poemas de amor, versos húmedos (91)

Habito un internado
donde soy la institutriz
y la niña abandonada.
Bebo del deber.
Sobre un calendario duermo.
Trago el pan de la obligación
y transcribo las frases de otros.
Hasta que apareces tú, como
las puertas abiertas del patio.
No suenan campanas
no gimen los relojes
los segundos se suceden
con la cadencia de olas.
Este es tu trabajo: construir recreos.
Después del juego, dejas a mis pies
las flores anónimas de la infancia.

Autor: Ana Pérez Cañamares

Fotografía de anka zhuravleva

Raíz salvaje

Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraída!

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.

¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!

Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.

Autor: Juana de Ibarbourou

Ilustración de Elsa Oliveira

ANTIPAXOS

No recuerdo
la forma de la isla,
sólo el sabor del vino de Antipaxos,
sólo tus hombros tensos
en ese paraíso diminuto.

Autor: Verónica Aranda

Ilustración: Paul Cadmus, “Jon Anderson in White Tights” (1966)

SIEMBRA

Te acogeré como la Tierra:

Fértil,
húmeda
y desnuda.

Autor: Brenda B. Lennox

Ilustración de Mariano Peccinetti

Fuente original:

http://brendablennox.blogspot.com.es/

Echo de menos
ese beso que no nos besamos y que
prologaba otros que nunca vinieron,
las palabras que no me dijiste,
los sueños no compartidos que
se desvanecieron antes de ver amanecer,
y tu cara, y tu voz,
y tu silencio, y tu piel,
y tu piel
Extraño que te derritieras en mi boca,
que saborearas todos mis labios,
y esa miel, que me habría envenenado,
y tu agua, que me habría dado vida
mientras me la quitaba
Me falta esa almohada a la que
rompiste las costillas imaginándola yo,
a la que regalaste tu perfume,
a la que cubriste de tus caricias y de tu sal.
Y tus brazos, y tus ojos, y tu luz,
me faltas tú,
me falta tu olor
Odio el tiempo que no hemos pasado juntos,
las historias que no inventamos entre los dos,
las películas que no veremos,
el jazz que no hemos escuchado
y a cuyo ritmo no nos hemos besado,
la brisa que no nos ha refrescado
mientras nos adormecía después del amor
y mis dedos,
que no te han recorrido
Se me hacen cuesta arriba
los días en que no me has dicho que me quieres,
en los que has faltado a tu promesa
de acariciarme y de comerme entera,
sin dejar de estremecer ni un solo
centímetro de mi cuerpo que descubrí,
tan bello,
con tus ojos
Amo tus historias y las que
has rescatado de mi interior,
¿o acaso las pusiste tú ahí,
donde no quisiste entrar?
Y toda la confianza y la seguridad
que no existía antes,
y la verdad,
que antes de ti me era esquiva,
y la bondad,
que ignoraba que morase en mí;
haciéndome sensible, vulnerable y frágil
has sacado toda la fuerza que había en mí.
No quiero olvidar nada de esto:
lo que me falta,
lo que me cuesta,
lo que odio,
lo que amo.
Por eso mi último trago es por ti,
la penumbra otoñal de esta ¿ciudad de la luz?
se pierde en el fondo de mi vaso
y quiero beberme hasta la última gota de mi amargura
para estar siempre serena, feliz y
dispuesta para ti.
Por lo que fue,
por lo que ahora no es,
por lo que será.
Por las aristas
con las que peleamos
los que amamos,
¡a nuestra salud!

Autor: Arantxa Oteo

Ilustración: Martí Ceballos, “mujer con copa de cava”

Todo el suelo del Mercadona lleno de rotos esquemas
(de señoras respetables)

Cuando den flores los cuernos del ciervo
dejaré de quererte.

(Gloria Fuertes)

Te explicaré este amor paranormal,
el raro equilibrio que nos tiene
aferradas a sucias necesidades
que escandalizan
a educados caballeros
y avergüenzan
a las señoras bien.

Es por eso que se nos abren las bocas
sin quererlo
y se nos escapan unas enormes palabras
anunciando la sal, el cuello,
el tibio abrazo de las lenguas.

Las familias respetables nos miran
desde la oscuridad y el fondo abisal,
son feos y terribles peces ciegos
que velan preocupados por las apariencias.

Y yo,
que con una mano te recobro,
te devuelvo a la forma primera,
al barro esencial, al edén bollero.
Voy siempre más allá,
desafío la ley que llevas impresa en la piel
y tiro recto
hacia las piernas.

Autor: Txus García

Ilustración: Toulouse Lautrec, “Deux amies” (1895)