cualquier parecido nunca es pura coincidencia

“Cada signo es la presencia de algo inexplicable que habita en nosotros”
(Noelia Izquierdo)

El abuelo de Noelia no había bailado en su vida; tal vez, si se lo hubiera propuesto y el pudor no fuera un obstáculo insalvable se habría marcado unos pasos que enmudecerían al mismísimo Gene Kelly. Pero no lo hizo prácticamente nunca, salvo en algunas de esas celebraciones familiares que acaban siempre entre el ridículo más abyecto y las disputas más violentas.

anciano y niña

Por el contrario, Noelia bailaba con una energía y una rabia desproporcionadas. Aquella niña de mirada dulce ya fue objeto de disputa familiar en la misma nurseria del hospital. Todo el mundo buscaba en las consabidas semejanzas un resquicio de la estirpe y el rancio abolengo de la saga familiar; unos pocos lo hacían para confirmar dudas absurdas e injustificadas sobre la paternidad –en toda familia hay un zopenco- y otros para encontrar detalles nimios que engarcen generaciones y permitan un hilo conductor donde de unos perdura siempre algo en otros.

No tardo mucho tiempo en mudar la mirada dulce de la niña en la tristeza serena de la adolescente, en el instante inmediatamente posterior al entierro del abuelo. Aquella forma de bailar en el límite justo del desagarro seguía siendo un enigma, como lo era también para muchos la palmada en el suelo al acabar cualquier baile, fuera éste la coreografía de competición o una exhibición irrelevante en un festival. El cariño que se profesaban abuelo y nieta encontraba en esa palmada en la tarima un sentido homenaje al muerto. La furia del golpe seria capaz de despertar al abuelo del letargo, pero lo que Noelia no sabe –pero ninguno de sus padres ignoran- es que ese gesto de la nieta es exactamente el mismo que ejecutaba el abuelo con la azada cuando tenía la misma edad de su nieta.

Tantos científicos estudiando las leyes de Mendel para acabar con la más simple –y emocionante- de las hipótesis: el hilo sutil e invisible que une en una familia a unos de sus miembros con otros es, sencillamente la admiración que se profesan, el cariño con el que se recuerdan y la tristeza irreductible con la que los vivos honran en cada acto relevante a los muertos que han decidido no olvidar.

Autor: Javier Solé, julio 2014

Relato incluido en la versión impresa de “Golondrinas suicidas” (ISBN 978-84-9115-967-4)

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