yo y los demás (105): la madre. Dos poemas de Rosa Acquaroni


UNA MUJER QUE SIENTE QUE ESTÁ SOLA
tiene muchas maneras de morir
a manos de ella misma.
Basta con extraer de su mirada
aquel brillo incendiario de la niña que fue.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de caer.
Basta con tatuar en su centro:
estás hecha de nadie
y no sirves de nada sin un hombre.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de inmolarse por dentro
sin que nadie lo note.
Basta con amarrase
un corazón de hielo alrededor del cuerpo
y esperar.

Autor: Rosa Acquaroni


LA PRIMERA VEZ QUE PUDE VISITARTE
en aquel sanatorio tenía veinte años.

Al traspasar la verja
sentí como si entrara
en otra casa grande.

Crucé sus antesalas
con un cuerpo prestado
y una venda en los ojos.

Letanía creciente
-aquel patio de voces
perentorio
que se apagaba más con cada paso-.

Después la claridad,
-aquella galería acristalada-
corredor dormitorio,
abismo aclimatado
para la sedación.

Mujeres tuteladas,
desnacidas,
mercadillo de almas,
trueque de mercancías codiciadas,
de pequeñas delicias,
como los cigarrillos,
alguna golosina,
una barra de labios,
o un frasco de perfume.

No logro recordar lo que dijimos.
Cuánto tiempo
estuvimos
abrazándonos.

Sólo recuerdo
el polvo acumulado en las repisas.
La misma desolación a pozo seco
que guardan
los hoteles de la costa
en temporada baja.

Autor: Rosana Acquaroni

De su poemario “La casa grande” (Bartleby Editores, 2018)

Fotografías de Anka Zhuravleva

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