el suicidio (66): los versos melancólicos de Panchito

La emoción del silencio

En los largos crepúsculos profundos
poblados de un recóndito silencio,
recuerdo el verso aquel que me emociona:
la hora en que se agravan los enfermos…

Pienso que un alma análoga a la mía
acaso ha penetrado al reino eterno
en esa hora ínfima y doliente
en que se agravan todos los enfermos…

¿Amigo, tú no sientes la tristeza
que desciende en la hora de silencio?
¿No sientes cómo tu alma también gime
cuando se agravan todos los enfermos…?

Ilustración: Nicolae Vermont, “Melancolie”

EL ALMA SE ME LLENA DE ESTRELLAS

El alma se me llena de estrellas cuando pienso
que moriré. Imagino espirales de incienso
decorando la caja mortuoria; luego el canto
triste de las campanas.  (Igual que en viernes santo
llorarán las campanas porque yo fui creyente,
porque yo hablé de Cristo melancólicamente.)
Después, ese silencio divino que buscaba
día a día en la vida, pero que no encontraba.
Después, la paz profunda.
Y al poco tiempo, acaso,

se esfumarán mis ojos en el pálido ocaso
del recuerdo… Y entonces el compañero amado
dirá que fui una llama de luz que se ha apagado.
Y la amiga lejana de mis días adversos
abrirá el cofrecillo lírico de los versos
y volcará las hojas pálidas de las rosas
que yo gusté ofrendarle en las tardes hermosas.
Mientras tanto la muerte no llega…
Pienso en ella
y en mi alma florece de emoción una estrella.

Ilustración: Pío Collivadino, “Iglesia del Pilar (Recoleta)”

Francisco López Merino (1904-1928), Panchito. Su poesía intimista y melancólica era admirada por Jorge Luis Borges y Juan Ramón Jiménez. El temprano suicidio del escritor interrumpió una obra marcada por el lirismo y la belleza. Su personalidad dinámica y jovial había mudado unos años antes de quitarse la vida por la muerte de una de sus hermanas que había enfermado de tuberculosis.