El hombre que preparaba la merienda a Laia

Yo estaba completamente convencido, Laia, que la muerte te había arrebatado la posibilidad de un montón de buenos momentos. Los he enumerado en poemas tristes y relatos lacónicos; los bailes con tus amigas, los helados con varias bolas, reírse de las tonterías que explica el maestro, los aplausos con los que se ovaciona al grupo de hip hop que gana una competición, los días de sol y las nubes dibujando formas caprichosas en el cielo, reírse con las amigas en el lavabo -las chicas siempre juntas-, las noches con tormenta oyendo relámpagos y viendo truenos, una comida en familia, las caricias de una madre, los besos del primer amor en el portal, las complicidades toda la vida con la hermana…

2013 (09) Laia y Julia 06
Pero hoy no. Todos los días del año te pierdes mucho, muchísimo -y casi todo bueno, buenísimo- pero esta tarde no vivirás algo que te habría hecho sufrir y al no vivirlo te has ahorrado un mal trago.

El padre de Julia, de tu amiga Julia, ha fallecido, demasiado rápido y demasiado joven. Las circunstancias y la dolencia, similares. Uno cuarenta y siete, la otra catorce. En cualquier caso, dos vidas extinguidas.

No pongas cara extraña. Tienes que acordarte de él perfectamente. Os había ayudado a ti y a Julia infinidad de veces con los trabajos de la escuela, habías estado muchas veces en su casa y te había dado varias tardes de merendar.

Te has ahorrado, a eso me refería antes, asistir impotente a la tristeza de tu amiga. Que tienes que saber -aunque sea tarde y no te sirva ya de mucho- que hay momentos jodidos cuando vives. Que tienes que enterrar a los que quieres o ver como los que quieres entierran a los suyos. A veces no sé si esto de la vida es una sucesión intermitente de cadáveres y que entre los sepelios dan unos pocos anuncios.

Cuando veía en el tanatorio a todas tus compañeras de curso y a los amigos del Instituto, a los profesores y a los padres de tus compañeros yo sentía, primero una nueva materialización de tu ausencia. Eso no es nada extraordinario, es un sentimiento con el que convivo desde hace meses. Segundo, al ver lo mucho que han cambiado y todo lo que han crecido retornaba ese sentimiento al que me refería l principio y que no es nada nuevo… la Muerte te ha arrebatado tanto!. Pero luego parecía encontrar consuelo creyendo te ha evitado un momento doloroso. Aunque esta idea ha durado bien poco. La verdad, nada malo te has ahorrado. Tú hubieras querido estar con tu amiga Julia, consolarla, llorar con ella y llorar por su padre. Por su padre que te preparaba la merienda.

El tercer abrazo con la hermana menor de Julia me ha noqueado. Imposible no recordar cuando Berta se entrometía en vuestros juegos, reclamando la atención de su hermana. Y como le cogías tú de la mano por la calle, como ella se agarraba a tu mano.

Julia y Berta te necesitaban hoy y tú no podías estar con ellas. La vida no es sólo disfrutar con los amigos, también consiste en darse a ellos.

Mañana, al funeral tengo previsto acudir, como hoy, con tu reloj de plástico verde. Tengo siempre miedo a perderlo pero portándolo hoy y mañana siento que tú estás donde querrías estar. De hecho, cuando Julia nos agradezca a los tres -a tu madre, a tu hermana y a mí- haber asistido yo le susurraré al oído que se confunde, le enseñaré la muñeca y le diré que hemos ido los cuatro. Seguro que en mitad de la desolación tan profunda que experimenta sonríe. Eso es lo que cuenta, arrancarle una sonrisa.

Autor: Javier Solé, 27 de mayo de 2015

Relato previsto incluir en Las golondrinas suicidas

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5 comments on “El hombre que preparaba la merienda a Laia

  1. Laia es una princesa que habita el cielo. Estás haciendo muy buena introspección amigo Francisco. Todo esto creo ayuda a canalizar ese horrible dolor que tenemos por la perdida. Sigue muriendo gente, y la vida sigue, pero a nosotros se nos paró un poco más. Hay que seguir adelante amigo. Un abrazo de padres y de princesas celestiales a princesas celestiales.

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