Los niños sin aniversario

Los niños nacidos en plena canícula de agosto atraviesan siempre una infancia bajo la desolación de no vivir con intensidad la fiesta de su aniversario; la mitad de los amigos de la escuela o de los familiares están de vacaciones… Son, por lo general, niños que cumplen años sin alborozo, con una alegría contenida, sin un coro de voces deseando muchos más, apagando las velas de un pastel pequeño para pocos invitados, con regalos escasos…

Laia siempre llevaba la cuenta de los amigos que cada 17 de agosto le felicitaban y a media tarde su rostro reflejaba siempre una pequeña decepción, una tristeza oculta en una de sus muchas sonrisas. Cualquier notario hubiera podido dar fe de los poquísimos amigos que se acordaban de ella.

Nunca pudo organizar una fiesta en condiciones; un año lo intentamos en el mes de junio, antes del éxodo estival, pero fue un fracaso.

Sus primeros años reuníamos a la familia en el piso de Bellvitge pero aquello era verdaderamente asfixiante; quince personas en el mes de agosto en un piso… Ella reía feliz ajena a los sudores, abriendo los enormes paquetes ayudada por la curiosidad y los celos de Esther.

2011 (08) Cumpleaños Laia 09Yo estoy convencido que con los años Laia se acostumbró a esas fiestas con tan poco invitados y con felicitaciones que se espaciaban durante el día con cuentagotas. Al final se contentaba más con el vaso un poco lleno antes que disgustarse con el vaso casi vacío.

Los últimos años, para compensar estos aniversarios tan poco glamurosos, estas fiestas sin algarabía, con el calor pegajoso en pleno mes de agosto y amigos, conocidos y familiares de vacaciones, nos refugiábamos en Piera y allí intentábamos fuera una jornada especial. No era fácil ni elegir pastel -a ella no le gustaba ninguno- ni sorprenderle con regalos bonitos y baratos.

Hoy, en la primera de las citas de su aniversario en las que no hay ni fiesta ni llamadas para felicitarla, ni regalos… sólo un silencio enfermo y triste, intento no olvidar que vivió algunos momentos de felicidad y que en aquellas jornadas de su aniversario, en mitad de la pena por no ser recordada por todos, abría con ilusión los regalos. En uno de esos juegos enfermizos a que nos obliga la memoria me pregunto si no sería el albornoz el regalo que más le gusto… Prenda que cuelga de una percha sin dueña…

En este inexistente decimoquinto aniversario un perrito de orejas grandes y mirada triste, que alguna de sus mejores amigas le ha regalado hoy, ofrece a Laia el tacto suave con el que los peluches más tiernos agradecen las caricias más sinceras.

Autor: Javier Solé, 17/08/2014

Del libro “Bombyx mori” (ISBN 978-84-9095-196-5)

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