las cuatro estaciones (70): verano. En la playa con Begoña

Dos relatos de Begoña Abad que se incluyen en su libro “CUENTOS DETRÁS DE LA PUERTA”:

ESCENA DE PLAYA 1

La mujer gorda, embutida en un traje de baño que parecía de neopreno, me recordaba a los leones marinos. Incluso podía adivinarle gruesos pelos en el bigote. Se había puesto abundante crema protectora y se había dejado caer en una toalla de colores chillones La sombrilla no era suficiente para tanta humanidad. Desde mi posición, veía su abultado vientre que rompía la línea recta del horizonte, como una enorme sandía negra. A su lado una bolsa vacía de patatas fritas grasientas y una pinta de cerveza del chiringuito, donde luego se comería una paella de marisco que había encargado. Yo no podía apartar la mirada de una hilera de sudor que recorría los pliegues de su cuello y desaparecía en el profundo canal que separaba dos voluminosos pechos deformados, a punto de salirse del bañador en un estallido monumental. De pronto, una gaviota atrevida se posó sobre la mujer y comenzó a picotearla con furia. También debió pensar que se trataba del cadáver de una gran ballena.

ESCENA DE PLAYA 2

Aquel espécimen no se había puesto traje de baño en las últimas décadas. Las turistas rubias del diminuto biquini rojo le miraban disimuladamente por encima de las gafas. Había llegado a las doce de la mañana, con una colchoneta de plástico y se había tumbado sobre ella. Su cuerpo, de un blanco lechoso, tenía aspecto de pez con el vientre hacia arriba, olvidado por la marea. Aún se le notaban las marcas del elástico de los calcetines. En contraste, mantenía una gorra que le daba aspecto de capitán de fragata en una película cómica. Ni cinco minutos habían pasado y se le escuchó un silbidito acompasado a modo de ronquido. Tres horas y media más tarde abrió los ojos, intentó incorporarse y lo hizo con la colchoneta pegada a su espalda a modo de bandeja para un cangrejo recién hervido, que era lo que ahora parecía. Para entonces la marea había bajado. El pobre hombre pez tuvo que caminar de aquella manera ridícula, para darse un baño que le despegara el plástico de la piel sin arrancársela a tiras.

Ilustraciones de Eric Fischl

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