El joven que contemplaba las hormigas de la Plaza Amalvigia

“Joan había visitado a su compañera enferma en el hospital dos veces en apenas diez días y en cada visita se daba perfecta cuenta que su amiga en lugar de experimentar una mejoría con el tratamiento había empeorado de manera alarmante.

bellvitge - plaza amalvigiaEsta circunstancia entristecía a Joan, que ya de naturaleza era un joven sentimental; le era difícil prestar atención a las explicaciones de los profesores, dejaba a medias su postre favorito e incluso en el último partido de baloncesto no hizo ninguna canasta.

Algunas tardes, Joan caminaba hasta la Plaza Amalvigia, desde donde podía distinguir las ventanas del piso donde vivía su amiga, que ahora permanecían clausuradas pues toda la familia se había trasladado a un centro hospitalario especializado de la capital; las noticias que se difundían presagiaban un fatal desenlace.

En la Plaza, aquella primera tarde –pues acudía prácticamente todas las tardes de todos los días- Joan se quedó cabizbajo, con la mirada llena de infinita tristeza, mirando como unas hormigas caminaban en perfecta formación. Lo fascinante no eran sólo sus movimientos descontrolados, sino la permanente falta de quietud de las hormigas, su constante no detenerse. Estaba verdaderamente hipnotizado por esta imagen surrealista y no tardo en asociarla con los calcetines de kukuxumusu que su joven amiga llevaba puestos cuando fue a visitarla al hospital; el movimiento de las hormigas era exactamente el mismo que la joven provocaba con sus pies. Las hormigas del calcetín y las hormigas de la Plaza eran las mismas y se movían de la misma forma.

Fascinado por el descubrimiento, volvía todas las tardes y alimentaba a la legión de hormigas de la Plaza con migas de pan.

Cierto día le pareció reconocer en la sonrisa simpática de una de las hormigas la misma con la que su joven amiga le sonreía en el patio del Instituto. A la cariñosa hormiga le puso de nombre Laia y durante muchos meses estuvo con ella compartiendo las galletas de la merienda.”

Autor: Javier Solé

Del libro “Bombyx mori” (ISBN 978-84-9095-196-5)

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