poemas de amor, versos húmedos (III)

Dorina Costras  - 21

TRASCENDER-TE

Añoro tus pupilas dilatadas,
reflejando en sus espejos mi deseo,
tus manos dibujándome palabras,
contando nuestra historia entre los dedos.

La espalda en la que escribo mis poemas,
abrazados sensación y sentimiento.
Tus brazos apretando nuestros cuerpos,
los míos enlazando pensamientos.

Y ahora que te ocupas en mirarme,
mi cuerpo inhabitado te reclama
abriendo en la mitad su geografía,
un único deseo en la batalla:

Jugar a trascender-te
vertiendo sobre mí
tu blanca calma.

Autor: Libe Li

Fuente original: http://libelia.blogspot.com.es/2014/01/trascenderte.html

Ilustración de Dorina Costras

Renato Guttuso - 10Amor de deseo.
De ganas, de besos.

Amor que desenreda fragancias
desarmando la debilidad.

Escóndete, amor, en la arena de mi desierto.
Entre mis sábanas, en mis noches en vela

y en la respiración de mis sueños.

Autor: Susana Násera

Ilustración de Renato Guttuso

malcolm liepke - 11Confieso.
Que peco,
de pensamiento,
de palabra
y de obra

sobretodo
de obra,
cada vez
que mis manos
te imaginan.

Autor: Ser Poema       Ilustración de Malcolm Liepke

Voy a hilvanaragua y barco
los últimos resquicios de tu voz
para calmar esta locura.
Me pregunto si así podré
traer tu corazón de vuelta…
con su inconfundible sonido a mar.

 

Autor: Teresa Torres



Dicen que la distancia
es el olvido,mujer en la vida del tren
pero se equivocan.

Porque la distancia es
el deseo,
la obsesión, las ganas, las palabras,
el deseo,
los celos, el sexo a solas, la angustia,
el deseo,
los nervios, los silencios, la frustración,
el deseo,
la pasión, lo imprevisible, la ternura,
el deseo.

Autor: Emma Cabal

Fuente original:  http://insolitosjp.blogspot.com.es/2014/05/emma-cabal.html

ede_tordai_romania
Plegué cada prenda
con cuidado,
mientras te besaba atentamente.
Luego,
desprendí mi brazo,
desmembré mi pierna
y tracé una espiral perfecta,
sólo para ti.
En lo extrañamente inmenso
de nuestro mundo ficticio,
sólo existe un momento
de delicadeza absoluta,
en el que de rodillas
ofrezco lo que soy.
Pero nadie tuvo
nunca
pupilas suficientes,
para mirarme a los ojos.
Nadie camina despacio,
nadie camina por senderos estrechos.
Así, Nadie se convirtió
en una ausencia,
con la que converso
cada día y cada noche,
interrogando su perverso secreto.
Bebemos juntos sin juerga,
estrechando el hilo de escalofríos.
No queremos volver
a llorar en un rincón,
porque las palabras no sirven
y más allá sólo manda lo visible.
Esperamos, acechantes,
el crujido más desconocido.

Autor: Leticia Vera

Fotografía de Ede Tordai

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