el suicidio (59): Peyo Yavorov


Todo este anhelo en el alma
todo este vagar por un camino
cuyo fin no vislumbro.

Con la mirada eternamente fija
hacia delante, hacia el día futuro
sin entrever allí ningún refugio…

Ilustración: Ángel Garavilla Achabal, “angulero”

 

MOTIVOS DE OTOÑO IV

Callada noche y tinieblas pavorosas…
En ningún sitio luz ni sonido:
casi toca el suelo,
tan bajo pende, el firmamento.
El espíritu sufre angustiado,
la mente vaga a ciegas…
Oh, Dios, manda una estrella
y una voz, ¡aunque sea de un pájaro nocturno!

Ilustración: Joan Ponç, “Sin título” (1950)

DOS ALMAS

Yo no vivo: yo ardo. Inconciliables
dos almas rivalizan en mi pecho:
un alma de ángel y otra de demonio. En mí
respiran fuego y su ardor me abrasa.

Y arden las dos con llamas, donde toco
aun en la piedra, oigo latir ambos corazones…
Siempre los dos, en todos sitios, obsesivamente
con rostros enemigos se consumen hasta hacerme brasas.

Detrás de mí el viento, a donde vaya,
mis huellas con ceniza cubrirá. ¿Quién podrá conocerlas?
Solitario, yo no vivo, ¡ardo!, y mi rastro
será ceniza en el sombrío infinito.

Ilustración: Manuel Aznar, “grises”

Peyo Yavorov (1878-1914) fue un poeta simbolista búlgaro considerado uno de los mejores talentos poéticos del Fin de siglo del Reino de Bulgaria. Yavorov era un miembro destacado del grupo Misal.

La mayoría de sus poemas románticos estaban dedicados a las dos mujeres de su vida -Mina Todorova y Lora Karavelova.

Mina falleció de tuberculosis con apenas veinte años y su romance con Peyo sufrió la férrea oposición familiar.

Su esposa, Lora Karavélova, hija de un antiguo ministro y mujer de extraordinaria belleza, se suicida el 30 de noviembre de 1913. Yávorov, que también intenta suicidarse, pierde la vista a consecuencia de las heridas y es acusado, además, de provocar la muerte de Lora. Un año más tarde, a la edad de treinta y seis, toma un veneno y se dispara un tiro en la cabeza: “No tengo porque esperar a arruinarme hasta el punto de convertirme en un mendigo o ir a un manicomio. Sed fuertes como yo. Nada puede volver.”