primer año de pandemia en la lavandería de un hospital (I)

Del poemario “Servicio de lavandería” (Begoña M. Rueda, Hyperión Ediciones (2020)): 

En la lavandería del hospital donde trabajo
la ropa de los enfermos, la ropa
de los que o regresan de la úlcera
o se dejan amarillear por la muerte,
se amontona en bolsas a las siete de la mañana.
Dos lavadoras industriales
bastan para blanquear la ropa de las heces
y de la sangre que podría ser mi sangre, mi miseria
podría ser, algún día, un camisón
cubierto de vómito
de los que una vez lavados lucen como nuevos,
bendita sea mi vida, bendita mi salud
porque algún día, quizás, podría ser mi miseria
un camisón.

Autor: Begoña M. Rueda

A 21 de marzo de 2020

De casa a la lavandería
y de la lavandería a casa, España
hace una semana se declaró en cuarentena
por una pandemia de origen asiático.
Mil noventa fallecidos
y veinte mil contagios más tarde,
Yo sigo esperando el autobús
de las siete de la mañana rumbo al hospital,
a las ocho me pongo el uniforme,
a las ocho y cuarto se comienza
a planchar las sábanas, a las nueve y veinte
desayunamos y a las diez
doblamos y empaquetamos las mantas, los camisones, las toallas, los pijamas, los paños de cocina, las batas de cirujano, las batas de los médicos, la ropa de las enfermeras, la ropa del personal de mantenimiento, nos dan las doce y todavía nos quedan cinco carros de sábanas para pasar por la calandra, ahora resulta que la calandra no funciona, se llega el técnico, le hace una chapuza y vuelta a sacar otra lavadora, oye mira han llamado de la cuarta, que necesitan almohadas, y así trabajando sin guantes ni mascarillas
hasta las tres de la tarde,
hora en que sale el autobús
me lleva a casa,
a las tres y media almuerzo,
a las cuatro me echo una siesta,
después me pongo la tele y a las ocho
la gente sale a aplaudir a los balcones
la labor de los médicos y de los enfermeros
pero son pocos los que aplauden
la labor de la mujer que barre y friega el hospital
o las que lavamos la ropa de los contagiados
con las manos desnudas.

Autor: Begoña M. Rueda

A 23 de marzo de 2020

Los sudarios se apilan en cajas de cartón
junto a la puerta del cuarto de baño.
Son las únicas prendas del hospital
que no se lavan después de darles uso.
Como todo en nuestra época
también vienen dentro de un plástico,
encontrándose la muerte como la bollería industrial,
envasada y directa al vacío.
Una se pregunta quién fabrica los sudarios,
qué fría máquina los cose y los empaqueta
listos para cubrir cualquier cuerpo
que yazca mudo en la morgue.
Yo por sudario quisiera las manos de mi madre,
morir antes que ella
y engendrarme de nuevo en su vientre,
volver a ser niña y no tener ni idea
de que en las lavanderías de los hospitales
la muerte se apila en cajas de cartón
junto a los inodoros.

Autor: Begoña M. Rueda