poemas de amor, versos húmedos (79)

He abierto la ventana,
por detrás de mi y desnuda
la tibieza de tu cuerpo
se ha ensamblado
a mi espalda.
Toda mi tristeza se ha ido diluyendo
al escuchar tu voz
llamándome para adentro.

Autor: Fernando Sarrià

Ilustración: Fabian Perez, “Lettizia a la Siesta”

dichoso aquel
que tras largo y fatigoso camino
llega a casa y hay alguien junto al fuego
que le espera, sonriente,
para susurrarle al oído
los secretos de todos los amores

dichoso aquel
que aún no ha sido traicionado.

Autor: Rubén Romero

Ilustración de Miles Cleveland Goodwin

Hace tanto tiempo…

Hace tanto tiempo que duermo solo, amor mío, joven amante,
que ya apenas si recuerdo aquellas cálidas noches de estío en las que dormía
abrazado a tu rutilante cuerpo de Adonis, en el tálamo del amor,
cuando acariciaba tu escultural torso de mármol blanco, tu atlético y terso pectoral
de dios griego que, desnudo, me ofrecía su belleza viril, masculina
de muchacho de veinte años.

Autor: Joaquin Brotons

Ilustración de Paul Cadmus

DE DESEOS

Levantar la persiana de la habitación y oler a madreselva.
Desayunarte con café y una nubecita de leche,
endulzado con una pieza de jazz, con un bolero.
Beberte despacio, muy despacio…haciendo tiempo.
Hasta que abras los ojos, para mirarme en ellos.

Autor: Txema Anguera

Fotografía de Eddie O´Bryan

LECCIONES DE TRIGONOMETRÍA

“Obstinados días de niebla indomable…”
(Teresa Torres)

A Teresa, 

Ella no dejaba de pensar en él
yo no me la quitaba a ella de la cabeza
-bueno, en realidad de todo el cuerpo-.
Era un perfecto triángulo escaleno.

Apareció un joven apuesto y bien dotado
que embauco al novio de Teresa
en juegos lascivos que duraban la noche entera
y casi todo el día

ni entonces tuve oportunidad
de ser el cuarto ángulo de este triángulo.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Christopher Pugliese

CANCIÓN TRISTE DE CABARET

La tuve tan cerca,
sólo tengo una noche para ti,
me dijo, y te la entrego
entera. Tan cerca, el aire
planteaba color de mar.
Nos besamos sobre la ciudad encendida.
Entonces lo dijo, con una voz
a medias melaza a medias
salitre. Más salitre ahora
que me repite en el ápice
del recuerdo. Cada noche
acudía al regazo de mi sueño
y ese día, nos besamos.
tan cerca.

Pero tuvo que decirlo,
tuvo que abrir los labios
que habían sido míos eternamente
y decirlo con estas palabras,
sólo tengo una noche para ti.
Algo reventó en mis entrañas,
sé que sangraba, que acabó
la noche y sangraba.

Autor: José Ángel Cilleruello

Ilustraciones de Fabián Pérez

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