los pies calientes

2013 (11) Piera 56He salido con tiempo suficiente. Una parada en la gasolinera, treinta euros de noventa y cinco octanos, pago con tarjeta. He limpiado con una manguera el barro de la lluvia de ayer en la carrocería. Le he preguntado a Esther por el examen: no le ha ido ni bien ni mal. Era la hora del almuerzo, me ha enviado una foto con sus amigos -también eran los tuyos- donde se ven al fondo las ventanas del instituto. Podría incluso distinguirse tu clase.

En la Ronda no había apenas tráfico. Tenía todo previsto pero me he permitido una única variación, la de no aparcar en el descampado, estaba demasiado lleno de coches y el auto demasiado limpio.

He ido directamente a la cafetería, he pedido un croissant de chocolate. Como hacía antaño todos los días, durante veinte días. La misma camarera, tal vez algo más vieja y con el pelo moreno mucho más gris. Tiene suerte, conserva todavía el empleo. No me ha reconocido, es normal, al cabo del día, de los meses o de los años ve a tanta gente que no puede permitirse memorizarlos y, mucho menos, recordarlos.

Me he sentado en el mismo banco donde tu hermana me confesó una noche que teníais previsto ir las dos juntas a Japón a bailar hip hop y que ese sueño ya sabía que no se iba a realizar.

Los mismos edificios de entonces, desde esta atalaya; los hoteles de la Barcelona moderna y postolímpica, los automóviles en ambos sentidos por la Ronda, el mar al fondo confundido con el cielo. ¿qué verías tú cuándo mirabas por la ventana?

Hay en la entrada el gentío de los operarios que lo reforman y amplían, aunque siempre un rincón amargo se conserva demoledoramente intacto.

No he querido prolongar la visita, me sentía incómodo y extraño. No he conseguido verte ni una sola vez. Sin embargo, esta misma mañana, asomado a la ventana esperando saludar a Esther -o aguardando fuera ella quien moviera la mano- un pájaro sobrevolaba el cielo del barrio y la libertad con que emprendía el vuelo…

He regresado a casa, estoy ahora en la cocina. Vigilo los macarrones -ya es casualidad que hoy preparé pasta- y regresará dentro de un rato tu hermana. Esta tarde, al igual que entonces, iré a recogerla a la salida de la clase de baile.

Hace exactamente dos años tú estabas en la UCI del hospital que he visitado esta mañana. Sabíamos ya, los cuatro, que no habría final feliz. Veinticuatro horas más tarde los médicos reconocían abiertamente que nada podía hacerse. Tenías los pies calientes todavía cuando te besé.

Autor: Javier Solé, febrero 2015

Fotografía de Laia, noviembre 2013

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