La guerra (Marc Chagall, 1966)

“La causa de las guerras es la codicia de los poderosos cimentada en el fanatismo de los ignorantes. Unos y otros invocan a sus dioses, pero sólo les mueve la codicia, la mezquina ambición, la obsesión por rapiñar los bienes del contrario. En esta lucha, a la que he asistido toda mi vida, no espero ni deseo la victoria de ninguno. Yo no tengo patria, ni creo en Dios alguno. Los reinos de la tierra, los imperios, las provincias y las tribus me son indiferentes. Alquilo mi espada y me acomodo al que me da el yantar, y cuando me hieda la vida, por mi manos acabaré lo que otros no pudieron”

 (Juan Eslava Galán: “Últimas pasiones del caballero Almafiera”)

 En “La guerra” Marc Chagall retrata de manera descarnada los horrores de la guerra. El cielo oscurecido por el humo, refugiados desaliñados y la nieve sucia; el único toque de brillo lo proporcionan las llamas. El hombre de la cruz está en un extremo del cuadro, semioscurecido por el humo y rodeado de siluetas aterrorizadas y desesperadas. El chivo que refugia a dos amantes y al niño puede representar un pequeño vislumbramiento de esperanza.

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