Pájaros: Laura Giordani versus Erika Kuhn

Escucha cómo enloquecen las abejas
se extenúan intentando fabricar
panales en témpanos.
También los pájaros
las ballenas
tus hijos deambulando al amanecer
por avenidas electrónicas
sin norte
sin cobertura.

Sin tierra suficiente
para enterrarte.

 

Un diente de leche de cada hijo
dos plumas de gorrión
resucitado
después de la helada
tres mudas de chicharra
el delantal a cuadros de la abuela
La palabra inocente de Alejandra

la cruz del sur

pero sobre todo
aquel corazón primero
potrillo desollado
trotando sobre cenizas
todavía tibias
todavía crédulo
de llanuras intactas

para ser invencible.

A dónde van a morir
los pájaros, sus pulmones
calcinados de vuelo por qué
sumidero celeste o anti-nido
se fugan, desde dónde
esa caída de estrella discreta como la muerte.

Cielo y tierra se tocan
porque existen ellos
trazando esas líneas
invisibles que unen la sangre
al relámpago, la garganta
a la lluvia, las plegarias
de la madre al desastre
inminente.

Qué ciudad de hormigas
reclama su sombra, qué
viento se lleva sus huesitos
blancos, naufragados en la altura
hasta hacerlos transparentes.

En qué momento de nuestra ceguera
se desploman.