el abuelo mira bailar al nieto

Marina Garcia - floorwards 2014Luis Alberto, sargento retirado, no entiende estos bailes modernos donde los jóvenes realizan piruetas dignas de acróbatas. Él es más de baile agarrao, la cintura de la mujer bien sujeta, marcando territorio. El tango, el tango es una delicia, es el baile por antonomasia. Él lo bailaba en las fiestas de la Academia militar, en Buenos Aires. Desde que el carajo de la democracia le hizo exiliarse por motivos políticos en Barcelona, acogido por el pelotudo de Carlos Alberto, un primo lejano que era comunista y vino huyendo cuando la Junta militar, no ha podido bailar mucho.

Ni el cuerpo ni el alma están para muchas fiestas y alegrías. Su hijo, bueno el hijo de una comunista que no soportaba los interrogatorios en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada y tampoco facilitaba nombre alguno de los putos camaradas revolucionarios, había fallecido el último año de un cáncer de páncreas que se lo llevo en un santiamén sin ni siquiera cumplir los treinta años.

No tuvo tiempo para confesarle que no era hijo suyo, como tampoco es el hijo de su hijo que baila break, su nieto. Dios!, qué música más alta y estridente, qué tipos más estrafalarios, que juventud tan al borde de la anarquía más absurda. No es buen ambiente para un chico de seis años. Pero el pibe no lo hace nada mal, es un tipo macanudo al que quiere con locura pese a que ahora vengan mal dadas. Los médicos andan con pruebas y no sabe que va a suceder. Tiene tan presente lo de su hijo que no era su hijo, sino el bastardo de una montonera torturada que compró recién nacido al coronel de la unidad, que cree debería sincerarse con el chaval y exponerle la verdad por cruel que ésta sea.

Ha acabado la actuación y francamente el chico pone coraje y entusiasmo. Se contonea en el suelo como si fuera de plastilina, un contorsionista del circo que compone con el cuerpo posturas mismamente idénticas a las de los cuadros cubistas de Picasso, otro comunista.

Ahora el chico se acerca a saludar a su abuelo. Lo besa y le pregunta con la mayor de las inocencias:

¿Viste viejo? Lo he bordado. Pasé a las semifinales. ¿No estás contento abuelo?

Y le dice que sí. Que sí a lo de contento y que sí a lo de abuelo.

A estas alturas desenredar el malentendido es pelotudo. Y le anuncia a su nieto que se marcha para casa, que está ya cansado de tanto rato de pie. Por la calle, contagiado de los ritmos de la trepidante música urbana, camina sin la ayuda del bastón. Es, por un instante, feliz. Si bien sabe que nadie le ha dicho a los parientes de la verdadera madre donde se oculta la descendencia que una tarde le arrebataron mediante cesárea antes de ser alimento de los peces. Pero eso que se lo expliquen esos historiadores modernos comunistas que han vuelto a gobernar en la Casa Rosada mientras él, en esta tierra, baila sardanas en lugar de milongas.

Autor: Javier Solé, junio 2014

Fotografía de Marina Garci, durante el evento floor wards en junio 2014 organizado por SDA en L’Hospitalet

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