el suicidio (60): La poesía erótica de Emilia Cornejo

debí seguir tus consejos,
no leer más a Kafka
ni frecuentar esos cafés
que tú sí frecuentas;
pero es tarde
hace frío
y estoy sola.

Ilustración de Nigel Van Wieck

después de un lento aprendizaje
puede reconocer sin equivocarme
las formas de tu cuerpo,
besar tiernamente tus mejillas
y saber con exactitud
las dimensiones de tu falo.
ahora, cada encuentro se convierte
en el hecho cotidiano de besarse
meternos en la cama y repetir
los movimientos del amor.
tu cuerpo se estremece a cada orgasmo,
yo te pido más
y en la necesidad de recuperarte
mis labios exploran tu pubis,
para entonces
cansado y sudoroso.
mis senos abrigan tu sueño.

Fotografía: Edouard Boubat, “Nude”

TÍMIDA Y AVERGONZADA

tímida y avergonzada
dejé que quitaras lentamente mis vestidos,
desnuda
sin saber qué hacer y muerta de frío
me acomodé entre tus piernas
¿es la primera vez?
preguntaste,
sólo pude llorar.
oí que me decías que todo iba a salir bien
que no me preocupara,
yo recordaba las largas discusiones de mis padres,
el desesperado llanto de mi madre
y su voz diciéndome:
“nunca confíes en los hombres”.

Comprendiste mi dolor
y con infinita ternura
cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,
tienes que abrir las piernas, murmuraste,
y yo me sentí torpe y desolada.

Fotografía de Gianni Berengo Gardin

María Emilia Cornejo (1949-1972) inaugura la poesía erótica escrita por mujeres en Perú. Católica y militante de la izquierda. Del suicidio se puede hablar largo y tendido pero siempre bajo el manto relativo de la especulación. Su madre, en una entrevista de 1999, contó que la depresión de su hija tenía que ver con dos cuestiones íntimas: María Emilia había tenido un aborto prematuro con tres meses de embarazo; además, se había separado de su esposo Oswaldo Márquez. Tal vez la maternidad frustrada, el amor romántico frustrado.