El general no tiene quien le escriba pero si quien le escupa

Las tumbas de miles de asesinados se ahogan en un grito mudo de sus moradores que acuden desnudos con sus mortajas al baile de la noche de los difuntos, mientras que en la lápida del general, lucen las más frescas flores que los jóvenes nostálgicos de sus desleales azañas adquieren en el jardín de las delicias.

La Administración deniega una subvención a los excavadores de tumbas alegando un informe que sugiere no remover la tierra para no desentrañar la historia mientras concede un crédito ilimitado a los sepultureros para embellecer el fastuoso cementerio donde la Universidad organizará un seminario para la concordia. Acudirán las máximas autoridades del reino, entre ellas su sucesor en la jefatura que acude con dos muletas.

Valle-de-los-caidos

En el Valle de los Caídos, erigido en la Sierra de Guadarrama “para perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada” -según quedó escrito en el acta fundacional del faraónico monumento-, trabajaron en régimen de semiesclavitud miles de presos republicanos. Asimismo fueron acarreados a lo largo de la dictadura, secuestrados de las cunetas y fosas donde fueron enterrados por sus ejecutores, los restos de miles de combatientes o resistentes contra el ejército faccioso.

Hay algunos energúmenos de la joven guardia del infame edificio que no pueden evitar una mueca de disgusto cuando una profesora de instituto, nieta de un represaliado e invitada al evento, recita poemas afeminados del ajusticiado en Alfacar y ya les subleva cuando falta a la verdad histórica insinuando que el pastor de cabras tuberculoso no fue cristianamente asistido.

Los sepultureros esconden la verdad que los excavadores se afanan en desenterrar; unos echan tierra para no recordar y otros la remueven para no olvidar. En el paraninfo todas las víctimas de las víctimas acuden o anestesiadas o reseteadas para evocar sólo unos fragmentos de la memoria.

El juez represaliado mira la escena sin presentar recurso aunque tenga mil objeciones. Sólo unos pocos proscritos carraspean con inusitada violencia y lanzan esputos al sarcófago donde se esconde el general.

Honestamente no deberían escupir sobre la tumba impoluta del general. Bastaría con saquear el lugar donde reposa desnudándolo de oropeles y medallas y moler a palos sus huesos. Si no lo han devorado ya los gusanos.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

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3 comments on “El general no tiene quien le escriba pero si quien le escupa

      • Con todo el cariño del mundo, pero ¿¿¿¿¿¿¿¿¿tú estás tontooooooo?????????? (lo digo por lo del enfadada, claro). Javier: cada vez que encuentro un mail tuyo en mi bandeja de entrada es una fiesta.

        Au.

        Y siguiendo con anécdotas curiosas de muertes de perro (parafraseando a Ayala): ¿sabes lo que dijo Franco cuando volaron a Carrero Blanco?: “No hay mal que por bien no venga”.

        Y ahora ve y analiza (o, al menos, trata de entender algo).

        Vamos, que dejó a André Bréton en mantillas, el ínclito.

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