Gemma Gorga versus Vilhelm Hammershoi

Tenía un crucifijo en la cabecera de la cama,
y no era creyente. Una maleta destartalada
en un rincón de la alcoba, y nunca cruzó
una frontera. El bolsillo del delantal
lleno de caramelos, y no era golosa.
Un pintalabios a juego con el tono lavanda
de su piel y dos blusas de cachemira,
pero jamás abandonó la órbita
inclinada y lentísima del luto.
Todas estas cosas tenía.

Quién era. Si supiera buscarla
en lo que no tenía.

Autor: Gemma Gorga

Ilustración: Vilhelm Hammershoi, “Interior of Woman Placing Branches in a Vase on Table”

TEMPERATURAS

Medio refunfuñando lo decía siempre la abuela:
en la cocina no puedes distraerte.

La leche se derramará cuando estés de espaldas
trajinando distraída cualquier otra cosa,
subirá la memoria al rescoldo de los fogones
y la espuma
inundará la plazoleta de los tilos
donde en verano las niñas jugábamos a la rayuela
y caíamos en casillas clandestinas
de chocolate caliente y cosquillas.

Con la tristeza de los ojos
también los gestos se heredan:

exhalo con suavidad,
levanto el pote del quemador
y espero que la espuma
exhale,
calle,
caiga nuevamente
en la amnesia cerrada del blanco.

Autor: Gemma Gorga

Ilustración de Vilhelm Hammershoi