la transferencia bancaria

Queridísima hija:

Hoy me he levantado especialmente resolutivo, con uno de esos absurdos impulsos similar al de los conquistadores de la Corona de Castilla que hace seiscientos años arrasaron un continente que descubrieron y mancillaron. Es la ceguera asesina que forjaron hombres rebeldes inconscientes, la solución urdida a cañonazos. Pura rabia.

hucha rotaEn la oficina bancaria me han atendido amablemente, no en vano no es a ellos a quienes debo lo poco que tengo. Las entidades financieras no han descubierto todavía el lucrativo negocio de la memoria y no tramitan hipotecas sobre los recuerdos.

He procedido a cancelar tu cuenta corriente y traspasar el saldo a la libreta de tu hermana. Exactamente, 252 euros y 52 céntimos (de euro).

A la chica de la oficina bancaria le ha dado lo mismo. Pero, obviamente, hay diferencias. La cifra es la misma, no hay ni más ni menos dinero, pero tu madre y yo decidimos en su día que cada una tuviera una libreta. Somos comunistas pero no mucho. Cada cual administraba su exiguo patrimonio y liberaba sus caprichos de la manera más cicatera posible. Nos ha servido, ciertamente, de bien poco.

Afortunadamente el trámite ha sido rápido. Al salir me he sentado a respirar en un banco del paseo. Y a llorar. Es curioso que siendo Esther algo más caprichosa que tú tuviera más saldo; también me he acordado con cierta amargura de algunas cosas que no te compraste en vida con tu dinero o de alguno de los viajes que habías planificado y no hemos llegado a realizar.

Esta insignificante operación cotidiana es, como otros muchos actos, algo más. La cancelación de la cuenta es la certificación rotunda de una ausencia definitiva, de un dolor profundo, de un proyecto inacabado. El contador a cero. Una nueva derrota, la derrota.

Tu madre y yo hemos decidido guardar la libreta y la lista de imposiciones a lo largo de estos años junto con el resto de objetos personales, unos absurdos otros íntimos, que en un Tribunal serían prueba fehaciente de tu paso por el mundo. Vaya tontería, como si no lo supieran mi memoria y los recuerdos que de forma obstinada –como los okupas del barrio de Sants- se han adueñado de mi cabeza. Los recuerdos prevalecen vivos eternamente.

En las actuales circunstancias sé que es irrelevante, hija, pero acometes el futuro sin la carga del ahorro que nos impone el capitalismo. Eres, finalmente, libre. Es, en verdad, una victoria triste. La más amarga.

Autor: Javier Solé, mayo 2014

Del libro “Bombyx mori” (ISBN 978-84-9095-196-5)

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s