Retratos de España (100): cenas con hambre

Un relato de Eduardo Galeano, titulado “GUERRAS CALLADAS” con el contrapunto de la pintura de Angela Santos:

Angela Santos - cena familiar (1930)

“Hoy es el día de la pobreza. La pobreza no estalla como las bombas, ni suena como los tiros. De los pobres, sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué
no votan, en qué no creen. Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres.
¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?”

Autor: Eduardo Galeano

Ilustración: Angela Santos, “cena familiar” (1930)

El éxito alcanzado por el cuadro Un mundo (1929) supuso un punto de inflexión tanto en la trayectoria plástica como en la vida personal de Ángeles Santos. El contacto de esta con intelectuales y artistas, fundamentalmente en Madrid aunque también a veces en Valladolid, su lugar de residencia actúa como revulsivo que fomenta en ella el afán por la lectura, junto a una inusitada, casi febril, actividad artística. Josep Casamartina precisa cómo la incipiente pintora vive entonces en constante conflicto, generado por la confrontación entre esas ansias de conocer y experimentar las nuevas corrientes de vanguardia y las vivencias cotidianas del ambiente cerrado de una ciudad de provincias. Tal situación se hace extensiva incluso a las relaciones familiares de Santos, como resalta el propio Casamartina: «Fruto de este conflicto es el cuadro Familia cenando, también titulado Familia y Cena familiar, pintado seguramente después del Salón de Otoño de 1929. La influencia de las pinturas negras de Goya es patente en esta obra. Los miembros de una familia burguesa, en este caso la suya, con servicio y cocinera, se convierten en unos brutos hambrientos que comen compulsivamente, amontonados alrededor de una mesa humilde y escasa. La madre de Angelita, una señora fina y elegante que tocaba el piano, se transforma en un monstruo con gesto de cretina que come patatas enteras con las manos, igual que una de las niñas, que la imita como un pequeño chimpancé. El lienzo es de gran formato, impecablemente resuelto y nítido a pesar de su fuerte intención expresiva, casi exagerada». En efecto, el influjo de las pinturas de la Quinta del Sordo se traduce aquí en exacerbada crítica, que Santos compatibiliza con un marcado sentido de la caricatura, dando como resultado una escena cercana a las más ácidas composiciones del alemán George Grosz.

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