el cementerio de los ingleses

Solíamos agotar la tarde avistando desde el cementerio de los ingleses las barcas de los pescadores que vuelven a la ensenada. Era ayer y es siempre.

La maleza medra entre lápidas y mausoleos y los nombres de los que partieron son ya olvido. No es tarea fácil discernir el movimiento imperceptible del Cantábrico; el bóreas susurra una endecha que las piedras escuchamos en silencio. Una lluvia fina nos bendice. El iris de tus ojos se refleja en el índigo. Ninguna inquietante sombra diezma el gozo liviano. Este ocaso será el último adagio.

Cae, de súbito, una noche y pleamar irrumpe en nuestro edén. Tú, poco a poco, renuncias a respirar. En la playa los guijarros amortajan a una sirena.

Este otoño en el Paseo Nuevo las mareas vivas están bramando el desgarro.

Para que tu nombre sea siempre recuerdo y la maleza no enmascare la historia franqueas las olas de nuestro mar, del agua que secuestraba tus ojos, y desde los altozanos cercanos las ermitas de adobe de los ateos custodian tu travesía con celo. Bienaventurado éxodo sin fin.

Autor: Javier Solé, noviembre 2019

Ilustración: Oswald von Glehn, “Boreas and Orithyia”

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)