trámites administrativos

2014 (02) Corazones chocolate Laia

 

Hoy hemos gestionado unos cambios administrativos en la asistencia sanitaria, en la subsección afiliación y nos han dado unas nuevas tarjetas donde tú ya no figuras.

Así de sencillo.

No puedes enfermar, no hay medicamentos para ti, hija.

Los muertos no necesitan nada.

Recuerdo ahora que el trámite más doloroso hasta la fecha, más incluso que acompañar a Esther al cementerio o visionar fotografías y videos tuyos, ha sido acudir al Registro Civil y solicitar un certificado de defunción. El guarda de seguridad que da indicaciones y prudentes consejos (“la segunda planta, al fondo el ascensor. Le sugiero señor pida varias copias, por el tema de las herencias”) pero su semblante ha mudado al confesarle tu edad y que en el caudal hereditario está constituido por una valiosísima colección de peluches, un reloj de plástico verde y cientos, miles, millones, de sonrisas.

Puedo también recordar en la misma sala de espera a una pareja joven, felices y abrumados, que esperan para inscribir al primero de sus hijos, La madre acuna al recién nacido con la estrenada satisfacción de la maternidad. El padre parece que no ha pasado buena noche.

También puedo evocar el rostro de la oficial del Registro cuando estampa su firma en el documento con un aire compungido, como si se sintiera vagamente culpable por algo, sin ser consciente que la realidad triste aconteció antes y que ella no es responsable por firmar. Sólo certifica hechos ciertos de la que es mero testigo.

Finalmente, puedo leer el documento antes de guardarlo en la carpeta con una amargura inesperada. Es un escrito austero y completo, que oculta en los tecnicismos el exabrupto que quien lo lee desearía escupir al mundo.

Dice tu nombre, que eras mujer aunque has muerto niña. Que tenías DNI (renovado una tarde de octubre, la recuerdo perfectamente). Que tus padres eran Francisco Javier y María Isabel (pero nada dice de tu hermana Esther). Que eras soltera (pretendientes no te hubieran faltado nunca), que tu nacionalidad (actual) era española. Que habías nacido en Barcelona (pero omite la hora y la felicidad de tus padres al verte). Se refiere luego a tu último domicilio (no te dio tiempo de tener ningún otro) y un poco más adelante se refiere a la defunción, al puto veinticuatro de febrero de dos mil catorce a las catorce horas quince minutos (mira tú por donde que ahora si les da por poner la hora). Y luego unos nombres de unos señores que no conozco ni quiero conocer ni tampoco te conocían dan fe de todo lo referido antes.

A los lectores de este relato les recomiendo que no acudan a tramitar un certificado de defunción de una hija adolescente. Es una gestión rápida, barata, pero pidan el favor a un vecino o a un pariente con el que no tengan una especial buena relación.

Hoy es un día triste y al regresar a casa no tenía siquiera la complicidad de un día nublado; hace un sol que es todo un insulto a tu memoria.

La vida no nos cambia, Laia.
La vida nos duele.

Autor: Javier Solé, abril 2014

Este relato bajo el mismo título está previsto se incluye en el libro sobre Laia, “Bombyx mori”.

Ilustración: Ingresada en febrero, el día de San Valentín una prima de Laia confecciono para ella una deliciosa cajita de diferentes corazones de chocolate. Me temo, Xènia, que he de confesarte -aunque tú ya lo sospechas- que me los comí yo sin ganas durante el mes de marzo.

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5 comments on “trámites administrativos

  1. Javier Lamento que haya sido el chocolate más amargo que hayas tenido qeu comer, pero estaba tan convencida que saldría de allí brincando a ritmo de hip-hop y que necesitaría azúcar para reponer energías que la tremenda noticia golpeó como nunca hubiera imaginado mi debilitada estabilidad emocional.
    No hay día que no me acuerde de Laia. Sólo los que hemos sufrido las ausencias podemos imaginar las tinieblas en las que os movéis.

    Un Beso.

  2. En una noche de final de verano , mientras mi hija de 8 años, que va la mismo colegio en el que seguro fue tan feliz tu hija como lo es la mía, duerme, las lágrimas ruedan por mi cara… Lo siento en el alma… Un abrazo

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